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ooc;
Se removió nerviosa al oírle hablar, le molestaba que la tratasen de una manera especial por el simple hecho de haber perdido a sus padres. Meneó con suavidad la cabeza, descendiendo su mirada hacia sus pies. —N-no tienes que hacer ésto… Bryson —murmuró, presionando sus labios—. No he cambiado, ¿vale? Soy la misma Joy de siempre, nada más que aterrada a los espacios cerrados —bromeó, fingiendo una pequeña sonrisa—. T-tú no entiendes… Ojalá duera por decisión propia —hizo referencia a las marcas en sus brazos, ladeando su cabeza—. No tengo opción. De otro modo mis ataques serían mucho peores —jugueteó con sus pulgares, algo nerviosa—. Hay algo que no te he contado… Al principio, los psiquiatras que me trataron no habían considerado que se tratase de una fobia, más bien de una enfermedad mental —admitió, rascando su nuca frenéticamente—. Me encerraron en habitaciones en las que apenas cabía un niño de siete años —soltó una pequeña risa sarcástica, sacudiendo su cabeza—. Te puedes imaginar el escándalo que he armado allí dentro. Y éso lo único que hacía era darles más razones para encerrarme —musitó, incorporándose de un salto—. Y-ya no quiero hablar sobre ésto —su voz quebró al finalizar aquella última oración, incorporándose bruscamente y apartándose unos centímetros del muchacho. No le fascinaba la idea de abrirse por completo hacia él, deseaba que la quisiese por cómo era y no por lástima. Qué va, detestaba estar lejos de él. Sus ojos se iluminaron nuevamente, y le miró como si le suplicase en silencio que rompiera con la distancia.
Apretó los labios en una fina linea mientras ponía fuerza en su mandíbula. —No me importa si debo o no... Yo lo haré, porque quiero hacerlo.— Hablo de la manera más controladora que podía para recalcar su decisión pues no le importaba cuanto le alegara Joy, no dejaría que nada le pasara. —Eso lo sé... Créeme cuando te digo que... Mi percepción sobre ti no ha cambiado ni un poco.— Trató de sonreír un poco para alejar a la morena de la idea anterior y bajo la mirada como si contara una broma privada. —Bien... En ese caso, no importa. Yo estaré ahí si lo necesitas, si así lo quieres estaré ahí en cada momento. Aunque siéndote sincero no aceptaré un no por respuesta.— Ahí estaba de nuevo ese tono controlador que tantas veces quiso alejar de la morena, pero que en está ocasión dejo salir por completo. Cuando Joy se levanto alejándose de su lado podía sentir una presión en el pecho por la mínima idea de ella yéndose. Imitando los mismos movimientos de la muchacha se incorporo y miró el rostro ajeno, tratando de captar bien las emociones que éste reflejaba. —Tema terminado.— Leyendo su rostro y sin pensarlo dos veces dio pasos rápidos acercándose a la chica y como si sus brazos se movieran por interacción propia rodearon el delgado cuerpo contrario empujándolo un poco para sentir contacto con el suyo. —Te amo.— Soltó cerrando los ojos mientras mantenía la cabeza inclinada y sumida en el cuello contrarió, suspirando su aroma. Sentía que las palabras quemaban a su subconsciente, pero no le interesaba. Poco a poco presentía como si su corazón se detuviese debido a la confesión; su respiración se tornaba uniforme y por primera vez después de muchos años, Bryson sintió miedo, miedo a sus palabras.
