Endless list of films I love- Knives Out (2019)
“I suspect foul play. I have eliminated no suspects.”
No title available

roma★
Misplaced Lens Cap

祝日 / Permanent Vacation
Show & Tell

No title available

Janaina Medeiros

No title available

shark vs the universe
tumblr dot com
DEAR READER
dirt enthusiast
styofa doing anything
Peter Solarz
No title available
2025 on Tumblr: Trends That Defined the Year
No title available
I'd rather be in outer space 🛸
Not today Justin
will byers stan first human second
seen from United States

seen from Türkiye
seen from United States

seen from Italy

seen from Türkiye
seen from Türkiye

seen from France

seen from Singapore
seen from United States

seen from Australia
seen from Ireland

seen from United States

seen from Australia
seen from Netherlands

seen from Türkiye

seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from Italy
seen from Türkiye
@aragura
Endless list of films I love- Knives Out (2019)
“I suspect foul play. I have eliminated no suspects.”
this is so beautiful, there is so much warmth in this single moment, just the security of being where you belong
darrencriss Charles William Criss, Jr.
May 1941 - April 2020
April 27, 2020
REST IN ETERNAL PEACE MR. CRISS ♥
Darren Criss - June 2018 (x)
best of kurt hummel
Darren Criss as Raymond Ainsley | HOLLYWOOD | Photo by NETFLIX
endless list of fav ships~ rosie and alex//love rosie
4/∞
“no matter where you are or what you’re doing, or who you’re with
i will always honestly, truly, completely
love you”
Grease (1978) dir. Randal Kleiser
People love what other people are passionate about.
La La Land (2016) dir. Damien Chazelle
aaaaaaand then there’s HeMo
Mi aborto personal es político
Cual trama de programa televisivo, no sabía que estaba embarazada. Tenía dos meses de gestación y apenas me enteraba. Tengo 28 años,soy estudiante de posgrado, no tengo pareja estable, me mantengo sola, ahorropara mis viajes y cursos además de uno que otro gustito y por el momento noquiero ser madre, no quiero tener hijos.
No siento que necesite ninguna justificación; seguir mi sueño profesional no es una excusa, podría ser madre a la par. El apoyo no es pretexto, cuento con grandes seres humanos que sé con certeza me apoyarían, empezando por mi familia y siguiendo con mis amigos. El dinero no es pretexto, hay familias enteras que viven con menos de lo que yo gano al mes. Que haya sido con una pareja casual tampoco es pretexto, sé que el hombre con quien tuve sexo es un gran ser humano y seguramente hubiera recibido algún tipo de apoyo de su parte. Así que, por lo pronto, el único motivo que tengo para interrumpir este embarazo es simplemente que no quiero ser madre, no quiero tener un hijo.
Enterarme fue shockeante, la primera prueba casera de embarazo que me hacía en mi vida salió positiva. La primera prueba de sangre salió positiva. Ni siquiera lo dude por un segundo, abortar era la única salida de esto que se sentía como una pesadilla. Inmediatamente llamé al ILETEL. Servicio de Interrupción Legal del Embarazo en México D.F. y jamás me había sentido tan afortunada de vivir en esta ciudad como en ese momento. Vivo en un lugar donde tengo las herramientas y facilidades necesarias para ejercer mis derechos, para llevar a cabo mis decisiones de la forma más segura posible. Me orientaron y atendieron tan bien, tan amablemente, atentamente, resolvieron todas mis dudas y sobre todo, me hablaron en un tono tranquilizante y cuidadoso, haciéndome sentir segura y tranquila sobre mi decisión. Me informaron paso a paso de lo que tenía que hacer, desde los documentos que tenía que presentar hasta el camión que podía tomar para transportarme al lugar.
Me levanté muy temprano, mucho más de lo que me gustaría, para ser la primera en llegar al hospital y ser atendida con certeza, pues solo atienden a unas cuantas mujeres al día. Estaba nerviosa y con miedo de no ser atendida, de que siguiera pasando el tiempo y estas células dentro de mí siguieran creciendo. Resultó que ese día no laboraban y me llené de frustración. Ese mismo día decidí atenderme en una clínica privada, Marie Stopes, casi 3 mil pesos me cobraron por una interrupción con pastillas. Me pareció un excelente precio para acabar inmediatamente con esta situación.
