RusMexWeek (Disney Tales) Pt.2
- Sabía que no eras un solo un sueño. - Rusia sonrió nervioso bajo la luz de la luna, ambos países se encontraban bajo un árbol, a una larga distancia del hogar del más bajo.
- Te agradezco que mantuvieras mi existencia en secreto. - México se sentó a su lado, con una gran sonrisa en su rostro.
- Intenté preguntarle mis tíos, pero ninguno parecía entender lo que decía, así que deje mis dudas y tu existencia para mi mismo. - El de menor altura recargó su cabeza en el hombro de Rusia, con una hermosa sonrisa adornando su rostro. El alto agradecía que su hechizo sobre esos tres haya funcionado, ninguno podría reconocerlo, ni siquiera eran capaces de entender su descripción.
- ¿Porque no me temes? Tu gente me tiene pavor. -
- No puedo temerle a alguien que me ha salvado incontables veces. - Rusia sonrió con la vista en dirección contraria a México, le había encantado la respuesta.
- No solo yo he estado pendiente de ti. -
- Lo se, también hay un gran cuervo de hermosas plumas. - El mencionando se removió nervioso en su escondite, incluso estando en su forma de cuervo podía sentir el fuerte sonrojo en su cara. - Por cierto, ¿ustedes dos de dónde son? -
- Venimos del otro lado del muro de espinas, dónde más seres mágicos como nosotros viven en paz y armonía, fuera de peligro. - México tomó la mano del ruso, para inspeccionarla, sus dedos eran mucho más largos que los suyos, cada dedo poseía cuatro falanges, mientras que los suyos solo tres; también habían unas afiladas y gruesas garras al final de cada dedo.
- ¿Algún día podré ver tan bello lugar? - Rusia retiró su mano de las de México, para luego él mismo inspeccionarla, los dos eran demasiado diferentes como para estar juntos.
- Tu clase está prohibida, por eso hay un muro separándonos. -
- ¿Quién haría algo así? - México se cruzó molesto de brazos, con un tierno en sus labios.
- Tu servidor. - El latino miró atónito a la seria y tranquila cara de Rusia, que seguía viendo cada detalle en su mano.
- Ya te dije, para mantenernos alejados del peligro. - México notó la tristeza en los ojos del más alto, algo le había ocurrido.
- ¿Qué te hicieron? - El más alto dejo su mano a su costado, dejando su cabeza caer sobre la del otro y cerró sus ojos.
- Hace mucho tiempo atrás, cuando solo era un adolescente, ambos mundos vivían separados pero en paz, sin ningún muro dividiéndolos; lo único que los mantenía ajenos el uno al otro era un espeso bosque y el miedo, los humanos de este lado esparcieron historias y mentiras acerca de nosotros, nos tacharon de monstruos, seres sedientos de sangre y capaces de todo... - México tomó la mano de Rusia y la entrelazó con la suya, el más alto se veía realmente triste. - ...pero hubo alguien, un chico de bajos recursos que ignoró todas las atrocidades dichas por los suyos, decidió atravesar el bosque que separaba ambos mundoso, jamás había visto a alguien con características similares a las mías, mucho menos a alguien como él, no tenía cuernos, no tenía alas, no era un ser mágico como el resto; le di una alegre bienvenida, en ese tiempo desconocía todo lo que decían de nosotros, lo único que sabía era que del otro lado del bosque había seres diferentes a nosotros.
En fin, el chico se presentó, me dió una gran sonrisa mientras me ofrecía su mano, no sabía que ustedes se saludaban así, y él lo notó, porque me explicó lo que hacía y como debía de responderle yo. No dude ni un segundo antes de estrechar nuestras manos, para luego sentir un gran dolor en mi palma, algo estaba quemando mi piel, separé nuestras manos en un brusco movimiento; él se miró aterrado su mano, su anillo de plata me había hecho daño. Creí que se iría, que correría lejos de mí... pero en su lugar aventó al anillo al agua, para luego ayudarme; más tarde me explicó como esa había sido su única posesión con valor, me sentí conmovido por aquel acto, había tirado algo tan preciado solo para poder tomar mi mano sin dañarme. Nos volvimos amigos, todos los días él me visitaba, contándome sobre lo horrible y aburrido que era su mundo comparado al mío, el como todos hablaban mal de nosotros, me dijo lo mucho que odiaba su hogar por aquellas atrocidades, yo le creí ciegamente.