Respiró con dificultad, haciendo grandes esfuerzos para lucir calmada. Le miró fijamente a los ojos, tomando las manos ajenas entre las propias, trazando círculos sobre ellas con ambos pulgares. —D-de pequeña tenía una familia, ¿sabes? Una muy bella, por más que quizás haya sido un accidente o no. Quién sabe, eran sólo un par de adolescentes. Mis padres se llamaban Dominika y Sebastian. Eran muy guapos, ambos castaños de ojos color avellana. Y lucían siempre unas grandes y resplandecientes sonrisas —comenzó, entusiasmándose al hablar de sus padres. Había visto varias fotos y videos caseros en los cuales aparecían los tres, como una pequeña familia feliz—. Hasta que… —su voz se quebró, incapaz de pronunciar otra palabra. Forzó una sonrisa, rascándose por detrás de la oreja con una de sus manos—. U-un diecisiete de Agosto por la madrugada una beba insoportable llamada Jocelyn no podía conciliar el sueño, por lo tanto sus padres la llevaron a dar un paseo en automóvil… C-creo que ya sabes cómo terminó toda ésa historia —obvió, sin deseos de recrear la escena—. Perdí todo lo que alguna vez había amado, y apenas tenía meses de haber nacido —se lamentó, presionando sus labios con fuerza hasta que un hilo de sangre se escurrió por ellos—. Ésa noche, aunque no la recuerde en absoluto, me ha marcado de por vida, según los psicólogos que me han analizado. Y así se origina mi claustrofobia. Aunque nadie está seguro si se ha provocado porque no podía huir de la escena, o por el pequeño espacio en el que me encontraba —en el asiento de un carrito para bebés—, o por cómo quedó el móvil luego de ser arrollado —ladeó su cabeza, luego fijando su vista en las marcas en sus brazos—. Cada vez que me agarra un ataque de pánico… M-me hago de éstas —señaló sus moratones con un gesto con el mentón—. Son involuntarias, es como una clase de reflejo. De alguna manera el dolor me devuelve a la realidad, como si tratase de despertar de un mal sueño. Aunque no siempre funciona —ladeó su cabeza, fijando nuevamente su vista en el muchacho—. Aquí tienes tu explicación. pero deberás decirme, ¿cómo interpretarás la verdad?
Mientras ella hablaba, Bryson trataba de concentrarse en nada más que en sus palabras, la miraba y contemplaba su perfil, humedecía sus labios nervioso, preguntándose '¿qué pasara después de esto?' no sabía ni quería averiguar cuales serían sus pensamientos después de que Joy terminara de hablar. Con cada palabra él simplemente se guardaba sus comentarios y esperaba a que ella pudiera terminar de soltarse. De momentos su mirada se perdía imaginando a la chica en sus primeros años, se preguntaba las cosas por las que tuvo que haber pasado y tragaba en seco cada vez que la imaginaba sufriendo sin nadie a su lado. Joy empezaba a mencionar sus terapias con los psicólogos y la razón que estos daban a su claustrofobia, al momento de tomar este tema Bryson se limitaba a acariciar con sus pulgares los brazos de Joy, los miraba y sentía como si su corazón estuviera encogiéndose hasta el punto de detenerse, detestaba el hecho de que ella se pudiera lastimar a si misma y más le molestaba la idea de que nunca pudiera hacer nada al respecto. —Joy... Yo no soy nadie para juzgarte. Lo único que puedo pedir en estos momentos es que tú sepas que el accidente en ningún momento y por ninguna razón puede ser tú culpa. Nunca te atrevas a culparte por eso o por... Ésto.— Soltó mirando los brazos contrarios. —Mira... Se que no puedo prometerte nada, pero, quiero que sepas que mientras tú me lo permitas, nunca dejaré que nada te suceda. Quiero prometerte que yo haré todo lo que esté a mi alcance para hacerte sentir segura, que poco a poco no sientas la necesidad de lastimarte a ti misma, que... Te sientas amada.— Cuando soltó las últimas palabras su corazón se aceleró a mil por hora, sentía como si sus ojos ardieran buscando encontrar los contrarios. Acarició con su mano la mejilla de la morena y le sonrió, por un momento en esa sonrisa quería demostrar paz y confianza, pero también soltaba una expresión de amor que podía sentir se resembraba en su rostro.
