Cuando te amaba… Capítulo VIII: Quiero y anhelo amarte.
Amelia se encontraba despidiendo a Sam en el pórtico de su departamento.
-Chao mi vida, cuida de tu mami, ¿Está bien? –Mientras estaba acariciando el vientre de Amelia– Adiós Amelia, nos vemos mañana.
-Pero está lloviendo muy fuerte. –Diciéndolo preocupada.
-Lo sé, pero sabes que el auto está afuera, sólo me mojo un poquito y ya. No hay problema.
Amelia intranquila le dijo:
-Sería más fácil si te quedarás aquí, me quedo muy preocupada cada vez que te vas.
-¿Quieres vivir con nosotros? –Y se quedó estática al darse cuenta de lo que había dicho. –Bueno, no lo quería poner de esa forma, sabes qué olvídalo. –Diciéndolo tímidamente.
-Te lo agradezco Amelia, pero no voy hacerlo de esta forma Amelia. –Sonriendo por la propuesta que le dijo. –Me siento halagado, pero así no me gustan las cosas Amelia, me conoces. Mañana regreso. –Mientras besaba su frente y corría a su auto.
-Sólo olvídalo Sam, sólo piensa que no dije nada, ve con cuidado, y me llamas cuando llegues. –Dijo ella hablando muy fuerte y muy avergonzada mientras él subía a su auto.
Eres una tonta Amelia, cómo le vas a decir eso. ¡Aish! Sabes cómo es Sam. Es un hombre chapado a la antigua. Pero bueno espero que se olvide de esto, mañana regresa. –Mientras sonreía plácidamente al verlo partir.
Al pasar la media noche un mensaje llegó a su teléfono:
-Vístete muy hermosa, mañana te invito a un lugar especial.
-Pero es sábado y he tenido una muy larga semana Sam.
-¿Me estás negando la salida?
-No, no es eso. Pero luego de estos meses creía que podría descansar al fin mañana.
-Lo sé, pero es necesario que vayamos a este lugar. Te recojo a las 9.
-A las 9, bueno está bien Sam, te esperamos en la mañana.
A la mañana siguiente Amelia estaba lista y Sam le esperaba afuera en su coche.
-Ven Amelia, te va a gustar al lugar que vamos a ir.
-¿Enserio? Pero ¿A dónde vamos?
-Mmm, vamos a dar una vuelta, pero vamos primero a Le Soupir. ¿Quieres?
-La mejor tienda de helados del universo. ¡Sí, vamos, vamos!
Al llegar a la tienda de helados se sentaron, Sam fue a pedir los helados, y Amelia esperaba muy pacientemente. Al regresar Sam le preguntó a Amelia mientras ella muy contenta comía su helado:
-Amy, ¿Por qué quieres que viva contigo? –Preguntaba intrigado
-Por… por… –Dijo ella muy nerviosa.
-Tienes que ser muy clara conmigo. Vamos a ser padres, no lo olvides.
-Pues lo sé, pero… Bueno está bien, creo que te lo dije porque quiero que bebito crezca con su padre, sabiendo que lo amas. Además él está más tranquilo cuando estás cerca. En las noches no me deja dormir. Así que por eso lo dije.
-Y tú, ¿Qué piensas al respecto, lo haces por bebito, pero tú?
-Tus sentimientos Amelia.
-Sabes que no puedo estar sin ti Sam y te guardo un profundo cariño Sam, eso lo sabes muy bien. Pero aun no te amo. –Habló de la forma más sincera que pudo.
-Para mí eso es suficiente Amy.
-Me sigues llamando Amy, ¿A qué te refieres?
-Ven, vamos tenemos que ir a otro lugar.
Sam le ofreció su mano y luego de unos minutos llegaron directo al estacionamiento de su vehículo, Sam conducía por la ciudad y mientras Amelia se terminaba de comer su helado, llegaron a un ayuntamiento.
Ambos se bajaron y Sam le dijo:
-Amelia, sé que tú no me amas de la manera que yo deseo, pero si quieres vivir conmigo, esto debemos hacerlo de la forma correcta. Si tú no quieres hacerlo, no hay problema…–Y Amelia lo interrumpió.
-Lo sé Sam, pero quiero hacerlo, por bebito, por nosotros, aún no te amo de la manera que debería, pero voy a esforzarme por hacerlo Sam. Sí quiero ser tu esposa—Lo decía de una forma en la que sonreía muy emocionada.
En el transcurso de su tan improvisada boda Amelia pensaba:
Sam cómo desearía amarte de la misma manera en que me amas. No me gusta comparar pero con James a pesar de que él me dijo que bajaría el mundo a mis pies, y me dio un anillo tan grandioso además de una propuesta espectacular, él nunca quiso casarse conmigo, ahora tú Sam, lo hiciste en menos de 2 horas, sin tanta palabrería. Te quiero tanto que no me imagino mi vida sin ti. Pero no te amo, aun no, sé paciente Sam, hazlo por mí, por favor.
