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Entreabrió sus labios en una mueca que fingía incredulidad, sin poder evitar que una sonrisa curvase sus labios más tarde.— Me ofendes, Cedric, yo sólo digo la verdad —soltó un pequeño suspiro y negó con su cabeza.— Ordeñar vacas es lo único que haría de todo eso… Y no entraría en tu baño ni aunque me asegurasen que podré contar con un traje de los que usan los que trabajan con radiación —arrugó la nariz y frunció sus labios ante la sola idea.— Deberías dejar de seguirme por todo el campamento y solucionaríamos ese problema —lo acusó mientras rodaba sus ojos, convencida de que en realidad sólo se encontraban casualmente, pero aprovechando la oportunidad para molestarlo.— Gracias, y gracias también por no pedir nada a cambio —
---Oh, vamos. Ya sé que los Leisser somos de otro mundo, pero tampoco como para que meemos líquidos radioactivos, ---se quejó con humor mientras, con soltura, dejaba que la risa fluyera por entre sus labios. ---¿Seguirte? Soy un Leisser, no necesito seguirte para saber en donde te encuentras ---. Y achicó los ojos en dirección a la chica, con ademán de lucir misterioso. ---Hey ¿Quién te dijo que no pedí nada a cambio? ---se quejó de nueva cuenta, arrugando el ceño y ladeando una especie de mueca/sonrisa teñida de cierta gracia.
— Vale, vamos. — soltó rápidamente, siguiendo la silueta del joven. Jamás se había acercado a tal mansión, deambulando por el campamento logró verla de lejos pero siempre pensó que debía tener un gran sistema de seguridad y sería hasta peligroso pasar cerca de allí. — ¿Siempre sueles llevar invitados? — rompió el silencio tras unos minutos, esperando que no lo tome a mal o en doble sentido, era una simple curiosidad.
Meditó un momento la cuestión que le formulaba la muchacha de la guitarra, intentando que sus recuerdos no le fallaran al contestar. ---Uhm, creo que... como una o dos veces ---. Una mueca dobló los labios del chico y éste la escudriñó por un momento con la mirada. Segundos más tarde, rió. ---La casa no muerde, eh. ---Aunque sus habitantes, a veces, quiso soltar junto a la broma, pero se abstuvo. Tampoco eran tan monstruosos sus familiares.
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Distraído con su teléfono iba el francés, con un lollipop, que había conseguido por trueque con uno de los menores del campamento, en la boca. Ni siquiera iba texteando, si no que se había enviciado con uno de los jueguitos de moda que en su estancia con los más chicos había descargado. Sin embargo, un (quizá no tan) ligero golpe le hizo no tan solo asombrarse, sino que también botar el teléfono de sus manos. ---¡Hey, cuida-...! ---y la amenaza se quedó ahí, en la punta de la lengua, al encontrarse con la rubia de su cabaña de algunas noches atrás. ---Hola, asalta cabañas ---mencionó en otro tono, uno más jocoso, olvidándose de su celular por un momento.
Hizo una pausa, para analizar las palabras dichas, si bien la joven vivía en una especie de burbuja, los conocimientos sobre la familia Leisser eran nulos, por suerte los rasgos del muchacho la ayudaron a deducir.—¿Interrumpir una casa familiar por una guitarra? — bufó, indecisa pero al fin, opto por intentar y dejar el orgullo de lado. — Vale, pero será rápido, eh? Lo prometo.
Se encogió ligeramente de hombros, haciendo una mueca con la boca. ---La he interrumpido por cosas peores, ---comentó casual, aunque no se trataba de una mentira. Eran varias las ocasiones que se pasaba por aquella casa durante su estadía en el campamento, incluso a veces más que en su propia cabaña. ---Ya, ya, andando, ---soltó, haciéndole una señal con la mano para que lo siguiera.
—¿Algo como qué? ¿Un masaje de pies? Sí, bueno, eso sería abusarse de la situación, algo que sospecho que, como el buen chico que eres, no te atreverías a hacer —apoyando los codos sobre sus propias piernas, dejó que su cabeza reposara sobre sus manos, ambas tomadas bajo su mentón.— Tienes razón, tienes razón, lo lamento… —admitió, con una sonrisa entretenida en su rostro.— Se te está haciendo costumbre aparecer justo cuando necesito de tu ingenio o de tus habilidades físicas para sacarme de un aprieto —bromeó.
