Albus sintió como un golpe en la cara la risa de Alice y el sonido de Gideon imitándola después fue peor. Porque por un instante, uno miserablemente breve, la escena pareció normal. Un niño riéndose con su hermana en una cocina llena de ruido cotidiano. Alice de pie junto a la encimera, demasiado parecida a él mismo. Los cuatro compartiendo ese momento.
Y justamente por eso dolía tanto.
La amenaza sobre Azkaban no lo impresionó tanto como probablemente Alice esperaba. Había pasado demasiados años rodeado de amenazas reales para alterarse por una advertencia dicha en una cocina mientras ese alguien repartía manzanas con crema de maní.
Pero lo demás… Eso sí logro quebrarlo por completo. El comentario sobre elegir al bebé que quería le atravesó el pecho con una precisión brutal. Albus apartó la mirada apenas un instante hacia Beth, que seguía entretenida golpeando la bandeja de la sillita con las manos pegajosas. El pequeño sonido plástico le dio un segundo para respirar antes de volver a hablar.
—No elegí a Fabian porque lo quisiera más a él—dijo finalmente, y esta vez no hubo dureza en su voz. Solo agotamiento—. Lo elegí porque pensé que era lo menos destructivo que podía hacer en ese momento. Nunca podría haber criado a una niña tan extraordinaria como tú.
La confesión salió más rápido de lo que habría querido. Y una vez dicha, ya no tenía sentido retirarla. Sus dedos se cerraron lentamente alrededor del respaldo de la silla de Beth.
—No sabes cómo eran las cosas entonces.
Pero incluso mientras lo decía, supo inmediatamente que era inútil. Porque Alice no necesitaba escuchar lo mismo una y otra vez. Ella había vivido las consecuencias igualmente. Aunque aparentemente había elegido el camino fácil, terminó arruinando todo para Fabian también.
Albus soltó una exhalación corta por la nariz, negando apenas con la cabeza, más hacia sí mismo que hacia ella.
—Y sí, fui un cobarde— esta vez la miró directamente cuando lo dijo—. Uno de los peores. Puedes repetirlo todas las veces que quieras, agregarle todos los adjetivos que se te ocurran y probablemente sigas quedándote corta.
No había autocompasión en el tono. Tampoco intención de ganar puntos. Era peor que eso, era honestidad tardía. Probablemente Ember estaría complacida de escucharlo decir eso. Y quizás por primera vez desde que Alice había entrado a la cocina, dejó de intentar defenderse realmente.
La observó reírse de él, observó la facilidad con la que lo desafiaba, la seguridad con la que hablaba de proteger a Elizabeth, de proteger a los bebés y algo incómodo se acomodó lentamente dentro de él.
Orgullo. No uno normal de un padre a su hija. Era más bien doloroso. Porque esa ferocidad también era parcialmente suya, heredada incluso aunque no habían estado juntos mientras ella crecía.
Albus desvió la mirada hacia el plato sobre la encimera y antes de pensarlo demasiado tomó una de las gomitas ácidas. La sostuvo entre los dedos un segundo.
—Solía comer como loco estas cosas cuando estaba estresado—murmuró, más para sí que para ella. Y cometió el error de sonreír apenas, casi imperceptible—. Lizz solía comprarlas para mi, pero hacía exactamente la misma cara de asco siempre que intentaba comer una.
La nostalgia apareció demasiado rápido y desapareció igual de rápido cuando volvió a mirarla. Porque claro. Alice no estaba interesada en esa clase de historias. El silencio que siguió duró apenas unos segundos, pero pesó más que toda la discusión anterior. Después Albus se enderezó finalmente, soltando la sillita de Beth.
—No voy a pelear contigo por Elijah— su voz volvió a estabilizarse, aunque más baja—. No porque me agrade la idea. Honestamente me sigue pareciendo terrible. Pero porque ya entendí que mientras más intente empujarte en una dirección, más fuerte corres hacia la contraria... También eso lo sacaste de mí.
Y ahí estaba otra vez. Ese problema insoportable que tenía con Alice, cada vez que Albus lograba verla realmente, encontraba demasiadas partes de sí mismo reflejadas en ella. Probablemente más de las que podía soportar.
— No, evidentemente no y eso se nota. Le es físicamente imposible querer algo o alguien que no sea usted mismo. Eligió al bebé que quería según lo que le fuera más sencillo y quién podría continuar el nombre de su ridícula familia. No puede involucrar a los sentimientos alguien que no los tiene.— Y es que incluso desde mucho antes de saber la verdad, le había quedado claro que Fabian no recibía mucho afecto en casa, y el tener a April alrededor solo lo había confirmado. Bastaba ver su reacción cuando Phanie era muy efusiva con ella e incluso los bebés. A menudo se preguntaba cómo es que alguien que evidentemente ni quería ni estaba listo para tener hijos había traído aún más niños al mundo.
— Por supuesto que lo sé. Un irresponsable que prefirió huir y culpar a todo el mundo por los problemas que usted mismo se ocasionó por aferrarse a algo para que lo que no sirve.— No era algo realmente difícil de entender. Era, y seguía siendo, una persona inmadura e irresponsable que vertió toda su frustración en su madre por no poder estar a la altura de sus compañeros. Las cosas no habían cambiado mucho desde entonces. Seguía siendo el mismo arrogante con complejo de víctima.— ¿O me olvido de algo acaso? — Lo había visto por sí misma al tener acceso a las memorias de su madre. Era completamente inútil y ridículo que tratara de negarlo.
Solo se movió de su lugar para buscar vasos y el jugo de manzana del refrigerador, teniendo cuidado de llenar los vasos de los bebés mayormente de agua y solo un poco de jugo antes de dejar sus respectivos vasitos en sus sillas para que pudieran tomarlos.
No le sorprendió del todo que dijera algo así. Tiempo atrás su papá le había dicho que Potter era capaz de tratar de buscar alguna similitud entre ambos pero no era más que un pobre intento de sentirse mejor consigo mismo, pues no compartían absolutamente nada. No iba a dejarlo entrar a su cabeza de esa manera. En su lugar, tomó la misma gomita que él había sujetado primero para lanzarla al cesto de basura. Si creía que de esa forma podía apelar a su compasión, estaba más que equivocado.
— Claro que no vamos a pelear por eso porque no hay absolutamente nada qué discutir. Desconozco qué es lo que le hace creer que me importa en lo más mínimo lo que alguien como usted tenga para decir. Si le agrada la idea o no tampoco me interesa. ¿Por qué iba a siquiera molestarme en escuchar a alguien cuyo criterio no es más que un chiste? Le parece terrible por razones completamente arbitrarias. Ni siquiera lo conoce y lo mismo ya sucedió con Lucy. Todo esto es porque no hacemos lo que usted quiere como quiere. Fuera de eso no tiene una sola razón para ser una absoluta molestia.— Lo comprendió después de que Potter se apareciera en la casa de Lucy, prácticamente exigiendo que entregaran a la bebé a un orfanato. Se sentía con la autoridad de decirle a los demás qué hacer y al ser ignorado buscaba la forma de convertirse en un problema.















