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Kathryn Newton photographed for the Tribeca Film Festival 2024
No pudo evitar una sonrisa, completamente fascinado y enternecido con la actitud de su hija. Era cierto que habían recibido a Gideon y a Annabeth con mucho cariño, pero Alice con la nueva bebé, parecía tener una conexión especial.
—Es un buen trato, bebé... Y por cierto, ninguna de las dos escuche a ésta preciosa niña de la selva — añadió acercándose a Lizz para besar su mejilla—. Si usé servilletas y pinzas.
Miró alrededor percatándose de lo que había dicho su esposa, no se veía a ninguno de los anfitriones alrededor. A pesar de que sabía que no era el favorito de los muchos hijos o sobrinos políticos de los Dawlish, se esforzaba por mantener una relación cordial con todos por Lizz.
— Tienes razón, ví brevemente a John pero ahora no logro localizarlo— dijo mientras recorría nuevamente el jardín con la mirada —. Por cierto, mi amor. ¿Cuál es el nombre de tu amigo con el que charlabas? ¿Donnie?
— Así que estás aceptando que usaste pinzas y servilleta para llenarte de dulces. Más tarde van a tener que correr en el jardín o ninguno de los dos va a poder dormir.— Debió suponer que estaban haciendo algo parecido cuando los perdió de vista. Desde que los gemelos eran bebés, era común que Albus y Alice se escabulleran para comer dulces, aunque después estuvieran demasiado acelerados el resto del día.
Pasó una de sus manos por el cabello de Alice cuando se acercó para hablar con la bebé. Por supuesto los gemelos habían recibido bien a Gideon y Beth en su momento, pero podía asegurar que el que fueran mucho mayores ahora para realmente recordar toda la experiencia de la nueva bebé influía mucho en esa cercanía que parecía tener Alice.
— Si tienen gomitas vamos a tener que llevarnos un par de bolsitas.— La sola mención de los dulces hizo que la bebé comenzara a moverse. Esos dulces eran una de las cosas que más la hacía comer.— ¿Quién es Donnie? Nunca lo habías mencionado.— Esas reuniones siempre estaban a reventar de niños, pero no recordaba haber escuchado de alguien con ese nombre, ni siquiera cuando estaban en el colegio.— ¿Está contigo en el departamento?
— No le creas, míralo. Hasta se manchó la camisa.— Lo señaló con su dedo, esperando a que su papá bajara la mirada para golpear su nariz con su dedo. Siempre terminaba cayendo en esa clase de broma que le jugaba prácticamente diario.— A mi no me veas, yo no me llené de azúcar. Podría ir a dormir en este mismo momento.— Quizá no había comido demasiados dulces todavía, pero era algo inevitable cuando iban a alguna reunión con la familia de su madre.
— ¿Donnie...? — Le tomó un segundo entender a qué se estaba refiriendo.— Al único Donnie que conozco son las Donnie-tas que estaban en la mesa y que por supuesto no probé porque aún no había comido mi porción de verduras.— Volvió a asegurar, mirando a su mamá. Seguramente no lo creería pero valía la pena intentar.
— Es Robbie, papá.— Rectificó, negando con la cabeza.— Robbie como el tío Bobbie. Comienzan a preocuparme tus problemas de memoria. Es serio, má. Imagina que olvida en dónde dejó a la bebé. Deberíamos ponerle un rastreador en cuanto nazca. Es más, deberíamos ponerle uno a él también por si un día se le olvida cómo llegar a casa.
No llegó a responderle, porque además de que tendría que darle la razón sobre la F1 Academy y los otros reducidos espacios en los que apenas y permitían a las chicas participar, uno de sus compañeros llegó a tocarle el hombro para llamar su atención.
El ingeniero de Charles le pidió que lo acompañara con el resto de los chicos del garage. Dudó por dos segundos, porque esas reuniones casi siempre terminaban con alguien volando por los aires. Casi siempre él.
No tenía una excusa válida para negarse y de pronto parecía una oportunidad perfecta para huir y no terminar peleando con Alice.
Los minutos seguían pasando y de pronto no recordaba quién había puesto el primer vaso en su mano, pero después de ese había llegado un segundo y, antes de que pudiera negarse, un tercero apareció con la excusa de que era la primera vez que realmente podía disfrutar en toda la temporada. Ambos trofeos de campeonatos prácticamente ya descansaban en Donington Park.
No estaba borracho, solo menos pendiente de medir cada palabra.
Levantó la mirada y desde ese sitio en el garage, podía ver a Alice sobre su cabeza en el hospitality. Nadie reparaba demasiado en ella. Algunos inversionistas la saludaban de paso, convencidos de que llevaba más de dos horas respondiendo correos mientras su hermano se jugaba el campeonato. Y ella les devolvía la sonrisa con una naturalidad que empezaba a parecerle imposible.
— Es una locura... —murmuró, más para sí mismo.
"¿Qué cosa?" preguntó uno de los ingenieros, apoyándose en la barra junto a él.
Elijah siguió mirando hacia el rincón donde estaba Alice.
— Que nadie tenga idea.
El hombre soltó una risa.
"Bueno ¿de qué hablas? Fabian estuvo más que bien al volante. Nadie esperaba que volviera en tan buena forma"
— Claro que está en buena forma—respondió casi automáticamente—. Pero este auto...— se detuvo apenas un instante, dejando de lado el vaso sobre una de las pilas de neumáticos— Este auto no lo entiende nadie como...
Sintió que el corazón le daba un vuelco. Sabía que quería decirlo "como Alice", pero las palabras nunca salieron de su boca. No porque hubiera conseguido detenerse, sino porque una mano apareció sobre su antebrazo justo a tiempo.
"Creo que ya es suficiente celebración por hoy"
Reconocería esa voz incluso con el rugido de veinte monoplazas alrededor, a fuerza de escucharla casi a diario en las últimas semanas. Era Kit. Levantó la vista para ver que él estaba sonriendo a todos los presentes.
"Voy a secuestrar un rato a nuestro ingeniero, alguien está buscándolo" anunció con toda naturalidad. Varias risas respondieron al comentario. Uno de los mecánicos incluso levantó su copa.
"¡No lo regresen muy tarde! Todavía tenemos que desmontar medio coche"
Kit respondió con un gesto despreocupado antes de tirar suavemente de la manga de Elijah. Él lo siguió casi por inercia. No fue hasta que la música quedó entre las paredes del garage y el pasillo hacia la escalera que conducía al hospitality, que comprendió lo que acababa de ocurrir.
Elijah se detuvo en seco, sosteniendo su cabeza con sus manos.
— Yo... Casi... —negó con la cabeza, frustrado consigo mismo.— Casi lo digo.
El aire de la noche era mucho más frío que el del interior. Kit permaneció frente a él, no parecía enfadado. Él soltó una risa breve, sin humor.
— Llevo toda la temporada diciéndole a tu hermana que tenga cuidado pues es quien conduce ese coche...— se pasó una mano por el rostro, limpiándose los ojos—. Y resulta que el primero que casi arruina todo soy yo.
Durante unos segundos ninguno de los dos habló. A lo lejos todavía podían escucharse los aplausos dirigidos a Fabian. Elijah volvió la vista hacia el edificio iluminado.
— Pero sigue pareciéndome injusto— la confesión salió mucho más tranquila que antes.— Ellos creen que el mejor piloto de la parrilla está levantando un trofeo ahí dentro. Pero la persona responsable está fingiendo que pasó toda la carrera reuniendo datos y respondiendo correos de patrocinadores.
Un cosquilleo en su nuca le anunció que alguien perfectamente conocida los observaba de cerca.
@ally-potters
En ocasiones no podía creer la cantidad de correos y mensajes que podían acumularse durante las dos horas que pasaba en la pista corriendo, aunque por los resultados que habían estado obteniendo, aún a pesar de su accidente, no era del todo una sorpresa. Ya no se limitaba a sus patrocinadores e inversionistas escribiendo por el buen resultado de la carrera, sino que las marcas seguían cercándose a ellos para trabajar con la escudería a un ritmo que era a veces casi imposible de seguir, pero se las arreglaban.
Después de algunas horas logró ponerse al día, mientras la fiesta continuaba. El ruido que venía de su estómago le recordó que no había comido aún y moría de hombre. Las bebidas y aperitivos nunca faltaban en el hospitality, y ver gente siendo lanzada por los aires era prueba de ello, pero necesitaba algo más consistente. Aún había gente festejando en el autódromo por lo que los puestos de comida seguían disponibles. Su mente no podía pensar en otra cosa que no fuera una enorme hamburguesa con papas y una bebida.
Era ahí a donde se dirigía cuando dos personas teniendo una conversación llamó su atención. Su hermano lucía serio, un poco más que de costumbre y eso no podía ser una buena señal.
— Si se quieren poner técnicos, sí pasé toda la carrera reuniendo datos.— Dijo, cuando estuvo lo suficientemente cerca. Podía decirse que una de sus tareas al estar en plena carrera era reunir y analizar información para obtener el mejor resultado, cosa que sí hacían. Pero discutir el tema en ese momento y lugar donde cualquier podría oírlos no era la mejor idea.
Decidió guardar silencio un momento. No volvió a discutir ni volvió a decirle que estaba equivocada. Porque comprendió algo, Alice no necesitaba ganar una discusión contra su propia culpa. Necesitaba descansar de ella aunque fuera un momento. Entendió de golpe el motivo de que se presentara en el departamento en primer lugar.
Lentamente terminó de rodearla con ambos brazos, acercándola contra su pecho sin prisas, dejando que apoyara el peso que quisiera sobre él. No dijo nada durante unos segundos, solo permaneció ahí. Acompasando su respiración con la de ella y esperando a que el temblor disminuyera aunque fuera un poco.