Negó al menos tres veces, para acercarse a paso lento en dirección a la muchacha. ---Que manipuladora que eres, ---mencionó lentamente, exagerando, claro. ---Un masaje de pies, es poco... Podría hacerte, uh... limpiar mi baño, o lavar mi ropa interior, o... no sé, ordeñar vacas o hacerte recoger cosas de dudosa procedencia, ---miró hacia el cielo, como si considerara hacerla hacer cualquiera de esas cosas, pero luego una risa le traicionó. ---A ti se te está haciendo costumbre tener esa clase de problemas mientras estoy yo presente, ---arrugó un tanto los labios, pero una vez llegó a la posición de la muchacha, le entregó la pelota de pecho a pecho. ---Aquí tienes, ---dijo finalmente, con las comisuras de sus labios apenas curvadas en una sonrisa.
Su dedo continuaba apuntando en dirección a la pelota mientras observaba al muchacho de manera expectante, aún después de que su respuesta negativa llegara hasta sus oídos. Entrecerró sus párpados, dejando caer el brazo, y ante la última pregunta respondió:— Lo que tú quieras y con lo que tú quieras —alzó las cejas como si su propuesta fuera irresistible.— Quizá con arroz, ya que eres tan fanático —bromeó, dejando que una sonrisa divertida curvara sus labios.
---¿Y si te pidiera algo sucio y asqueroso? ---la escudriñó con la mirada mientras ya casi se encontraba a un lado del balón. ---No soy fanático, solo resulta que era una buena solución para el problema que tenías, o que podías haber tenido, pues no era agua sino barro.... ---a esas alturas ya tenía la pelota entre sus manos. ---Te estaba ayudando ¿ok? Como podría estar haciendo ahora, malagradecida, --e hizo una mueca de chiquillo malcriado, antes de soltar otra alegre risilla, medio apretando el balón.
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Senét: Ah, mira, otro campista muerto para la lista...
Senét: No.
Senét: Hasta que dices algo coherente... Creo lo mismo. Fui al único al que amenazaron para tratarlos bien, ¿no? ¿Por qué no están haciendo algo para...
Senét: hacerlos sentir bienvenidos?
Vic: 1 más y van... ¿? Ya organizaré los funerales lol.
Vic: ¡No!! Mamá me secuestro durante dos horas para dejarme en claro cómo tenía que comportarme... no muy lindo. Pero neh.
Vic: ¿Alguna idea de cómo hacerlos sentir "como en casa", hermanito?
Vic: O cualquier otro primo... si es que no están muertos y con telarañas, obvio.
Ced: Hagámolos sentir como en casa, bienvenida y todo bien bonito
Ced: y cuando tengamos la confianza, investiguemos sobre sus miedos
Ced: Y cuando los tengamos enlistados, los hacemos vivir sus peores pesadillas *emoji del diablo*
Ced: Aunque eso tomaría mucho y que flojera, así que.... No sé, ¿sacarles los palos a sus camas para que cuando se acuesten caigan? ¿cambiarles los shampoo por algo que les tiña el cabello? No sé, no sé.
Se disponía a disfrutar de una bonita tarde en el muelle, realizando un primitivo bosquejo del paisaje que se extendía frente a sus ojos, mientras paralelamente custodiaba una pelota a pedido de un pequeño que jugaba cerca de ella. Poco después, sin embargo, la misma había desaparecido para en cambio aparecer a varios metros de distancia, flotando sobre la superficie de un (por suerte) tranquilo lago. Al divisar la figura de una persona a varios metros de ella, buscó llamar su atención:— ¡Hey! ¿Podrías alcanzarme esa pelota? —señaló en dirección a la misma.— Te pagaré si es necesario —esbozó una sonrisa que dejaba entrever que no lo decía en serio.
El llamado ajeno lo distrajo de su paseo por aquellos rincones que ya casi conocía de memoria. Ante el llamado, su mirada se posó primero sobre la muchacha y luego sobre el objeto circular, que no se encontraba muy lejos de él. --No, no podría, --contestó con un extraño tono amable y a la vez bromista, antes de soltar una risilla. --¿Cuánto y con qué me pagarás? --la miró de reojo desde su posición, mientras se acercaba a la posición de la pelota sin actuar como si fuese a buscarla.
—Bueno, no soy adivina, fue una simple pregunta.— justifico, como si hubiera sido regañada y encogió los hombros. — Supuestamente este campamento era para alejarse de la tecnología, además, creo que podría romperle alguna cuerda y — hizo una pausa para exhalar y continuó, con una mueca de preocupación. — prefiero dejarla en buenas manos.
--¿Seguro no deseas ver los tutoriales? En mi casa hay muy buena señal de internet, --y claro, se refería a la casa de los Leisser, su cabaña no tenía señal, casi. Una pequeña sonrisa le curvó la comisura de los labios, para ver si la muchacha aceptaba su oferta. --No sé si encuentres aficionados a la guitarra por aquí... --comentó un tanto dubitativo, achicando los ojos.