Mirando al cielo pensaba:
Me has bendecido con este hombre maravilloso DIOS mío, ayúdame a amarlo de la misma manera que el me ama, por favor.
Pasaron los días y Sam se instaló en casa de Amelia, un día mientras veían una película, estaban tan contentos que comenzaron a jugar cómo en los viejos tiempos.
-Ves la actriz no sabe actuar —Decía Amelia molesta.
-Es muy linda la actriz, eso compensa que no sepa actuar –Tratando de mejorar la situación.
-¡Qué materialista que eres Sam! ¡Eres un idiota! ¡¿Cómo puedes decir eso?! –Mientras se reía irónicamente lanzándole despacio una almohada.
-Lo siento, lo siento. No lo volveré a decir. ¿Si?
-Ves a eso se ha rebajado la industria del cine, a ser un acto tan superficial lleno de destellos. Bueno hablo solo por esta película, sabes que me encanta el cine.
-Lo sé, lo sé, pero esto llama la atención, ya mismo acaba. Está interesante.
-La historia lo está, el resto no, ¡Cambia de canal!. –Tratando de darle la contraria.
-Sólo por un ratito más ¿Sí? –Mientras le suplicaba.
-No, dame el control. ¡Sam! –Mientras se reía.
-¡No te lo voy a dar! Trata de quitármelo si puedes. –Diciéndolo de una forma muy graciosa.
Y comenzaron a pelear por el control remoto, Amelia para que le devolviera el control, se sentó e intentó darle un beso en la mejilla, pero Sam sin darse cuenta cambió de lugar y sus labios se encontraron.
Sam se asustó y se retiró rápidamente.
-Esto hay que hacerlo bien –Mientras Amelia se acercaba a él, agarró sus mejillas y le dio un fuerte beso.
Sam la besó como nunca nadie lo había hecho, ella comenzó a sentirse maravillada, comenzaba a quererlo demasiado, él se lo había ganado poco a poco. Pero aún sentía que no podía amarlo. Aún no.
Luego de unos segundos Amelia reaccionó y se retiró, fue rápidamente a la cocina por un vaso de agua.
Sam la siguió y sin darse cuenta, él la abrazó por la espalda:
-Por darme todo lo que siempre he soñado… Una familia. Te agradezco también por dejarme amarte y por querer intentarlo. Sé que no es fácil nuestra situación y que hay muchos días en que es realmente estresante, pero es una gran bendición que hayas aparecido en mi vida…
Amelia se dio la vuelta y besó la frente de Sam.
-Gracias por amarme y ser paciente. Te quiero bobito. –Mientras sonreía muy alegre.
Minutos más tarde, en su video:
Esta fue la primera vez que realmente me besó, bueno fuimos ambos, pero me sentí amada, protegida, me sentí plena. Pero hay momentos en los que no lo sé, siento que no lo merezco. Soy una persona extremadamente demandante y el creo que lo está soportando bien, aunque peleemos aun siento que todo puede desmoronarse de la nada. Lo quiero, lo quiero muchísimo no cómo mi amigo sino cómo Sam, como el hombre que es. Todos los días le pido a DIOS que me permita amarlo de la misma forma en que él me ama, siempre le pido a DIOS por ello.
Al llegar a casa Sam no mostraba ninguna facción en su rostro, únicamente soltó la mano de Amelia, y fue a tomar un trago de whisky.
-Sam, sabes, necesitaba hacer eso, para… –Diciéndolo de una forma muy angustiada.
-¿Para verlo de nuevo? –Diciéndolo enojado.
-No es lo que piensas Sam. Pero tuviste el descaro de seguirme –Muy molesta.
-No sabía que ibas a hacer y tuve miedo de cualquier cosa.
-¿Qué creías Sam? Odio ser la damisela en apuros, lo sabes ¿Verdad? –Diciéndolo muy indignada.
-Lo sé, pero lo sigues amando, ¿No es así?
-No de la manera que piensas Sam.
-Pensé que durante este tiempo algo estaba cambiando dentro de ti… Pensé ilusamente que… –Mientras ella lo interrumpió.
-¿Te amaba, es eso? A pesar de que no recuerdo muchas cosas, los sentimientos que tengo hacia ti son distintos a lo que eran, lo que recuerdo que eran. Pero hoy recordé algo, que tal vez no quería recordar.
-Quiero darte tiempo, un poco, siento que esto puede cambiar, pero como antes siento que es demasiado difícil quedarme a tu lado.
-No creo que sea de esa forma, pero tú vida se arruinó por mi culpa Sam, tu familia, tu prometida, todo se fue en picada desde el día que te diste cuenta que me querías. No soy buena para ti.
-¿Lo recuerdas? ¿Eso es lo que recuerdas? Pero, eso está en el pasado. Ahora es diferente. No te centres en lo que fue, mira el presente y enfócate en lo que puede ser…. Entonces, dímelo, dime que me quede junto a ti.
