will byers stan first human second

#extradirty
DEAR READER
Sweet Seals For You, Always

Andulka

Origami Around
Alisa U Zemlji Chuda
Today's Document
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open
trying on a metaphor
No title available
PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH
he wasn't even looking at me and he found me

Janaina Medeiros
hello vonnie
todays bird

❣ Chile in a Photography ❣
Cosimo Galluzzi
taylor price

No title available
seen from Spain
seen from Germany

seen from Germany
seen from Japan

seen from Pakistan
seen from United Arab Emirates

seen from United States
seen from Colombia

seen from United States
seen from United States

seen from Canada
seen from United States
seen from United Kingdom

seen from United States
seen from United States

seen from Germany
seen from Panama
seen from United States

seen from United States

seen from Nepal
@vreezes-blog
( ft. rettsg )
“Eres la culpable de todas mis desgracias, ¿cierto? Deja de descargar tus frustraciones conmigo, empieza terapia.” agrega, como si realmente creyera en su manejo de la brujería. “No te referiste a de toda la población de Derry, lo mencionaste a él… Cuéntame, ¿qué es lo que más te enamora de Connor? ¿La forma en que ignora tu existencia?” habla por hablar, desde ya, le cierra los ojos al hecho de que podrían mantener un vínculo del que sencillamente él no esté enterado. “Yo no hago más que defenderme de tus constantes ataques, la problemática eres tú y cualquiera que nos conoce lo podría decir.” despreocupación en su andar, una ocurrencia le divierte lo suficiente como para capturar toda su atención. “Sí, sí…” está descartando las palabras femeninas, sacando su teléfono móvil del bolsillo para tomar una fotografía que capture el momento histórico que está viviendo. Duda (querer o poder) repetir esta ocasión, por lo que adquirir evidencia de la situación a la que sobrevive parece lo más conveniente: “Sonríe.” y su pedido le hace expresar aún más ampliamente la diversión, dispuesto a capturar la escena sin importarle la expresión o pose de su acompañante. “Te equivocas, no finjo ser un ángel, solo tengo una mínima noción de la decencia. Incluso intento transmitirla hacia a ti pero pareces obsesionada con darle la razón a los rumores que te rodean…” alza las cejas por un momento, aires de resignación figurando. “Critico que no trabajes en tus defectos, inteligente, no son algo que debería generarte orgullo. ¿Tanto te cuesta aceptar que simplemente hay personas buenas?” exageración obvia a la forma en que de verdad se ve a sí mismo, todo a raíz de que, si se compara con la personalidad de su compañera, cree estar en una notable ventaja. “No, hablo de tus elecciones, pero conversar contigo es como discutir con una pared… gastada, y con humedad.” suelta, y sin embargo, a pesar de todo, lo siguiente le hace reír. “También me gustan los labradores, en caso de que no haya…” se anima a bromear, a intentar olvidar con quién dialoga. “Qué vocabulario tan pobre.” sacude el rostro levemente, casi mostrándose decepcionado de lo escuchado. “No he hecho nada, bruja, hoy buscaba mantener una conversación casual con una compañera de trabajo, y tú me bombardeaste sin ningún motivo.” formula, con gran facilidad para apropiarse del papel de víctima. “¿Tan sola te encuentras? Hay páginas en Internet que pueden ayudar con tu situación, no sé si lo sabías. De todas formas te pasaré el número de cuantas personas quieras, puedes contar con eso.” promete, mirándola con entretenimiento. “Prepárate para irte con las manos vacías, en ese caso.” así es como abre la puerta del centro y, descartando los deseos de cerrarla como si ella no viniese detrás, se acerca al empleado de la entrada: “Buenas tardes, estamos en busca de un perro para la pequeña, ¿podemos echar un vistazo…?” pregunta, no sin antes dejar sus recientes compras en uno de los estantes dispuestos para ello.