Con el tiempo nos volvimos más unidos, él envejecía a una gran rapidez, yo seguía luciendo como un chico de doce años mientras que él ya era todo un hombre. Sus visitas se volvieron menos frecuentes, cada vez hablaba mejor de su mundo, me decía como su vida iba mejorando, como ya no se sentía con la necesidad de comparar ambos lados del bosque; no podía dejar de pensar en que me abandonaría, sabía que alguna de nuestras despedidas sería la última, la idea me tenía terriblemente mal, pero él sabía como arreglarlo, siempre decía lo que necesitaba escuchar, no pude evitar enamorarme de él... y ese fue mi mayor error. Pocos meses después de que me hizo la promesa de escapar conmigo al final de mi mundo, apareció con un gran saco lleno de pertenencias suyas, yo estaba más que feliz, por fin estaría con la persona que amaba; él me convenció de quedarnos una noche más en las orillas del bosque, en nuestro lugar especial... solo recuerdo despertar a la mañana siguiente, con un terrible dolor en mi espalda, la persona en la que más confiaba, a quien amaba con todo mi ser, me había arrancado las alas, ¿y para qué? Para poder cobrar la recompensa de su rey, casarse con su hija y ser el siguiente en el trono. Él disfrutaba de una vida de lujos junto a una bella mujer mientras que yo moría de dolor por la pérdida de mis alas y la traición de quien amaba... -
México soltó un gran gemido de dolor, grandes lágrimas caían por su cara; el más alto solo veía con molestia en dirección al castillo, donde quien lo traicionó dormía plácidamente en ese momento.
- Y-yo jamás t-te haría algo a-así. - El latino intentó hablar entre sus sollozos, pero sus palabras eran cortadas por pequeños hipos.
- Lo se, tu me has hecho volver a confiar. - Rusia envolvió al más bajo en un fuerte abrazo, para luego desaparecer en forma de humo verde; México se quedó llorando solo bajo aquel gran árbol.
El ruso sacó a Alemania de su escondite y lo tomó entre sus manos, para luego transportarlo de manera brusca entre el humo que era, la gran ave daba vueltas y vueltas en aquella nube verde que se movía a gran velocidad por entre el muro de espinas. Una vez ambos estuvieron del otro lado, Alemania cambió a su forma humana, para caer en el suelo dando vueltas; Rusia volvió a su forma original cercas de la orilla del rió de aguas cristalinas, apretó sus puños con fuerza y se dejó caer de rodillas en el fresco césped, con un gran grito de dolor saliendo de su garganta. El más alto lloró y gritó toda la noche por el dolor en su pecho y conciencia, su antiguo amado había matado una parte de él y él mataría a quien le devolvió esa parte tan importante.
- ¿Dónde estoy? - México despertó sobre un pasto fresco, de tonalidades verdes y azules, jamás había visto algo así en su vida.
- Estás en mi mundo, feliz cumpleaños número diecisiete. - Rusia se separó del árbol en el que estaba recargado, para luego sentarse junto a México en el suelo.
- ¿Me trajiste mientras dormía? -
- No puedo dejarte saber el camino, ni siquiera deberías de estar aquí, pero es tu último cumpleaños conmigo... - Rusia tomó la mano de México y la posó en su triste rostro, haciendo que el otro le acariciara.
- ¿De qué hablas? ¿Acaso te vas? - Rusia lo había olvidado, el pequeño no sabía nada acerca de su regreso al castillo después de cumplir la mayoría de edad.
