Hay un muro que golpeo esperando hacer un agujero.
No necesito nada grande, solo un pequeño espacio
por el cual transite mi ojo izquierdo
en busca
de eso que pareciera
igual de este lado,
pero me es prohibido.
Quiero.

shark vs the universe
we're not kids anymore.
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open
Stranger Things

❣ Chile in a Photography ❣
tumblr dot com
Mike Driver

JVL
🪼
almost home

roma★

No title available

Origami Around
Monterey Bay Aquarium

★
Today's Document
dirt enthusiast
Cosimo Galluzzi
wallacepolsom
Keni

seen from United States

seen from Germany

seen from United Kingdom

seen from United Kingdom

seen from Türkiye
seen from Malaysia
seen from United States

seen from Mongolia
seen from Lithuania
seen from France

seen from Japan
seen from Indonesia

seen from Malaysia
seen from Russia
seen from South Africa

seen from Türkiye

seen from Albania

seen from Czechia

seen from United States
seen from France
@yosoloescribo
Hay un muro que golpeo esperando hacer un agujero.
No necesito nada grande, solo un pequeño espacio
por el cual transite mi ojo izquierdo
en busca
de eso que pareciera
igual de este lado,
pero me es prohibido.
Quiero.
Todo esto
Esta paz.
Este día.
Esta lágrima.
Este silencio.
Este cuerpo que pesa.
Este madero podrido.
Esta fiesta añeja
de barrio.
Este sol que ya se oculta.
Este camino.
Esta mañana
y la siguiente.
Este pueblo maldito.
Este sueño roto.
Este pecado
Este momento que habito.
Este hombre
o su recuerdo.
Este suicidio.
Este balcón apaciguado
y solo, mirándose solo.
Este mar de cadáveres
sin voz, sin rostro
Este acertijo.
Así se vive en el caos y en la calma.
Así, como cuando morimos.
Para anómino
Tengo esta sensación de que vivo en un espacio sin tiempo, sin rostros, sin recuerdos ni olvidos. Tengo esta tristeza en el cuerpo, que amanece en la almohada conmigo, y me arrulla cada vez que despierto. Y aquel dolor que padezco, se asienta firme en mi espalda, para ocultar mis anhelos. Porque yo sé que compito, con la mirada furtiva de una nostalgia constante con la que hago el amor cada tanto, y que prolonga el instante en el que muero en el que habito.
La corte
Fuimos a recordarte, todos. Fuimos en silencio y cabizbajos. Plantamos flores sobre tus cenizas. Cerramos los ojos y nos perdimos. Una oración fue dicha por una voz extraña. Un momento de calma se paseó frente a nosotros. No pudimos rescatarte. Uno a uno nos fuimos recostando en la grama. Cerramos los puños guardando un poco de tierra seca. Abrimos las fauces para contener el grito. Abrazamos nuestra memoria en forma de piedras. Y dejamos que la lluvia caiga para limpiarnos. Así encontraron nuestros cuerpos a tu lado.
VOLVER II
Volver a encontrarnos
después de este viaje.
Qué miedo, después de un viaje.
Ya mis manos y mis palabras son otras.
Mis zapatos gastados,
mi tiempo en cada arruga,
mi ansiedad sosegada.
Volver a vernos será imposible.
Yo, que aquí me presento,
ya no soy lo que fui.
Ya no me conoces,
y yo no sé nada de ti.
Me pregunto si, en todo caso,
seguirás conservando el mueble rojo,
las paredes blancas,
y el cucharón
con el que alimentabas mi nostalgia,
cada amanecer de invierno,
a solas ambos
y ahora tristemente extraños.
"Las ventanas y puertas abiertas; la mesa tendida; el blanco sobre el rosa; las copas transparentes; el piso como espejo. Inmediatamente, la mosca."
Posdata