—No voy a pedirte que dejes de sentir todo esto hoy— su voz apenas era un murmullo.—Sería injusto, pero tampoco voy a dejar que lo enfrentes sola.
Hizo otra pausa y apoyó apenas la mejilla sobre su cabello.
—Dentro de un rato iremos a casa de tu madre. Y si en algún momento necesitas salir cinco minutos...— su mano acarició lentamente su espalda.— Entonces, salimos. Si necesitas respirar, respiramos y si no quieres hablar con nadie...
Una sonrisa casi imperceptible apareció en la comisura de sus labios. No pudo evitar recordar un evento en particular, del pasado.
—Bueno, siempre podemos colarnos al cobertizo del jardín.
El silencio volvió a instalarse entre ambos, pero esta vez se sentía distinto, más ligero, un poco más cálido.
—No puedo prometerte lo qué va a pasar con tu memoria— admitió por primera vez en toda la noche que no tenía una respuesta.—Pero sí puedo prometerte otra cosa, mientras tú recuerdes quién soy, yo no pienso irme a ninguna parte.
Ahora que estaba lo suficientemente cerca podía esconder su rostro en su hombro, además de aferrarse a su camisa. Esperaba que ese tipo de cercanía la ayudará un poco a calmarse pues, como había dicho, debían volver a casa y sabía que en cuanto llegara la necesitarían. No podía llegar luciendo como un desastre, eso solo haría las cosas aún más complicadas.
— No creo que eso vaya a ser posible.— La mención del cobertizo logró sacarle una pequeña sonrisa, aunque escabullirse de esa manera en un día como ese no sería sencillo. No cuando debían alistarse para ir a la ceremonia en el Ministerio, con los ojos de todo el mundo sobre ellos. No sería ella quien les diera razones para hablar. Ya suficiente se decía de ella en la prensa.
— ¿Qué va a pasar si un día olvido quién eres? —Además de perderse a sí misma, le preocupaba el comenzar a olvidar a toda su familia y personas importantes. Que lo único que quedara de ella fuera la envoltura vacía de la persona que alguna vez fue.
Elijah vio el cambio en ella casi de inmediato. La forma en que levantó la mirada y la manera en que sus manos empezaron a temblar. Y sobre todo, la rapidez con la que aquella nueva idea pareció ocupar todo el espacio disponible en su cabeza.
No era tristeza esta vez, era miedo. Un miedo tan profundo que por un instante pareció dejarla sin aire.
—Alice— su voz salió más firme que antes. Sin pensarlo demasiado, terminó de cerrar la distancia entre ellos y la atrajo hacia él. No fue un gesto impulsivo ni desesperado sino deliberado. Una mano se acomodó detrás de sus hombros mientras la otra buscaba sujetar sus manos temblorosas antes de que siguieran alejándose—. Hey, mírame.
No lo dijo porque quisiera una respuesta, sino porque quería asegurarse de que seguía con él y no perdida dentro de aquella espiral.
—Respira — la palabra fue simple pero pronunciada con la misma paciencia con la que había repetido todo lo demás aquella noche.— Respira primero, conmigo.
Su pulgar se movió sobre sus nudillos. Esperó, uno, dos segundos, tres. Lo que hiciera falta.
—No tienes que resolver esto ahora — su voz se suavizó apenas.— No esta noche.
Los ojos de Elijah permanecieron fijos en ella. Firmes y presentes.
—Y tampoco tienes que decidir qué pasó basándote en algo que no recuerdas. Por favor.
La sostuvo un poco más cerca, no para impedir que se alejara, sino para que ambos tuvieran algo real a lo que aferrarse.
—Escúchame un segundo— su mandíbula se tensó—. Las personas que te hicieron daño fueron encontradas. Las atraparon.
Hizo una pausa, estaba seguro de que ella lo sabía así que no valía la pena hablar sobre lo que había pasado al final con los secuestradores.
—Y sé que hay cosas que todavía no entendemos. Sé que hay preguntas que siguen ahí. Pero ahora mismo estás intentando llenar todos los espacios vacíos con la peor respuesta posible— negó suavemente con la cabeza.— No hagas eso.
Su voz ya no sonó firme, sonó como si le doliera verla castigarse una vez más.
—No haremos eso esta noche— y apoyó la frente contra la suya por apenas un instante.— Ahora mismo solo necesito que respires conmigo.
No hubiera podido dejar de temblar aunque lo hubiera querido. La perspectiva de que, tarde o temprano terminaría ingresada de por vida en San Mungo hacía que su corazón se agitara. Estaba bajo tratamiento desde que fue encontrada, pero era únicamente para prevenir que su condición empeorara, no para revertir el daño. ¿Qué pasaría cuando incluso dosis más altas ya no fueran suficiente? No quería convertirse en prisionera de su propia mente.
Levantó la mirada cuando la llamó, después de limpiar sus ojos con la manga de su camiseta. Intentaba seguir el ritmo de su respiración, aunque no le estaba resultando tan sencillo.
Tal vez no tenía que resolverlo esa noche, pero era algo que quisiera o no seguiría empeorando, sin detenerse porque se trataba de un día difícil como ese. Odiaba el pensar que pudiera terminar convirtiéndose en una carga para todos los demás porque ya no podría valerse por sí misma.
— Eso ya no importa, él ya no está aquí.— Además de dar su declaración cuando fue dada de alta y pudo volver a casa, había pedido no ser involucrada más que lo necesario en la investigación. Sabía que habían encontrado a los culpables y estaban encerrados, pero nada de eso arreglaba ni cambiaba la situación. Su papá ya no estaba y su mente con el paso de los días se volvía un poco menos confiable.
Se sujetó con más fuerza de sus manos, tratando de seguirle el paso con su respiración. Sabía que debía calmarse, pronto sería hora de volver a casa y debía poder controlarse antes de llegar y durante la ceremonia de esa noche o todo terminaría en un desastre y no podía permitirse eso.
La parte difícil nunca había sido ganar.
Ganar casi siempre era sencillo.
Bueno, quizá no sencillo. Requería meses de desarrollo, noches enteras revisando simulaciones y una cantidad absurda de trabajo para encontrar adelantar unas décimas donde nadie más podía verlas. Pero al final era una ecuación.
La parte realmente difícil venía después.
Observó desde el fondo del hospitality mientras las pantallas repetían una vez más la celebración del podio.
Fabian sonreía para las cámaras, levantaba el trofeo y recibía las felicitaciones de periodistas, patrocinadores y directivos.
Y técnicamente nada de eso era mentira. Fabian formaba parte del equipo, había aceptado el riesgo y ayudado a construir todo aquello.
Pero no había sido Fabian quien condujo aquel coche esa tarde.
Elijah bajó la vista hacia el vaso que sostenía entre las manos. No le gustaba sentirse así, porque sabía exactamente por qué existía el secreto y comprendía mejor que nadie lo que ocurriría si salía a la luz. Él mismo había ayudado a mantenerlo.
Y aún así, aunque estuvo de acuerdo desde el principio, escuchar a un comentarista describir a Fabian como el piloto más talentoso de la parrilla le produjo una sensación desagradable en el estómago.
Alice estaba a unos metros, disfrazada nuevamente y casi invisible en una fiesta cuando debería estar celebrando su propia victoria.
La observó reírse de algo que había dicho uno de los socios de su padre. Como si no le importara que no estuvieran felicitándola, como si aquello fuera suficiente.
No estaba seguro si era así. Era cierto que ela nunca había buscado reconocimiento. Buscaba correr, construir y ganar. Y había conseguido las tres. Entonces, ¿por qué él no podía dejar de pensar en ello?
— Deberías estar celebrando —dijo cuando llegó hasta detrás de ella, intentando no llamar la atención de nadie alrededor.
El ruido de la celebración continuó a su alrededor. Música, risas, copas chocando y aplausos. Elijah apoyó su vaso sobre una mesa cercana.
— ¿Nunca te molesta?—. La pregunta salió antes de que pudiera detenerla. Dirigió una mirada hacia Fabian, que en ese momento posaba para otra fotografía—. Eso. Porque quiero decirte que a mí sí.
Lo que dijo lo sorprendió incluso a él, porque era verdad. Porque después de Yas Marina, después del hospital, después de verla volver a subirse al coche cuando cualquier otra persona habría necesitado mucho más tiempo... Le parecía injusto, terriblemente injusto que no pudieran decirle a todo el mundo lo que había hecho.
Volvió la vista hacia ella.
— Todos creen que el mejor piloto de la parrilla está allí— señaló hacia Fabian, luego la miró directamente.— Y están mirando a la persona equivocada.
Con el tiempo había perfeccionado su rutina para después de las carreras. Antes de salir ya con el traje lista para correr, dejaba en orden su ropa, además de otros artículos que pudiera necesitar como su cepillo, un poco de maquillaje e incluso su tablet con la que siempre se le podía ver en el paddock. Tenía muy poco tiempo para volver y aparentar que había estado ocupada durante toda la carrera, que era precisamente lo que hacía en ese momento.
Mientras las pantallas mostraban en repetición la celebración de su hermano en el podio, ella se encargaba de comenzar a atender los mensajes que había recibido de sus patrocinadores. Trabajaba desde un rincón, siempre con una bebida en su mano. A veces eso era necesario para ayudarla a calmar la adrenalina que seguía hasta el tope después de haber corrido por dos horas.
