William E. Robinson que luego se convirtió en Chung Ling Soo El condenado a muerte Dentro y fuera del escenario Chung Ling Soo vestía largas túnicas orientales y llevaba el cabello cogido con una trenza. Sus actos de ilusionismo eran respaldados por ese fuerte misticismo que emanaba; era cauto, muy pocas veces hablaba en el escenario y si lo hacía era con palabras muy cortas y con un marcado acento oriental. Sus presentaciones eran novedosas y con tan buenos recursos que siempre dejaban anonadado a su público. Uno de los números que presentaba Soo era el de pescar peces en el aire, lanzando desde el escenario el anzuelo de su caña en el cual aparecía un pez vivo que coleteaba hasta desengancharlo y echarlo en una pecera. En otro de sus memorables trucos utilizaba una caja vacía de la que salía primero una moneda, luego otra, y otra, después un torrente hasta que el escenario se llenaba de monedas. Luego, cuando todo parecía haber terminado, de la caja caía un billete de banco, otro más, y por último una verdadera lluvia de billetes que lo cubrían todo. Como final aparecía al fondo del escenario un gigantesco billete que se transformaba en una moneda gigante. Con este tipo de elaborados trucos y presentaciones se ganó el favor del público y su fama no tardó en cruzar el océano. Fue requerido hasta en Australia, a donde llegó precedido de una gran publicidad y fue recibido como toda una celebridad. Chung Ling Soo arribó a Sídney en abril de 1909 y lo hizo a lo grande, acompañado por una multitud de asistentes –incluyendo a su esposa- y 75 toneladas de equipaje para su show. Durante su gira por Australia le pagaron 400 libras esterlinas semanales, que era un salario superior al que tenía el gobernador de Sídney en ese entonces. Eran las 22:00h del 23 de marzo de 1918 en el Wood Green Empire Theater de Londres. Uno de los últimos trucos que había estado presentando con éxito en los Estados Unidos se llamaba “El condenado a muerte”. El acto consistía en que alguien del público disparaba con un arma de fuego contra el mago, quien atrapaba la bala al vuelo con los dientes y la escupía posteriormente en un plato que sostenía en sus manos. Ésta fue la última.