Me dirigí el mismo día a sus instalaciones, me atendieron maravillosamente. Fue ahí donde me enteré que, aunque yo creía que tenía 27 días de gestación, en realidad tenía 8 semanas. Dos meses de mí vida viví sin saber que estaba embarazada, sí había menstruado, me había bajado mi menstruación normal, de eso estoy segura; sobre los otros síntomas, no puedo creer que los confundí con el estrés, qué cliché, pero así fue. Suelo estar muy al pendiente de mi cuerpo y sí identificaba esos síntomas pero no los atribuía a un embarazo pues hasta donde yo creía, no tenía nada de qué preocuparme.
Me asusté muchísimo, 2 meses es muy diferente a 27 días. El tamaño de lo que estoy gestando es mayor, quizá el dolor sería mayor, quizá el riesgo de que el aborto no se concluya es mayor. Ahora mi miedo era que no se abortara todo por completo, pues el tiempo es apremiante, no podía darme el lujo de que pasaran más semanas con esto creciendo dentro de mí. Me orientaron e informaron excelentemente, tanto que estoy sumamente agradecida. Me dieron mi primera dosis, 1 pastilla de mefipristona, no sentiría nada durante 24 hrs, solo serviría para desprender el saco gestacional. Volví a casa llorando sin parar, la noticia de los dos meses me había impactado. No podía creer que no lo había notado, me sentía traicionada por mi cuerpo.
Desde el primer momento de esta historia estuve acompañada por los mejores seres humanos que son parte de mi existencia, amigas y amigos que cercanos y a la distancia me apoyaron y llenaron de amor. Nunca me cuestionaron, solo me escucharon, apapacharon y respetaron cada decisión. El shock pasó con ayuda y compañía de ellos y ellas, me hacían olvidar por momentos lo asustada que estaba.
La mañana siguiente desperté con muchos nervios, quería vomitar, náuseas causadas por el embarazo y náuseas causadas por los nervios. No quería comer pero sabía que debía estar fuerte para el proceso que me esperaba a lo largo del día. Un jugo y un pan fueron suficientes. Estaba sola con mis pensamientos, muriendo de miedo por el dolor que me esperaba. Poco a poco mis amigas y amigos se fueron manifestando por mensajes y llamadas para saber cómo estaba y me daban palabras de apoyo y fuerza para emprender esta experiencia, me recordaban quién soy y cuán resistente al dolor soy, me recordaban mis ideales y mis motivos, estuvieron ahí para mí.
Dieron las 12:00pm, hora de tomar las primeras pastillas. A los 30 minutos comenzaron los síntomas, escalofríos y mareos. Me dio miedo, los escalofríos siempre me dan miedo pues no se pueden controlar. Me calmaba intentando pensar cosas positivas pero cada vez se intensificaban más los síntomas. Llegó un amigo a cuidarme, apenas pude caminar a abrirle la puerta. Estaba débil, no podía ni pensar, me dio diarrea y los calambres en el útero eran fuertes. Estuve sentada en el escusado como 30 minutos, gimiendo de dolor. Nada salía de mí, pero era la única posición que podía soportar. Vomité hasta que mi cuerpo no podía sacar ni un alimento más. Mi cuerpo sufría contracciones del útero y del estómago. Mi cuerpo quería desechar todo de mí. Vaciarme. Comencé a hacer vocalizaciones y terminé repitiendo mantras aprendidos en mis clases de yoga, concentrándome en la vibración de los sonidos y en mis respiraciones profundas.
No dejaba de pensar en lo difícil que es ser mujer. Por primera vez en mi vida lo estaba viviendo; ser mujer no es cosa simple, un simple descuido compromete tu cuerpo, tu mente y tu alma. Una hora después, los síntomas comenzaron a disminuir, me sentía muy débil pero ahora solo quedaba el eco del dolor. Me comenzó a dar hambre y sed, ya sin las malditas nauseas que no me habían dejado comer como me gusta en los últimos días. Aun no empezaba a sangrar y eso me preocupaba. Quería seguir sintiendo dolor y sangrar para asegurarme que todo salía de mi pero nada.
A las 3 horas empecé a sangrar abundantemente, pero sin coágulos, eso me preocupaba sobremanera. Necesitaba ver coágulos para asegurarme que quedaba vacía, pero nada. Mi día prosiguió tranquilamente, acostada con cólicos, pero nada que no hubiera sentido antes. Puse incienso de copal, series de comedia en la computadora, una manta eléctrica sobre otras dos mantas calientes sobre mí. Llevaba un registro meticuloso de cada síntoma, hora de inicio y hora de fin y platicaba de todo y nada con mi amigo mientras las horas pasaban.