— Deberías bajar la voz.— Respondió, casi en un susurro, solo entonces levantando la mirada de la tablet. En ese momento pasaban a lo lejos un par de los inversionistas de la escudería, a quienes saludó desde su lugar con un gesto en la mano.
— Molestarme no va a hacer nada mas que ponerme de mal humor.— No era que no le molestara, claro que lo hacía, pero prefería dirigir su trabajo en encontrar la manera de cambiar un deporte y un ambiente que seguía siendo bastante misógino. Ver a alguien más, en ese caso su hermano, celebrar los resultados que obtenían era un pequeño precio a pagar si se lo preguntaban.
— Sigue siendo infinitamente mejor que lo que tienen las demás chicas. Quejarme sería increíblemente injusto.— No se sentía en posición de hacerlo. Había encontrado la forma de poder correr y no solo para carrera de exhibición o durante las prácticas. Habían llevado al equipo a liderar el campeonato, con una considerable ventaja, e incluso a pesar del accidente, no había perdido su posición en el ranking de pilotos. Quizá no eran las condiciones que le gustarían, pero era mucho mejor que nada.
Aquella especia de tregua silenciosa no iba a durar mucho, lo sabía. Tanto Alice como Albus pasaban la mayor parte del tiempo ocupados en diferentes actividades por lo que realmente solo se veían durante las comidas. Era una calma basta frágil, pero calma al final del día. Con ambos relativamente tranquilos podia dedicarle más tiempo a sus dos hijos más pequeños, pues ni Beth ni Gideon habían estado antes el Norte y poder mostrarles el lugar en el que había crecido era una oportunidad que no dejaría pasar.
Por supuesto no podía dejar de lado a Fabian, a quien notaba particularmente cabizbajo. Lo acompañaba para el té en la biblioteca buscando animarlo, aunque realmente las pocas ocasiones en que lo veía sonreír era cuando pasaba el tiempo con Lucy.
Pero esa calma no iba a durar mucho y Albus se encargó de que así fuera durante la cena, estando todos reunidos. Por supuesto estaba al tanto de las visitas que llegarían y de esa penosa situación con la chica Greengrass. Claro que eso no significaba que estuviera de acuerdo, como se lo había hecho saber a Albus.
La expresión en el rostro de su hija le dejó saber lo que venía desde antes de que dijera media palabra y definitivamente habría reñido a Albus de encontrarse a solas.
— Me parece que con Annabeth, Coraline y Lucy tiene el apoyo suficiente además de Elijah, por supuesto. — Si Albus hacía si quiera el menor intento de mantenerlos separados, pronto tendrían un caos en sus manos. — Además estoy segura que Fiorella no fue invitada aquí para darle trabajo y obligaciones. Si quiere explorar por sí misma podemos arreglarle compañía o incluso guías que le muestren un poco de los alrededores y la historia del lugar. — Evidentemente dejar a esa chica cerca de Alice no era opción pero ya encontraría la manera de mantener a todos a raya.
Había una razón por la que los reyes preferían las guerras.
Las guerras eran sencillas. Había enemigos, aliados, objetivos y consecuencias. Podían ser terribles, pero al menos tenían sentido. Los hijos en cambio, eran otra cosa.
Albus observó la mesa mientras Alice protestaba por Greengrass y Elizabeth desmontaba su propuesta con la misma facilidad con la que siempre lo hacía. Neville ocultó una sonrisa detrás de su copa. Fabian parecía desear encontrarse en cualquier otro lugar de los Siete Reinos.
—Muy bien Greengrass queda liberada de cualquier responsabilidad relacionada con Alice— terminó concediendo después de escuchar a ambas. Levantó una mano antes de que su hija pudiera celebrar demasiado la victoria—. Eso al menos asegura que no podrás perder a tus damas de compañía en algún bosque nevado cada vez que te aburras. Son tus hermanas después de todo.
Porque conocía esa mirada, señal de que ya estaba planeando algo para saltarse el protocolo. La había heredado de él y eso era precisamente lo que lo preocupaba. Durante un instante desvió la vista hacia Fabian. Su hijo parecía especialmente interesado en el contenido de su plato.
—Y tú deberías pasar tiempo con nosotros. Tu abuelo es el mejor anfitrión de los Siete Reinos, George y yo ya no queremos volver a King's Landing —añadió intentando captar la atención de Fabian que apenas y levantó la cabeza con evidente resignación.
Albus casi sintió pena por él. La llegada de la princesa Stephanie Kyle debía ser motivo de celebración, pero definitivamente Fabian no opinaba igual. Richard había sido uno de sus aliados más antiguos y el acuerdo existía desde hacía años para asegurar la lealtad de Dorne. Debería ser sencillo aceptar ese matrimonio arreglado, justo como fue para él y Elizabeth al principio. Sin embargo, cuanto más se acercaban los futuros acontecimientos, más empezaba a sospechar que nada relacionado con sus hijos sería sencillo jamás.
Los días siguientes transcurrieron con una tranquilidad tan inesperada que resultaba sospechosa. Después de días interminables de discusiones, amenazas de exilio, profecías, torneos fallidos y negociaciones familiares, Winterfell pareció sumirse en una calma extraña. Como si el castillo mismo hubiera decidido concederles una tregua antes de la siguiente batalla.
Los adultos, naturalmente, fueron los primeros en dejarse engañar.
Albus ocupó sus mañanas cabalgando con sus viejos amigos Frank y George, recorriendo bosques cubiertos de nieve y participando en interminables conversaciones que comenzaban hablando de política y terminaban hablando de la familia. Elizabeth dedicó buena parte de su tiempo a los gemelos más pequeños, empeñada en mostrarles cada rincón de la tierra donde había crecido. Neville Longbottom se convirtió en un anfitrión tan eficiente que nadie tuvo excusa para permanecer ocioso demasiado tiempo.
Todo parecía marchar exactamente como debía.
Lo que, por supuesto, significaba que todo estaba a punto de irse al carajo. Porque mientras los mayores disfrutaban de aquella ilusión de estabilidad, los jóvenes seguían acumulando problemas.
William Wood permanecía en Winterfell bajo el pretexto de acompañar a la princesa de Dorne y continuar conociendo el Norte. Albus había retirado cualquier presión inmediata sobre Alice, pero eso no significaba que el muchacho hubiera desaparecido.
Muy a pesar de Alice.
Aunque ella encontró formas cada vez más creativas de evitarlo. A veces desaparecía entre los jardines nevados. Y otras veces encontraba refugio en las bibliotecas. O simplemente obligaba a Elijah Dawlish a acompañarla durante largas caminatas donde el pobre Wood jamás conseguía alcanzarlos. Y todo aquello parecía perfectamente inocente.
La llegada de Stephanie Kyle añadió una nueva capa de complejidad a una situación que ya era suficientemente pesada. La princesa de Dorne llegó acompañada de una pequeña comitiva, con arena del sur todavía aferrada a algunas de sus pertenencias pese a las semanas de viaje. Fue recibida con todos los honores que correspondían a una futura integrante de la familia real.
Fabian sonrió durante la recepción. Sonrió durante la cena y durante las presentaciones formales. Sonrió tantas veces que cualquiera podría haber pensado que estaba encantado. Cualquiera que no conociera a Fabian Potter.
Elizabeth seguramente lo notó pero Albus definitivamente no, al menos no todavía. Porque el rey seguía convencido de que el tiempo resolvería lo que la presión y las decisiones apresuradas habían complicado.
Creía que Alice terminaría escuchándolo, que Fabian acabaría aceptando sus responsabilidades, que los futuros enlaces encontrarían la forma de funcionar.
Después de todo, él mismo había sido joven alguna vez y había sobrevivido.
Lo que Albus ignoraba era que ninguno de sus hijos parecía particularmente interesado en sobrevivir a sus respectivos compromisos.
Mientras tanto, Winterfell observaba. La nieve caía lentamente sobre las murallas, los cuervos iban y venían, los sirvientes intercambiaban rumores.
Todavía nadie podía verlo con claridad, pero era el escenario perfecto para que todo comenzara a descontrolarse.
— Puedo trabajar con eso.— No hizo el menor intento por reprimir su sonrisa al escuchar el plan de su madre. Si había alguien que podía tirar los planes de su padre era precisamente ella. No tener a Greengrass siguiéndola todo el tiempo le quitaba un enorme peso de encima.— No lo sé, yo no estaría tan segura.— Agregó, buscando picar un poco más a su padre. No dejaría a sus hermanas o a Lucy perdidas en el bosque, pero el que su padre creyera que podía hacerlo era más que suficiente para ella.
Claro que esa misma cortesía no sería extendida a Wood. Mientras que a la pequeña Kyle la invitaban a tomar el té con ellas e incluso la incluían en sus juegos y conversaciones pues era como si su hermano hubiera perdido la capacidad del habla, el que William la siguiera a todas partes la sacaba de sus casillas. Pero para su mala suerte, sus nulas habilidades en campo abierto serían su perdición. No solo se las arreglaba con Elijah para hacer que les perdiera el paso durante sus paseos, todos los días cambiaban de biblioteca para descansar y si definitivamente no querían ser encontrados, pasaban todo el día en los túneles subterráneos después de visitar las cocinas y conseguir suficientes bocadillos y bebidas para pasar el día.
— Supongamos que una persona cae en el lago congelado. ¿Cuánto tiempo consideras que tiene antes de que se forme el hielo de nuevo y no pueda salir? — Preguntó a Dawlish durante el bocadillo, mientras estaban escondidos en los laberintos, cerca de las estatuas de sus antepasados.— Por mera curiosidad, obviamente. No es que esté planeando nada.— No podían esconderse por siempre y para solucionar su problema, necesitaba una solución mucho más definitiva. No había nada demasiado extremo cuando se trataba de su libertad.