Yo también anochezco. A veces. O siempre, según como cuentes la vida, o como midas el tiempo. Yo también extraño: los abrazos, las horas del día. Y me pregunto si quizás estarás a salvo. Mientras no te miro, mientras no te encuentro. Yo solamente me perdono cuando sonrío. O cuando escucho la voz de mi madre. Y te rescato a tientas, en medio del dial, en lo sonidos bajos que acompañan mis latidos. Yo me siento, a veces de espalda al horizonte, y vuelo con los ojos cerrados dejándome llevar por eso que se parece a mi nostalgia. Yo tengo un par de brazos abiertos para tu recuerdo, pero me duele el pecho y la memoria cuando este cae como la lluvia y me atormenta al mediodía. Yo solo quiero que sepas que de mí eres una parte, un pedazo. Y que me dueles por las tardes, cuando presiento que de alguna manera te hago falta. Cuando noto que soy más vieja y tú más eterno. Tengo una puerta que espero que cruces, algún día. O cruzarla juntos. Para continuar andando. Para seguir muriendo.
Lights out
Cae la noche y no sé cómo decirte que debemos volver. No es la primera vez que nos pasa, pero esta es quizás la última. Falta muy poco para que te vayas, y no sé si dejar que te mates o salvarte a costa de mi propia alma.
Hace semanas que no duermo. He amanecido a tu lado observando tu propio tiempo. Y mi mundo se ha detenido solo para que el tuyo recorra con libertad todo lo que yo, con indiferencia, llamo mío.
Te miro y camino sobre tu sombra, siempre un metro detrás de ti, siempre expectante. Y pareciera que ambos estamos a punto de descubrir el tesoro más grande del universo, esa caja de doblones de oro que alguna vez alguien le robó a otro alguien. Retornas, das vuelta y avanzas, como escogiendo las últimas pistas, como juntando las últimas piezas.
Yo me pregunto si en realidad no estarás memorizando la tierra con tus bigotes. O si estarás aprovechando los últimos vestigios de la tarde para grabar en tu memoria los rayos del verano. Las luces se apagarán pronto y ya no será lo mismo, pero ninguno habla de ello mientras caminamos.
En tu universo blanco y negro me pregunto con qué color te quedarás cuando se cierre la primera ventana. Y también me quedan dudas de qué color seré yo en ese tu nuevo espacio. ¿Me salvarás? ¿Te salvarás?
No me hace gracia perderte de a pocos. Como si la vida fuese una rifa en la que los bolos se van sacando. Nunca imaginé que perdieras la luz estando en mis propios brazos. Y si hay algo que no me deja dormir es la idea de que pudo haber sido distinto, mejor. Sin embargo no importan cuántas veces me has visto llorar de rodillas pidiéndote perdón, tu respuesta siempre ha sido la misma. Y con la ternura de un corazón desnudo me has secado las lágrimas con las tuyas propias, y me has dicho y repetido en tu idioma que me amas sin ninguna duda. Y que me perdonas.
Falta poco para volver y no quiero, y sé que tú tampoco quieres. Son los últimos rayos los que nos guían hacia algún lado. Sientes mi pena y te conmueves. Siento tu alegría inocente y me desvanezco. Se acabaron los paseos como antes, los grandes recorridos, las rutas de aventura. Se acabaron los parques y las montañas, las orillas y los campos, las veredas y las plazas. Solo queda una ventana a través de la cual mirarás la mitad de una historia. Encerrado entre las paredes que te cuidan, mejor que yo misma, vale decirlo, quizás por las noches, mientras aúllas por mí me recuerdes, y recuerdes los caminos que andamos, los ratones que perseguimos, los enemigos de los que huimos, los atardeceres sin mayor cuidado.
MUDANZA