Llegó mi amiga y me preparó un té y sopita de fideo con verduras. Mientras estaba acostada adolorida mi amigo me acariciaba y platicábamos trivialidades, mi amiga me contaba una más de sus grandiosas aventuras llena de alegría. Yo reía con sus historias y me sentía agradecida de que me estuvieran acompañando.
Cada vez me sentía mejor, al grado de irme a acostar un rato a la sala. Los tres nos pusimos a ver videos de canciones relacionadas con la menstruación, nos reíamos de mí y de mi abundante sangrado y seguíamos platicando. Así transcurrió el día, como cualquier otro día de flojera en esta casa, risas y anécdotas iban y venían. Llego otra amiga con un par de girasoles para mí. Hace 5 años que no me regalaban flores y bromee diciendo: “Lo que una tiene que hacer para que le regalen flores, si no aborto no me regalan” y reímos todos, el tema no era un tabú, no era una vergüenza, no era algo negativo, era algo que solo estaba sucediendo mientras el mundo seguía girando.
Escuchamos música de nuestro pasado y cantamos y reímos, una sensación me hiso levantarme al baño, me revisé y seguía sangrando con normalidad. Volví a la sala y de repente sentí como algo salía de mí y caía sobre mi toalla sanitaria. Lo sentí claramente. Me asuste y les dije: “tengo miedo de ir al baño, ya sucedió, tengo miedo de lo que veré” y me fui al baño. Lo pensé durante unos segundos intentando imaginar lo que vería, no pude evitar pensar en un bebé. Al bajar mis calzones vi sobre la toalla un coágulo morado y de pronto cayó al escusado. Era del tamaño de una uva y al caer al agua se expandió como una plasta gelatinosa. No tenía forma de nada, no se percibía nada, solo una plasta moradosa. Mi amiga lo vio, lo analizamos por unos minutos hasta que decidí jalarle al baño. Fue una acción llena de significado para mí y mi amiga dijo: “adios a todo lo que representa”. Me conmoví y me despedí. Por lo que fue, por lo que pudo ser y por lo que nunca será.
Quedé en shock por varios minutos, volví a la sala, todos quedamos un poco reflexivos hasta que las risas, la música y las anécdotas regresaron. La noche transcurrió normal. Yo observaba lo que sucedía y me conmoví. En todo momento estuve rodeada de amor y apoyo, esta experiencia no fue negativa, no hubo culpa, no hubo vergüenza, no hubo reproches ni juicios. Fue un momento compartido de la vida.
Dos amigas y un amigo estuvieron al pendiente por mensajes. Les informé que ya había acabado todo, que estaba impactada por lo que había visto pero tranquila porque ya estaba acabando esa pesadilla. Ellos me recordaron mis motivos una vez más, me apoyaron y me ayudaron a visualizar todo lo positivo que viene para mí en el futuro.
Como quisiera que muchas mujeres tuvieran la oportunidad de tomar esta decisión por ellas mismas y al mismo tiempo estar rodeadas de apoyo y amor como lo estuve yo. He tenido mucho tiempo para reflexionar sobre mis decisiones, mi vida y la vida. Definitivamente me quedo con el amor que viví.
Estoy segura que seré una gran madre cuando decida serlo, cuando lo DECIDA.
Han pasado 4 días desde que me enteré, 13hrs desde que tome las pastillas de misoprostol. Creo que ya salió todo de mí, sigo sangrando y con cólicos pero a eso ya estoy acostumbrada. Aún queda una cita de seguimiento donde me informaran si ya no estoy embarazada. Sigo con miedo de que me digan que sí lo estoy. Pero creo que ya no, creo que eso que expulsé y me impactó era todo lo que tenía que sacar.
Una vez más, la interrupción legal del embarazo salva vidas, no solo porque lo podemos hacer de manera segura y accesible. Sabemos que en todos los estados existen personas que realizan estos procedimientos, pero hacerlo con el apoyo y orientación adecuada nos permite entender que lo que estamos haciendo está bien, que no somos la primera ni la última en tomar esta decisión. Nos permite calmar los miedos pues sabemos a quién recurrir en caso de emergencia, nos permite seguir con nuestras vidas sin odiarnos ni castigarnos eternamente por nuestras decisiones y por ultimo me ha permitido estar en paz por ser congruente conmigo misma.