Viniendo del salón de música, con la guitarra en mano y tratándola como si fuera de cristal, la joven estaba sobre uno de los troncos viejos, intentando acordes que solo conseguían frustrarla. —Oye, ¿sabes afinar? —interpeló, esperando no haber espantado a la joven silueta e hizo un ademán con la barbilla hacía el objeto de madera.
Se le quedó mirando por un segundo, serio. ¿Planeaba algo? Tal vez. --Uh, ¿tengo cara de músico o algo? --cuestionó con un tono quizá no tan amigable, pero tampoco con una intención negativa. --Si buscas en youtube de seguro te salen como mil vídeos de como hacerlo.
Cuando sus acarameladas orbes enfocaron la figura de su primo tuvo dos reacciones inmediatas; alivio por no tratarse de ningún desconocido con mal carácter y sorpresa. Su mirada se amplió con exageración ante la voz que se alzaba, dramáticamente —. No — negó, manteniendo el descaro de su parte aún cuando había evidencia en su contra —, creo que te estás confundiendo. Eso pueden ser dos cosas, agua o tu sangre y estás mutando — mordió su labio inferior, intentando mantener la seriedad en el tono de su voz. Más allá de todo espectáculo, le era imposible negar lo divertido de la situación —. No te atrevas, Cedric — advirtió, alzando su dedo índice en el momento que vio la cercanía del castaño y en un intento de detenerlo, emitió su primer amenaza —. Gritaré…
La tentadora risa amenazaba con escapar de entre sus labios en cualquier momento, mientras intentaba pintar a la muchacha con su mano embarrada de la pintura de sus cabellos. --Ven, sólo te quiero poner algo de mi sangre encima, --bromeó, algunas risas escapando suavemente. --¿Ya ves lo especial? ¡Es sangre morada! --continuó forcejeando para mancharla. No sabía ni le importaba como se vería aquello desde otra perspectiva. --¡Grita! --la alentó, moviendo los dedos con un movimiento serpenteante. --Mi sangre morada vendrá muy bien con tus cabellos de todos modos, --soltó luego como ocurrencia cualquiera, ahora dejando que su risa que amenazaba en un principio, sonara con toda libertad.
¿Dónde? —preguntó con cierta ilusión, había recorrido casi todo el lugar pero no había encontrado ninguna del estilo. Rodó los ojos una vez que obtuvo su respuesta. —Que gracioso, deberías de vestirte de payaso y asustar a los niños. —respondió a la misma vez que se volteaba para darle la espalda y se cruzaba de brazos, aún más ofendida que antes. —No, gracias por tu consejo de todas maneras, fue muy útil. —murmuro para después soltar un pequeño suspiro. —Ya encontraré yo sola un lugar en dónde poder ganar algo.
No podía dejar de reír ante la reacción de la muchacha, al fin y al cabo, esa había sido la idea. --De hecho, esa es una muy buena idea, --asintió con la diversión irradiando de su rostro mientras hacía una mueca con los labios. ¿Por qué no se le había ocurrido antes a él? Eso sí que le haría carcajearse de risa. --Gracias por esa, --la apuntó con el índice, sonriéndose de lado. Pensó en, quizás, soltar otra burla en contra de la italiana, pero algo en su interior le decía que el chiste ya había pasado. Boo. --¿Y si pruebas tiro con aro o algo por el estilo? --sugirió con un tono muy distinto a los anteriores, más serio, mientras agarraba el martillo, preparándose para golpear.
Satisfecha por el error ajeno sonrió aliviada, mientras su propio ego se alimentaba de ese tiro, apaciguando los fuegos internos que pedían una reivindicación. — Sólo soy una mujer espontánea — Se defendió con una falsa ofensa dibujada en su rostro mientras se permitía reírse suavemente. — De todas formas, casi lo logras, pero no pudiste — Elevó los hombros y soltó una risa mientras lo empujaba suavemente con un movimiento de cadera — Anda vamos, todavía podemos ganar algo, al menos yo sé que si — Desafiante miró a su compañero mientras giraba la pelota en sus manos, atesorando la predicción de un tiro correcto.
--Ajá, claro, --asintió mencionando aquellos monosílabos con algo de sorna. --¿Espontánea ahora es sinónimo de Tramposa? --cuestionó aguantándose la risa que le vino de un repente. --Casi es la palabra clave, --apretó los labios mirando el blanco, graduando el movimiento de sus párpados de achicar sus ojos hasta abrirlos normalmente. --Si no fuera porque alguien me tapó los ojos, le habría dado. Estoy seguro, --se quejó de nueva cuenta, esta vez dejando que un par de carcajadas salieran disparadas de su garganta. --Anda, tira. Quiero ver qué tan bien le das, mujer espontánea, --ahora era él quien empujaba a la escocesa juguetonamente.