ooc;
>—Sus pies se movían por inercia, no sabía a dónde iba y lo único que escuchaba era una voz en su cabeza que le susurraba. "Anormal…" Quería que callara. Desesperado por dejar de oír aquella simple palabra cerró los ojos y siguió corriendo, insertando los dos tarros que llevaba en las manos en el bolsillo de su chaqueta y apretando sus oídos con ambas palmas. —¡NO SOY ANORMAL! ¡CÁLLATE, CÁLLATE!— Exclamaba en un desgarrador tono de voz. —¡Yo no tengo la culpa! ¡Yo quiero ser normal!— De una manera u otra llegó al parque que solía visitar habitualmente. Abrió los ojos y no encontró calma a su alrededor; sintió que le ardían los ojos pues aún se escapaba una que otra lágrima de ellos, sintió ganas de escapar a otro lado. Pero tuvo que contenerse. Resoplando y jadeando se dirigió a una banca cercana y se sentó, sacando las pastillas de sus bolsillos y mirándolas fijamente con los ojos cafés enrojecidos por el llanto. Imaginando cómo aquellas pastillas afectarían su comportamiento; haciéndose a la idea de depender de químicos compactos para actuar como alguien común y corriente. Intentando acostumbrarse a lo preso de sí mismo que estaba, intentando liberarse como fuese.—<
Daba su décima vuelta al parque, trotaba en unos momentos y cuando perdía la respiración caminaba con pasos de plomo, había salido muy temprano esa mañana pues quería ganar tiempo perdido por no haberse ejercitado días anteriores, tenía una pequeña punzada por la acumulación de la sangre en su cabeza debido al ejercicio. Mientras se acercaba a una de las muchas bancas del parque pudo notar apenas, y luego parpadear consecutivamente, a su hermano menor sentado en ésta, una sonrisa torcida se apodero de su rostro mientras volvía a correr hacía el muchacho. —Hola, hombrecito.— Le mencionó a Daniel, que por lo menos era dos años menor. Al notar el estado de su hermano frunció el entrecejo preocupado y se aproximo lo más rápido que podía al chico. —Ey... ¿Qué sucede?— Al momento de captar con la mirada las pastillas que sostenía en las manos, trago saliva recordando la previa visita que tenía programada el chico con su psicóloga. —¿Te las ha recetado la doctora?— Al llamar de esa manera a la susodicha mujer un nudo se extendió en su garganta.
Tarareaba una canción mientras movía las patas del pequeño animal y lo miraba bailar bajo sus manos que controlaban sus extremidades. —Lo encontré afuera... ¿Tienes idea de quien podría ser?— Se dirigió a la persona que compartía con él el sillón donde estaba sentado.
text; Realmente estoy congelándome y tú robaste todas mis cobijas. text; Moriré del frío en esta cama por tu culpa. text; DEVUÉLVEMELAS.
[TEXT]: ¿Robar? Que acusaciones tan serias, hermano.
[TEXT]: Yo diría pedir prestadas... Porqué eso hice.
[TEXT]: OLVÍDALO... Yo igual me muero de frío.
[TEXT]: Como un buen hermano mayor, deberías poner primero a tú pobre hermanito Bryson *sad emoji*
Pequeños flashes de las situaciones ocurridas atravesaban su mente, desconcertándola aún más de lo que ya estaba. Al sentir el gran abrazo del muchacho no dudó en corresponderle, permitiendo que un par de sollozos se escapasen de sus labios. —Lo siento, lo siento mucho, debí habértelo dicho antes… —musitó, sin saber hasta qué grado se había preocupado el muchacho. Y fue así, aferrada al castaño, cuando comenzó a recordar. La primera escena que se hizo lugar en su memoria fue la de una joven muy sonriente junto a su pareja, llevando los brazos detrás del campo de visión de Joy para acomodar un cinturón de seguridad. "Nos divertiremos mucho, pequeña Jocelyn" "Te he dicho cientos de veces que le llames Joy, cariño" El muchacho hizo un mohín, a modo de protesta. "Para nada, la acostumbrarás a ése nombre corto y espantoso que tenía tu abuela". El escenario se esfumó, y pronto dio lugar a la pequeña pantalla de un televisor. "El automóvil estalló segundos después de que la beba fuese rescatada, pero justo antes de que las siguientes víctimas pudiesen ser salvadas. Una gran tragedia". Gritos, llantos, y diversos sonidos de estallidos hicieron eco en el ambiente. El chirrido de unos frenos carentes de aceite intentando escapar de un cruel destino. El forcejeo de la piel contra el plástico, intentando escapar. La niña luchaba por huir, pero era inútil. Estaba atrapada.
Regresó a la realidad, minutos después, cuando se mantenía aferrada al ojiavellana. Carraspeó con aún más fuerza, notando cómo sus dientes castañeteaban por los nervios. —C-creo… que es evidente que padezco de claustrofobia —murmuró, acompañando sus palabras por una leve risita. Interiormente deseaba morir. «No es momento para bromas, Joy… Quiero decir, Jocelyn, quiero decir… Ugh» Se dijo a sí misma, deshaciéndose del agarre con el muchacho—. Te contaré todo de una vez por todas, pero por favor no te espantes cuando finalice —murmuró con voz débil, ya que ése era uno de los efectos secundarios de contarle su historia a los jóvenes. Así era cómo habían finalizado todas sus relaciones anteriores.
