Cejas se juntan con incredulidad y disgusto, marrones inspeccionan al muchacho con dificultad bajo el tenue resplandor del fuego frente a ellos. ❝¿Por qué no lo haces de una vez? Digo, ya que te molesta tanto estar aquí❞ rara vez es grosera, por lo que aquél intento de sonar de la misma manera se ve opacado por la dulzura de su voz.
“No, no” niega. “Te equivocas” dice. “No es el estar aquí. Es el tenerte parloteando al lado. Dos cosas diferentes” explica de mala gana, haciendo una mueca con sus carmines. “¿Quieres un consejo? Si lo que buscas es mandar a alguien a la mierda, debes ser más ruda” comenta, sin saber muy bien por qué. “Y decírselo de frente”.



