Me mudo hacia mí misma. Y me muero de la vergüenza. Me avergüenza mudarme tan tarde. O quizás tan pronto. Me avergüenza mi propia vergüenza. Me mudo finalmente, porque me he encontrado. Me he encontrado en medio del abandono, en una calle solitaria, como esperando el paso de alguien y solo viviendo el paso del tiempo. Ventanas transparentes que quieren abrirse. Puertas blancas y sinceras. ¿Vistas? Una sola en el dormitorio principal. Una que da hacia el mar. Baños limpios y cocina sin menaje, con ganas de bulla y un desayuno acompañado. Patio noble, con plantas silvestres, sin cerco por las noches para dejar que lo habiten y que ahí se escondan los que caminan derrotados, los amigos que lloran, abandonados.
Me hago la pregunta, ¿por qué demoré tanto? Y la respuesta viene a mí en forma de sótano; un socavón tenebroso lleno de polvo y telarañas. Escalera que se pierde en la oscuridad. Humedad de otros y mía. Calor y frío. Ese sótano al que ya no bajo hace mucho, porque no hay nada allí que me alimente ni me funcione. Porque todo lo que allí guardo se desvanece poco a poco, hasta volverse inútil e invisible. Un sótano cualquiera.
Me mudo a mí misma y empaco solemnemente mis cuatro decenios de vida, mi diccionario gordo y mis chancletas. Un cepillo y tres viajes. El cuadro de mi infancia y las huellas de mi amor por la vida. Una cajita cerrada, que seguramente guarda mi memoria. Una pila de hojas de árboles que me han visto crecer. Un bolso de trabajos conseguidos. Una llave con forma de sonrisa.
Ya no me avergüenzo tanto, ahora que lo pienso. Camino sin hacer ruido hacia mi propio espacio. Levito dentro de mi propia alma. Y en el fondo la pregunta reaparece. Y yo canto. Y yo canto.
2014.1
Mirarte a los ojos y escribir, no en tus ojos, escribir en mi mente. Dibujos de mares azules y cielos pardos, como a las 3 de la tarde, por los meses de otoño. Mirarte y crear. Crear y desearte mientras dibujo un ave, en pleno arrullo sobre la rama, silbando al viento lo que hace falta: una oración en notas simples.
Escribirte también, acerca de una jaula con la puerta abierta, y dentro de ella: nada.
Mirarte me tienta a la vida, me eleva hasta el grito y me salva. Yo quiero mirarte para crear, para creer. Para llenar con dibujos mis macetas de flores, mis mañanas blancas. Quiero escribirte de frente, sin puntos esquivos, sin pausas. Coger el silencio como una puerta de entrada, hacia ti, hacia tu alma.
Una hoja en blanco
Una hoja en blanco. Solo una. Como si fuera una palma abierta, o un niño. Sí, un niño. Despierto. Sonriente. Como una palma nuevamente, pero de hoja, de árbol al sol, extendido como la tierra sin fronteras, infinita como la sábana del cielo.
Una hoja en blanco con un punto en medio. Y ese punto, como una historia. Que empieza una noche y termina al caer la tarde. O de repente se inicia en el punto y acaba en la coma, o mejor aún, en la cama. Una cama para iniciar una historia, la mía, la nuestra. La de cualquier persona, individuo o ente que deambula. Y hace círculos mientras camina, con los pies y con la mente. Camina en círculo. Camina en punto.
Yo pensé que podía. Ordenar ideas y hablar claro. En el papel, en el punto, en medio de la noche o mientras cruzo la calle. Pero resulta que me cuesta, que tengo miedo. De mi voz, de los puntos, de la noche que se parece al día. Y viceversa. Espero que me entiendas, que me entienda la señora que vende emolientes. Que comprenda que le temo. Que no me hice para las hojas en blanco y los puntos y las letras y las comas y las camas. Yo me hice en el silencio, para oír las bocinas de la mañana, mientras despierto y me miro la barriga, mientras recuerdo lo que sueño y canto un nuevo himno, alguna canción que después olvido.
Que me disculpen los que no me conocen, porque creerán que busco algo. Yo no busco, solo me detengo. Para que pase el mototaxi, el almuerzo, la tarde, el tiempo, la muerte y la lluvia. Y te busco, aunque no me creas, te busco de nuevo.
Sin título
