Restos bioluminiscentes: Otra manera de comunicarse con las charchasugas*
Una vez se habían vuelto desnudas sin el corpiño de Gracián a sus palabras, otra vez que lo fortuito del encuentro entre una máquina de coser y un paraguas. Dice Jameson sobre la perdida unidad en el arte, se habla – y nos lo repiten con pesar- del habla fragmentaria y sus ojos que no miran. Tanto patrón de afianzar un continuum en la poesía, de aseverar la necesidad de una corriente estética, de una generación no definida por años. Quiero pensar en la singularidad de todo vahído, en el régimen del alma sobre la dictadura del espíritu ¿Acaso no nos llaman poetas modernos? Estrafalarios, holgazanes y, más aún, ininteligibles. Dicen que nos conmueve más el síntoma que la enfermedad. Respondemos que el objeto cualquiera es una opción de cura, que hay que empezar en la sarna maledicente porque bella en nuestro drama. Ha dicho Valle Inclán, y Augusto asentiría : “El arte para ser moderno habría de ser eco sonoro, interno y vibratorio de los sentidos generales, de la vida contemporánea con sus triunfos y fracasos, sus alegrías y tristezas; no en modo alguno galvanización de cosas pasando como fantasmas de un mal sueño…” ¿Y así la crítica? No he dejado de guiarme en intuiciones: estrafalario y aparente ininteligible poeta.
Pero hablaré de usted y de algunos versos que colmaron mis horas de insomnio. Charchasugas en arequipeño las libélulas. Su visita a una casa connota la llegada pronta de un ser querido. En el singular lenguaje de Augusto Carrasco son el indicio de imágenes siempre nuevas, renovadas por su estrepitosa aparición en el poema. Alteran la composición dándole una cohesión inusual, como si fueran pequeñas máximas en habla delirante. Hemos oído el sonido estrepitoso de las charchasugas Augusto lo comparte no lo imita: renueva esa discontinuidad natural. Y de esa forma la descentrada composición de este conjunto de poemas.
“Presta atención a la derrota/ de ella aprenderás como un rinoceronte extinto”
Conmoción por lo súbito de la imagen. Es de suponer- como luego se verá- que del primer verso deviene la cohesión del texto. Pero es poesía la excusa de este comentario, la belleza diría Lautreamont, es como el escarabajo en las manos temblorosas del alcohólico. Se siente al acorazado mamífero en su inmutes en mí inmutes. Los hilos del verso se extienden rítmicamente: “como un tipo sentado frente a un tipo sentado/ manipulando ambos el desorden de la medicina” Se alarga la metáfora planteada en el primer hemistiquio anterior. Se percibe la claridad en su ramificación. El ritmo se mantiene: “Lárgate de su pecho sin conejos/ como si nunca hubieras enredado tus hilos/ abandonado tu esperanza como un escorpión en medio de la batalla” Una constante representa la peculiar voz de estos versos. El poeta invoca a un tú. En algunos poemas será la amada, la que fue la que pudo ser. En los versos citados hay más ambigüedad. Indefinido interlocutor a quien recomienda mantener la esperanza. La ruptura- y es importante destacarlo- se mantiene en el nivel de las imágenes y de la estructura formal, se renueva a cada instante el primer verso y sus implicancias: “presta atención a la derrota”. Se renueva la extensión anafórica en un continuum armónico: “podría darle todas mis células/ los impuestos que jamás he pagado”. El último verso es muy significativo, afianza la idea de charchasuga desigual, aparentemente a rítmica. Y revela al muchacho tras la lámpara, pensando la vida como esgrimir fugaz de las palabras.
“frente al dolor de cabeza se organiza con desiguales cuerdas un muchacho solitario”
No pretendo que los rasgos señalados anteriormente sean sinécdoque de los demás poemas. Cada conjunto de versos condensa una voz única e irrepetible. Tal vez solo sea admisible dos generalidades: el ritmo y la condición enigmática. Se mantiene el ritmo en todos estos poemas a través de la ruptura sintáctica, porque innecesaria para expresar con suficiente pureza a la imagen. Dónde sino las preposiciones en este verso que recuerda al mejor Westphalen: “pulpa asteriscos precioso leporino invento del mar”.
Plutarco hablando del lenguaje abstruso de la pitonisa Délfica dijo: “Al ponerla en forma poética- tal como se haría con un rayo de luz reflejándolo y dividiéndolo varias veces- el dios le quita a la verdad lo hiriente y duro”. El constante aparecer imaginario en la poesía de Augusto refleja esa verdad irrevestida en ironía y claridad. Habla enigmática y moderna.
*Prolegómeno escrito por Moisés Jiménez Carbajal con motivo de la transmisión televisiva del proyecto Charchasugas. Alto Selva Alegre 2016. Arequipa, ciudad del Perú.