Desalojos (2)
I.
Laura apila sus libros. Laura los vuelve a desordenar y los vuelve a apilar de otra manera, y así los va moviendo por el cuarto, y así va intentando sacarlos de ahí y dispersarlos por la casa para luego recogerlos de nuevo y ser capaz de ponerlos en cajas que se va a tener que llevar también a regar a otra parte. Quizá si los libros fueran semillas, quizá si los libros fueran más ligeros y luego crecieran para bifurcarse infinitamente. Aunque eso lo hacen. Hay libros que puede. Pero estos, los de la mudanza, parecen hechos de plomo o de hierro, inamovibles, rehusándose a abandonar sus posiciones, apenas concediendo que se los ponga en pilas pero no más que eso. Habrá que tomar la sopa del rey león, engaño de la abuela de Laura para que Laura se tomara la sopa cuando tenía siete años. Laura pensaba que la sopa de avena era la preferida de Simba hasta el día que descubrió que los leones comen es carne y no sopa de avena, pero ya era tarde y se quedó con ese nombre y con la promesa de hacerlo a uno grande y fuerte como Mufasa. Lo suficiente para cargar todos los libros leídos y a medio leer que antes pesaban sólo en la consciencia y ahora pesan también en los brazos y en las piernas y en algún punto de la espalda por hacer una mala fuerza.
II.
Me falta el aire tratando de empacar seis años fallidos de mi vida. A lo mejor no fallidos, pero es como si los papeles y los vestigios ya parecieran ruinas de esto que todavía puedo conjugar en presente. Temo. Temo porque es asumir definitivamente esta pérdida. Temo porque no sé si estoy lista para partir y empezar en otra parte que también será temporal, aunque todo lo sea en el fondo. Temo no haber hecho todo lo que podía hacer estando aquí porque ya es tarde y se me fue el bus y estoy sentada viendo los libros y pidiendo que se ordenen solos porque yo no puedo, me falta el aire. Me falta cuando recuerdo todo lo que soñaba ser cuando llegué a esta casa, todo lo que creía que para esta edad ya sería y tendría y podría. Pero de pronto está bien no estar bien, no haber cumplido a cabalidad todos esos sueños porque habrá tiempo y se puede refundir uno un poco, y se le puede perder un poco de ese tiempo en los bolsillos y los cajones y debajo de la cama donde había un zapato que llevaba una semana buscando. Tal vez pase así con esto y cuando mire de nuevo esta escena ya sepa cómo trastear conmigo.












