Te amo, como amo la luna en todas sus fases, en su luz plena y en su tímida sombra, como amo su constancia, su danza, que guía las mareas de mi alma hacia ti.
Sé que nuestro amor trasciende esta vida, que nuestros caminos han convergido antes y que volverán a hacerlo si es necesario.
Pero si pudiera elegir, amor mío, te elegiría solo en esta vida, para sanar juntos las heridas del tiempo, y no tener que buscarte en otra eternidad.
Quiero que nuestra unión sea un lucero, una guía luminosa para los hijos que sueño contigo. Que hereden tus cejas que enmarcan tu mirada, tus orejas que escuchan mi silencio, y tus pies, que caminan firmes hacia nuestros sueños.
Que crezcan mirando un amor real, un amor natural, incondicional, único, que les enseñe qué esperar, qué buscar, que les muestre que el amor no exige perfección, solo entrega sincera.
Quiero demostrarte todas mis formas de amar; con palabras que acaricien tus pensamientos, con miradas que revelen lo que no puedo decir, con caricias que hablen de mi devoción.
Quiero ser tuya, única y exclusivamente tuya, no por obligación o necesidad, sino por elección, porque mi corazón no conoce ni quiere otro camino.
No me importan las riquezas del mundo ni lo que pueda ofrecerme el destino; si me eliges, una y otra vez, cada día, seré la mujer más rica en amor, la más plena y etéra.
Tú eres mi presente y mi deseo eterno. Eres mi luna, mi tierra, mi todo. Y en este universo infinito, te amo hoy, mañana y siempre.