Al momento de sentir lo brazos de Joy aferrarse a su nuca un leve quejido salió de su garganta queriendo ahogar lo sollozos de su subconsciente, no sabía porqué, pero estaba seguro que la muchacha le preocupaba, le preocupaba lo que sucediera con ella, en su vida, lo que pasara en su cabeza, lo que sintiera, le preocupaba simplemente el hecho de perderle, apretó sus ojos suspirando de nueva cuenta el aroma de la chica apartando la idea de sus pensamientos, arrojándolo a lo más profundo de su cabeza y destrozando las simples palabras. Por primera vez en su vida quería conservar y cuidar a una persona, quería mantenerle a su lado. Soltando su agarre después de oír las palabras de Joy, asintió mientras sus ojos se posaban en el piso y acomodaba a la muchacha a su costado. No sabía la razón por la que ella nunca había hablado de éste problema y no le importaba, solamente quería arreglarlo "¿cómo?" Se repetía a si mismo. —No me espantare, Joy, no eres la única con demonios... Simplemente quiero saber como ayudarte, no quiero que algo así vuelva a pasarte... Jamas.— Repitió mientras ocultaba en sus palabras una fuerte promesa.
Alzó una ceja abriendo la puerta — ¿Necesitas algo? — le consultó a la persona que tenía en la entrada de su casa, la cual había molestado el descanso de Daryl. La chica no había hecho nada en todo el día, luego de la fiesta anterior, la resaca le había dado un dolor de cabeza fatal y no tenía ganas de nada. — ¿Estas buscando a alguien? — volvió a preguntar, al no obtener una respuesta.
Al ver toda la escena una sonrisa se ampliaba en su rostro al mismo tiempo que su compañero, con el cual había apostado hace pocos momentos forzándolo a hacer tal acción, se quedaba sin habla, corrió un poco para tomar de los hombros al chico y empujando hacía la calle para evitarle más humillación, sonrió a la morena algo avergonzado. —Perdona a mi amigo... Debe estar un poco borracho en estos momentos.— Encogió sus hombros. —Perdón, de nuevo... No llames a la policía.— Soltó en tono de broma.
Rodó los ojos ante la propuesta de la persona. "Si lo hago, tú igual." Le propuso con una sonrisa. Había estado acostumbrada a que le dijeran que tenía un culo grande, pero se le hacía pesado que se le quedaran viendo y preguntaran por él. Ahora, la persona le había dicho que si bailaba un poco le daría un helado gratis. Siendo serios ¿quién no quiere un helado cuando no pagará? Acomodándose el pantalón que traía, se volteó con una sonrisa para abrir un poco sus piernas y mover sus caderas a un ritmo lento. Ella misma tenía la canción en la mente. Luego de unos segundos largos, paró entre risas.
Acercándose mirando el espectáculo algo asombrado y al mismo tiempo asqueado por la actitud de la chica dejo escapar un comentario al aire cuando ésta paso a su lado dejando de lado a su compañero de baile. —Si se va a vender de esa manera, debería pedir algo mejor que un simple helado.—
— Psst… hey. — trató de llamar la atención de la persona, piqueando su brazo para que se diera cuenta de su existencia. — ¿Crees que los Fosters me dejen traer una tortuga que me encontré en la calle? — murmuró, esperando que nadie anexo a la conversación lo escuchara.
Al momento de sentir un leve toque en su brazo de manera automática hizo un movimiento brusco para eliminar el residuo del contacto ajeno y al dar con los ojos del muchacho hizo una mueca ligera. —Pues si ya tienen a muchos de nosotros viviendo con ellos, ¿qué más puede dar si agregamos una tortuga?— Dejó ver una leve sonrisa que apenas y levantaba las esquinas de sus labios.
[..........]
La fiesta de ayer había dejado a Diego con un dolor de cabeza terrible lo que le recordó la razón por la cual no bebía, logro llegar hasta la cafetería y pidió un americano cargado, agradeció estar vestido y miro a una persona caminando alrededor del lugar.