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La última acusación arrancó algo diferente esta vez.
No era culpa ni vergüenza. Era algo que definió como irritación. Una dolorosa y peligrosa irritación.
Albus permaneció inmóvil unos segundos mientras Alice terminaba de hablar. Gideon estaba entretenido golpeando su vaso contra la bandeja y Beth intentaba alcanzar una rodaja de manzana que estaba frente a ella .
Por primera vez desde que la discusión había empezado, Albus no miró a ninguno de los dos. Solo a Alice.
—No —respondió con voz tranquila. Demasiado tranquila—. Eso no es verdad.
La sonrisa cansada había desaparecido.
—Sí tengo razones— se enderezó despacio pero no parecía enfadado, se veía como alguien que acababa de tomar una decisión—. La diferencia es que tú asumiste que no las tenía, porque no te las dije, hasta ahora.
Sus dedos buscaron algo dentro del bolsillo interior de la chaqueta. Y durante un segundo estuvo tentado a detenerse.
Elizabeth probablemente lo mataría. Fabian probablemente también. Incluso él mismo sabía que aquello era una mala idea.
Pero Alice acababa de pasar los últimos veinte minutos diciéndole que era incapaz de preocuparse por alguien y quizá con eso, estaba a punto de demostrar exactamente lo contrario.
Sacó un pequeño sobre doblado y lo dejó sobre la encimera entre ambos.
—No lo hice antes porque sabía exactamente cómo reaccionarías—su mirada no abandonó la de ella—. Y porque una parte de mí esperaba estar equivocado. Pero resulta que ser paranoico tiene algunas ventajas profesionales.
La comisura de su boca se movió apenas. No era una sonrisa, más bien una mueca de disgusto.
—¿Sabías que durante los últimos seis meses Elijah ha recibido visitas nocturnas regulares en su apartamento?— no esperó respuesta de ella—. Hombres y mujeres. Ninguno más de una vez.
Albus apoyó una mano sobre el sobre.
— Aquí hay fotografías, con fechas y horarios.
Su tono permaneció peligrosamente sereno, esforzándose por no estallar.
—Antes de que empieces a gritar sobre privacidad, no investigué a tu novio porque sale contigo. Lo investigué porque cualquier persona que se acerca a alguien de esta familia termina apareciendo en algún informe o declaración, tarde o temprano. Y cuanto más miraba, menos me gustaba lo que encontraba.
Por primera vez en toda la conversación ya no parecía estar intentando convencerla de que era un buen padre. Sólo estaba intentando ser un auror.
Uno acostumbrado a sospechar, a seguir pistas. Y que acababa de encontrar algo que consideraba preocupante.
—Ahora dime otra vez que mi criterio es un chiste— Albus empujó lentamente el sobre hacia ella—. Ábrelo.
Y por primera vez desde que Alice había entrado por la puerta, la siguiente decisión no parecía estar en sus manos.
Conocía perfectamente de lo que era capaz Albus Potter. Pero eso no quería decir que no comenzaba a molestarse. Por un momento las luces parpadearon y pudo escuchar claramente cómo el vaso que había utilizado para servirse jugo comenzaba a craquelarse. Había cosas que podía tolerar, pero no que mintiera de esa manera para tratar de meterse en su vida porque se creía con derecho a hacerlo.
No le gustaba en lo más mínimo a dónde era que se dirigía la conversación, y mucho menos que él parecía estar disfrutándolo.
Lo vio sacar un sobre de su chaqueta. Eso solo la llevaba a preguntarse cuánto tiempo había estado cargando lo que pensaba mostrarle y que si no era en ese momento, probablemente hubiera elegido el más inoportuno para hacérselo llegar.
Pero al escuchar de qué se trataba, fue como si todas las piezas encajaran dentro de su cabeza. Tomó el sobre para ver las fotografías, todas ellas con la fecha y la hora escrita en la parte trasera. Se esforzó por no dejar que la expresión en su rostro la delatara. Había ido demasiado lejos y no dejaría que las cosas se quedaran así.
Suspiró pesadamente, permitiéndole por un momento creer que había descubierto algo.
— Me han llamado muchas cosas, pero definitivamente no un chico.— Mientras hablaba, tomó de nuevo su teléfono, aunque esta vez para llamar a alguien. Cuando la llamada entró, regresó el teléfono a su bolsillo, asegurándose de que meterlo solo lo necesario para que la otra persona pudiera escuchar la conversación.— Su criterio es un chiste. Y su capacidad de poner atención también lo es, claro que no es una sorpresa considerando el patético intento de Auror que es.— Tomó algunas de las fotografías en donde aparecía de espaldas, con el cabello cubierto por la gorra que utilizaba precisamente para evitar que pudieran reconocerla en la calle pero lo más importante era los zapatos que usaba en esas fotografías.— Claramente no está poniendo atención a los detalles que importan y solo buscaba una justificación para su paranoia o de lo contrario se habría dado cuenta que esas son mis botas.— Dirigió la mirada hacia sus pies. Si bien no las usaba todos los días, sus botas de trabajo iban con ella cuando estaban trabajando en el campo, pues con la lluvia y otras particularidades del clima, era necesario usar algo que evitara que pudiera resbalar.
— Tampoco es que sea asunto suyo si tomo prestada su ropa algunas veces.— Eran varias las fotografías en las que se le veía llegar a casa utilizando alguna de sus sudaderas con capucha, que al ser mucho más grandes le llegaban prácticamente a las rodillas y el gorro ocultaban su rostro.— Son visitas regulares por las noches porque siempre espero a que los bebés se fueron a dormir. Y yo no tendría por qué darle explicaciones si no fuera un enfermo demente que ha pasado meses afuera de su casa como un acosador. ¿Qué es lo que sigue? ¿Va a tratar de ver por las ventanas? ¿Va a usar a los bebés como excusa para estar vigilándolo en el hospital? — Supo que su llamada había funcionado cuando escuchó a alguien llegar por la chimenea. No iba a dejar que Potter se fuera como si nada después de admitir algo así.
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Albus sintió como un golpe en la cara la risa de Alice y el sonido de Gideon imitándola después fue peor. Porque por un instante, uno miserablemente breve, la escena pareció normal. Un niño riéndose con su hermana en una cocina llena de ruido cotidiano. Alice de pie junto a la encimera, demasiado parecida a él mismo. Los cuatro compartiendo ese momento.
Y justamente por eso dolía tanto.
La amenaza sobre Azkaban no lo impresionó tanto como probablemente Alice esperaba. Había pasado demasiados años rodeado de amenazas reales para alterarse por una advertencia dicha en una cocina mientras ese alguien repartía manzanas con crema de maní.
Pero lo demás… Eso sí logro quebrarlo por completo. El comentario sobre elegir al bebé que quería le atravesó el pecho con una precisión brutal. Albus apartó la mirada apenas un instante hacia Beth, que seguía entretenida golpeando la bandeja de la sillita con las manos pegajosas. El pequeño sonido plástico le dio un segundo para respirar antes de volver a hablar.
—No elegí a Fabian porque lo quisiera más a él—dijo finalmente, y esta vez no hubo dureza en su voz. Solo agotamiento—. Lo elegí porque pensé que era lo menos destructivo que podía hacer en ese momento. Nunca podría haber criado a una niña tan extraordinaria como tú.
La confesión salió más rápido de lo que habría querido. Y una vez dicha, ya no tenía sentido retirarla. Sus dedos se cerraron lentamente alrededor del respaldo de la silla de Beth.
—No sabes cómo eran las cosas entonces.
Pero incluso mientras lo decía, supo inmediatamente que era inútil. Porque Alice no necesitaba escuchar lo mismo una y otra vez. Ella había vivido las consecuencias igualmente. Aunque aparentemente había elegido el camino fácil, terminó arruinando todo para Fabian también.
Albus soltó una exhalación corta por la nariz, negando apenas con la cabeza, más hacia sí mismo que hacia ella.
—Y sí, fui un cobarde— esta vez la miró directamente cuando lo dijo—. Uno de los peores. Puedes repetirlo todas las veces que quieras, agregarle todos los adjetivos que se te ocurran y probablemente sigas quedándote corta.
No había autocompasión en el tono. Tampoco intención de ganar puntos. Era peor que eso, era honestidad tardía. Probablemente Ember estaría complacida de escucharlo decir eso. Y quizás por primera vez desde que Alice había entrado a la cocina, dejó de intentar defenderse realmente.
La observó reírse de él, observó la facilidad con la que lo desafiaba, la seguridad con la que hablaba de proteger a Elizabeth, de proteger a los bebés y algo incómodo se acomodó lentamente dentro de él.
Orgullo. No uno normal de un padre a su hija. Era más bien doloroso. Porque esa ferocidad también era parcialmente suya, heredada incluso aunque no habían estado juntos mientras ella crecía.
Albus desvió la mirada hacia el plato sobre la encimera y antes de pensarlo demasiado tomó una de las gomitas ácidas. La sostuvo entre los dedos un segundo.
—Solía comer como loco estas cosas cuando estaba estresado—murmuró, más para sí que para ella. Y cometió el error de sonreír apenas, casi imperceptible—. Lizz solía comprarlas para mi, pero hacía exactamente la misma cara de asco siempre que intentaba comer una.
La nostalgia apareció demasiado rápido y desapareció igual de rápido cuando volvió a mirarla. Porque claro. Alice no estaba interesada en esa clase de historias. El silencio que siguió duró apenas unos segundos, pero pesó más que toda la discusión anterior. Después Albus se enderezó finalmente, soltando la sillita de Beth.
