Where is my mind?
Sin ningún motivo relevante para el universo, nos hacemos parte de él. No sin nuestra voluntad, sino antes de siquiera tener una. Nuestra concepción de la vida se encuentra compuesta, principalmente, de percepciones de la realidad captadas a través de nuestros limitados sentidos, y de lo que otros han pensado acerca de ellas. Casi ninguno de los pensamientos que pasa por nuestra mente es propio; como éste, que tampoco es mío.
Crecemos con la certeza de que somos, existimos y pensamos, sin ningún motivo. ¿Cómo podemos estar seguros de ello? ¿Cómo podemos estar seguros de nada de lo que creemos saber?
Nuestro entendimiento da lugar a paradojas que se generan a partir de supuestos, los cuales generan preguntas sin respuesta, como que si Dios es todopoderoso, ¿puede crear una piedra tan pesada que ni él es capaz de levantar?, o, partiendo del planteamiento general de Einstein, ¿si viajásemos a través del tiempo hacia el pasado, podríamos matar a nuestros padres antes de concebirnos, sin necesariamente dejar de estar vivos?… Es un sano ejercicio preguntarnos qué tan “real” es nuestro mundo.
Sólo podemos percibir a partir de los sentidos, y sólo a través del raciocinio nuestra apreciación del mundo puede convertirse en conocimiento. Sin embargo, la fragilidad de éste mecanismo se hace evidente cuando descubrimos qué tan susceptible es de ser alterado; las ideas pueden mezclarse con la percepción de la realidad, y ver lo que no existe sino en nuestro subconsciente, o escuchar nuestros recuerdos como si estuvieran sucediendo en éste justo momento.
John Lennon asocia a un campo de fresas el estado de inconsciencia que alcanza la mente al alterar la percepción, a tal punto, que la realidad se hace difusa. Fragmentos como “Nothing is real and nothing to get hung about” (nada es real y no hay nada de qué preocuparse), “Living is easy with eyes closed” (vivir es sencillo con los ojos cerrados) son un manifiesto tardío del movimiento surrealista. Algunos nos permitimos ver la vida de ésta manera en ocasiones: sin darle importancia a lo exterior, con el fin de darle paso a las sensaciones que nos llevan a otro lugar, sin movernos físicamente de donde estamos.
La ideología de Antonin Artaud, quien era principalmente un dramaturgo, consiste en denotar que la imaginación, los sueños, ilusiones y pensamientos son tal “reales” como lo que comúnmente llamamos realidad. Si bien su escuela fue el teatro, y era en principio un artista, su concepto general no era filosóficamente descabellado: Si según Descartes podemos tener certeza de la existencia en virtud del pensamiento, el pensamiento es lo único que sabemos real, y por ende, es la única verdad absoluta.
Ésta línea de pensamiento influencia a Luis Alberto Spinetta. En “Cementerio Club”, está pensando en una mujer, cuando de repente se desdobla. Su alma deja su cuerpo y se eleva mientras ve al cuerpo inerte que ya no es él. A pesar de que reconoce ser distinto a su antiguo contenedor, sufre por que anticipa el calor y la soledad del encierro que sufrirá al ser sepultado. Toda aquella aventura ocurre en su mente, lo que no la hace menos real para quien escucha con cuidado su canción, tan real como lo que podríamos leer en un libro de historia.
El tiempo, por ejemplo, es una medida objetiva base para muchos elementos de nuestro entendimiento de la realidad; se utiliza para determinar desde velocidad de un cuerpo en el espacio, hasta la dificultad de una labor. Sin embargo, no es percibido de la misma manera por nuestro cerebro; si la estamos pasando bien, las horas tienden a pasar rápidamente, mientras que cuando no estamos cómodos, sucede todo lo contrario. La opinión de una persona sin ningún tipo de ayuda externa sobre la duración exacta de un lapso usualmente será distinta a la de otra, a pesar que en “la realidad” han transcurrido el mismo número de segundos; Es un hecho que nuestra apreciación del factor tiempo depende de nuestra mente, y si Para nuestra mente sólo existe lo que puede conocer, el tiempo es relativo.
“No te apures ya más loco, porque es entonces cuando las horas bajan” Luis Alberto Spinetta.
Salvador Dalí en “La persistencia de la memoria” explica cómo el los relojes, como la memoria, se reblandecen por el paso del tiempo. Son relojes perfectamente verosímiles que siguen marcando las seis de la tarde. El artista manifestó, cuando encontró tanta curiosidad sobre el pensamiento que dio origen al cuadro, lo siguiente: “Lo mismo que me sorprende que un oficinista de banco nunca se haya comido un cheque, asimismo me asombra que nunca antes de mí, a ningún otro pintor se le ocurriese pintar un reloj blando”.
Y esto nos lleva a cuestionar a la sociedad misma: ¿Cuál es la importancia de las convenciones sociales, si sabemos que todo su fundamento es tan confiable como un sueño? Paul McCartney se preguntaba “Why don’t we do it on the road?” (¿Por qué no lo hacemos en el camino, si nadie estaría realmente viéndonos?).