-No puedo. –Dijo ella titubeando.
-¿Qué te detiene? –Exclamó él muy enojado –¿James? –Diciéndolo irónicamente.
-Aquel día me dijiste que serías paciente conmigo, pero no lo estás haciendo Sam.
-Entonces, ¿Qué quieres que haga?, ¡¿Ah?!
-No lo sé. Paciencia no puedo pedirte, ¿No puedes colocarte en mi lugar, por un momento?
-Esta situación me está matando. Estoy sufriendo demasiado por ti, y tú no, acaso soy tu juguete. Ni por respeto a mi dejaste de verlo. Sé que perdiste la memoria, pero simplemente fuiste a verlo. –Dijo él muy molesto.
-Sí perdí la memoria Sam, y al único que recuerdo es a James como el hombre que amaba y tú eras el hombre que me odiaba por alguna estúpida razón, en estos días me enteré de muchas cosas incluyendo su engaño, nuestro matrimonio. ¿Cómo crees que me siento? Mi vida es una mentira, todo lo que conocía se desvaneció. ¿No me puedes entender?
-Todo esto es demasiado para mí Amelia, sé que necesitas espacio, pero James, ¿Por qué no me lo dijiste?
-¿Crees que algo hubiera cambiado? Tú y tus celos estúpidos Samuel.
Terminaron de discutir, Sam salió de la casa y Amelia fue a arreglarse a su habitación para dormir.
Había pasado varias horas. Ella estaba demasiado preocupada por él, pero no quería llamarlo por teléfono, minutos más tarde Amelia se había quedado dormida esperando a que él regresara y a eso de las 3 de la mañana Sam volvió y ella estaba acostada en el sillón arropada con una cobija.
-Idiota, idiota, –Murmuraba mientras dormía.
Sam la recogió en brazos y la llevó a su cama.
La recostó, la abrigó y en el momento en que intentó salir, Amelia tomó su mano.
-Te encuentras bien, ¿Verdad?
-Lo estoy –Dijo él mientras trataba de soltar la mano de Amelia.
Ella agarró más fuerte su mano y le dijo:
-Está bien. –Decía él mientras soltaba su mano.
Sam salió a dormir en la sala debido a que seguía molesto con ella. Amelia no podía dormir ya que no podía hacerlo sin sentir a Sam a su lado, así que se levantó buscó una camisa de Sam, se la colocó y volvió a recostarse en la cama. Amelia sentía que Sam estaba junto a ella, y de esa forma pudo quedarse dormida.
A la mañana siguiente se levantó a cocinar el desayuno, Sam se preparó y como continuaba enojado con ella, salió de la casa sin comer un bocado.
Sam sabía que eso era una de las cosas que más odiaba Amelia, lo hacía para que se sintiera un poco dolida, una ligera pizca de todo el dolor que él sentía en ese momento. Salió muy apresurado. Pero no pasaron ni 20 minutos de camino y regresó. Al entrar a casa no había señales de Amelia. Los platos continuaban en la mesa intactos, tal y cómo él los había dejado, preocupado escuchó a lo lejos la ducha, se acercó y comenzó a tocar la puerta pero nadie respondía, temiendo lo peor, forzó la puerta y entró.
Amelia estaba llorando bajo la ducha, pero al verlo, solo gritó.
-Miércoles Sam, no entres de esta manera.
Sam dándose cuenta de la situación, se dio vuelta y le dijo:
-Si –Diciéndolo muy molesta.
-Quiero que me mires, y escuches lo que tengo que decirte. –Dijo Amelia en un tono muy melancólico.
Sam un poco reacio, se dio vuelta y la cubrió con una toalla.
-Mi vida, ha cambiado tan gratamente, desde que perdí mi memoria solo tengo ojos para ti. No te has dado cuenta, pero no sé qué siento por ti. Solo te pido un poco más de tiempo. Si esto concluye o continua solo necesita de un poco más de tiempo.
-Está bien. –Mirándola tiernamente.
-No debes sentirte celoso. Yo ahora estoy aquí contigo, nada más debe importarte, incluso si no terminamos juntos, no quiero ni volveré con James, es por eso que aún no puedo pedirte que te quedes conmigo, debes tener muy claro eso Sam.
-Lo entiendo Amelia. –Aceptando tranquilamente sus palabras.
-Mira cuán grande está nuestro bebé –Mostrándole su vientre.
Al acariciar su vientre, la abrazó durante un largo tiempo... Hasta que empezó a estornudar.
Algo tenía muy claro Amelia, podía pasar cualquier cosa, pero estar junto a Sam hacía que su vida fuera más sencilla. Sus remordimientos se fueron disipando cada día que pasaba, lo estaba queriendo, mucho más de lo que imaginaba, una vida sin él, no tenía sentido...