—No voy a pelear contigo por Elijah— su voz volvió a estabilizarse, aunque más baja—. No porque me agrade la idea. Honestamente me sigue pareciendo terrible. Pero porque ya entendí que mientras más intente empujarte en una dirección, más fuerte corres hacia la contraria... También eso lo sacaste de mí.
Y ahí estaba otra vez. Ese problema insoportable que tenía con Alice, cada vez que Albus lograba verla realmente, encontraba demasiadas partes de sí mismo reflejadas en ella. Probablemente más de las que podía soportar.
— No, evidentemente no y eso se nota. Le es físicamente imposible querer algo o alguien que no sea usted mismo. Eligió al bebé que quería según lo que le fuera más sencillo y quién podría continuar el nombre de su ridícula familia. No puede involucrar a los sentimientos alguien que no los tiene.— Y es que incluso desde mucho antes de saber la verdad, le había quedado claro que Fabian no recibía mucho afecto en casa, y el tener a April alrededor solo lo había confirmado. Bastaba ver su reacción cuando Phanie era muy efusiva con ella e incluso los bebés. A menudo se preguntaba cómo es que alguien que evidentemente ni quería ni estaba listo para tener hijos había traído aún más niños al mundo.
— Por supuesto que lo sé. Un irresponsable que prefirió huir y culpar a todo el mundo por los problemas que usted mismo se ocasionó por aferrarse a algo para que lo que no sirve.— No era algo realmente difícil de entender. Era, y seguía siendo, una persona inmadura e irresponsable que vertió toda su frustración en su madre por no poder estar a la altura de sus compañeros. Las cosas no habían cambiado mucho desde entonces. Seguía siendo el mismo arrogante con complejo de víctima.— ¿O me olvido de algo acaso? — Lo había visto por sí misma al tener acceso a las memorias de su madre. Era completamente inútil y ridículo que tratara de negarlo.
Solo se movió de su lugar para buscar vasos y el jugo de manzana del refrigerador, teniendo cuidado de llenar los vasos de los bebés mayormente de agua y solo un poco de jugo antes de dejar sus respectivos vasitos en sus sillas para que pudieran tomarlos.
No le sorprendió del todo que dijera algo así. Tiempo atrás su papá le había dicho que Potter era capaz de tratar de buscar alguna similitud entre ambos pero no era más que un pobre intento de sentirse mejor consigo mismo, pues no compartían absolutamente nada. No iba a dejarlo entrar a su cabeza de esa manera. En su lugar, tomó la misma gomita que él había sujetado primero para lanzarla al cesto de basura. Si creía que de esa forma podía apelar a su compasión, estaba más que equivocado.
— Claro que no vamos a pelear por eso porque no hay absolutamente nada qué discutir. Desconozco qué es lo que le hace creer que me importa en lo más mínimo lo que alguien como usted tenga para decir. Si le agrada la idea o no tampoco me interesa. ¿Por qué iba a siquiera molestarme en escuchar a alguien cuyo criterio no es más que un chiste? Le parece terrible por razones completamente arbitrarias. Ni siquiera lo conoce y lo mismo ya sucedió con Lucy. Todo esto es porque no hacemos lo que usted quiere como quiere. Fuera de eso no tiene una sola razón para ser una absoluta molestia.— Lo comprendió después de que Potter se apareciera en la casa de Lucy, prácticamente exigiendo que entregaran a la bebé a un orfanato. Se sentía con la autoridad de decirle a los demás qué hacer y al ser ignorado buscaba la forma de convertirse en un problema.
LUCY BOYNTON in Rabanne styled by Leith Clark, hair by Leigh Kates, makeup by Alex Babsky (April 2, 2024)
— Lo que sea que ella vaya a desayunar está bien.— No estaba en el lugar para darles más trabajo. Podía comer un poco de cereal o un sándwich. Lo importante en ese momento era que la bebé estuviera más tranquila, aunque por la expresión en su rostro parecía que no sería tan fácil.
La acomodó en sus brazos para ponerse de pie e ir a sentarse en la mesa de la cocina. No le importaba que tomara el desayuno en su regazo si eso significaba que no se echaría a llorar de nuevo.
— Bueno, en este momento es un poco complicado…— Evitó mencionar que se debía al tratamiento de los gemelos de Harri.— Pero estoy segura que para el verano puedo hacer un espacio para ir a ver a tus amigos. ¿Te gusta la idea, panquecita? — Eso le daba algunos meses para tratar de pensar en un plan alternativo para los niños, pues había quedado claro que el utilizar una muestra de Eliza para la investigación estaba completamente fuera de discusión.
Elijah observó en silencio cómo Phanie se acomodaba con Eliza en brazos y se dirigía hacia la mesa, agradeciendo internamente que al menos el llanto hubiera desaparecido. Aunque no estaba seguro de poder llamar calma a aquello.
Porque conocía esa expresión en su hija. La concentración silenciosa, la insistencia, esa manera de quedarse pensando hasta decidir que los demás eran quienes no estaban entendiendo bien las cosas. Porque aunque era sumamente inteligente, el lenguaje verbal aún era una pequeña barrera.
Y cuando Alice sugirió que Phanie viajara con ellos, Elijah levantó apenas la vista hacia ella, sorprendido por un instante. No lo suficiente para delatarse o eso esperaba. Pero sí lo suficiente para comprender lo que estaba haciendo. Estaba intentando dar una alternativa. Mantener a Phanie cerca podría ser una forma de controlar el daño antes de que existiera.
La idea no era mala. Complicada, sí. Muchísimo. Pero no mala del todo.
Eliza, todavía acomodada en el regazo de su tía, pareció considerar las palabras de Alice con absoluta seriedad. Sus pequeñas manos juguetearon distraídamente con la manga de la pijama de Phanie mientras procesaba la información.
— ¿Nannie viene? —preguntó finalmente, más tranquila, aunque aún desconfiada.
Elijah aprovechó el momento antes de que pudiera volver a mencionar a los bebés.
— Si Nannie puede hacer espacio entre todos sus pacientes importantes —dijo con un tono ligeramente más suave, intentando normalizar la conversación—. Porque resulta que salvar vidas es un trabajo muy demandante, tú lo sabes bien, Mignonette.
Eliza soltó un pequeño sonido pensativo, todavía observando a Phanie. Elijah se movió hacia la encimera para terminar de preparar el desayuno solo por necesidad de hacer algo con las manos. El exceso de nervios seguía instalado bajo su piel desde que Eliza había empezado a hablar del asunto relacionado con esa maravillosa prueba positiva. Sirvió cereal en uno de los platos pequeños de la bebé y tomó aire lentamente antes de volver a hablar.
— Además, nuestra Solecito prometió enseñarnos cuál criatura de la reserva es su preferida—añadió mientras regresaba a la mesa—. Lleva semanas diciendo que ya eligió a un favorito.
Eso sí era verdad. O parcialmente verdad. Con Eliza nunca estaba completamente seguro de cuánto era imaginación infantil y cuánto otra cosa que aún no podía expresar.
Dejó el plato frente a ella y la observó tomar la cuchara sin demasiado entusiasmo. Pero mejor eso que lágrimas, se repitió mentalmente.
Entonces la pequeña alzó la vista otra vez.
— Dos favoritos —corrigió muy seria.
Elijah se quedó inmóvil apenas un segundo. Su pequeña volvía a insistir en dos. No había dejado de mencionarlo desde que Alice les anunció a ambos el resultado de la prueba.
—Solo uno. Uno solo, Solecito. Sólo hay un favorito. Yo por ejemplo, era el favorito de tu mamie Sylvie hasta que llegaste tú— respondió de nuevo intentando desviar la conversación
Pero la niña ya había bajado la mirada nuevamente hacia el cereal, satisfecha consigo misma, como si aquella corrección fuera completamente inofensiva.
Él soltó una risa baja por la nariz y negó suavemente con la cabeza, fingiendo que nada de eso le afectaba mientras volvía a apoyar una mano sobre el respaldo de la silla de Alice.
— Claro —murmuró con aparente tranquilidad—. Dos favoritos. Mi error.
Y esta vez sí cometió el error de mirar a Alice. Solo un segundo, pero fue suficiente.
Porque ahí seguía esa misma sensación imposible de ignorar, el vértigo de no entender del todo a su hija y aun así saber con absoluta certeza, que podría estar a nada de contarle a Phanie el pequeño secreto y que eso interfiriera en sus planes de escapar de la ciudad.
Se apresuró a servir un poco de leche para ambas en cuanto se sentaron a la mesa. Conocía esa clase de seriedad en su hija; estaba estudiando la situación, tratando de decidir si estaba conforme con lo que pasaba y, si no era así, sin duda se los dejaría saber a su manera. En ocasiones debido a su edad comunicarlo con palabras no le era posible, pero de una forma u otra encontraba la forma de dejarles saber qué pasaba por su mente.
— Nannie viene, Solecito. Aunque eso será hasta dentro de un par de meses. Pero mientras tanto, tus nuevos amigos podrán crecer lo suficiente para recibir visitas.— Y lo más importante, tendrían tiempo para decidir cómo y hasta cuándo es que le dirían a sus familias sobre el bebé. De lo único que sí tenía certeza era que mientras más tiempo pasara, mejor. Con todo lo que estaba pasando en el hospital, se sentía más tranquila ocultando temporalmente esa información de los demás.
Se tensó un poco al escuchar la contradicción de Elijah. En ese momento llevarle la contraria a la bebé no parecía ser la mejor idea. Dejar de hablar por completo de bebés y desviar su atención a cualquier otro tema era lo mejor.
