Escribí algo por favooor 💔
Anonimato de nuevo por aquí eh haha. Gracias por mandarme amor, prometo que volveré a escribir 😢
No title available
𓃗
No title available
Sade Olutola
taylor price
Noah Kahan
occasionally subtle
Not today Justin
TVSTRANGERTHINGS
d e v o n
Today's Document
sheepfilms
The Stonewall Inn
Sweet Seals For You, Always
No title available
he wasn't even looking at me and he found me
will byers stan first human second
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ
cherry valley forever

tannertan36

seen from United States
seen from United States

seen from India
seen from United States
seen from Malaysia

seen from Malaysia

seen from United States
seen from United States

seen from Canada

seen from Malaysia
seen from United States
seen from China
seen from United States

seen from United States

seen from Türkiye
seen from Vietnam

seen from Canada

seen from United States

seen from Australia
seen from Bangladesh
@amoris-causa
Escribí algo por favooor 💔
Anonimato de nuevo por aquí eh haha. Gracias por mandarme amor, prometo que volveré a escribir 😢
Hi beautifuuullll personita, no dejes de escribir nunca
Hahaha odio el anonimato! Muestrese carajo! Gracias por tus palabras, hace mucho no escribo y me decepciona a mi mismo. Ya volveré con algo nuevo.
Me enamoré, lo lamento. Caí por error en tu tumblr, y fue lo mejor de mi noche.
Gracias por el mimo! Es increíble la sensación cuando otra persona, en otro punto del mundo, quizás cerca o lejos, caen en mi pequeño espacio y se acomodan por que les gusta. Muchas gracias de nuevo!
¿Cómo proseguir con el amor que es a distancia, cuando tu hombre no es poeta?
¿Usted cree que su hombre no es poeta? Quizás no engalana cada declaración, y cada conversación a media noche que tiene con usted con una prosa delicada y sensible porque no se ha acostumbrado a expresar lo que siente de esa manera, sin embargo le dejo un pequeño fragmento de un libro que dice algo así:
“— ¿Tu eres poeta, verdad? -recuerdo que le dije; al ver la expresión de su rostro me arrepentí inmediatamente de haberlo hecho: Montero había retrocedido como si esquivara un golpe involuntario.
— Todos somos poetas hasta que se pruebe lo contrario -fue lo que respondió.”
Espero haberte ayudado. Saludos!
Quiero
Quiero conocerte más de lo que yo me conozco, para así culparte de esta estúpida locura que quema en mi interior. Quiero saber como besas con el alma desnuda y sólo un par de prendas a las 2 de la mañana. Quiero verte fumar sin ropa ni complejos con tu piel ardiendo de pasión por mi ser. Quiero ver tus demonios, conocerlos y charlar. Que conozcan a los míos. Que se enamoren. Quiero ver como tu cabello rebota por las paredes de la casa cuando te enojas y explotas, y vas a colapsar. Quiero besarte las lágrimas después de tus corajes y las sonrisas después de hacerte el amor. Quiero besar tu espalda un Martes por la mañana debajo de mis sábanas y hacerte el desayuno, un cigarro y un café. Quiero inyectarme de vida contigo y que se nos pasen los días y los meses encerrados en el mundo que estoy pintando para ti. Quiero que mi cama sea la tuya por las noches de Diciembre. Quiero los inviernos, veranos, primaveras, y otoños contigo. Quiero que el frío nos abrace en tu cama después de pelear y mandar todo al carajo. Quiero que las lunas nos duren años y los amaneceres siglos. Quiero que por mis ojos observes mi alma y la sientas palpitar en tu vientre. Quiero hacerte feliz, triste, loca, enojar o destruir. Quiero hacerte. Quiero despertar a tu lado, ver tu cabello hecho un desmadre, curarte la cruda y