...Conducíamos aquel malibú, cual rapidito en noche de domingo, donde todos se iban a casa, luego de una interminable jornada de trabajo de domingo, pero no cogíamos pasajeros. En aquel entonces, eramos niños, aunque contábamos con bolsas debajo de nuestros ojos y con unas cuantas arrugas en nuestras frentes.
Para nosotros era un juego, era lo normal, lo que hacíamos: Si, algunos lloraban, las mujeres se sentían indignadas, a veces habían espectadores, pero como no hacían nada, en ciertos momentos creíamos que lo disfrutaban. Dejaban todo a la palabra del “Señor” con comentarios como: Hoy me tocó a mi; comentarios mediocres, de personas mediocres, que viven su día a día hipnotizados: con “trabajos” de poca remuneración, para SOBREVIVIR, pensando en si la quincena alcanzará para la cena de mañana, también.
Antes no sentíamos más que placer. Antes, llegaba a casa con un teléfono nuevo cada noche de domingo, con dinero suficiente para salir a joder entre semana, con relojes y zapatos de marca, que nunca me entallaban, pero que siempre detallaba cual trofeo. Días de gloria, noches de bonanzas. Me pregunto si ellos se dieron cuenta, de la diferencia, también.
Crecimos juntos, hace más de 9 años que somos amigos, somos una hermandad, estamos conectados en tantos aspectos, de tantas maneras diferentes, que no existen actitudes extrañas entre nosotros: Cada uno con su carácter, su personalidad tan única y bien formada, nos aceptamos con nuestras mañas y mentiras, con nuestros engaños y alegrías, nos queremos sin apego y nos odiamos en silencio. Gente Seria. Somos Gente Seria.
-Me agrada, como la carretera gira sobre mi cabeza. Como la noche parpadea, como la música suena. Sólo lamento que la sangre de Jesús manche mi franela. ¿Por qué la usé hoy? sabía que iba a sudar. No me molestaría “estirar la pata” luego de esto. A fin de cuentas, estoy con mis mejores amigos, haciendo lo que nos gusta, sólo nos divertíamos, pero la noche y la lluvia, hizo de las suyas-.
Si Jesús muere, cuando el carro se detenga, no me molestaré, de una manera u otra, no puede quedar vivo, no podemos tampoco dejarlo tirado en la entrada de un hospital. Ya los pacos nos conocen, sabrían que la bala viene del cañón de Miguel. Coño Miguel, la cagaste, siempre tirándotela de arrecho. Siempre “malo”. Mala es tu puntería. No tenías que querer fusilar a ese “mmgbo”, si, el se resistió, pero Jesús estaba detrás, como no te diste cuenta, si él lo agarro para ti, para que le dieras un cachazo y ya, un poco de sangre sobre sus labios, cayendo de sus oídos tal vez. Pero no, preferiste dejarlo como colador. De bolas, como no eres tu, el que está manchado de sangre del pana.
Coño, ¿que le digo a mi mamá?