— Claro que sí, Corazón. Dos favoritos.— Concedió, pasando una de sus manos por el despeinado cabello de la bebé.— No le hagas caso a papá, puedes tener más de un favorito. Como el cereal que nos gusta. Enséñale a Nannie cómo los mezclamos cuando no podemos decidir solo por uno.
El paddock había vuelto a sentirse normal. O al menos eso era lo que todos parecían creer.
Los fotógrafos seguían persiguiendo a los tres pilotos titulares de Potter Raicing cada vez que aparecían fuera del hospitality del equipo. Los periodistas continuaban hablando del “milagroso rendimiento” del AP1 después del accidente en Yas Marina. Ferrari seguía fingiendo diplomacia frente a las cámaras mientras sus ingenieros observaban demasiado el monoplaza cuando creían que nadie los veía.
Y Alice… Alice había vuelto a ganar por supuesto.
Elijah observó una serie de datos desplazarse por la pantalla frente a él mientras el ruido del garage se mezclaba con las voces por radio y el sonido de las pistolas neumáticas a unos metros. Prácticas libres. Último gran premio de la temporada. Todo debería sentirse bajo control. Pero desde Abu Dabi había aprendido que el control era una ilusión peligrosa.
— Sector dos comprometido otra vez —murmuró más para sí mismo que para el resto del equipo.
La telemetría mostraba exactamente lo mismo desde hacía tres vueltas. Alice estaba entrando demasiado agresiva en la curva rápida antes de la recta principal. Ganaba tiempo, sí. Quizá apenas unas décimas, pero también estaba forzando de más la degradación trasera.
Antes habría admirado el movimiento e incluso lo habría alentado. Pero ahora solo veía márgenes innecesarios. Presionó el botón de radio para comunicarse con ella.
— Mantén un delta más conservador en la entrada de la curva nueve. Estás cargando demasiado el neumático trasero izquierdo.
Hubo un pequeño silencio.
Luego la voz modificada llegó a través de sus audífonos, perfectamente tranquila.
Estoy bien
Elijah cerró los ojos un segundo. Claro que estaba bien, en ese preciso momento ese no era el problema.
— No dije que no lo estuvieras —respondió manteniendo el tono neutro mientras varios ingenieros cerca de él seguían trabajando sin prestar demasiada atención a la charla—. Dije que ajustes el delta.
Otra pausa. Podía imaginar perfectamente la expresión que ella debía tener dentro del casco.
Estás exagerando otra vez
Sintió una presión incómoda instalarse debajo de sus costillas. No rabia. Algo peor. Frustración pura. Porque quizá sí estaba exagerando y aun así no podía detenerse.
Sus ojos se desviaron involuntariamente hacia uno de los monitores secundarios donde todavía conservaba archivado el impacto de Yas Marina. Nunca lo reproducía completo. No hacía falta. Su memoria llenaba el resto sola. Tenía suficiente para una eternidad de pesadillas.
Volvió inmediatamente a los datos en tiempo real.
— Te pedí que ajustes la entrada, Potter— dijo por el radio, mordiendo la parte interna de su labio inferior para no llamarla Alice.
Esta vez el silencio duró más.
El resto del garage seguía funcionando alrededor suyo con aparente normalidad, pero Elijah ya conocía demasiado bien el tono exacto de esos vacíos. Finalmente, la radio volvió a encenderse.
Copiado
El cambio fue mínimo. Apenas perceptible para cualquiera que no llevara meses estudiando la manera exacta en que Alice conducía. Pero ahí estaba. Frenó apenas antes, corrigió el ángulo de entrada y el neumático dejó de castigarse de más. Y aun así hizo el mejor tiempo de la sesión. Elijah soltó el aire lentamente sin darse cuenta de que había estado conteniéndolo.
— P1 —anunció uno de los ingenieros al fondo del garage, provocando aplausos dispersos.
No se permitió relajarse. Sus ojos permanecieron sobre la pantalla mientras el AP1 completaba otra vuelta impecable.
Desde que volvió a la pista era más limpio, más preciso. Dependía de é que también fuera más seguro. Exactamente como le había prometido a todos.
Y sin embargo, mientras escuchaba la voz calmada de Alice responder a las felicitaciones del equipo por radio, Elijah entendió algo que probablemente debió aceptar semanas atrás.
El verdadero problema nunca había sido confiar en ella.
Era que ahora tenía demasiado claro lo mucho que tenía que perder si algo volvía a salir mal. Sin pensarlo demasiado, dejó los auriculares sobre la mesa y salió corriendo hacia el garage dónde los mecánicos ya estaban trabajando para recuperar el auto después de la sesión. Sin esperar a que Alice se pusiera tras bastidores para quitarse el casco, se lanzó a abrazarla. Aún con la apariencia de Fabian, Elijah era unos 6 centímetros más alto, así que pudo colgarse de sus hombros.
Estaba nerviosa por volver, aunque no por las razones que se esperarían. Había aprovechado al máximo su tiempo lejos, practicando a diario en el simulador pero sobre todo recorriendo la pista. Necesitaba volver a acoplarse al monoplaza y familiarizarse con los cambios que se habían tenido que hacer después del accidente.
Esa parte la tenía tranquila, podía manejarlo y lo sabía. Lo que más ocupaba su mente era poder demostrarle a su madre que era perfectamente capaz de seguir corriendo y que no estaba en riesgo. Aunque no lo dijera en voz alta presentía que no se equivocaba al pensar que su papá no se opondría a que continuara la temporada. Si alguien podía entender sus razones era precisamente él. Su mamá era otra historia, y si ya de por sí se preocupaba por ellos, el saber del bebé la tenía con los nervios de punta más que de costumbre. Poder demostrarle que era capaz de correr y salir en una pieza era primordial en esa carrera. Además de llegar al podio, por supuesto.
A su parecer estaba corriendo con más precaución que de costumbre, pero no contaba con que había alguien más igual o quizá más nervioso que su propia madre, con la diferencia de que su voz debía escucharla durante toda la carrera.
Sí, quizá llevó un poco al límite las indicaciones de Elijah, pero no podían ser demasiado precavidos. Cada segundo contaba y fue eso precisamente lo que les aseguró la victoria. Si él quería retarla más tarde por sus decisiones, lo tomaría sin quejarse. Valía la pena después de haber vuelto a los circuitos de esa manera.
Apenas salió del auto se echó a correr hasta donde el el equipo ya la esperaba para celebrar, saltando hacia ellos. Por suerte había tomado otro poco de poción multijugos mientras se retiraba las protecciones para poder ponerse de pie. Apenas pocos segundos después un par de brazos extra se sumaron a la celebración. Al menos no estaba molesto. Esperaba.
— Te lo dije, tienes que confiar.— Fue lo único que le dijo, esperando pudiera escucharla sobre el bullicio mientras estaba prácticamente colgada de él. Eso le recordó otra cosa importante.— Voy a necesitar ayuda, andando.— Fabian ya debía estar esperándolos para intercambiar lugares. No había tiempo qué perder.
Elijah sintió algo retorcerse en su pecho cuando ella dijo aquello último sobre sus hermanos. No fue solo la frase. Fue la manera en que salió de ella, como si llevara demasiado tiempo pensándola en silencio.
Su mano permaneció firme sobre su espalda, pero esta vez sus dedos se cerraron apenas más contra la tela de su ropa, casi como un impulso contenido de acercarla más a él.
—Alice… —murmuró despacio, sin lograr disimular el tono dolorosamente serio en su voz—. Eso no debería haber recaído sobre ti nunca.
No discutió inmediatamente si tenía o no razón. Sabía que en ese estado, intentar desmontar cada pensamiento solo la haría sentirse menos escuchada. Así que dejó que terminara. Que hablara de su memoria, de su padre, de todo lo que creía haber perdido junto con él.
Y cuanto más hablaba, más evidente le resultaba algo. Alice llevaba demasiado tiempo sobreviviendo como si tuviera que justificar el derecho a quedarse. Elijah giró apenas el cuerpo hacia ella, lo suficiente para verla mejor incluso si ella evitaba mirarlo del todo.
—No estás rota porque tu memoria falle —dijo finalmente, con una calma muy distinta a la firmeza anterior—. Y no eres menos tú por no poder recordar todo.
Su mandíbula se tensó, luchando por no echarse a llorar o reaccionar con furia, porque eso no serviría de nada en este momento.
—Te hicieron daño. Mucho. Y aun así sigues aquí preocupándote por todos los demás antes que por ti misma.
Había frustración en él, pero no hacia ella. Estaba furioso contra todo lo que la había convencido de que debía cargar sola con cosas imposibles.
Cuando mencionó a Richard otra vez, Elijah bajó ligeramente la mirada un instante antes de volver a hablar.
—No conocí a tu padre lo suficiente como para hablar por él —admitió con honestidad—. Pero creo que alguien que te quiso tanto como él, no habría querido que pasaras años castigándote por haber sobrevivido.
La palabra quedó suspendida un segundo entre ambos. Sobrevivido. Era exactamente lo que había hecho ella todos esos años, sin ayuda.
Su mano abandonó finalmente su espalda solo para buscar una de las de ella.
—Y mírame un segundo porque voy a decirte algo que probablemente no vas a creer ahora mismo —su voz bajó apenas—. El hecho de que sigas aquí después de todo eso, de que sigas intentando cuidar de Phanie, de tu mamá, incluso después de lo que ocurrió, ya dice más de ti y es más valioso que cualquier recuerdo que hayas perdido.
La sostuvo con cuidado, sin forzarla. Aunque estaba seguro que así de cerca, podía escuchar su corazón latiendo con fuerza, furioso, porque eso no podía disimularlo.