el corazón. Quiero saber a que sabes desvelada un Jueves apestando a cigarro y otros vicios, cómo yo. Quiero saber que piensas cuando me ves a los ojos y tu mirada me altera el pulso y la respiración. Quiero tocarte, besarte, tomarte, fumarte, descubrirte, odiarte, quererte, destruirte, salvarte. Quiero aferrarme a ti. Más que a mi vida, más que a mi muerte, más que a mi piel. Quiero desearte un poco mas. — Osorio Te quiero hasta la luna, y siempre te voy a querer. Siempre vas a ser mi gordita. Te llevo conmigo porque estas adentro mío. Cuando sienta que la vida me pesa sobre los hombros y me quiera caer, voy a recordar tus ojos y mis ojos mirándose, nuestros labios por rozarse, nuestras narices tocándose. Nuestra piel. Tu risa. El frenesí que vivíamos cuando soñábamos despiertos, pero juntos. Siempre juntos. Gracias por tu amor. Gracias por ser refugio. Gracias por cruzarte conmigo.
Te fuiste a Canadá?
No, quien sos?
Entonces yo era un tipo perseguido por las nostalgias. Siempre lo había sido y no sabía cómo desprenderme de las nostalgias para vivir tranquilamente. Aún no he aprendido. Y sospecho que nunca aprenderé. Pero al menos ya sé algo valioso: es imposible desprenderme de las nostalgias porque es imposible desprenderse de la memoria. Es imposible desprenderse de lo que se ha amado.
Anónimo
Hola, me gusto mucho tu blog tienes un gran contenido y tantas frases inspiradoras, gracias por compartir todo esto con nosotros. 😃 saludos desde colombia
Muchas gracias! Es una alegría inmensa cuando recibo estos mensajes. Le mando un beso y un abrazo enorme desde Buenos Aires a Colombia! (en vuelo directo).
Viéndola caminar hacia el restorán, Martín se dijo que para ella no era adecuada la palabra linda, ni siquiera hermosa; quizá se le podía decir bella, pero sobre todo soberana.
Ernesto Sábato
En el amor no hay posturas ridículas, ni cursis ni obscenas. En el amor todo es ridículo y cursi y obsceno.
Mario Benedetti
Lo único consolador a esa hora era el silencio, quedarse así uno contra otro, oyéndose respirar, viajando de cuando en cuando con un pie o una mano hasta el otro cuerpo, emprendiendo blandos itinerarios sin consecuencias, restos de caricias perdidas en la cama, en el aire, espectros de besos, menudas larvas de perfumes o de costumbre.
Julio Cortázar
Creeme que generas sensaciones en los lectores. Personalmente me generas muchas cosas. ¿Siempre haz querido dar vida a todo esto?
Muchísimas gracias! No siempre he querido dar vida a estas cosas, pero llega un momento en donde uno se da cuenta que escribir es abrir puertas. Es abrir otras realidades. Es reconstruir, echar en papel, y mostrar lo que uno es. Esto es solamente una parte de lo que significa escribir, porque en realidad es un recurso que poseemos todos para expresarnos, donde en definitiva aquel que escribe decide PARA QUÉ hacerlo.
¿Por qué escribes? ¿Qué te apasiona más qué nada?
Escribo porque me interesa contar cosas. Darle vida de nuevo a cosas que ya sucedieron, a cosas que aun no, y también a todo aquello que quizás jamás ocurrirá. Es una manera de tocar los hilos más sensibles del otro. Me apasiona encender una historia a partir de detalles bien contados, provocar al lector un abanico de sensaciones.
Prometerse un “para siempre” es simple inmadurez sentimental. Es más sensato decir que se ama ahora, mucho o poco, pero se ama. Sin venderse telones, ni construir falsos escenarios. Es más sensato dejar la vida en besos lentos con fuertes latidos, sin pensar en el -para siempre-. Ya nos avisará el corazón cuando la sangre no le alcance para bombear otro ‘te quiero’.” Esa frase es suya? Tan bello su blog. Saludos :)
