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Even under a strict isolationist and patriarchal society, LGBT individuals continued to thrive!
🇯🇵🏯🏳️🌈
17yr old Sigi in a butterfly kimono admiring 20yr old Lt Odinkirk in Prussian Blue, and his Hawk Flosshild. - Concept art for Moth volume 1, which is set in Meji period Japan, 1907. Sigi is holding a lantern.
References below. (Art from the Mononoke Anime Series, and a woodblock print of a Wakashu and his male lover.)
Government enforced twink death
The Intellectual Slips of the SNS Shipping Fandom.
Man, SNS Fandom is a handful. They make the strangest statements and then pass them off as some kind of illuminating “facts” on Japanese culture. The latest one goes something like this: authors don’t write men the way Kishimoto has written Uchiha Sasuke; this whole “beauty” thing and being the “object of everyone’s desire” is only preserved for women; and that’s why Sasuke’s very obviously gay! Brilliant! (Never mind this Fandom’s hilarious posts on how the Kabuki works and its comical associations with Naruto’s “masculine” to Sasuke’s “feminine” figure; but that’s another stinking can of worms that I’m not interested in opening.)
I don’t believe that they’ve ever read anything from Shakespeare on this; and he isn’t even from Japan. Any Romance (and I don’t mean the genre, but the French Romances of Knights and maidens); Le Morte d'Arthur; Paradise Lost; etc. I’m very sleepy right now, and I still thought of quite a few. Heck, the Bible talks about the beauty of some of the angels, and they’re referred to through the use of strict male pronouns (there’s only one reference of “female angels”, and they were demons in disguise; so angels in the Christian lore have always been male); God liberally spoke of Satan’s beauty in the Bible, as well.
However, forget all that as we’re talking about the “Japanese culture” here. Then has no one ever heard of Genji Monogatari (The Tale of Genji) by Murasaki Shikibu? It’s the world’s first novel, constructed from the “diary tradition“ of the women from the late Heian period; and it’s about a bewitching youth (yes, he’s just a fourteen-year-old boy at the tale’s start when he becomes famous for his beauty) who stole the hearts of men and women. Sasuke, in more ways than one, is based on Genji: a desirable youth and his rise and fall. The tale itself is markedly different, but there’s this sense of superficial framework that got passed onto Sasuke. (Which isn’t anything surprising as a lot of content was superficially picked up by Kishimoto from Kojiki and Nihon Shoki, as well; Kisame’s death is very clearly inspired from the death of Ninigi-no-Mikoto’s companion; however, you’d only get Ninigi-no-Mikoto if you join Sasuke and Itachi together; the moon deity Tsukuyomi was also famous for his beauty.)
So I always chuckle at people that launch into their “it’s intended to be gay!” simply because of the emphasis on male beauty when it’s fairly common in literary works. It just reeks of projections and reading into the content when Sasuke’s beauty is just that, a physical trait. It’s nothing deep. He’s very beautiful and desirable. Why’s there such controversy over a deliberate writing choice? (Kishimoto chose it as a direct complement to his purity as an individual and a contrast to his chaotic life; really, none of this is anything “deep”; and his physicality is a fantastic marker of the fact that he personifies the plot; so he’s the general attractant of the narrative’s aspects, as well.)
When you read such posts, you’re convinced that these people have never touched any literary works in their entire lives, forget any study on the historical development of prose and verse as art in a specific cultural setting; but they pass this nonsense on so smugly that it’s ... silly if nothing else. The “Japanese Culture”, huh?
P.s: While we’re at it, I doubt this shipping Fandom knows that Shonen was originally written as Wakashū, who became symbols of youth and desire during the Edo Period; and you know who personified this the most? The Kabuki actors who were sexually sought after by men and women both and very famous for their beauty that entire folktales are dedicated to them on this front; but, apparently, this Fandom has a very different insight on this whole affair. So it’s Sasuke that fits the Kabuki mold (folktale, popularity, and desire) quite entirely, not any other character in Naruto. It’s just all very funny, because it’s like many of you just make stuff up as you go along and see what sticks.
Gender roles in Edo Japan recognized an in-between position for young men, called Wakashu, that was erased as Japan westernized.
Según la tradición las mujeres que nacen bajo el signo del fuego en el año del caballo son casquivanas. Pero no son las únicas. Una vez fui a una romería en Omi, a un lugar llamado Tsukuma. Allí es costumbre que las mujeres bellas del lugar que se han divorciado o enviudado aquel año, además de las que han cometido adulterio, desfilen hasta el santuario llevando sobre la cabeza tantas cazuelas como amantes han tenido. Entre ellas había una mujer ya madura de buen cuerpo y linda cara que portaba una única cazuela, y con todo era patente que le resultaba una humillación insufrible. Todo lo contrario de una muchacha todavía vestida con quimono de mangas acuchilladas, dientes sin tiznar y cejas intactas, que llevaba siete enormes cazuelas apiladas sobre la cabeza. Caminaba vacilando, descompensada, y detrás iba su madre, que trataba de sostener las cazuelas con una mano mientras aupaba sendos nietos a las espaldas y el pecho, además de un tercero que tiraba de su otra mano. ¡Por lo visto la muchacha tenía ya tres rapaces! Sin embargo parecía indiferente a las risas de todos, hasta que la vimos desaparecer entre los pilares del arco del santuario.