“No, pero siempre has actuado como si lo fuera, no esperaré que eso cambie ahora” decidió ignorar la parte en la que era enviada, por enésima vez, a hacerse tratar por especialistas. Ya se le habían agotado los recursos para responder cada vez que alguien lo hacía. “Hasta ahora, sólo me gusta el hecho de que con su sola existencia pueda detonar todas tus inseguridades” si todas ellas se resumían en su estatura, y si eso era algo que realmente le inquietara. “Claro que no, ¿no recuerdas quién empezó esta guerra?” frunció el entrecejo, observándolo como si estuviera segura de que había sido él, aunque era probable que su opinión defiriera de la propia. La misma expresión se mantuvo en su semblante cuando la cámara del móvil se enfocó en su rostro, una mueca de disgusto dejaba entrever su poca predisposición a permitir que la fotografía representase la imagen de una buena tarde entre amigos. “No sé qué te propongas hacer con esa foto, pero juro que te arrepentirás” lo amenazó, por las dudas. “Las personas me critican para sentirse mejor consigo mismas, como haces tú. Y no voy a quejarme, me gusta saber que mi existencia ayuda a que todos se quieran un poquito más” después de decirlo, se percató de que no era tan consolador como juraba. “No dijiste eso, dijiste que debía ocultarlos, fingir que no están ahí... porque eso es lo que haces tú, ¿cierto?” no estaba siendo justa, estaba segura de que todo el mundo hacía lo mismo, incluida ella misma que aún en ese instante no era tan transparente como juraba ser. “Podríamos estar en silencio, ignorándonos, pero tú decidiste conversar” le recordó. “No todos contamos con la posibilidad de tener tu educación, ¿podrías dejar de ser tan pretencioso?” sus esfuerzos por encontrar el problema en cada cosa pronunciada comenzaban a ser evidentes. “De acuerdo, tengamos una conversación casual. ¿Qué tal ha estado tu semana?” lo observó, deseando demostrar interés. “No te preocupes, puedo sobrevivir en soledad. Eres tú el que parece desesperado por compañía” porque estaba ahí, con ella. Lo miró como si acabase de ser insultada en cuanto lo oyó referirse a ella como si de un infante se tratara, pero le dedicó una sonrisa al hombre en cuanto las palabras ajenas provocaron que fuese el foco de su atención. Parecía acostumbrado a las visitas como aquella, por lo que sin darle muchas vueltas al asunto les indicó la puerta por la que debían pasar, recordándoles que lo llamaran si encontraban alguno que lograra agradarles. “¿Vamos a fingir que eres mi padre? Al parecer nunca voy a tener una buena imagen sobre las figuras paternas” pronunció, encaminándose hacia el sitio indicado por el hombre.
( ft. neblene )
Una sonrisa se forma en sus labios, las bromas suenan como una señal positiva dentro de aquél asunto. Le alivia ver que le han asignado a alguien que, a pesar de todo, no provocará en ella deseos de terminar con urgencia su primera semana de prácticas. “Qué bueno que hayas acudido directamente al hospital, a veces intentan ocuparse de las heridas por su cuenta y terminan agravando el problema.” hace una mueca, verdad que sale de sus clases y no de la experiencia propia, internet y el boom de programas médicos siendo presuntos enemigos de quienes se capacitan en el área de salud. Piel libre de espinas, el algodón en su mano se encarga de, con sumo cuidado, desinfectar cada pequeña herida: “¿Viniste sola hasta aquí?” si el desagrado que expresa no es una falsa interpretación, imagina que el camino hasta la clínica ha resultado eterno. “Seguros, y… a menos que haya posibilidad de embarazo…” nuevamente comete el error de concentrarse demasiado en su tarea y distenderse de la conversación, se recuerda. “La planta era inofensiva,” esta vez mira a los ojos de la castaña. “si cambias el vendaje diariamente todo estará bien. De todas formas puedes regresar ante el menor síntoma, supongo que ya te lo han dicho.”
Sabía que lo que decía la practicante era verdad, la última vez que había decidido restarle importancia a algo como aquello, había terminado con una herida infectada y un dolor tres veces mayor. “Tal vez yo era uno de esos en el pasado, pero he aprendido mi lección. Es fácil perderle el miedo a los hospitales cuando tu propia incompetencia resulta más aterradora” sonrió, pero su sonrisa parecía más una mueca. Pese a que la conversación lograba distraerla y hacer que olvidara el estado de su pierna, el dolor punzante de la zona afectada no le ofrecía tregua. “Así es, caminaba como zombie y la gente se alejaba de mí en lugar de ofrecerme una mano. De todas formas, creo que las maldiciones que se me escapaban podrían tener algo que ver con eso” confesó, no había logrado lucir amigable hasta que habló con la recepcionista. “¿Si estuviera embarazada cuál sería el riesgo? De todas formas, ese no es el caso” negó con la cabeza. “¿Puedo permanecer aquí hasta que se me calme un poco el dolor o necesito dejar libre el lugar?