Para concluir el punto, acudiré a un cliché famoso: ¿un árbol produce algún sonido al caer si nadie lo escucha? no lo produce, pues nunca fue percibido por una mente racional que lo asimile. Nunca fue conocimiento, nunca existió para nuestras mentes.
“They use force to make you do what the deciders have decided you must do” (ellos usan la fuerza para hacerte hacer lo que los “decididores” han decidido que debes hacer) Zack de la Rocha, vocalista de Rage Against The Machine
Más allá de un debate filosófico reflexivo, es también una revelación peligrosa que es utilizada por los aparatos de poder. Quienes conocen esto, manipulan la información para obtener poder; la verdad es maleable, es fácilmente lo que otro dice. Una mente débil, acostumbrada a creer en falacias, esto es, afirmaciones que no tienen fundamento lógico a pesar de parecer innegables, tiende a ceder ante las presiones externas hasta convertirse en un fanático defensor de ideologías que no comprende.
Así, grandes aparatos de poder se sustentan en el Ad Baculum (“esto es la verdad porque lo dice el más fuerte”) y el Ad Autoritatem (“esto es la verdad porque lo dice quien ostenta el poder”) para castigar al rebelde y oprimir al ignorante.
Todo lo anterior resulta en que dos más dos no necesariamente es cuatro. Dependiendo de la voluntad de un ente superior, éste puede ser tres, o cinco, ¿qué importa?
El Gran Hermano, aquel controlador humano omnipotente que ve, escucha y conoce todo es cada vez más real. El bloque de países que agrupados en el que nos encontramos, cerrando fronteras de información para generar un conocimiento colectivo acorde a la voluntad del tirano es tan natural, que ni lo notamos. Hay verdades prohibidas, y mentiras obligatorias.
“Libertad es poder decir libremente que dos y dos son cuatro. Si se concede esto, todo lo demás vendrá por sus pasos contados." George Orwell, 1984.
Al final, la metáfora desarrollada en “The Matrix”, sobre los cultivos de humanos, no es del todo distante de la realidad. Esto implica que la revolución del pensamiento es el camino para la verdadera libertad de los grupos sociales. Los opresores normalmente acostumbran a la sociedad a doblepensar, esto es, creer voluntariamente las mentiras que nos dicen, a sabiendas de que no son ciertas.
Por otro lado, algunas personas se desesperan y proceden a destruir físicamente y a dañar a otras personas haciendo que cualquier argumento pierda toda validez, pues su defensor cae igualándose a los ignorantes que imponen las ideas absolutas. La Canción “Revolution” de Los Beatles explica cómo la revolución está mal orientada, y su verdadero éxito radica en la liberación de las mentes, y no en la violencia y el odio. Es tan sencillo como ésto: la Matrix era real mientras Neo creyera en ella: despertar era una decisión de conciencia.
Si en la actualidad la verdadera opresión humana se ejerce sobre las mentes, la única manera de contestarla es por la misma vía.
Para comenzar, hay que creer en algo, aunque no podamos saber si es verdad, pues no importa, no podemos conocerla. Para dar un ejemplo acerca de la irrelevancia de la verdad absoluta, Blaise Pascal hace el siguiente razonamiento con respecto a la existencia de Dios, a modo de apuesta:
“Usted tiene dos cosas qué perder: la verdad y el bien, y dos cosas qué comprometer: su razón y su voluntad, su conocimiento y su bienaventuranza; y su naturaleza posee dos cosas de las que debe huir: el error y la miseria. Su razón no está más dañada, eligiendo la una o la otra, puesto que es necesario elegir. He aquí un punto vacío. ¿Pero su bienaventuranza? Vamos a pesar la ganancia y la pérdida, eligiendo cruz (de cara o cruz) para el hecho de que Dios existe. Estimemos estos dos casos: si usted gana, usted gana todo; si usted pierde, usted no pierde nada. Apueste usted que Él existe, sin titubear.”
Si no podemos saber a ciencia cierta nada, resulta más conveniente creer en algo, preferiblemente lo que más nos convenga a nosotros. Al final, la verdad no es más que lo que usted decida considerar verdad. No es ninguna cuestión retórica; el sentido de su vida depende de ello.
La intención de éste texto no es que el lector salga a renunciar a su trabajo o a divorciarse de su pareja porque ha entendido que es probable que todo lo que conoce no sea real, pero sí que le de una nueva dimensión a su pensamiento. Así valorará más las sensaciones brutas, sin análisis, por encima de que articulamos como conocimiento, pues al fin y al cabo, podrían ser lo único real de todo lo que percibimos.
Buscamos hacer entender al interlocutor la importancia de tener una mente libre. El ordenamiento y la imposición del pensamiento son el enemigo de la verdadera libertad. No es nada sencillo: hay que aprender a pensar por de manera autónoma, liberarse de los paradigmas de pensamiento impuestos por terceros, entendiendo que nada de lo que otros digan necesariamente es cierto.
En resumen, aprender a no asumir nada que no resulte de un análisis de conveniencia personal, sin importar si es cierto, o no, pues al fin y al cabo… ¿Acaso alguien sabe con certeza dónde está su mente?












