A veces me pregunto por qué la gente discrimina, por qué ser gordo es malo y ser flaco es bueno, por qué no podemos aceptar los distintos tipos de cuerpo como lo que son: formas de expresar nuestra individualidad.
“Si adelgazo voy a ser feliz”, “Siendo flaca conseguís más hombres para salir”, “Siendo flaca todo es mejor”. ¿Saben cuántas veces escuché cosas de este estilo? Miles, millones. Incluso yo misma lo habré pensado alguna vez, de más chica, cuando todavía no sabía lo que era ser realmente infeliz.
¿Les cuento algo? Yo soy flaca. De hecho, considero que tengo un cuerpo muy lindo y con mucha resistencia, ya que consumo de todo -más que nada porquerías en grandes cantidades- y no engordo casi nada. ¿Les cuento otra cosa? No me sirve de nada.
Sí, es lindo comer sin restricciones, pero en el fondo creo que algún día voy a sufrir las consecuencias y me voy a arrepentir, por lo cual no lo disfruto. Además, ser flaca no me garantiza nada: no estoy saliendo con nadie, los hombres no me prestan la atención que quiero -si es que llegan a prestarme algo de atención-, nadie me prefiere, nadie me ama. No te aman por tener lindo cuerpo, sépanlo. Eso ni siquiera ayuda, al menos no en mi caso; siempre hay una persona más linda, más llamativa, más extrovertida.
Hablo un montón, socializo bien, tengo “onda” con todos, pero llegado el momento a ninguno le gusto lo suficiente, por más linda que sea, maquillaje que tenga o ropa que me favorezca. Nada sirve. Evidentemente, mi personalidad no funciona con la gente.
Así que, la próxima vez que te consideres gorda y creas que eso limita tus posibilidades y te retiene ante un mundo lleno de gloria, acordate de esto: ser flaca no cambia nada. Para que las cosas salgan bien, hay que moverse e intentarlo desde otro lado, con otra mentalidad, otros objetivos y, sobre todo, actitud positiva. Y, si fallás, levantarte y volver a tratar. El problema empieza en uno: entre más limitado/a te sientas por tu cuerpo, peor te va a ver el resto. Sentite bien, exhibí tu personalidad de oro, y llevate el mundo por delante.
Querete. Con eso alcanza y sobra.
De parte de una flaca a la que nada motiva, nada llena, y cuyo vacío existencial se nota en la mirada.