@vreezes said “How do you handle your nightmares?”
La interrogante llega a sus tímpanos y provoca inmediata curiosidad, ápices de preocupación que busca esconder para liberar a lo largo de encuentro. “No tengo…. Bueno, he tenido algunas, pero nunca constantemente o sobre algo especifico” relata, cree fervientemente que el descanso es primordial para tener un buen día, por eso mismo tener por lo menos ocho horas siempre sobre sus hombros. “Si eso te sucede tengo recetas de algunos té que son increíbles”
No estaba segura de que sus sueños más recientes pudieran considerarse pesadillas; eran simplemente extraños y un poco perturbadores; el problema radicaba en que resultaban lo suficientemente realistas como para que cualquier suceso de su día pudiera detonar el recuerdo y afectar de manera negativa en su humor. “Eso es lo raro, mis sueños tampoco son repetitivos, pero tienen algunos puntos en común” le comentó. “He intentado interpretarlos por mis propios sueños, pero creo que todos los sitios web que he visitado son una farsa” todo parecía indicar que tenia cientos de complejos de los que nunca se había sentido dueña. “No me matará probarlos, espero que den mejores resultados que mi atrapasueños” claramente, el objeto no estaba realizando su magia.
🔪: Tu personaje cura las heridas del mío ( @vreezes )
Gasa en mano siendo impregnada de líquido antiséptico, la intención de restar importancia a lo que está a punto de suceder convive con una curiosidad por el umbral del dolor que la accidentada maneja, así como los temores que presenta si es que los mismos existen (bien sabe que cada persona es un mundo): “Espero que no grites tanto como la anterior persona que me tocó curar.” el humor es su herramienta para descomprimir, esconder sus propios nervios, esos que vienen de la mano de la inexperiencia en lo práctico. Su mirada busca a la otra para cerciorarse de que no ha ido demasiado lejos, que su poca profesionalidad no es tan visible: “Es broma, es broma, no sentirás nada.” asegura rápidamente, tal vez fallándole a la verdad porque no tiene forma de adivinar si existirá ardor. “¿Cómo te lastimaste?” busca distraer, el algodón con desinfectante acercándose a la piel.
Consideraba una suerte que la fascinación por la sangre no se sumara a la lista de excentricidades que la convertían en un blanco fácil de críticas y rumores que hacían de su reputación algo poco envidiable. La mueca en su rostro indicaba el disgusto que le provocaba el escarlata de las heridas que se dibujaban sobre la piel de su muslo, aunque también podía deberse al dolor que las mismas le provocaban. El único alivio aparecía ante el pensamiento de que se entretendría ingeniándose un doble vendaje para la herida, sólo por si acaso. “Haré mi mejor esfuerzo por no dejarte sorda” prometió, observando con desconfianza el algodón que amenazaba con aumentar el dolor punzante de sus minúsculas pero numerosas heridas. “Me caí sobre una planta silvestre con muchas espinas, parecía un nido de agujas” se había tomado la molestia de llevar una muestra para descartar las posibilidades de haberse inyectado múltiples dosis de veneno. “¿Están seguros de que no voy a morir? ¿Debería atribuirle el mareo que sentí de camino al hospital a mi miedo por desplomarme sin vida en la entrada?”
“What the hell is that?”// @vreezes
“Cuide el lenguaje, señorita.” caricia del sinhueso contra carnosidades. Se aferran los falanges a prenda de lana. Es exagerado el tamaño de la misma, abarca casi toda la altura del cuello, y también sofoca un poco. Pero no puede no darle uso a obsequio que figura matriarcal ha hecho con tanto esfuerzo y dedicación. Se instala el vestigio de una sonrisa trémula, de voz algo cansada que se eleva y casi chilla de orgullo apenas la prenda es portada por vez primera. “Mi madre ha tejido esto para mi. Una bufanda, dice ella. Debo creerle que es una bufanda, — esa mujer nunca me ha mentido.” jocosidad que empapa sílabas, arriba y abajo los hombros como gesto que pretende restar importancia a vocablos propios.
