Una planta utilizada por el hombre andino desde más de 6000 A.C. (hasta lo que se tiene registro), seguramente más. Este cactus ha sido representado en muchos murales de templos del Perú prehispánico. Muchos le conocen como San Pedro, que fue un nombre dado por los españoles, pero su nombre real es wachuma, proveniente del idioma quechua; aunque diferentes pueblos y tribus, la ha llamado de acuerdo a su idioma nativo.
Es una planta que muchos llaman medicina por todas sus propiedades y su accionar. Los abuelos y abuelas la utilizaban para purgarse mensualmente, para beberla cocinada en rituales estructurados a la sanación de nuestro Ser y la conexión con el mundo de arriba, el mundo de acá y el mundo de abajo.
Para conectar con los mensajes que traen los sueños
Para abrirnos a la dulce esencia que guarda nuestro corazón.
Para mi, trabaja con amor y fuerza cuando nos abrimos a ella con la calma del pensamiento, el respeto por su espíritu y su historia antigua, su trabajo es infinito pues es de acuerdo a lo que necesitamos. Limpiar heridas, emociones, traumas, conectar con las raíces de quién eres y qué has venido a Ser y hacer. Las medicinas buscan equilibrar el cuerpo a su estado natural, la wachuma te muestra cómo caminar hacia una existencia alegre y agradecida, pues lo malo también tiene un sentido sublime. Hacia un corazón abierto y tranquilo.
Te limpia y te muestra. Lo que viste ahora es un trabajo de aplicarlo cada día de tu vida.
Todas las plantas son una medicina, desde siempre hemos convivido con ellas y agradecido por sus bondades.
Yo le agradezco a la wachuma, a la Tierra y al Gran Misterio, el regalo de poder abrazarnos a su espíritu. Y a nuestros ancestros que nos legaron esta sutil sabiduría.
Imagen tomada en Yachay Wasi, Huanchaco, La Libertad, Perú.