Me encontraba vacío y no sabía que era lo que estaba pasando. Extrañamente tampoco me importo mucho en realidad, como todo lo demás desde hace un tiempo.
Pero pensaba en qué era lo que ocurría, hasta que comprendí… me pasaba tanto tiempo tratando de ayudar a los demás que al final del día al único al que no ayudaba era a mi mismo…
Trataba de llenar los espacios vacíos en los demás, pero, ¿quién llenaba el mío? Ni siquiera yo me ayudaba a crecer por dentro.
Y parecería ilógico pensar que, por más lleno que te sientas por dentro más ligero andas por tu camino en la vida. Pero eso es lo que parece ocurrir, entre más completo este alguien por dentro, más fuerzas tiene para seguir.
Y a mí me ocurría lo contrario, lamentablemente.
¿Cómo es que puede pesar tanto el vacío que yace en mi interior?
Trato de no prestarle atención durante el día, tal vez el ignorarlo haga que vaya desapareciendo poco a poco hasta desaparecer.
Pero no puedo decir cuan equivocado me encontraba al no darle la suficiente importancia, pues cada día que pasaba ese agujero negro que habitaba en mi comenzaba a adueñarse de todo lo que se encontraba a su paso. Mis gustos, mis aficiones, mis ganas, mi luz…
Poco a poco ese agujero absorbía todo aquello que me permitía ver la mayoría de las cosas buenas que nos ofrece la vida.
Ahora entiendo cuando me decían la frase de: “Cada persona es un mundo”, efectivamente cada uno de nosotros cuenta con un universo entero en su interior. Y el mío estaba ya en su mayoría consumido por un agujero negro que yo mismo permití que habitara en mí… Y lo peor es que me encuentro en un punto en el que realmente no sé si me importa lo que termine ocurriendo o si vale la pena hacer un esfuerzo por no ser consumido por la oscuridad de mi vacío…