Su diestra se alzó para cubrir sus labios en cuanto oyó aquel regaño, un acción refleja quizás, o un disimulado gesto para ocultar su sonrisa. No se había dado cuenta de que había pronunciado esas palabras en voz alta, su intención había sido que la pregunta se quedara en su mente, pero la sorpresa la había traicionado. “Ah, no, es que hay un insecto en su bufanda” le hizo saber. Parecía una mantis del tamaño de su mano, y creía saber que no había insectos de tales magnitudes merodeando por Derry casualmente. Estaba casi segura de que se trataba de una peculiar mascota. “Me asustó cuando se movió, se camufla bastante bien con el color de la bufanda” se guardó para sí misma el comentario de que el color de la bufanda le parecía una peor idea que su tamaño. “¿Debería quitárselo?” ofreció, porque no le costaba creer que no le era muy fácil moverse con aquella peculiar prenda.
( ft. rettsg )
“No eres tan bruja como pareces, entonces.” inocente sonrisa la que acompaña sus dichos. Son las palabras siguientes las que logran jugar con su calma, la lengua contornea su labio inferior en tanto la escucha hablar. Se evidencia el juego que pretende activar su irritación y apagarla sólo mediante contraataques, sin dar el gusto de demostrar que las palabras ajenas tienen filo. “Nos tienes bien observados, me pregunto si incluso nos has tomado alguna fotografía en la oficina. Porque, no será que, ¿tal vez…?” su índice se eleva en el aire, pretende ir hasta la mejilla ajena para dejarle un toque: “Te gusta Connor.” asume, quizá sin ningún motivo para hacerlo. “Por eso tantas ofensas contra mi persona, ¿verdad? Estás celosa de que pase tiempo con él, qué tierna. Tan sólo espera a que se entere…” suelta al aire, entretenido por demás con la idea de plantar esos pensamientos en su compañero de trabajo. No descarta el enviarle un mensaje de texto en ese preciso instante. “Dices que apruebas el nombre sólo porque sabes que tu gusto va en contra del de cualquier persona cuerda, pero me importa muy poco tus intentos por ofenderme.” y con indiferencia deja que su mirada pasee por la calle, allá, lo más lejos posible de su acompañante, esa a la que él mismo se acercó, casi olvida. “Ojalá tú hicieras el mismo esfuerzo por esconderlos, los tienes demasiado a la vista.” sostiene, frunciendo el entrecejo por un segundo ante lo siguiente. Su rostro efectúa una negación: “Nunca hablé de los monstruos que sueñas con adoptar.” y aunque tal vez su comentario suena mal, se refiere a lo que imagina que la menor sueña con acoger. No a las características de animales que acaba de describir, aclaración que se guarda para sí. “Solo mencioné una raza de perro y fue despreciado por ti bajo la excusa de ser demasiado linda. Apuesto a que con esa extraña mentalidad sales de compras.” basta una mirada a su vestimenta para compartir que no le agrada, en realidad la lleva a cabo y critica sin importar las prendas que la muchacha trae puestas. “¿De verdad? Qué impresentable, cuando entremos déjame hablar a mí, no nos dejarán entrar si te ven o te escuchan describir lo que buscas.” exagera entre dudas, tanto de que lo de las croquetas sea cierto, como de que su demanda de silencio sea aceptada. “¿Así cómo, bruja? Te escucho.” hace un intento por ver qué tan lejos llegan sus palabras. “Prefiero ser un microbio antes que una salvaje.” y al escuchar su pregunta toma una bocanada de aire, prefiere esquivar la verdad, la poca cantidad de contactos verdaderos que tiene para recurrir. “Tal vez, de cualquier forma tienes toda mi atención por esta tarde. Me entusiasma ver cómo tu futura mascota me prefiere a mí antes que a ti, no demoremos.” y se obliga a sonreír, en tanto sube los escalones del centro de rescate animal.
“No me subestimes, tengo fe en que pronto lograré convertirte en sapo” la amenaza vacía fue seguida por una mirada de advertencia. Frunció el entrecejo ante el cosquilleo generado por el índice ajeno, una expresión que se vio intensificada por las palabras que brotaban de sus labios amenazando con encerrarla en su propio juego de interpretar palabras del modo menos acertado. “No puedes asumir que me gusta sólo porque dije que es más alto que tú. Debería gustarme la mitad de la población de Derry si fuese tan fácil” chasqueó la lengua, sin desaprovechar la oportunidad para volver a atacar esos centímetros que él utilizó para burlarse de ella. “Tampoco puedes darle todo el mérito por algo que tú te ganas solito, como el hecho de que no te soporte.” Él y sólo él (o, tal vez, también ella) era culpable de ese ir y venir de ataques que rozaban