Es cierto que no hay mejor amor que el propio, pero qué bonito se siente cuando alguien también nos quiere.
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Es cierto que no hay mejor amor que el propio, pero qué bonito se siente cuando alguien también nos quiere.
L A P S O S
A veces, siento que el tiempo es mi mayor enemigo. Las circunstancias ajenas, esas que no puedo controlar, parecen conspirar para recordarme las dificultades que he arrastrado durante años. Los daños emocionales y físicos del pasado han dejado cicatrices profundas, y cada día es una lucha constante para no dejarme vencer por ellas.
Recuerdo momentos en los que el dolor era tan intenso que parecía que el tiempo se detenía, como si cada segundo se alargara en una eternidad de sufrimiento. En esos instantes, el tiempo no era más que un cruel recordatorio de mi vulnerabilidad y de las heridas que aún no han sanado.
Sin embargo, a pesar de todo, me esfuerzo por mantener la constancia. Cada día, me levanto con la esperanza de que mañana será un mejor día. Me aferro a la idea de que, aunque el tiempo puede ser un enemigo implacable, también puede ser un aliado poderoso. Con cada amanecer, tengo la oportunidad de empezar de nuevo, de seguir adelante y de encontrar la fuerza para superar los obstáculos que se presentan en mi camino.
He aprendido que el tiempo, aunque a veces parece estar en mi contra, también me ofrece la posibilidad de sanar y crecer. Cada día es una nueva oportunidad para reconstruirme, para aprender de mis experiencias y para fortalecerme. La esperanza de un mañana mejor es lo que me impulsa a seguir adelante, a pesar de las dificultades.
Así que, aunque el tiempo puede ser un enemigo en circunstancias ajenas, también es un testigo silencioso de mi resiliencia y mi capacidad de superación. Y mientras mantenga la esperanza y la constancia, sé que siempre habrá un nuevo día lleno de posibilidades.
CEMENTERIO DE RECOLETA - LUNES 25 DE AGOSTO DE 2025.
VANITAS VS. MEMENTO MORI.
Cuando saqué esta foto en el Cementerio de la Recoleta pensé en cómo el ser humano busca dejar huellas incluso después de la muerte. Los mausoleos, con mármol, ángeles y adornos, son una forma de mostrar lujo, de decir “yo estuve acá” o “mi vida tuvo valor”. Eso, de algún modo, me recuerda al concepto de vanitas, esa necesidad de rodearnos de belleza y cosas materiales aunque sepamos que todo es pasajero.
Al mismo tiempo, la imagen me trae el memento mori: ese recordatorio de que, por más que nos rodeemos de lujo, todos terminamos igual, frente a la muerte. En ese contraste entre lo grandioso del mausoleo y la certeza de la tumba, aparece para mí algo muy humano: la contradicción entre querer trascender y aceptar que no podemos vencer el tiempo.
Creo que mi foto habla de esa mezcla entre el deseo de eternidad y la fragilidad de lo que somos. Por eso la relaciono con los conceptos vistos en clase: porque muestra cómo la vanidad, el lujo e incluso la vulgaridad del exceso, conviven con lo más básico y verdadero de la existencia, que es nuestra finitud.
...
AVISO: relato de carácter pesimista.
El hombre llevaba tanto tiempo caminando a ciegas por el bosque que había perdido la cuenta de las horas. La noche espesaba la oscuridad entre los árboles haciéndola casi palpable. La luz del día era cenicienta y fría, y se filtraba entre las hojas sin fuerza, cubriendo el suelo de una grisácea penumbra.
La naturaleza se había quedado muda. Ni el viento movía las hojas de los árboles ni ningún arroyo partía la tierra con el borboteo del agua. No había visto ningún animal ni lo había oído. Si no fuese por el sonido de sus pasos, aseguraría haberse quedado sordo.
Era curioso y perturbador, teniendo en cuenta el ruido que había atacado sus sentidos antes de entrar allí. Había pasado tanto tiempo…
Tropezó con una raíz bulbosa que no había visto y a punto estuvo de caerse. Estaba cansado, hambriento y sediento, pero seguía empujando su cuerpo agotado hacia adelante. Tenía que hacerlo, por…
El corazón le dio un vuelco. Empezó a gritar el nombre de su hijo con pánico en la voz y en los ojos. ¿Había venido con él? No, se había quedado en casa; él estaba incluso más cansado.
Se detuvo un segundo. Dejó que su peso descansara contra un árbol y se frotó la cara con las manos, instando a su mente a despejarse, a resistir. El cansancio le estaba agrietando los recuerdos, su mente presa de un constante zumbido. Mientras volvía a ponerse en marcha, repasó los años de su hijo uno a uno, reforzando su imagen. Eso le dio las fuerzas que necesitaba.
Después de una eternidad, en la penumbra vio a lo lejos una cálida luz anaranjada. Su súbito color hizo parecer aún más gris el bosque a su alrededor, y quizá debería haber dudado de ella, tan sola en un lugar vacío. Sin embargo, su sola visión lo colmó de calidez y esperanza; tal vez, la ayuda que llevaba tanto tiempo buscando se encontraba allí.
Aceleró sus pasos vacilantes. No volvió a tropezar, como si el bosque se apartara de su camino. A medida que se acercaba, la luz crecía, lo bañaba, le arrullaba, le calmaba… Llegó a un claro totalmente rejuvenecido; no recordaba la última vez que se había sentido bien y un escalofrío suave le recorrió la espalda.
