Se despidió de mi
como quien
hace un trámite.
El tono fue
justo
y austero.
Se guardó
para después,
para más adelante,
el llanto
en el bolsillo.
Cuando llegue el día
en el que venzan los plazos
y lo acerque apurado
a la mesa de entrada,
tendrá que tener mucha suerte
para que no esté caído el sistema.
