—Puedes sentarte allí si gustas—Dijo sin importancia señalando el lugar vació que estaba a su lado.
Mientras tomaba su quinta botella de agua en la mañana para tratar de terminar con el dolor de cabeza provocado por su sistema desechando el licor caminaba por toda la casa tratando de encontrar a sus hermanos pero sin mucho éxito. Apretaba de vez en cuando su sien izquierda para tratar de evitar el dolor pero sin mucha eficacia. —Que amable de tú parte...— Menciono de manera sarcástica al chico de al lado. —¿Qué tal lo estas llevando tú, ah?— Dijo refiriéndose a la viva resaca que se dibujaba en el rostro contrario mientras volvía a tomar su botella de agua dispuesto a terminarla.
Lo único que veía era oscuridad. Cerró sus ojos con fuerza, y aún no notaba el cambio. Se abrazó sus brazos al oír las palabras del muchacho, pero se centraba tanto en sus propios temores que lo que salía de su boca apenas lograba oírlo, como si le gritase desde cien metros de distancia. Ahora estaba ella sola, atrapada en una inmensa oscuridad, atormentada por sus propios demonios. Ya no lograba distinguir al muchacho entre las sombras, y sus palabras anteriores resonaban en su mente cuales ecos. La sangre bombeando en sus oídos era lo único que lograba escuchar, entre todo ése silencio torturador. Quiso gritar, pero de sus labios no salieron más que un par de quejidos amortiguados. Y luego sintió frío. Y así se mantuvo, aferrada a sí misma, siendo envuelta por un gran frío paralizante.
Despertó en el suelo del mismo sótano en el cual se encontraba aquella pequeña habitación del demonio, nada más que ya no se hallaba dentro de ella. Se refregó sus ojos, cuales lucían unos grandes surcos oscuros por debajo. Sus mejillas ardían y se encontraban entumecidas por las lágrimas previamente derramadas. En ella se posaban dos ojos cargados de preocupación que reconoció al instante, no era ni más ni menos que Bryson. Carraspeó con el fin de aclararse la garganta, y trató de incorporarse, pero sus piernas se habían dormido. —U-uhm… ¿qué he hecho? —le preguntó con un hilo de voz, incapaz de decir más palabras. Posó una mano en su sien izquierda, masajeándola suavemente, intentando recordar las escenas anteriores. Demonios, había arruinado todo. Cuando finalmente un muchacho demostraba interés por ella tenía que venirse con otro de sus ataques. Observó expectante al joven, rogando porque no se espantase.
Sin respuesta alguna por parte de Joy un sentimiento de desesperación se averno en los ojos de Bryson, no sabía que hacer por lo que solo se reducía a apretar su quijada causándole un pequeño dolor en la cabeza debido a la presión de la sangre. Su cabeza se encontraba dando vueltas, parecía no responder a nada más que a los movimientos de Joy. Dio un brinco al momento en que la vio desvanecerse. —¡J-joy! ¡JOY!— Regresando rápidamente hacia el cuerpo ahora inerte de la muchacha en el piso podía sentir como poco a poco el aire le aplastaba los pulmones, su sentido de la razón se desvanecía poco a poco mientras sentía un terror enorme recorrer sus facciones, atrapándolo en toda su dimensión, se arrodillo tomando a la chica entre sus brazos mientras se le ahogaban unos gruñidos y limpiaba el rostro de la morena apartando mechones de cabello del rostro contrario. —Mierda...— Alcanzo a decir mientras las palabras precisas se desvanecían de sus labios y se levantaba dejando a Joy recargada en la pared; un golpe tras otro se escuchaba por el pasillo mientras aventaba todo su peso contra la puerta cerrada, en un momento una ráfaga de polvo se elevo del suelo mientras la puerta caía en éste haciendo un ruido estrepitoso. Tomando a la chica en sus brazos y sacándola del lugar la llevo directamente al pasillo despejado. La abrazó con fuerza como si quisiera fundir su cuerpo en el de ella, al escuchar los carraspeos provenientes de Joy su rostro palideció inmediatamente, pero no de terror, no, sino de expectativa al no saber que exactamente había pasado en la habitación, sin poder recapacitar se aproximo a Joy y abrazándola de nueva cuenta clavo su rostro en el cuello contrario inhalando su aroma. —Estas bien...— Repitió para si mismo como explicación.