Definitivamente, ser mujer es difícil porque nos lo hacen difícil. Limitándonos, controlándonos, pisoteando nuestros derechos humanos. No sé si ser mujer sea más difícil que ser cualquier otra cosa, no lo creo, quizás, ser humano sea difícil, porque la vida es compleja y está llena de retos. A pesar de mi experiencia y de muchos momentos de impotencia que viví, aún no sé si pensar que ser mujer sea más difícil que todo lo demás. Cuando se tienen los recursos necesarios para salir adelante, salimos adelante. Quienes no pueden derrotar esos obstáculos, no creo que se deba a su condición de mujer o de hombre o de lo que sea, quizá se deba a muchos otros aspectos que nada tienen que ver con el sexo y con el género.
De mi experiencia interrumpiendo mi embarazo me quedo con los muchos abrazos de cariño que recibí, con las miradas y sonrisas de apoyo, con los recordatorios de fuerza, con los mensajes de cuidado, las llamadas de chequeo, los muchos “te quieros”, las comidas consentidoras, las flores del sol, las promesas de comidas deliciosas para cuando pasara esta situación y el excelente servicio que se brinda a mujeres en mi situación en la Ciudad de México.
Muchas mujeres salen de estas experiencias con tristeza y culpa. A mí, hoy a casi 24 hrs de lo sucedido, me inundan sentimientos de fortaleza y gratitud.
Volví a mi cita de revisión, una amiga me acompañó. Íbamos contentas platicando. Sabíamos que nos dirían que ya había terminado todo. Pero todo lo contrario, me dijeron que tenía que tomarme otra dosis de misoprostol, mi útero no se había vaciado. Me asusté mucho, no quería que siguiera ese embarazo, quería que se terminara todo ya. Ya me habían dicho que eso era normal, que le solía pasar a muchas mujeres y que los síntomas serían mucho menos dolorosos. Pasamos a la farmacia mientras regresaba a mi casa por un poco de ketorolaco para el dolor. En mi casa preparé el escenario, pues ya sabía exactamente lo que sucedería. Otra vez tenía miedo al dolor. Veinte minutos después de tomar la dosis empezaron los síntomas, pero esta vez mucho menos intensos. Mi amiga tuvo que irse y me quedé sola, esta vez quería estar sola, estar conmigo misma.
Comenzó el sangrado, abundante y de color tal como una menstruación. A partir de entonces no dejé de sangrar por un mes completo. Me fui a visitar a mi familia y decidí no compartir lo que estaba pasando hasta sentirme emocionalmente estable para soportar cualquiera que fuera su reacción. Tenía mucho miedo, según yo en Monterrey no existe un lugar al que pudiera recurrir si tenía dudas o me pasaba algo. Lo que más me daba miedo era seguir embarazada sin saberlo, a pesar de que sangraba ese pensamiento rondaba en mi cabeza. Cada que me preocupaba mucho llamaba a la línea de atención Marie Stopes y siempre me tranquilizaban. Tenía que dejar a mi cuerpo hacer lo suyo, darle su tiempo para acomodar todo y sanar lo que sea escenario sanar. Al mes volví a mi cita de revisión y me informaron que ya estaba todo bien. Que la sangre que tenía en ese momento era mi menstruación. Es indescriptible el alivio que sentí. Lloré de paz, felicidad. Mi vida volvía poco a poco a su curso.
Una vez que sucedió todo, tuvieron que pasar algunos meses para asimilar la situación. No por haberme hecho un aborto, esa era la parte que más tranquila y satisfecha me hacía sentir. Pero inevitablemente mi cuerpo estaba pasando por muchos cambios. Requirió que pasaran como 4 meses para sentir que mi cuerpo volvía a su normalidad. Mis hormonas estaban por todos lados pero sobre todo, había dejado de confiar en mi cuerpo. Ahora todo lo que sentía me daba miedo. Si tenía sueño, si me daba hambre, si algo me caía mal y me enfermaba del estómago, si me daban antojos, todo, todo, todo, me hacía desconfiar. He perdido la cuenta de cuántas pruebas de embarazo me he hecho desde entonces. Tener mi menstruación no me hace sentir tranquila. Me puse el DIU, uno que genera menos molestias. No he tenido cólicos fuertes ni sangrado más abundante como te dicen que puede suceder.