—No tienes que demostrarle a nadie que mereces seguir siendo parte de una familia, Alice. Mucho menos a personas que te abandonaron cuando más las necesitabas. No tienes que ganarte el derecho a que te quieran. No los necesitas. Somos más lo que realmente ya te amamos.
— ¿En quién iba a hacerlo, entonces? ¿En Phanie? La mayoría del tiempo no podía sacarle más de dos palabras.— Supo que estaba mal desde el funeral de su papá cuando comenzó a pedir que detuvieran todo pues su madre aún no había llegado. Después de ese día, era como si hubieran sustituido a su hermana con alguien que lucía como ella pero se comportaba de manera completamente diferente. Al tratar de hablar con ella, respondía solo con manerismos y si lograba hacerla hablar, no eran más que un par de palabras o peor, monosílabos. El tiempo de encierro y no pasar más tiempo con ella solo empeoró su situación.
— ¿Qué va a pasar cuando comience a olvidar quién soy? — Eso era a lo que más le temía; que ya no solo olvidara cosas o información, sino que comenzara a olvidar quién era ella.— ¿Y sí...? ¿Y sí tienen que enviarme a San Mungo porque no puedo recordar nada como mi abuela?— Iba más allá de su disgusto por los hospitales. Temía que con el paso de los años terminara siendo una especie de prisionera de su propia mente, pero eso no era lo peor y decirlo en voz alta puso una idea en su cabeza. Algo en lo que no había pensado antes.— ¿Y sí..? — Solo entonces levantó la mirada para poder verlo.— ¿Y si eso fue lo que pasó? — Podía sentir sus manos temblar solo de pensarlo. Nunca había considerado esa posibilidad. No podía recordar absolutamente nada, así que no podía descartar que algo así hubiera pasado mientras estuvo encerrada.
De pronto era como si el aire no pudiera llegar hasta sus pulmones. No era algo nuevo para ella pero no por eso era más sencillo. Darse cuenta de algo así prácticamente de golpe era más de lo que podía procesar.
No debió abrazarla así. Lo supo en el segundo exacto en que lo hizo. No por Kit —aunque su presencia era imposible de ignorar— sino porque al tenerla entre sus brazos aunque fuera por ese instante, entendió con una claridad incómoda algo que no había querido procesar desde el accidente en Yas Marina. Había podido perderla para siempre.
La soltó con cuidado, casi a regañadientes, como si cualquier movimiento brusco fuera a romper algo que todavía no terminaba de acomodarse en su interior, pero también en el de Ally. No podía sacar de su mente el informe final de su tía Lizz. Todas las heridas y fracturas detalladas en ese informe bajo los datos de Fabian que finalmente se entregó a la Federación.
El sonido del teléfono de Kit rompió el pequeño momento, lo miró de reojo mientras él se alejaba más allá del garage.
— Estoy feliz de que estés aquí—dijo aunque su voz no sonó como solía. No había rastro del ingeniero que estaba listo para seguir cualquier idea alocada que saliera de la maravillosa mente de Potter.
Sus ojos bajaron un segundo hacia dónde había estado el vendaje, hacia los golpes que el coche ya arreglado y perfecto no mostraba, pero que seguían en su memoria.
Sabía que iba a bromear. Siempre lo hacía. Era parte de cómo funcionaban juntos. Parte de por qué todo había sido tan sencillo antes. Pero no esta vez.
— No —añadió, antes siquiera de que ella pudiera decir algo más—. No voy a seguirte en eso.
Se pasó una mano por el cabello, exhalando despacio.
— Yo estaba ahí —continuó, más bajo—. Tenía todos los datos. Cada variable bajo control. Podía ver lo que iba a pasar antes de que pasara o eso creía.
Alzó la vista hacia ella.
— Y aun así parece que no estuve en ese momento.
No era una acusación. Ni para ella, ni para sí mismo. Era un hecho. Uno que no le gustaba.
— Siempre confié en que podías con todo —admitió—. Porque puedes. Eso no ha cambiado, siempre estaré seguro de ello.
Dio un paso más cerca, pero esta vez sin invadir.
— Lo que sí cambió es que ahora sé exactamente cuánto cuesta cuando algo sale mal. No voy a decirte que dejes de hacerlo —añadió finalmente—. Sería hipócrita. Yo fui quien ajustó cada estrategia para que pudieras seguir saliendo a pista. Pero tampoco voy a sentarme frente a los monitores y pretender que es solo otro domingo de carrera.
Sus dedos se apoyaron suavemente sobre el borde del monoplaza, como si necesitara ese punto de referencia.
— Si vuelves a subirte a este coche, lo haces sabiendo que no voy a dejar pasar ni un solo margen que no entienda. Ni un solo riesgo que no podamos reducir— le sostuvo la mirada, firme—. Y si eso significa que a veces voy a decirte que no… Entonces tendré que soportar el hecho de que vas a enojarte conmigo.
Un pequeño gesto, casi una sombra de lo que normalmente habría sido una sonrisa.
— Supongo que es un precio bastante bajo para mantenerte a salvo.
El silencio los rodeó como una manta. El AP1 seguía ahí, perfecto. Alice estaba de pie frente a él. Y la temporada aún no había terminado. Todavía quedaba mucho que demostrar. Elijah exhaló lento.
— Bienvenida de vuelta —repitió, con más entusiasmo esta vez—. Pero esta vez te prometo que lo haré mejor. No más rápido, no solamente para ser los primeros. Mejor.
Agradeció mentalmente que su hermano saliera a atender el teléfono, pues aligeró el ambiente considerablemente. Tanto él como su madre insistían en que debía tomarse las cosas con calma, pero no había tiempo qué perder. Mientras más pronto estuviera detrás del volante sería mejor. Podría usar el simulador pero a su consideración no había nada como recorrer la pista de verdad y dadas sus circunstancias necesitaba hacerlo para confirmar que todo estaba en orden.
— ¿Cómo que no? — Su negativa la descolocó por completo. Esperaría algo así de su madre o sus hermanos, pero no de él. Creyó que Elijah más que nadie entendería por qué debía salir a la pista de nuevo lo antes posible.— ¿Si vuelvo...? Cuando suba de nuevo querrás decir.— Eso no estaba a discusión. Por supuesto entendía la gravedad del accidente. Había pedido ver las grabaciones desde todos los ángulos posibles y, como ya lo habían discutido, no había nada que ella o el equipo hubieran podido hacer. Se trataba de una situación completamente fuera de su control.
— Creo que todos están exagerando un poco. Lo que el equipo podía hacer lo hizo bien, como se debe. Por eso es que yo estoy aquí y por eso el auto está en una sola pieza de nuevo. Todo lo demás estaba fuera de nuestras manos, no había manera de hacer algo. Ahora, si me disculpas, tengo que sacarlo a dar un par de vueltas. Y no estoy pidiendo permiso, solo estoy avisando a dónde voy. Puedes venir o no, si eso te deja más tranquilo.— Acortó la poca distancia entre ambos para besar su mejilla antes de ir a los vestidores a cambiarse. No planeaba correr de verdad, solo quería dar un par de vueltas y ver por sí misma cómo se comportaba el monoplaza después de haber sido intervenido por la gravedad de los golpes en la pista.
— Quizá no dijiste que Wood sea la única opción, pero no puedes negar que es a quien más atención le has puesto.— No habían discutido a ningún otro candidato, y ante la insistencia de Albus era imposible pensar que estuviera considerando a otras personas, lo cual era parte del problema.— Si lo que quieres evitar es elegir mal, me parece que es necesario que abras un poco tus horizontes.— Se lo había dicho desde el inicio: la forma en la que quería resolver el compromiso de los gemelos no funcionaría.
— Va a convertirse en un problema si siguen gritándose de esa forma en los pasillos.— Tenían suerte de que había sido ella quien los encontrara discutiendo. No necesitaban que terceras personas fueran testigo de sus peleas, se corriera la voz y pusiera aún más peso sobre los hombros de Alice.
Que Albus cediera a reconsiderar todo el asunto del compromiso era una victoria, pero no había que adelantarse ni presionarlo. Negó levemente con la cabeza para que su hija pudiera verla. Creía saber a dónde era que quería dirigirse, pero primero era necesario que ella comenzara a plantearle la idea a Albus y evitar que perdiera la cabeza.
— Me parece que por hoy ya es suficiente del tema. Supongo que no me equivoco si digo que aún no desayunas.— Puso su atención en Alice, que lucía un poco más tranquila que unos minutos antes.— Ninguno de los dos lo ha hecho y eso no ayuda en nada a su humor. Andando, y no quiero ni una palabra más al respecto el día de hoy. ¿Quedó claro?
Estaba decidido a no discutir del mismo asunto por lo que restaba de aquel día. La presencia de Elizabeth en específico tenía ese efecto de calma en él. Estaban fuera de su casa, con aliados pero no dejaba de ser un sitio en el que podían estar a merced de cualquier extraño, de murmuraciones que eventualmente podrían convertirse en debilidades.
Afortunadamente tenía a George, Frank y a Neville para ayudarle a pensar en otras cosas. Salir a cabalgar y de caza, pasear en compañía de Lizz y de su madre y tomar alguna comida con los abanderados de Longbottom, ocupó la mayor parte de su tiempo en ese par de días. Pero la llegada de la princesa de Dorne y de William era algo que no podía seguir ignorando.
— Bueno, iré con Fabian a recibir a la hija de Richard Kyle a los límites de Winterfell como es costumbre en éstos casos. Debe estar agotada por tener que recorrer todo el camino desde King's Landing hasta acá, pero su disposición es algo digno de respeto.