No! Mía no es según me dice la memoria, pero sé que está publicada en mi blog. Hermosa frase, reflexiones colectivas que nos llegan a todos. Gracias por encontrarme, me pone muy feliz que sea de tu agrado! Usted tiene uno? Intuyo que me voy a descubrir en tus gustos, tus “pareceres” y pasiones. Saludos!
Que me abraces y sea domingo con el ruido de esta lluvia intensa de fondo. Me encanta que estes escribiendo de nuevo. Nunca dejes de hacerlo. -B
Gracias, espero que estés sumergiéndote aun mas en lo que amas. No dejes dejes de crecer, te esperan cosas grandes, cosas lindas. Te mando ese abrazo siempre, aun cuando no lo necesites. Un beso.
Nuestras partículas y nuestro amor
—Escribime algo lindo —le pidió ella.
La miró sin pestañear mientras por dentro se admitía que no podía escaparle a su carácter científico, al rótulo que le colocaban aquellos que lo conocían: El nerd empedernido. El enfermo por la física. Pariente lejano (y no reconocido) de Stephen Hawking.
Entonces se levantó del suelo y, sin dejar de mirarla, sin dejar de nadar un poco mas en esos abismos marrones, despegó su pierna del muslo femenino. Una media sonrisa bocetada debajo de su nariz delataba de alguna manera lo que iba a escribir. Enfiló para el pizarrón, alzó con su mano derecha un pedazo de tiza y mientras sentía cómo la mirada de ella le recorría la nuca y la espalda, escribió: “(∂ + m) ψ = 0”.
—Eso será lindo para vos nada más —le dijo entre carcajeadas ella.
Con su sonrisa aún firme, y sacudiendo el polvo de sus manos le dijo en una nube de calma:
«Eso que escribí ahí es la ecuación de Dirac. A partir de esto, se explica el fenómeno de entrelazamiento cuántico, que en la práctica dice: “Si dos sistemas interactúan entre ellos durante un cierto lapso de tiempo y después se separan, lo podemos describir como dos sistemas separados, pero que de alguna manera sutil se transformaron en un solo sistema. Uno de ellos sigue influyendo en el otro, a pesar de kilómetros de distancia o años luz”.
Esto es el entrelazamiento cuántico o conexión cuántica. Dos partículas que, en algún momento estuvieron unidas, siguen estando de algún modo relacionadas. No importa la distancia entre ambas, aunque se encuentren en extremos opuestos del universo. La conexión entre ellas es instantánea.»
— Giancarlo Di Nardo
Que me abraces y sea domingo
Siempre creí que la música era el arte más directo de todos. El que más rápido corría por dentro de nosotros. La mezcolanza de la palabra y la melodía se convierte en una especie de chispero de recuerdos y preguntas. Nos hace arder. Por eso cuando pasé por delante de esa cafetería olvidé a dónde iba y qué tenía que hacer. Fue culpa de esa mezcolanza.
El lugar era minimalista. El gris, el negro y la rusticidad de la madera predominaban las paredes y los techos. Se respiraba una tranquilidad inamovible. Tomé asiento en una mesa del primer piso donde no había nadie y me descolgué la mochila de los hombros. Con los codos apoyados sobre la mesa y con la computadora portátil abierta en frente mío me dejé llevar por un aura de remembranzas, de cosas ya vividas. Se encendía en mí —al igual que los faroles de la calle— una vibración contradictoriamente feliz pero melancólica que no tenía nombre, que no encontraba en mi memoria donde realmente pertenecía pero que aun así, tenía sentido.