Han pasado ocho meses y aún me siento tranquila con mi decisión. Con el paso del tiempo y el compartir de mi historia me entero de muchas historias similares, con la diferencia de que en esas historias hay dolor emocional, culpa, llanto, vergüenza, miedo. Historias de mujeres que lo hicieron a diferentes edades, cuando eran adolescentes o en sus veintes, en sus treintas. Me cuentan que la experiencia lo fue así, pero ninguna se arrepiente ni lo haría diferente. También historias de hombres que acompañaron a sus amigas cuando tomaron la decisión de abortar y de otros hombres que respetaron la decisión de sus parejas cuando ellas decidieron abortar.
La experiencia de apropiarme de mi cuerpo desde la decisión de interrumpir mi primer embarazo ha trascendido a otras áreas de mi vida. Esto no es un secreto para mí, no es una vergüenza y no es algo malo, por lo tanto lo comparto cuando lo creo necesario, lo comparto como una historia más de mi vida, como comparto mis amores y desamores, mis sueños y preocupaciones profesionales, mis alegrías y mis tristezas con amigas. Lo comparto porque es parte de mí, porque fue un momento que me ayuda a crecer, a conocerme, a revisarme y a aceptarme.
Desde el primer momento supe que no lo mantendría en secreto y por lo mismo, lo hablaría con mi familia. En el momento, decidí no compartir lo que me estaba pasando con mi familia. La decisión estaba tomada, es mi cuerpo, mi vida. Quise ser responsable y resolverlo por mí misma, porque es mi vida. Esperé a sentirme tranquila y estable emocionalmente para platicarle a mi familia.
No creo que todas debemos platicarlo con nuestra familia, pero yo tenía esa necesidad. Para mí el aborto no es algo negativo, no lo era antes de hacérmelo y no lo es después de haber vivido la experiencia. No estoy dispuesta a cargarlo como un secreto y reforzar el estigma que se ha construido en torno a la práctica. La verdad me hiso libre y hablarlo con las personas importantes en mi vida fue una oportunidad para mostrarme transparente y sin barreras. Indudablemente me ayudó a sanar mi relación con las principales mujeres de mi vida: mi madre y mi hermana. A ellas las admiro como mujeres y reconozco que son excelentes madres. Ser escuchada y apoyada por ellas me ayudó a aceptarme como una mujer valiosa. Aunque no quiera ser madre, valgo por lo que soy, no por los hijos que tengo ni por la pareja que elijo. Las reacciones de mi padre y mi hermano me sorprendieron. Fue un respeto total por mi decisión. Me hicieron preguntas y me ayudaron a reflexionar sobre mi experiencia, pero ante todo, manifestaron que es una decisión de la mujer y que ellos solo están ahí para apoyar cualesquiera que sean mis decisiones en la vida.
Al compartir mi historia no he recibido un solo comentario negativo. Me sorprende cómo con casi cada persona que comparto me responden con una historia propia o de alguien que aman que tomó la misma decisión. La verdad es que los abortos siempre han existido y seguirán existiendo. En mi idealismo solo espero que más de una mujer tenga la oportunidad de vivirlo como lo viví yo, en la comodidad de mi casa, con linda compañía, amor, comprensión y mucho aprendizaje.
Hoy, después de ocho meses me recuerdo constantemente el dialogar con mi cuerpo, no volverme a olvidar de él, de cuidarlo y poner atención a sus cambios con los que se comunica conmigo. Me siento agradecida conmigo misma y con la vida con cada paso que doy, pasos que yo decidí, no me sucedieron por azar.
Desde que me hice un aborto he tratado de leer todo lo que me encuentre en la red. Muchas cosas me hicieron preocuparme de más, hay poca información clara sobre la experiencia y más aún sobre el aborto con pastillas. Creo que es la mejor opción que puede existir. Si tienes la necesidad de hacerlo, no tengas miedo. Creo que poder hacerlo en nuestras propias casas es toda una revolución. Hagámonos ciudadanas de nuestros cuerpos desde nuestros hogares.
ILETEL
5740 8017 y 5132 0909 línea de ayuda para Interrupción Legal de Embarazo en el Distrito Federal http://www.ile.mx/
Marie Stopes
tel: 55 43 00 00 www.mariestopes.org.mx/
Fodo María
https://www.facebook.com/mariafondo/timeline - http://www.redbalance.org/maria/
Women on waves
http://www.womenonwaves.org/es/page/707/questions-and-answers
“The only straight I am is straight up bitch.”
dailydarrennews:
Source