— No, no lo creo. Porque si los comieras no estarías de tan mal humor. El dulce alegra la vida de todos. — Se cruzó de brazos y embozó una sonrisa. — Es posible. Gracias al destino no necesito parar por alguna razón. — Se encogió de hombros y tompo nuevamente la botella entre sus manos. — Así que linda chica. ¿Por qué tan irritada? Y no me digas que soy solo yo porque entonces debo decir que eres muy sensible al medio alterno. — Trató de contestar medianamente normal, fallando un poco.
He tenido un día de locos en mi trabajo y quería tomar algo relajada pero sentirte alzar la voz tan...¿alegre? Me está poniendo nerviosa y la verdad es que no tienes culpa del día que llevo pero el alcohol no es sano, y se que no soy precisamente la adecuada para decirlo, pero si sigues tomando, acabarás bastante mal.-- Asintió la chica convencida de sus palabras, tornando una débil sonrisa en sus labios.-- No me conoces y no te conozco, pero si dejas de beber, colaborarás a que mi cabeza no estalle en este día tan raro, así que si lo haces...te deberé una ¿Qué me dices?
