Desde que me senté en esa mesa escondida despegué la vista de la pantalla tres veces. No hay nadie en el primer piso donde me encuentro, entonces quizás sea por eso. La primera vez que corrí la mirada fue para no ser un mal educado con el mozo que me preguntaba qué iba a pedir. La segunda para contemplar la lenta caída de los copos de nieve, la manera en que bailaban en el aire antes de dormirse sobre el marco del enorme ventanal. Y la tercera recién ahora, después de una hora y media de la última. Ésta vez la veo subir las mismas escaleras que subí yo. Ahora entiendo. Ahora esa vibración tenía nombre. Ahora sé en qué lugar de la memoria pertenecía aquello que me invadió al entrar.
Ella pisa el mismo suelo que yo con la capucha de su buzo gris recubriéndole la cabeza y sin mirarme se sienta en la mesa del lado. Me quedo inmóvil mirándola. No es la forma en que acomoda unos mechones sueltos detrás de su oreja, ni sus gestos sutiles, ni tampoco su desmedida obsesión que se le nota hasta en los detalles. Es que la conozco. Es ella. Increíblemente era ella. Mi cabeza empezó a hablarme. ¿Qué hacía acá? ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Se acordará de mí? Espero que sí.
—Seguramente estará de viaje fotografiando distintos rincones del mundo. Siempre supe que le iba a ir bien— me repetí a mí mismo.
Contuve la histeria y mi cabeza hizo silencio. Ella ni me percibe. Muevo la silla y me acomodo innecesariamente para que se dé cuenta. Nada.
—No puedo creer que estás acá — le digo.
No me contesta. Ni me mira. Como si no hubiese hablado, como si justo pasó un tren de cargas y no pudo escucharme. Peor, como si yo no estuviese ahí, en la mesa de al lado mirándola fija con los ojos brillosos.
—Ey, soy yo.
Mi voz muestra el agujero que se está abriendo en mi pecho. Ella ni se mosquea.
Esto no puede estar pasando.
Cierro la portátil y me acomodo de manera que puedo verla mejor. En su cara se nota un tono gris, apagado. Aún sin notar mi existencia, como si yo fuese un fantasma, saca su cámara fotográfica. Ignora todas las fotos mientras su dedo vertiginosamente—como una máquina de coser— aprieta el botón para cambiar de imagen. De repente se frena. Estoy yo en la foto posando como un tonto, lo cual me hace reír y a ella también. En su cara podía ver la convivencia de dos emociones. Su boca esbozando una sonrisa y sus ojos reteniendo la tristeza. Cambia de foto. Estoy yo de nuevo de perfil, esperando el subte. Vuelve a cambiar y aparezco de nuevo, pero ésta vez, una lágrima mancha la pantalla de la cámara. Ahora otra. Y otra. El llanto se le quiebra y yo tampoco puedo dominar las lágrimas.
Esas fotos nos decían a ella y a mí —con un gesto melancólico— “acá éramos felices. Ser feliz era esto, pero qué le vamos hacer”.
Ella apagó la cámara luego de unos minutos y cerró los ojos. Yo me limpié las lágrimas con la manga de mi campera, porque para mí, las mangas servían para eso: Para secar nuestras lágrimas.
Continué contemplándola y vi como agachó la frente, derrotada. —Siempre con la frente en alto, ¿te acordás?
Apenas le susurré eso, levantó el mentón. La frente en alto.
—Ésta vez te escuchó— me dije a mí mismo.
Me abalancé a abrazarla, y de repente, Click. Alguien apagó las luces y las volvió a prender.
Me desperté agitado. Asustado por el sobreesfuerzo que estaba haciendo mi pecho por respirar, alcé la vista y la vi: Ella desnuda, con su pierna encima de mi estómago, en una especie de abrazo de muslos.
— ¿Qué pasó gordo? — la escucho murmurar con los ojos cerrados. —Nada, linda. Seguí durmiendo. Miro el reloj y son las 5:30 de la mañana. Es domingo. Nos vamos a despertar y vamos a desayunar. A desayunarnos.
Cierro los ojos y antes de que me vuelva el sueño, sonrío y me digo: —Ser feliz es esto—.
— Giancarlo Di Nardo