SAGE.
“No quiero” orgullo maldito, no importa que las piernas tiemblen y los dientes choquen en reflejo directo de cómo el gélido ambiente cala directamente contra sus huesos. “Estoy bien” sucesos que obligaban al ego a descender golpeando paredes mentales son motivo suficiente como para mantener la frente y mentón en alto.
Su mirada se tiñe de blanco, desaprueba la respuesta tan infantil que recibe por parte de su interlocutora y borra de su rostro todo rastro ameno que ha intentado brindar a pesar de su propio orgullo. Aprieta la mandíbula, reniega por dentro y se maldice a sí mismo. Tantos años tropezando con la misma piedra y sigue sin entender... “Como digas,” un bufido, la irritación se entremezcla con el desgane y, ignorando lo que se le ha dicho, se acerca para dejar sobre delgados hombros la manta que ha ofrecido.










