( MK. )
âNo seas aguafiestas, Ben,â reprochĂł la de dorados mechones mientras un bufido se escapaba de sus rosados labios. Lo cierto era que sabĂa que no era lo mejor plantar esa clase de ideas en la cabeza de niños tan menores, que solĂan imitar las acciones de sus mayores y tenĂan como ejemplo a aquellos jĂłvenes por lo que restaba del verano, pero tampoco se habĂa percatado de la gravedad del asunto, âte prometo que no va a pasar nada malo, los voy a tener bien cortitos para que se porten bien y no hagan destrozosâ.
â No dudo de tus grandiosas habilidades, MK. â replicĂł a las palabras contrarias, con una media sonrisa aferrada a sus carmesĂs. Confiaba en ella, por su puesto que lo hacĂa, mĂĄs aquella personalidad casi paternal que bien le caracterizaba lo obligaba a preocuparse hasta por el menor de los detalles. â Pero, uh, no me gustarĂa ver a un pequeño corriendo con ojo morado por ahĂ. âÂ