el límite de lo infantil. “Yo no involucraría a otras personas en algo que es sólo entre tú y yo, como tú haces. Aspen no tiene la culpa de sus malas elecciones, he visto como actúas frente a otras personas, finges ser un ángel.” En más de una ocasión se había preguntado si era ella la que estaba mal, en lugar de todos aquellos que parecían adorarlo o, por lo menos, soportarlo con facilidad. “Que critiques que me muestre tal cual soy demuestra que estoy en lo cierto, y tu vida es pura actuación” sentenció, sin dejar lugar a cuestionamientos sobre cuánta razón guardaban sus palabras. “Estás comparando a un animal con prendas de vestir que, por cierto, son más lindas que las tuyas. Eso es todo lo que tengo para decir, su señoría” respondió, como si acabara de ganar el caso. “¿Y cómo crees que reaccionarán cuando les preguntes en dónde están los beagles?” casi bufó, sin poder creer que la llamara a ella impresentable. “Así, como un insecto” mantuvo su respuesta corta y tan libre a la imaginación como pudiese ser, no quería ceder ante la presión de retractarse ni tampoco insultarlo de verdad. “Pft, seguro que los microbios son seres civilizados. Por lo menos yo no provoco jaquecas a todo aquél que esté cerca” y lo dudó, a decir verdad, tan profundo en su ser que deseó que no fuese notable para su acompañante. “He sido bendecida, ¿luego me pasas sus números para agradecerles? No puedo esperar por más tardes como esta, de verdad” su tono de voz indicaba que estaba dispuesta a dejarles un buzón de voz con amenazas incoherentes para que fuesen más responsables con su colega, y también lo hacían los pasos que con brusquedad daba sobre el suelo de cerámica. “Si te elige a ti por encima de mí tendrás que llevártelo, no seremos compatibles si tiene tan mal gusto” decidió callar en cuanto su mirada se halló con un rostro desconocido, y la seria (y tal vez poco paciente) expresión del cuidador de animales. Obediente, y tal vez un poco intimidada, le dio la chance a su acompañante de ser quien hablara.
( ft. rettsg )
“Si renuncias al trabajo moriría de tristeza, ese sí sería un golpe duro.” da ideas, hace un esfuerzo porque la seguridad manche su habla. “Lo siento, perdón, a veces me gusta demostrar que tengo más altura que tú. En todos los sentidos.” deja que su brazo pase de forma fugaz por encima de la cabeza de la fémina, evidencia la otra posible interpretación de su sentencia en tanto traza el horizonte sin tocarla. “Emmelyn, ¿vas a meterte en el terreno de los nombres precisamente tú?” siendo editor, tiene acceso a información que tal vez (y si dejamos a un lado enemistades laborales) no sea realmente necesaria. En este caso su segundo nombre. “Entiendo, sumamos el egocentrismo a tu lista de defectos. Me alegra por el beagle, de todas formas, definitivamente no te mereces un animal tan puro.” es en el movimiento femenino que cree ver curiosos colores impregnados sobre su piel: “¿Qué tienes en la mano? Tu problema con la higiene personal me perturba una enormidad.” exclama a continuación, prácticamente sin dar tiempo a que primero su pregunta sea contestada. Era absurda la amabilidad en una conversación con ella, ese fue el pensamiento que cruzó su mente después de que deforme sus palabras: “No sé para qué preguntas mi opinión si vas a desecharla por completo. Deberías ayudarme a ayudarte, ¿sabes? Escuchándome tal vez podrías lograr que la gente pueda apreciar tu compañía, o al menos aspirar a que no sienta deseos de rociarse perfume en la cara tras estar cerca tuyo.” pronuncia de un impulso. “Y eso de aguantar la respiración al verme suena a que te quedas sin aire, en tu lugar me plantearía si no se relaciona con tu poco trato con los hombres y la raza humana en general.” formula según la imagen que se ha hecho de ella, tal vez sólo mediante contraataques pueda deshacerse de la tensión que la fotógrafa le inspira. Aunque el castaño no se percate de ello, pocos metros los separan del destino. Su concentración, ahí, está puesta en abrir la bolsa, como si tras su mención estuviese dispuesto a permitirle tomar una de las cervezas: “No, las compré para compartir, Lyn, ¿quieres?” la falsa cordialidad e indiferencia son su armadura en esta oportunidad.