"Estoy en medio de la nada, en el vacío. Esta habitación está rota desde el inicio. Desde su puerta de entrada que parece no ser la misma para la salida. Hay una ventana, también invisible. Y un sello en medio de la sala: una llave. Abandonada está para siempre. Me recuerda la noche en que te fuiste, justo cuando estas cuatro paredes dieron luz a una cueva. Cueva: aquí donde habito. Debería prender una velita para al menos reconocer mi sombra, o para observar el triste color de mis brazos rendidos."
Carencias
Yo no tengo palabras
Para describirte
Mujer
O para siquiera acercarme
A tu sombra o a tu aliento.
No tengo
Fuerzas
Para andar más que a tu deriva.
No tengo noche
Que no sea
Perdida en tu pelo
Enterrada en tus ojos.
No tengo espacio
Que no sea
Ese que delimita la curva de tu pecho
Ahí donde soy grande
Y donde me perdono
Escuchando tus latidos.
En vano
El tiempo me visita
Cuando en realidad mi tiempo
En ti se ha perdido.
Y ahora mi sueño
Es tu ombligo
Que esconde el mundo,
Tu tatuaje es mi rebeldía
Y tu pie derecho
Mi anclaje a tierra.
No tengo palabras
Que no empalidezcan
Frente a tu silencio
Cuando sabes
Que te amo
Que te busco
Que en ti vivo.
Y no tengo papel
Pero te escribo
Para saciar este mutismo
Estas ganas de quedarme
Contigo.
Hasta que dejes de mirarme
Como yo te miro.
eMe
Soñé contigo, o te soñé. Como quieras decirlo. Pero fue como tenerte de vuelta, de una manera poco esperada. Creo que estábamos en una especie de sala teatral, que era a lavez un oscuro backstage. tú me mirabas, de frente, casi al borde del llanto, y me preguntabas si era feliz. Llorabas casi porque tú lo eras, como nunca habías imaginado. Y yo guardaba silencio ante el impacto de tu mirada, de tu certeza, de tu casi furia al hablarme de la verdadera felicidad. Recuerdo que solo moví la cabeza en señal de afirmación, incapaz de emitir ninguna palabra ante tu seguridad. estaba frente a la mujer más feliz del mundo y yo no tuve nada qué decirle, nada qué agregar. era hermoso y frustrante al mismo tiempo. me puse de pie sin perder tu mirada y salí al escenario que me esperaba. un pequeño grupo de gente me miraba con optimismo, dispuesto a escuchar lo que tenía que decir. me presenté con mi nombre completo y salí corriendo acto seguido. en el cuarto al que llegué me esperaba una melodía. Me puse a bailar.
Será quizás que algún día me encontrarán en la mitad de la vereda, escribiendo en el aire, y me llevarán lejos, desvaneciéndome en el tiempo.
Yo solo escribo
Fantasmas
Querida Chats,
Últimamente me estoy encontrando con muchos fantasmas. Muchos. Y aún no logro descifrar para qué. Son nocturnos normalmente, gaseosos, son como los acordes de una melodía de Pink Floyd escuchada a medianoche, cuando sientes que no eres nada en medio de una guerra infinita de sensaciones. Así son los fantasmas con los que me encuentro mientras camino, justo en el preciso instante en el que no tengo en mente de dónde vengo y hacia dónde voy, en el momento de la muerte andante, allí donde las calles no tienen nombre y tampoco puedo nombrarme a mí misma.
Me gustaría saber cuál es la finalidad de estos encuentros, ya que se me enfría la sangre al verlos o al sentirlos caminar a mi lado. Intenté alguna noche escuchar sus murmullos, pero no logro descifrar ni una sola palabra que signifique algo para mí. Solo están ahí, a veces silentes, a veces rozando el grito. A veces de pie en la vereda, escondidos tras las rejas de las casas vecinas o lejanas; a veces en medio de mi camino, observando burlescos cómo les temo. Siguiéndome despacito hasta que me atrevo a voltear la cabeza y se desvanecen tan lentamente como una carcajada con motivos.