- No siempre podré estar contigo. - A México se le cristalizaron los ojos, iba a empezar a llorar. - Ey, no llores, es tu cumpleaños y debes pasarla genial. Ven, tenemos mucho que recorrer. - El ruso se levantó del suelo, para luego estirarle su mano a al latino que se tallaba los ojos con fuerza, en un intento de eliminar los rastros de su llanto. El más alto sonrío y el bajo le correspondió.
- Vergiss mich nicht! (¡No se olviden de mí!) - Alemania corrió hasta ellos, con un pequeño objeto envuelto en unas grandes hojas verdes, las cuales eran atrapadas por una pequeño y delgado cordón. - Feliz cumpleaños, México. -
México agarró el regalo con cuidado, retiró el cordón y desenvolvió las hojas sin ninguna prisa, un hermoso collar de oro con un pequeño corazón era lo que había adentro.
- Perdón si no es mucho, pero robar joyería de los humanos no es nada fácil. - Alemania se rascó la nuca avergonzado, se sentía como un idiota por su pobre excusa. México lo atrapó en un abrazo, sorprendiendo al chico cuervo, quien correspondió con la misma alegría que el más bajo.
- ¡Me encanta! ¡Jamás me lo quitaré! - Alemania le ayudó a México a ponerse aquel bello collar que hacía su sonrisa brillar aún más. - ¿Cómo se me ve? -
- Te ves hermoso, con y sin collar. - Rusia depositó un beso en la mejilla de México, haciéndolo sonrojar, Alemania los miró divertido.
- Bueno, es hora de que conozcas nuestro mundo. - Alemania tomó una de las manos del latino, mientras que Rusia sostenía la otra, para luego caminar tranquilos hasta la orilla de un acantilado.
- ¡Oh, no, ni loco! - México intentó liberarse del agarre de ambos, pero estos solo lo jalaron más cercas de la orilla.
- No te preocupes, todo estará bien. - El latino miró con terror a Rusia, este le sonreía con tranquilidad, transmitiéndole un sentimiento de seguridad. - ...si no nos sueltas. - Acto seguido, Rusia hizo a Alemania soltar la mano de México con su magia, para luego empujar al más bajo por el precipicio, soltándolo él también.
México gritaba aterrado mientras caía a una gran velocidad, podía escuchar las carcajadas de Rusia y los gritos de ira de Alemania en la lejanía, siendo cada vez más bajos; estaba seguro que moriría ahí, sin nunca haber recibido un "te quiero" de Brasil, sin nunca haber escuchado a Chile hablar sin ningún insulto o grosería, sin nunca haberle dicho a Argentina la verdad sobre quien se habría comido su pastel, había sido él; jamás experimentaría el amor de manera romántica.
- ¡Soy muy joven para morir! - México veía como el césped de tonos azules y verdes se preparaba para atraparlo, iluminando el lugar donde caería, haciendo que México cerrara los ojos, esperando sentir el fuerte golpe que acabaría con su vida, pero en lugar de eso pudo sentir dos pares de manos sosteniéndolo por los brazos; sorprendido, abrió los ojos, para ver el pasto de gran brillo pasar a milímetros de su cara.
- ¡Casi lo matas! - Rusia y Alemania habían atrapado al más bajo, salvándolo de aquella caída mortal.
- No seas dramático, sólo quería asustarlo un poco. -
- ¡Yo casi muero de un infarto! ¡ÉL DEBE ESTAR PEOR! - México ignoró los gritos de ambos, se encontraba a cientos de metros del suelo, con la vista más hermosa y maravillosa que pudiera imaginar. El mundo de Rusia y Alemania era completamente diferente al suyo, había luz y vida en todos lados, los seres extraños de características mitológicas convivían en armonía, grandes seres de piedra ayudan a pequeñas hadas a arrancar fruta de los árboles; unos ciervos de colores blancos con manchas rojas raspaban la tierra con sus cuernos, sacando lo que parecían ser papas, que luego eran tomadas con alegría por pequeños seres verdes de grandes orejas y colmillos. México estaba maravillado.
