-¿Don Memo?
Memo levantó la vista de los guantes que estaba acomodando.
-¿Qué pasó, mijo?
Gil apareció asomando apenas la cabeza por la puerta del vestidor.
-¿Me ayuda?
-¿Con qué?
Gil levantó una botella de agua.
-No la puedo abrir.
Hubo cinco segundos de absoluto silencio.
Raúl Jiménez soltó una carcajada.
Edson se cubrió la cara.
-No puede ser...
Memo caminó hasta él, abrió la botella con un simple giro y se la devolvió.
-Tenga.
-Gracias, don Memo.
-De nada.
Gil sonrió, feliz, y se fue trotando.
Cuando desapareció por el pasillo, el vestidor explotó en risas.
-Memo -dijo Edson entre carcajadas-, ya eres oficialmente papá.
-¿Yo qué hice?
-¡Te dijo "don Memo" y fue a pedirte que le abrieras una botella!
Memo intentó defenderse.
-Pues... no podía abrirla.
Raúl negó con la cabeza.
-Dentro de una semana te va a pedir permiso para cruzar la calle.
En ese momento, Gil volvió a asomarse.
-¿Don Memo?
Todos lo miraron.
-¿Sí?
-¿Sabe dónde dejé mi mochila?
Memo respondió sin pensarlo.
-Junto a la camilla del fisioterapeuta.
-¡Gracias!
Gil volvió a desaparecer.
Edson señaló a Memo con una sonrisa.
-Te sabes dónde dejó la mochila.
-...
-Ya ni luches.
-...
-Lo adoptaste.
Memo suspiró.
-Alguien tiene que cuidar al chamaco.
Y las carcajadas volvieron a llenar el vestidor.