¿Seré que quieren llevarme con ellos? ¿Será que mi tiempo se ha cumplido? Esto último me parecería muy extraño, ya que el tiempo cumplido dicen que uno lo siente, y te aseguro que no siento absolutamente nada con respecto a mi tiempo. Solo siento frío. Cierto temor de algunas palabras y algunos actos, nada específico, nada extraordinario. Camino todas las noches pensando en la muerte, y quizás sea eso lo que los haya atraído. Quizás perciben en mí esa especie de abulia por lo desconocido que me hace atractiva a sus ojos.
Te cuento todo esto porque siento que tú también eres una de ellos. No te lo tomes a mal. Eres a veces un fantasma mío porque te pienso mientras camino, y armo conversaciones ficticias en las que tú me preguntas y yo te respondo. Porque te escribo mentalmente muchas cartas como esta sin que luego pueda transcribirlas y ponerlas así, en papel aunque sea virtual. Así como cuando le escribo a mi padre muerto cuando estoy más dormida que despierta. Estas en el grupo de los “pre(au)sentes”, en el limbo de mi memoria. Dueños todos de un pedazo de mi conciencia.
Si así fuese, entonces no me queda más que convivir con los fantasmas. Tomar como un regalo el hielo en la nuca, el vapor en la boca. Será quizás que algún día me encontrarán en la mitad de la vereda, escribiendo en el aire, y me llevarán lejos, desvaneciéndome en el tiempo. Será así o quizás no. Quizás solo estén de paso y yo sea para ellos una simple transeúnte que se cruza sin interrumpir realmente el misterio de la vida y de la muerte. Cómo será.
Soñé
No sé qué decirte, Negra. No tengo ni la menor idea. El tiempo se me está acabando, o me está sobrepasando, y yo sigo aquí, con el revolver a medio cargar, haciendo como que hago, pero finalmente sin nada en los bolsillos.
Todo ha empezado a desbordarse. Anoche soñé, Negra. Anoche soñé finalmente. Y en la historia hay un tornado, una galaxia, una lluvia, una escalera y un ave gigante que buscaba elevarme. Estoy exhausta. Pero tiemblo de solo pensar que mi lucha solo es nocturna y no cuando despierto. Que solamente me callo. Que únicamente asiento. Entonces parece que cuando amanece es cuando muero.
Yo debería escribir más seguido. Tengo en lista tanta gente. Tantas notas y recuerdos. Pero me callo. Y me callo con ganas de gritar desde cero, desde el vientre, desde todos los agujeros. Y después digo: Para gritar esperaré que llegue enero. Y nada pasa.
Estoy a la orilla de un abismo y no estoy sola. Estamos todos. Tocándonos el pecho y cantando el himno mientras nos corren las lágrimas. Larga vida a los tontos que como yo no se rescatan a sí mismo. Debo empezar a buscarme.
Y así tendré paz, quizás, cuando duermo. Y no despertaré agotada y temblando. Vivo en un país lleno, no me preguntes de qué porque eso es lo de menos. Lleno, porque somos millones. Lleno porque latimos. Pero no nos estamos escuchando.
Me han dicho que es tiempo de orar. Yo solo quiero partirme en mil y resolverlo todo en 4 días. Pero el tiempo se me acaba y no encuentro la forma.
Ahora mismo pensaba en algo, en algo que ya olvidé pero ocupaba mi mente. Por si acaso vivo un poco más es posible que recuerde. Y que olvide nuevamente.
Recuerdo el sueño, y el ave y el tornado. Recuerdo el dolor y la muerte. Recuerdo la lluvia y el silencio. Mi madre a salvo. Me falta recordarme en el presente.
Si te llega esta carta en algún momento, haz lo que quieras con ella. Seguro me encontrarás en medio de la tarde, en una oficina limpia con café fresco en la mesa. Yo estaré temblando por dentro, pero dormida finalmente. Hasta que llegue el momento de decir, y decirlo muy fuerte.