- ¡México! ¡Ey, México! ¡Genial, lo mataste del susto! - El mexicano salió de su trance, para luego voltear por encima de él, Alemania tenía ambas alas extendidas con unas grandes garras tomándolo del brazo derecho; Rusia lo sostenía con sus dos manos, con la parte baja de su cuerpo en forma de humo verde.
- Ignora los gritos de Alemania, no aguanta una buena broma. -
- ¡Eso no fue una broma, CASI LO MATAS! -
- ¿Ves? - México rió divertido, ambos países lucían tan cómicos, en especial por la seriedad de Rusia que sacaba de quicio a Alemania.
- La vista es hermosa... - Alemania dió un gran suspiro, estaba planeando como matar al ruso.
- Bienvenido al mundo de las criaturas mágicas, espero hayas disfrutado la caída. - Rusia le indicó a Alemania que tomara el otro brazo de México, él no podía seguir a media transformación.
El alemán tomó el brazo de México con cuidado de no encajar sus garras en su delicada piel; una vez México estuvo seguro en las garras de Alemania, Rusia se transformó por completo en una nube verde.
- Cuida bien de él y enséñale todo. - El humo verde se alejó rápidamente de ellos, para volver al acantilado por el que había sido empujado México, una vez en la orilla, Rusia volvió a su forma con cuernos y se despidió de Alemania y México moviendo su brazo de lado a lado sobre su cabeza.
Los dos países en el aire no tardaron mucho en perder de vista la diminuta silueta de Rusia, ya que iban a gran velocidad por los aires. - ¿Por qué él no viene? -
- No puede, necesita de sus alas, el ser un nube verde le hace mal. - Alemania voló más bajo, para que el pequeño mexicano pudiera ver todas las maravillas que ofrecía su mundo.
- Algún día le devolveré sus alas. - México se lo dijo para sus adentros, juraba recuperar las alas del más alto y así poder volar con él y Alemania.
- Oh, mira, allá... - Alemania paseó a México durante toda la noche por todo el lugar, bajando al suelo de vez en cuando para que el latino no sufriera de algún dolor muscular por ser tomado de los brazos por el alemán.
- ¿Un sueño? - México despertó en su cama, con su pijama puesta, parecía que no había abandonado la habitación en toda la noche. - Pero todo fue tan real... - El mexicano miró triste sus manos, sabía que aquel hermoso paisaje no pudo haber sido obra de su imaginación, era demasiado perfecto e incomprensible como para que él sea siquiera capaz de describirlo.
- México, levante-se, você tem que tomar café da manhã. (México, ya levántate, tienes que desayunar.) - Brasil abrió la puerta de la habitación, con un mandil amarrado a sus caderas.
- Que ocorre? (¿Qué ocurre?) -
- Claro que te quiero mesmo e posso dizer que te amo. Agora desça, a comida esfria. (Por supuesto que te quiero, incluso y podría decir que te amo. Ahora baja, que se enfría la comida.) - México sonrío con gran alegría, para luego salir de un brinco de su cama, siguiendo a su tío por las escaleras.
- Warum muss er sich immer an alles als Traum erinnern? (¿Porque siempre debe de recordar todo como un sueño?) -
- Мечты не болят как воспоминания. (Los sueños no duelen como los recuerdos.) - Rusia vió como México saludaba a cada uno de sus tutores con un beso en la mejilla, para luego sentarse a comer junto a su familia.
- Deshalb tut das so weh... (Así que es por eso que esto duele tanto...) -
- México, mañana cumples la mayoría de edad. - El mencionado asintió sonriente mientras metía otra cucharada de pastel a su boca, sus tíos habían celebrado antes su cumpleaños.
- Hay algo muy importante que debemos decirte... - México detuvo su comer, los tres adultos frente a él estaban muy serios, incluso Chile se mantenía al margen.
- ¿Qué ocurre? ¿Porque tan serios? - Argentina rompió en llanto, para luego atrapar a México en un fuerte abrazo, el de baja estatura estaba más confundido que nunca.