Tomó un sorbo silencioso de la copa que tenía frente a él. No solía beber alcohol en el desayuno pero ese vino especiado servido específicamente para aquella mañana fría, era irresistible.
Miró a Fabian, sentado a su izquierda al lado de su madre y a Alice sentada a su derecha como correspondía. Neville presidía la otra cabecera de la mesa.
— Su llegada nos permite continuar con los planes de viajar por los Siete Reinos, para que todos puedan conocer a su futura reina— añadió mirando a su primogénita con orgullo—. Tendrás a la mitad de la guardia real a tu servicio. A Elijah, por supuesto. A Coraline como tu dama, a tu madre, a Sylvie y a la señorita Greengrass. Wood sólo será parte de la comitiva, sin que eso signifique ningún compromiso. Es mi forma de agradecerle por cuidar de la princesa de Dorne en su viaje.
Los jardines y terrenos de Winterfell eran tan grandes que podía perderse prácticamente desde el desayuno hasta la cena en el exterior sin tener que estar dentro, donde su padre pudiera seguir molestando con todo lo que tenía que ver con el compromiso y otras personas no deseadas. Al menos por unas horas cada día podía olvidarse de toda esa carga entre la nieve y árboles a los que no tenía acceso en la ciudad. Era una de las cosas que más le gustaban de estar en el Norte.
Aunque para su mala suerte había un momento en el que no podía evitar a su padre y ese era el desayuno.
— ¿Qué les hace creer que quiero a Greengrass siguiéndome a todas partes? Beth o Lucy pueden ocupar su lugar sin problema y sin arriesgarnos a otro ataque de insolencia.— No iba a dejar pasar tan fácil y rápido la escena que Greengrass había montado días atrás. Definitivamente no era la clase de persona que quería haciéndole compañía y a sus ojos no había nada que pudiera ofrecerle.
— Parte de la comitiva por ahora...— Agregó, en voz baja, antes de darle un sorbo a su copa. Aunque le daba igual si su padre lograba escucharlo. Dudaba mucho que Wood fuera capaz de seguirles el paso e incluso si lo hacía, ella misma se encargaría de encontrar la forma de deshacerse de él. Sus días en los jardines le habían servido para conocer y memorizar lugares en los que un forastero fácilmente podría perderse. Haría todo lo necesario para deshacerse de él de una forma u otra.
Su pecho se tensó al escucharla hablar de Phanie. Lo único que podía sentir en ese momento era el deseo desesperado de comprenderla. Estaba de más decirlo en voz alta. Lentamente, acomodó su mano sobre su espalda para sostenerla más cerca.
—No era tu responsabilidad sacarla de ahí tú sola, Alice —dijo con voz baja, firme, pero sin forzarla a pensar como él—. Hiciste lo que pudiste con lo que tenías. Lo intentaste cuando nadie más lo hizo y eso importa más que cualquier buena intención que podrían haber tenido tus hermanos.
Se inclinó apenas hacia ella, acortando la distancia, acompañando el temblor de sus palabras con su presencia constante. No podía adivinar cómo tomaría ella que hablara de Sebastian y Shawn, pero lo había hecho sin pensarlo.
Su pulgar se movió apenas sobre su brazo, en un gesto rítmico que intentaba ser tranquilizante.
—No tienes que hacerlo todo perfecto ni debes castigarte por lo que no estaba en tus manos. Nadie podría haberlo evitado, ni siquiera tú. —su voz bajó un poco más, más suave—. Pero que estés aquí ahora, tratando de mantenerlas a salvo, a pesar de todo… Eso sí es algo que cuenta. Él estaría muy orgulloso.
Se recostó un poco contra el respaldo, manteniéndola contenida sin presionarla, dejando que el silencio hablara tanto como él.
—Puedes sentir todo lo que quieras. Y puedes incluso llorar otra vez, si lo necesitas. Yo voy a estar aquí, no iré a ninguna parte. —fijo sus ojos en ella, firme y cálido—. No tienes que cargar sola con nada, nunca más.
— Sí lo era.— Nadie más iba a hacerlo, estaban prácticamente solas, aisladas de todo lo demás. Sacarla de ahí debió haber sido su prioridad. Lo último que dijo la hizo soltar una pequeña risa, más amarga que otra cosa.— No creo que siga teniendo hermanos.— Tenía meses que no podía dejar de pensar al respecto, aunque nunca lo había dicho en voz alta y hacerlo la hizo perder la poca calma que había recobrado mientras escuchaba a Elijah hablar.
No necesitaba que ninguno de los dos se lo dijera directamente. Era más que evidente que así eran las cosas ahora. Además de la ausencia de su padre, eso era probablemente lo que más trabajo le costaba asimilar. Era como si estuviera en un limbo: de un lado estaba un grupo de gente que la hizo a un lado incluso antes de nacer, y del otro estaba la que había sido su familia hasta entonces, pero ya no la veían como si fuera parte de ellos. No entendía en dónde es que ella encajaba en todo ese caos.
— No podría hacerlo aunque quisiera de todos modos. No con esto que ya no funciona.— Respondió, señalando su cabeza. Además de todo, debía tener en consideración los problemas con su memoria. No solo no tenía idea de qué había pasado, sino que tampoco sabía cómo es que evolucionaría con el paso de los años.— No creo que orgulloso sea la palabra que usaría.— Definitivamente no lo estaría de verla estancada, aún en casa, sin hacer nada de lo que tenía planeado porque dudaba que siquiera siguiera teniendo las capacidades para hacerlo con el estado actual de su memoria. No había podido mantener a salvo a su hermana y tampoco a su madre. Más que orgulloso seguramente estaría molesto con ella.
Elijah no se apartó cuando ella volvió a quebrarse y ésta vez no hubo duda en sus gestos, su mano en la espalda se afirmó un poco más, sosteniéndola con una firmeza tranquila y constante, mientras la otra permanecía en su brazo, anclándola con él.
Dejó que hablara, que lo soltara todo sin interrumpir. Pero cuando terminó, negó suavemente con la cabeza.
—No.
No fue brusco, pero tampoco suave. Buscaba ser claro.
—No debiste hacer más.
Su mirada se mantuvo fija en ella, incluso si no lo estaba viendo.
—Te secuestraron, Alice. No estabas en una posición para salvar a nadie.
Su mano se movió apenas sobre su espalda, en un gesto lento, casi automático.
—Y lo que hicieron después… —su mandíbula se tensó un instante.— Eso fue cosa de los Malfoy. No tuviste nada que ver.
Dejó que el silencio cayera un segundo, lo suficiente para que las palabras no se sintieran atropelladas. Se inclinó apenas hacia ella, sin invadir, pero acortando esa mínima distancia que aún quedaba.
—No eras quien tenía el control. Y no voy a aceptar que te culpes por no haber hecho lo imposible.
Su voz bajó un poco más al final, sin perder firmeza.
—Porque eso es lo que estás haciendo.
Elijah no retiró la mano. No la soltó.
—Si hubiera dependido de ti, habría sido distinto —añadió, más bajo—. Pero no dependía de ti. Y sé que eso no cambia cómo se siente.
Sus dedos presionaron apenas, estaba luchando con la urgencia de sujetarla del todo en sus brazos.
—Lamento que hayas tenido que vivir todo eso. Sé que te mantuviste fuerte por Phanie y que ella aprecia eso. Sé que tu madre no te culpa en absoluto, aunque quieras creer que no es así.
No la obligó a mirarlo. No la corrigió más. Solo se quedó ahí, sosteniendo ese instante.
—Esta vez no estás sola en esto —murmuró al final—. No ahora. Estamos todos para ti ahora.
— Pude haber tratado de usarlo para ayudar.— Cualquier cosa, un lugar o incluso una voz seguramente habrían sido de ayuda, si ella se hubiera esforzado más en buscar algo dentro de su mente que pudiera ser de utilidad para la investigación.
— Debí sacar a Phanie de ahí. Sebastian iba a hacer lo que quisiera de todos modos.— Su relación siempre había sido complicada, pero esos meses la hicieron aún más difícil. Se negaba a siquiera escucharla porque no podía darle órdenes ni decirle qué hacer y técnicamente estaba en lo correcto.— Debí sacarla de ahí y llevarla con mi abuela en lugar de dejarla sola, que pasara todo el día encerrada en su habitación y sin nadie que pudiera asegurarse que comiera algo más que un poco de pasta en las noches.— Desde entonces su hermana evitaba los lugares concurridos o incluso salir de casa en lo absoluto y era demasiado ingenuo pensar que no era consecuencia de esas semanas que pasó completamente sola en esa casa.
— Ella era mi responsabilidad.— Sebastian era demasiado egoísta como para preocuparse por Phanie. No necesitaba que se preocupara en lo más mínimo por ella, pero al tratarse de su hermana esperaba que pudiera hacer al menos el intento. Shawn por otro lado, no podría explicarlo pero de alguna forma supo desde el inicio que el no iba a involucrarse. Ahora que sabía la verdad, entendía que realmente no le debía nada y seguramente lo veía de la misma forma que Sebastian: para él no eran hermanos y no tenía por qué ocuparse de ella. Hasta la fecha las cosas eran así, ya no tenían una relación y no iba a presionarlo, pero tontamente creyó que podrían hacer una excepción por Phanie. Quizá recibirla en su casa durante el día hasta que ella pudiera ir a recogerla. Cualquier cosa para no tener que dejarla completamente sola en la casa de los Malfoy.— A papá no le habría gustado que la dejara sola tanto tiempo.