Cuando acabó la fiesta caminamos de vuelta, cada uno con sus pensamientos. Nuestra senda torcía entre arrozales donde pálidos iris morados florecían en las aguas limpias a la orilla de los marjales. Las correhuelas de los ribazos se veían ajadas bajo el solazo de mediodía. Nos quejamos del fuerte calor. A la par de nosotros caminaba un grupo de pajecicos del monte Hiei, tocados con sombrerones de juncia de los que llaman monte Fuji, que estaban de última en la capital. Sin duda los muchachos eran objeto de devoción en el templo mayor del lugar, donde servían de bardajes de los prelados. Entre ellos estaba Rammaru, que aparentaba mayor terneza aún que la de sus catorce años. Era un niño hermoso y todos los bonzos de la montaña suspiraban por él.
En el mismo colegio donde vivía Rammaru se alojaba también cierto parásito llamado Iseki Sadasuke, que guardaba a los pajes en su salida. Éste se quitó el sombrero y se lo puso a Rammaru encima del suyo, dándole al apuesto muchacho un aspecto desairado. Rammaru prefirió tomarlo a chacota y siguió adelante como si nada, pero el otro lo señaló a sus espaldas, haciéndole burla: «¡Mira, igual que esas mujeres! ¡Que cada uno lleve tantos sombreros como amantes tiene!», y estalló en carcajadas.
Rammaru se detuvo: —¿Acaso sugieres que tengo más de un amante? A ver, cuéntame eso.
—No hace falta que te lo cuente yo —respondió Sadasuke—. Pregúntale a tu negro corazón.
Rammaru sonrió agriamente: —Si los sacerdotes se divierten conmigo, tal cosa no es amor. Amante tengo uno sólo: el hombre que viene a verme a diario de la capital. Ése es el único que ocupa mis pensamientos... —y diciéndolo lloraba.
A algunos la reacción de Rammaru les pareció poco viril, pero otros alabaron su madurez y se aprestaron a cambiar de asunto. Orillando la ribera de Katada a fuerza de velas y timón alcanzaron su templo cuando las campanas vespertinas resonaban en la montaña. De modo que la rencilla no tuvo consecuencias. [...]
Matar a Sadasuke aquella misma noche habría supuesto quebrantar su filial deber del peor modo posible. Pero Rammaru no podía reprimir su inquina tras lo ocurrido aquel día. Cuando todos se habían acostado y sólo se escuchaban ronquidos, sacó las cartas que había recibido de su amante durante años y las repasó amorosamente. No había dos escritas por la misma mano y los giros eran siempre distintos. El hombre no sabía escribir y se valía de otros para consignar sus sentimientos. ¡Cuánto trabajo se tomaba! Ponderándolo, Rammaru lo amaba más todavía.
«Cuando yo falte, su dolor y su furia serán enormes. Estoy resuelto a matar a Sadasuke y no voy a flaquear por postergarlo un día. Al alba iré a la capital a ver por última vez al hombre que amo. Yaceremos juntos y holgaremos, mas no le haré saber mi propósito, sólo me despediré de él en este mundo de dolores...» Sus lágrimas corrían, sin ser vistas por nadie.
Los pajes que vivían en la montaña solo contaban con los torpes dedos de los montañeses para que los peinaran y les hicieran moños. Los muchachos estaban malcontentos y habían tomado la costumbre de bajar hasta el puente de Sanjo en la capital para arreglarse el pelo, recorriendo nada menos que tres leguas por la abrupta carretera de Kiraragoe. Entre los peluqueros había uno en particular tan hábil y veloz que acababa de peinar antes incluso de que se secara el agua con que aprestaba el pelo. Se llamaba Shirasagi no Seihachi. Todos convenían en que era demasiado noble para tan bajo oficio. Era un inveterado amante de los muchachos. Tenía dedos diestros en extremo y en una ocasión había inventado un nuevo estilo de peinado que llamó sauce quebrado por el pliegue doble del moño. Fue tan popular que todos los pajes de los templos fueron en bandada una mañana donde el peluquero, peleando por ser los primeros. Cuando Seihachi vio a Rammaru, tomo un peine escogido y empezó enseguida a peinarlo, indiferente a lo que los otros, que hacían cola impacientes, pudieran pensar.