“Estás de suerte, me tendrás ahí por largos años” si su trabajo no fuese su única fuente de ingresos, habría hecho un esfuerzo por encontrar un lugar menos agotador en el que pasar sus días. "Pero estás por debajo del promedio para ser un hombre, ¿no? Alto es ese muchacho con el que suelo verte en el trabajo” los nombres, como ya había demostrado, no eran su fuerte. “Deberías pensarlo mejor antes de ponerte a su lado, la imagen es bastante humillante” estaba segura de que el hombre era exageradamente alto, pero prefería fingir que era su acompañante el que era demasiado bajito. "No me malinterpretes, me gusta el nombre de tu novia, me gustan las cosas fuera de lo común" explicó, y era de las pocas cosas en las que estaba resultando cien por ciento sincera. “Mis nombres entran en esa categoría, por lo que también me gustan, insecto" aclaró. Por lo general (y eso era algo que él nunca debía saber) le molestaba más que la llamaran por su apellido. “Te estás esforzando por encontrarme defectos, eso sólo alimenta mi ego" ahora, en lugar de contraatacar, descartaba cada ataque recibido. ”Además, ¿estás diciendo que un perro no puede ser puro si es feo, anciano y quizás no cuenta con las cuatro patas? Vaya, Garrett, cada vez descubro más cosas de ti que no me agradan” negó con la cabeza, sin poder creer el grado de inhumanidad en las palabras ajenas (que, una vez más, interpretaba a su antojo). “Traigo croquetas para perro, no te quería decir por las dudas de que me pidieras” viniendo de ella no era tan difícil de creer, pero tampoco era difícil que se lo tomara como otra mentira. "¿Eso es lo que haces? ¿Rociar perfume en tu cara? Eso explica que te haya quedado así” ahora ni lo pensaba, dejaba salir palabras que más tarde la llevarían a preguntarse si no había ido demasiado lejos; y probablemente se convencería a sí misma de que no había sido así. “Para eso necesitaría verte como más como a un hombre y menos como a un microbio” sus pasos se detuvieron en cuanto se encontró en frente del local al que se dirigían, aunque su atención estaba puesta en el editor. “Si me la das ahora creo que te la arrojaría en la cara” y prefería seguir entreteniéndose con moler cada croqueta que atrapaban sus dedos. “¿Acaso tus amigos han llegado al punto de sentirse como yo y por eso no estás compartiéndolas con ellos?”
( ft. rettsg )
“No te vi. Saludar nunca, ¿verdad? ¿modales…?” pronuncia la última palabra como si buscara comunicarse con un extranjero que no tiene ningún tipo de conocimiento sobre su lenguaje. “Tranquila, no me enfermo fácil, tengo las defensas altas, ya que trabajo en el mismo lugar que tú debo poner mucha atención a tener todas las vacunas al día.” declara, careciendo de importancia la ida a la farmacia, unas simples aspirinas (que probablemente necesitarán ambos tras finalizar la charla) fueron el motivo de su visita. “Es Aspen.” corrige de forma rápida, tono neutro, concentración puesta en lo siguiente: “¿Por qué no puedes buscar un.. no sé, beagle? Tomas muy en serio lo de parecerte a tu mascota.” vuelve a buscar provocar, sin detener en ningún momento la caminata dictada por el andar femenino. No sabe si lo entretiene más el explorar en qué punto estallará la fotógrafa, o descubrir de cuántas formas puede ser agredido por ella. “¿A cuántas calles estamos?” curiosidad real, no tiene intenciones de perderse aquel acontecimiento. “No dije eso,” responde casi al instante, para luego robarse un par de segundos antes de hablar. “mal no es la palabra… Tal vez, ¿no de mi gusto?” selecciona con pinzas la combinación de palabras, aunque quizá el mensaje sea similar a pesar de su intento por suavizar sin faltarle a la verdad. Los aromas frutales nunca fueron sus favoritos, preferencia que tal vez se ha establecido desde que la conoce.
"Supuse que me extrañabas y sólo quería torturarte" se encogió de hombros. Al parecer a él se le daban mucho mejor las torturas. “No voy a fingir que no me decepciona que no me estés devolviendo el golpe, le quitas toda la diversión.” Todavía no comprendía por qué él no hacía lo mismo que ella; probar el límite de la tolerancia ajena mientras la propia también estaba siendo puesto a prueba, en ocasiones se tornaba un poco estresante. "¿En verdad? Todo este tiempo he estado envidiando su nombre de planeta gobernado por Odín" frunció el ceño. Sin lugar a dudas había heredado el mismo gusto por los nombres que sus padres. "No quiero tener un perro, quiero que él me tenga a mí. El beagle no me necesita, seguro que encontrará