En aquel día su aburrimiento había llegado a niveles bastantes altos, por lo que había “tomado prestadas” un par de las tantas pistolas de agua grandes que solían usarse de vez en cuando en actividades y ahora ahí estaba, corriendo por el campamento junto a su perrita Felicia y empapando a cualquiera que se le cruzara para que todos pudieran reírse un rato (o la mataran a ella por molesta, una de dos). En cuanto vio a alguien bastante distraído en vaya uno a saber qué, se le acercó y le disparó con el chorro de agua— ¡Fuerzas enemigas a la vista! —exclamó entre risas.
Y no podía ser interrumpido en un peor momento; su ejemplar recién llegado de It, estaba en la guardia de sus manos, ni siquiera estaba consumiendo la obra maestra de Stephen King, simplemente admiraba la reluciente edición que ahora poseía... Hasta que se empapó. Incrédulo, elevó la vista hacia la culpable, encontrándose con el atractivo rostro de la francesa que bien conocía. —Contaré hasta tres y despertaré de esta pesadilla, así no ocurrirán asesinatos... Detesto soñar con asesinatos, ¿sabes? En especial cuando soy yo atacando a un ser querido,— una falsa sonrisa figuró en su rostro y elevó su ceja diestra para acentuar la seriedad de su tono de voz.











