Oda al primer amor
Lo nuestro es mero deseo,
miradas furtivas,
laberintos sin salida.
Lo que tenemos es frívolo,
distante y lejano
tan cercano para los que nos son ciegos.
Lo que tuvimos fue paradójico,
siempre moviéndonos al son del ritmo,
siendo llevados y llevándonos
quizás un poco arduo,
por alguna que otra fuerza exterior.
Te conocí cuando éramos nenes,
justo en esa etapa en la que aflora
el inerte sentimiento de saberlo todo
sin saber absolutamente nada.
Tal y cuando podíamos ser lo que
quisiéramos
pero jugábamos a ser lo único que jamás
debíamos ser,
adultos.
Era inocencia esencial,
todas nuestras risas cómplices
el oído para las voces de ellos
que solían sosegar las nuestras.
Lo veo, aún, todo en tus ojos
justo como lo vi cuando era pequeña
la teoría de un Universo tan complejo
explicada en un par de ojos café.
Y es que nos tapaban las ansias,
del saber, del qué será
hasta que juraste bajo sangre guardar
el secreto de lo que siempre quisiste decir,
y optaste por mentir.
Y yo, tan honestamente acomplejada
esperando una vana llamada
sintiendo tu toque sutil en mi hombro
haciendo eco de tu escombro.
Era simple travesura,
para dos solitarias criaturas,
Me prendí fuego en tu recuerdo,
y esperé que llegaras a salvarme
mientras jugaste a ver cuándo
me alcanzaban las llamas.
Y justo cuando fue demasiado tarde
y a todos los sorprendí
habiendo roto las cadenas
y dejándome ir
Justo en ese preciso instante
cuando me pude a mí misma salvar
me convertí en mi heroina
y me comenzaste a extrañar.
Tu voz perdida en el viento sentí
mientras corría lejos de las antorchas
por un momento, quise ir
pero fue la última vez que ante vos me rendí.
Y llené mi cabeza de voces extrañas,
de roces ocultos y tus patrañas
de mitos de destino y mitades rotas
me volví a encontrar.
Así que ahora me hallaste, después
de haber buscado en mil mares,
a la única capaz de hacerte feliz
a la misma que por orgullo dejaste ir.
Y ahora buscás una forma de recuperarme,
te odiás por no poder hacerlo,
querés negarme ante todos
pero en tu sonrisa, veo tu deseo.
Y quizás esta sea una oda a lo que fuimos
o de cómo nos perdimos por ahí,
quizás del amor que profesamos
o lo que tuvimos que destruir.