a algún frívolo corazón que lo pueda cuidar" a él lo podía ver criando a un beagle, a decir verdad. Era notable que le hacían falta nuevos amigos. “Suenas ansioso, ¿te ha gustado la idea de ser encerrado y sacrificado? Sólo hay que doblar por esa esquina" señaló hacia la calle que tenían en frente, ocultando su mano al percatarse del polvillo de vivos colores que la cubrían, casi había olvidado lo que guardaba en sus bolsillos. "Es decir que huelo bien, pero a ti no te gusta. En otras palabras, tienes mal gusto" concluyó, asintiendo para mostrarse de acuerdo con las palabras ajenas (que interpretó como se le dio la gana). "No es que me sorprenda, es decir... siempre aguanto la respiración cuando estás cerca" poder atacarlo en ese aspecto le divertía más ahora que él había demostrado tener tacto en su respuesta. Creía que ya habían alcanzado el punto en el que ninguno de los dos estaba dispuesto a mostrar algo de piedad. Desvió su atención a lo que el joven cargaba en sus manos, el brillo de las latas de cerveza robándose toda su atención. "¿Ya te encuentras construyendo tu barriga cervecera?" elevó la mirada hacia él una vez más. "Yo esperaría hasta el matrimonio, quizá hasta el primer embarazo... dicen que las mujeres se sienten menos inseguras si sus maridos son igual de panzones".
( ft. yasjovnne )
Una sonrisa divertida alzó las comisuras de sus labios— Pues, técnicamente sí —admitió— Bueno, como sándwich vegetariano es una maravilla dentro de este planeta —respondió esperando dar a entender que no estaba mal pero tampoco era para morirse. Aunque su especialidad no eran los platillos vegetarianos.
Entrecerró los ojos, una señal de que no estaba convencida por la respuesta de la joven. Normalmente, el esfuerzo puesto en las comidas preparadas a base de vegetales era escaso o nulo, por lo que se había llevado varias decepciones.— De acuerdo, supongo que no moriré si lo pruebo —sonrió, observando a la camarera.— Entonces ese será mi pedido: una taza de té verde, y un sándwich vegetariano. El más pequeño que sirvan.
( ft. arlobarnes )
“Aquí entre nos, es la primera vez que como en esta heladería” reconoció, por lo que pidió de uno de los sabores más neutrales en helados que conocía: chocolate. Normalmente si no tenía un sabor extraordinario tampoco era para vomitar. “¿Eh? ¿Y por qué no? No es mi sabor predilecto pero es un clásico” aseguró al momento que aceptando el ofrecimiento ajeno de crema americana. Lo saboreó unos instantes. “Nada mal…Sin duda, sabe mejor que el mío. ¿Segura que no quieres?” ofreció otra vez.
“¿Y eso? ¿Eres nuevo en el pueblo, o acabas de descubrir tu gusto por los helados?” quizá no estaba considerando la posibilidad de que aquella heladería no fuese la predilecta para todos en el pueblo, lo que, de hecho, parecía ser lo más probable. “Me intoxiqué en uno de los pocos Halloween en los que los vecinos de Derry se sentían especialmente generosos” no siempre se conseguía esa amplia variedad de manjares a base de chocolate en la cacería de dulces que se realizaba cada noche de brujas, después de todo. “Segura, ni siquiera puedo tolerar mucho el olor” le aseguró. “Quizás la próxima vez que te encuentre, sea aquí o en Fiona’s, te recuerde que estás en deuda conmigo”.
( ft. rettsg )
“¿Quinta vez? ¿Cuándo…?” el desconcierto figura en su expresión, llega a recuerdos borrosos de haber visto hace días su figura entre la muchedumbre, mas asume que aquellas oportunidades no llegan a igualar el número mencionado. “No puedes culparme por los sueños que tengas conmigo, es tu cabeza la única responsable.” el desagrado es mutuo, desde ya, pero no soltará al único rostro conocido que ha visto en todo el día, el incremento de velocidad que presenta demuestra cómo está dispuesto a aferrarse a cualquier casualidad. Es una barrera de retraimiento, que siempre ha existido a pesar de sus intentos por camuflarla, la que le impide reconocer soledades para acudir directamente a quienes considera amistades, solución simples que ignora, paradoja para quien se tilda a sí mismo de sociable. “No me dijiste hacia dónde vamos.” levemente agitado por su reciente corrida, una fragancia peculiar es detectada por uno de sus sentidos. “Quiero decir que hoy hueles peor que nunca pero tengo miedo de cómo te lo puedas llegar a tomar.” en lo que a Garrett respecta, la personalidad femenina es una Caja de Pandora. Nunca supo deducir qué combinación de palabras son las que pueden desatar su cadena, y tampoco es como si en la actualidad pierda mucho tiempo midiéndolas, de una forma u otra sabe que las cosas terminan mal cada vez que se cruzan.