En otra ocasión en que Rammaru volvía de peinarse con los otros y habrían recorrido ya casi una legua por el camino de la sierra, el cielo donde se congregan los dioses se anubarró de mil turbulentos colores. Una lluvia constante y racheada lanzaba hojarasca contra ellos y el viento secaba el afeite untado en el pelo. Desesperados por no despeinarse se apiñaron en corro al abrigo de un soto de cedros, cubriéndose la cabeza con las mangas y apretándose los moños con las manos. Mientras esperaban impacientes que aclarara sobre la montaña, apareció Seihachi, que había seguido a Rammaru desde el puente. Se sacó unos peines del vestido y, diciendo que los había seguido temiendo que se les descompusiera el peinado, tomó agua en las manos de un arroyuelo que corría bajo una peña cercana y procedió a retocar el peinado de todos los pajes. Tal cortesía dejó a todos patente que Seihachi estaba secretamente enamorado de Rammaru. Posteriormente Rammaru le correspondió y no pasó mucho tiempo antes que se entregara a él. Todo les auguraba una larga y apacible vida juntos.
Seihachi no podía imaginar que aquel día se dirían adiós por última vez. Estaba huraño, lo que era raro en él, porque no había sabido del muchacho en cuatro o cinco días, y recelaba. Rammaru se sintió ofendido por sus reproches, pero lo invitó a una posada donde pudieron beber a sus anchas. Cuando el vino se les subió a la cabeza se echaron juntos y Rammaru escuchó las querellas de Seihachi hasta la madrugada. Por fin se separaron con las mismas lágrimas de siempre.
Rammaru se había hecho acompañar de un fiel servidor del templo y en el camino de vuelta entró en el taller de un artesano llamado Takeya. Al rato salieron y continuaron su camino. Seihachi, que los observaba a hurtadillas, se quedó preocupado por lo que vio. Entró en la tienda del espadero e interrogó al hombre sobre la visita de Rammaru. El hombre le dijo que ignoraba el motivo pero que le había encargado que repusiera los pasadores y sacara filo a su espada. A Seihachi le pareció muy extraño. Inmediatamente se preparó para defenderlo y fue tras Rammaru, atajando hasta Nishidani. Se laceró las piernas con las zarzas y enredaderas, y cuando cayó la noche estaba agotado y sin resuello. En la negrura no se distinguían ni las cimas de los árboles ni el pico del monte, pero, como pudo, logró alcanzar las luces de la capilla de Gansan Daishi. Allí descansó. Repasando lo ocurrido lo ganaron de nuevo las dudas sobre la lealtad del muchacho. [...] De pronto luces de antorchas recorrieron el templo: «¡Rammaru mató a Sadasuke y huyó!». La campana del templo tocó repetidamente alarma y resonó el estridor del bucio. Unos cuantos monjes que andaban resentidos con el muchacho formaron una partida para atraparlo. Seihachi los siguió de lejos, monte abajo hacia levante, donde finalmente la media docena de robustos bonzos capturaron a Rammaru, impidiéndole acabar virilmente con su vida.
«¡Éste no se libra de ser decapitado por lo que hizo! —dijo uno de ellos—. Ya que más le da lo que hagamos con él. Mucho se hizo de rogar para beber con nosotros. Ahora es nuestra oportunidad de tomar lo que nos negó siempre. ¡Bebamos y el chico sea la guarnición!» Aporrearon la puerta de una taberna de la cuesta y despertaron a los dueños. Pronto estaban los bigardos escurriendo sus jarros desportillados. Uno de ellos llenó de sake un cuartillo con el lacado descascarillado y obligó a Rammaru a tragarlo. «¡Todo llega! ¡Ahora tomaré mi placer contigo como siempre quise!», dijo metiendo la mano bajo el vestido del chico. Otro le daba papirotazos en las orejas: «¿Qué? ¿No escuchabas antes cuando te pedíamos tus favores?». Le aflojaron la faja, le pusieron una coroza de papel y lo sometieron a todo género de vejaciones, pero, como lo tenían sujetado por ambos brazos, no pudo resistirse a nada. Un bonzo le pasó la lengua por los labios. El muchacho apretaba los dientes con rabia, derramando amargas lágrimas de impotencia. Pero de súbito Seihachi cayó sobre ellos blandiendo su espada y dispersó a los monjes. Consoló al muchacho y lo llevó con él no se sabe adónde. Solo quedó tras ellos la fama de sus hechos.
Tres años después alguien contó que los había visto en Tsurugaoka, en Kamakura, con hábito de monjes mendicantes, tocando a dúo la flauta de bambú. Tañían el viejo y conocido aire La nidada de las grullas. O al menos eso es lo que cuentan.
Ihara Saikaku
Inktober 2019 - day 9
Makoto - an OC that we created together with @mimimarilynart <3