- México, tus padres no están muertos, ellos son el rey y la reina, te dejaron bajo nuestro cuidado para protegerte de un ser cruel y despiadado que juró vengarse de tu padre. - México se congeló en su lugar, ¿sus padres no estaban muertos?, ¿el rey y la reina eran sus padres?, ¿había sido abandonado por sus padres por su propio bien?
- Cuando erai' sólo una guagua, alguien te maldijo, y dijo que al cumplir los 18 ibai' a morir pinchándote el dedo con una rueda de tejer, ¡pero casha! ¡Ya vai' a ser mayor y etai' re bien po'! - Chile quitó a Argentina del más bajo, atrapó ambos hombros del de emblema de águila y le sonrió con una gran emoción.
- Hoje você vai com seus pais verdadeiros, o carro está pronto, partes em duas horas. (Hoy mismo te vas con tus verdaderos padres, la carroza ya está lista, partes en dos horas.) - Brasil tomó el plato de México y lo puso junto con el resto de los trastes sucios.
- N-no, ¡no me quiero ir! ¡Ustedes son mi familia, mis padres me abandonaron, no quiero ir con ellos! - México empujó a Chile de encima suyo, se paró y corrió hasta la puerta, pero Argentina lo detuvo.
- Lo siento, no tienes otra opción... - El mexicano lo vió con un gran horror en sus ojos, ¿él también lo dejaría ir?
El pequeño empujó al argentino fuera de la puerta para luego correr en el espeso bosque que rodeaba la cabaña, con dirección a la muralla de espinas.
- ¿México...? ¡¿Qué haces aquí?! ¡¿Acaso no sabes lo peligroso que es estar aquí?! - Alemania corrió preocupado hasta el chico que arrancaba con sus manos desnudas las grandes ramas de filosas espinas que dividían ambos mundos.
- ¡Se que no fue un sueño! ¡Quiero volver! - El alemán tomó con fuerza ambas manos de México, estas estaban sangrando por las grandes heridas hechas por las espinas que arrancó sin cuidado alguno.
- ¡México, cálmate! ¡¿Porque ahora te encuentras tan desesperado por entrar?! - México rompió en llanto, su corazón le dolía, su cabeza le dolía, sus manos le dolían...
- Mi familia es una mentira... todo este tiempo viví en la ignorancia, ellos, mis tíos, ¡esos hombres! ¡Quieren mandarme con el rey y la reina, mis verdaderos padres! ¡Y no quiero, yo ya tengo una vida aquí, ya tenía una familia, ya los tenía a ustedes! ¡Necesito que me ayuden! - Alemania cayó al suelo junto a México, quien lloraba como nunca antes había llorado.
- Lo siento, no podemos ayudarte, eso causaría una guerra entre ambos reinos, y nadie desea eso... - México empujó a Alemania, ¿acaso todos le darían la espalda? Enojado y destrozado, el mexicano caminó lentamente hasta su casa, desearía poder haber visto a Rusia...
- Du hättest ihm etwas sagen können. (Pudiste haberle dicho algo.) - Alemania se dejó caer de espaldas en el césped, con la vista fija en el cielo. Rusia salió de entre las espinas del muro, con una gran botella medio vacía en la mano.
- Как что? Должен ли я сказать ему, что все это моя вина? Что из-за отца и меня он должен страдать?! (¿Cómo qué? ¿Debí decirle que todo esto es mi culpa? ¡¿Qué debido a su padre y a mí él tiene que sufrir?!) - Rusia bebió de un trago el resto del líquido en su botella, para luego lanzarla contra su endemoniado muro, haciendo que el cristal se rompiera en mil pedazos.
- Wieder mit Ihren Problemen mit Wodka zu tun... ist es so gut? (Otra vez resolviendo tus problemas con vodka... ¿tan bueno es?) - Rusia no dijo nada, simplemente se acercó tambaleante a su mejor y único amigo para caer con fuerza a su lado.
- No quiero que se vaya... -
- Yo tampoco, pero así deben ser las cosas. - Alemania se limpió la lágrima que logró escaparse de sus ojos cristalizados, a él también le destrozaba la partida de México...