“Te vi en la farmacia hace unos días” citó uno de los ejemplos que recordaba, confiando en una memoria que muchas veces fallaba. “Me ilusioné con que estabas enfermando y no irías a trabajar por un buen tiempo” se esforzó porque sus palabras expresaran la decepción que sintió al verlo aparecer radiante en la mañana siguiente. No recordaba un día en el que hubiese disimulado lo mal que le caía su compañero de trabajo, aún cuando en ocasiones no conseguía recordar si lo detestaba por un motivo o por otro completamente distinto. “A la perrera, quiero adoptar un cachorro. El más grande, más feo y más sacrificable...” las palabras brotaron entremezcladas con un suspiro. “¿Estás seguro de que quieres venir? Ahí no tratan muy bien a las alimañas. Si te encierran, ¿qué le diré a... Asgard?” Ante la mención de la joven, se preguntó dónde estaba y qué estaba haciendo que era más importante que salvarla de contar con aquel acompañante. “Es mi repelente para hombres, al parecer no está funcionando bien el día de hoy. Aunque teniendo en cuenta que eres parte insecto, puede que esa sea la razón por la que te has acercado de todos modos” meditó en voz alta, haciendo uso de su arsenal de insultos infantiles. “¿Por qué has dicho «peor que nunca»? ¿Crees que por lo general huelo mal, pero hoy he sobrepasado todo límite?” lo observó como si esperara una respuesta sincera, como si en verdad le preocupara conocer su opinión sobre los aromas frutales con los que perfumaba cada jabón y cada shampoo fabricado.
— ¿Y? ¿Ya decidiste? — preguntó sacando la libreta del delantal.
— Casi —respondió, dejando la carta sobre la mesa y dirigiendo su atención hacia la camarera.— Desearía una taza de té verde, y... del uno al diez, ¿con qué puntaje calificarías el sándwich tostado vegetariano? —entrecerró los ojos, esperando por la respuesta sincera por parte de ella.— Sé que estás obligada a decirme que es lo mejor que voy a probar en mi vida, por lo que podemos fingir que el número uno significa “una maravilla” y el diez “algo fuera de este planeta”.
“Te doy del mío si me dejas probar el tuyo” ofreció sacando una cucharada de su helado para ofrecerle a la otra persona,no le importaba compartir si eso significaba comer más.
“Suena justo” admitió, evaluando el postre ajeno “---pero no me gusta el chocolate.” Arrugó la nariz, sintiéndose empalagada ante la sola mención del mismo. Aún así, rescató una cucharada de su helado de crema americana y se la ofreció sin detenerse a pensarlo demasiado. “Entiendo que necesites quitarte el sabor de la boca”.
Ante el viaje de Aspen, el silencio ensordecedor de su hogar (uno imbatible, cómo explicar que ningún artefacto electrónico sabe eliminarlo) no hace más que empujarlo puertas afuera. Conseguir algunas cervezas y snacks fueron la excusa ideal para deambular por el barrio, posponer el regreso a casa siendo su principal objetivo… incluso si eso significase pegarse como chicle, en el camino de regreso, al primer rostro que (cree) reconoce®. “Eh, hola, qué casualidad, ¿para dónde vas?” su andar pretende acoplarse al ajeno.
Llevaba los bolsillos llenos de comida para perro; probablemente sus manos y todo su cuerpo oliera a los manjares diseñados para el único disfrute de los canes. Estaba segura de que si quedara algún perro callejero en Derry, en ese momento su olfato lo guiaría directo hacia ella, por lo que no se explicaba el hecho de que ninguno hubiera aparecido en sus largas horas de caminata por el pueblo. Con el agrio sabor de la derrota acompañándola en su camino de regreso, notó una figura conocida acercándose en la dirección contraria, acto que la llevó de inmediato a voltearse para acelerar su marcha en el sentido opuesto. Aquel fue su segundo plan fallido de la noche, de repente lo tenía junto a ella como si la comida de sus bolsillos estuviera funcionando con la presa equivocada. “¿En verdad es casualidad, o debería ir pensando en poner una orden de restricción? Es como la quinta vez que te veo esta semana” sus planes de huida parecían haber funcionado en cada ocasión anterior, por lo que era posible que él ni siquiera lo hubiera notado.