La fuente de la luz era una casa baja a pesar de sus dos pisos y su tejado a dos aguas. Todas las ventanas emitían ese brillo anaranjado y la hacía parecer un farol, encendido eternamente en la oscuridad de su paisaje. Una chimenea larga y torcida exhalaba un humo blanquecino que danzaba en lentas volutas hasta desaparecer en el cielo nocturno. La puerta estaba entreabierta y cruzar su umbral fue como cambiar de mundo.
Miró a la mujer, sentada en un sillón frente a la chimenea, como a una amiga a la que llevaba tiempo viendo de lejos y por fin tenía un momento para él. Cerró la puerta a su espalda y dejó fuera el resto del mundo, el silencio y el ruido que le precedió. Dejó atrás el peso y la posibilidad de una paz que, visto lo que había visto, vivido lo que había vivido, no estaba hecha para los vivos.
Tomó asiento junto a la mujer.
—Has tardado —le dijo ella sin reproche mientras le ofrecía una taza humeante.
—No quería venir, aún no. Tenía que cuidar de mi hijo, tenía que guardar su sonrisa y si esperanza entre las explosiones y los disparos. Tenía que buscarle comida y refugio —contestó el hombre, aunque esas dos últimas palabras se habían convertido en espejismos desde hacía tiempo.
—¿Eso te ha traído aquí? ¿La guerra?
—Difícilmente se puede llamar guerra si un bando no quiere luchar ni tiene posibilidades de vencer.
La mujer no dijo nada y bebió de su propia taza.
—Muchos como tú han pasado por aquí y no serás el último. Siempre hay más.
—¿Algún día se quedará vacío el mundo?
—Algún día.
—¿Algún día acabará nuestra guerra?
—Algún día.
Se quedaron los dos en silencio, observando las llamas de la chimenea. Su calor había hecho desaparecer el cansancio; el hambre y el miedo eran ahora un terrorífico recuerdo. Era curioso sentirse más vivo en la muerte.
—Mi hijo…
—Estará bien —le aseguró la mujer.
El hombre asintió con la cabeza y se acomodó para dormir.
—Me gustaría que viniese. Aquí estará seguro.
Y es que, hay veces que por mucho que se intente, no se logra vencer a la tristeza. Me siento como el anciano apenado en la puerta de la eternidad, de van Gogh.
En una de las más de seiscientas cincuenta cartas que Vincent van Gogh escribió a su hermano a lo largo de su vida, le confesaba con desaliento ...
"Querido Theo, todos los colores tienen un brillo triste en mi corazón ¿Son así por naturaleza, o mis ojos están enfermos?"
Una extraordinaria y acertada manera de expresar la tristeza.
Acerca de mí: La falta de sexo y de dinero afecta mi estado de ánimo, mi comportamiento, mi inmunidad a todo.
- Sᵉᵍᵘᵉⁿ Oʳⁱ́ᵃʰ ᥫ᭡.
Qué son estás ansias que despiertan en mi ser? Qué es está energía guardada que me exige crecer? Qué es este llamado de mi cuerpo desgastado? Qué es está presencia que ni siquiera me toca y me altera? Por qué ella aparece tan abruptamente y me recuerda todo lo que viví a su lado? Me llama me tienta y no quiero acercarme. Será que me asusta tenerla en mi cuerpo? Será que después de todo esto es el tiempo? Llevamos años separadas. Sin noticias de ninguna índole, sin llamadas ni tentaciones. Me pone inquieta verla, sacude todas las células de mi cuerpo, me invaden sus emociones pero no logro ver lo que tiene para mostrarme. Quiero tocarla, absorberla y saciarme con su veneno. Es que pasó tanto tiempo, es que no soy la misma de aquel entonces, me preocupa me tienta y me seduce. Qué va a pasar entre nosotras y qué va a ser de mi cuerpo, qué imágen tendré de todo mi universo? Qué? Qué quuee?
Me gusta tomar mate, escribir y leer con música de fondo, ese es “mi propio tiempo”. Soy mamá de 3 niñes de 9, 10 y 14 años, la gimnasia no es mi punto fuerte pero que necesaria se hace, por eso insisto mentalmente, en hacer ejercicio físico aunque generalmente sin éxito. Creo en, una necesaria sociedad con justicia social y para eso, apuesto al trabajo colectivo, al compromiso social, al pensamiento crítico - ese que nos invita a reflexionar e interrogarnos sobre lo dado desde la argumentación- y al reconocimiento del otro.
Tengo 24 años, no estoy casada ni tengo hijos y vivo con mi familia. Me gusta salir a caminar, andar en bici, viajar por el país, conocer gente del interior, escuchar historias, compartir momentos de calidad con mi familia, amigos y quienes tengan buena voluntad, soy muy extrovertida, torpe y dispersa.
Tengo el pensamiento de que el trabajo dignifica, pero soy consciente de que no existe equidad en el mundo y que no todos tenemos las mismas oportunidades, el poder político y económico ha generado diversas corrientes de pensamientos que dividen a las personas logrando odio, burlas y dolor. Anhelo mucho contagiarle a las nuevas generaciones el lado sencillo de las cosas y de la vida, rodearme en un ambiente donde todos trabajemos duro y compartamos momentos de calidad, donde no haya necesidad de competir con nadie, sino que nos superemos a nosotros mismos, que exista confianza y comprensión a la hora de ayudarnos y que todos tengamos voluntad de mejorar constantemente.
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