Plot twist
En el mundo del guión cuando se habla de “plot twist” se habla de un giro argumental; una disrupción que tuerce con brusquedad el devenir del relato. Lo que tenía de predecible la trama salta por los aires. La administración Trump, que básicamente es el reality televisivo más caro de la historia, en las últimas horas de su primer mandato ha resignificado la campaña con una infección de Covid “Deus ex-machina”.
Recordemos que Trump es el prócer anaranjado, que se mofaba de la neumonía de Hillary Clinton hace cuatro años, y ridiculizaba a Biden por llevar máscara en actos públicos. La ironía es irresistible para unos medios y ciudadanos ávidos de revancha. Sin embargo, tras una lectura superficial, lo que realmente ha logrado la infección es inyectar el poderoso narcótico del suspense en la carrera electoral. Según el mitólogo Joseph Campbell, en cualquier historia, el camino del protagonista hacia la gloria está salpicado de pequeñas derrotas que hacen que el público se mantenga ansioso y alerta. Después de pasar en el hospital tres días, los mismos que Jesús en el Hades, Donald ha regresado a la Casa Blanca resurrecto y “bendecido por Dios” (sic). Nunca sabremos si el contagio ha sido real o no, tal y como se diserta en unas redes cada vez más paranoides; lo que sí podemos intuir es el empujón que propiciará a la campaña del republicano.
Porque el debate presidencial fue un espectáculo generoso en fango, como una escena particularmente confusa de telerrealidad chabacana; una interminable cacofonía que, por si no había quedado lo suficientemente claro durante estos cuatro años, hacía que la criatura malformada que es hoy la política estadounidense, pataleáse y aullara en frente de todo el país. Solo algo tan potente como el patógeno puede desplazar esa constatación de la chapucera gestión Trump de algunas de las cabezas que tienen encasquetadas la beisbolera roja. Y si algo aprendimos del contagio de Boris Johnson en el mes de abril es que cuando un mandatario conservador pasa el trance de enfermarse, la cura posterior no solo es de los síntomas sino también de humildad, lo que conmueve y reconcilia a parte del electorado.
¿Será esta la epifanía definitiva que necesitaba Trump para adueñarse del relato? Sea como sea, el balón está en el tejado de la Casa Oval.