- What is he doing in here?! (¡¿Qué está haciendo él aquí?!) - EEUU lanzó enojado al aire la charola con vino que su sirviente le ofrecía, frente a él se encontraba su hijo, junto con los tres países que debían protegerlo. - His 18th birthday is tomorrow, he can't be in here! (¡Su cumpleaños número dieciocho es mañana, él no puede estar aquí!) -
- C-creímos que le agradaría ver a su hijo durante su último cumpleaños bajo el temor de la maldición... -
- You were ordered to bring him AFTER his 18th birthday! (¡Se les ordenó que lo trajeran DESPUÉS de su cumpleaños número dieciocho!) -
- Silence! Guards, lock them in the dungeon! (¡Silencio! ¡Guardias, llévenlos al calabozo!) -
- Your son too, your majesty? (¿También a su hijo, majestad?) -
- No, put him in the tower. (No, pónganlo en la torre.) - México intentó escapar del agarre de los guardias al igual que sus tutores, pero estos fácilmente los arrastraron donde les habían indicado.
La torre en la que México fue colocado era el primer plan de su padre para ponerlo a salvo, la puerta era bloqueada por varios seguros y candados tanto dentro por fuera, en el interior sólo había lo esencial, que era una cama, una chimenea, un baño, una mesa y una silla.
El pequeño mexicano fue aventado con fuerza al sucio suelo de aquella habitación para luego ser encerrado desde afuera. México lloró y lloró toda la noche, habían encarcelado a quienes quería como a sus padres y su padre biológico resultó ser un hombre cruel y horrible que no hacía más que gritar a sus hombres.
El latino no notó que la media noche se acercaba, su cumpleaños número dieciocho estaba a segundos de cumplirse junto con la maldición que le fue puesta cuando solo era un bebé. Las luces en la habitación se apagaron, un aire frío y siniestro recorrió todo el cuerpo de México, las llamas de la chimenea fueron encendidas con un enorme fuego verde que iluminó toda la habitación, el latino vio atónito en todas direcciones, ya no se encontraba en el cuarto de la torre, estaba en una enorme habitación que parecía no tener fin, con ruedas de tejer amontonadas por todos lados que desaparecían en la distancia.
- ¿Q-qué está ocurriendo? - México se reincorporó del suelo y se pegó lo más que pudo a la fogata, manteniendo una distancia de las ruedas de tejer, pero el calor emanado por las verdes llamas aumentaba de manera alarmante, obligando al mexicano a alejarse. El pobre chico sentía que se ahogaba, las llamas estaban consumiendo a gran velocidad el oxígeno de la habitación, México luchaba por respirar el aire necesario, pero era inútil, cada vez estaba más mareado y confundido.
El latino dió unos pocos pasos inseguro en dirección a las ruedas de tejer, chocando con una de ellas; intentó enfocar la vista sobre aquel gran objeto de madera, pero la chimenea había llenado la habitación de humo; lo único que México lograba ver era un pequeño destello que se reflejaba en la parte trasero de la rueda, dudoso, el mexicano acercó su mano lentamente, con su dedo rozando la gran aguja de metal que se encontraba en la rueda; pero el chico no era tonto, en cuanto reconoció lo que era, alejó su mano de ella. El humo a su alrededor comenzó a volverse más espeso, este se movió con tranquilidad al asiento de la rueda de tejer en la que México estaba recargado, tomando la forma de una persona sin rostro. El humo tomó con fuerza la mano del latino y empujó su dedo contra la aguja.
La habitación desapareció, el fuego en la chimenea cambió a su típica tonalidad roja y amarilla, iluminando el delicado rostro de un inconsistente México, quien se encontraba acostado en su cama, con su dedo sangrante manchando la blanca sabana de seda.
Rusia sintió un gran dolor en su pecho, podía sentir como el mexicano lo llamaba a gritos desde su sueño profundo y eterno. Alemania se acercó preocupado a él, el alto chico se encontraba hecho bolita en el suelo, apretando con fuerza su pecho mientras daba un gran grito de agonía.
Ya no habría forma de salvar a México...