¿Qué tengo para decirle al mundo?
NADA.
La verdad es que he estado buscando durante tanto tiempo una razón para imprimir al mundo nuevas constelaciones y nuevos pasajes, sensaciones desconocidas, desiertos inconcebibles, vicios inexpresables…
Pero no hay nada.
Nada más que una inquietud de cien formas aformes, cien aromas despreciables y cien colores insaciables.
Un factor del gusto que no se concibe en el paladar, sino con el resto de los sentidos, pues el gusto que se transforma en palabra ha pasado ya por las facetas de la metáfora y se ha presentado vacua ante el mundo.










