Entrecerró los ojos ante las palabras pronunciadas por el castaño, confusa ante la negativa reacción de quitar el insecto que se paseaba por su cabeza. “¿Y debería importarme la felicidad de un insecto?” Sacudió la cabeza de un lado a otro y elevó su mano hacia su cabello para revolverlo y así lograr que dicho insecto la abandonara, pero no fue necesario, porque pudo ver la mariposa alejarse volando de su cabeza, cosa que provocó que una ligera sonrisa se formara sobre sus labios. “Gracias por tu ayuda, chico del brasier.” Comentó con divertida ironía.
“¿Nunca hablaste con un budista?” preguntó, con repentino interés. “O un jainista...” ambas religiones guardaban respeto frente a los insectos, si no mal recordaba. No practicaba ninguna de ellas, pero recordó haber escuchado algo como eso alguna noche de copas y charlas desvirtuadas. Siguió el movimiento de la mariposa con una pequeña decepción, la misma se alejó para perderse entre los árboles. Justo cuando la perdió de vista, escuchó la referencia de la campista. Una comisura de sus labios se alzó, la derecha. “No es nada.” entretenido, decidió no aniquilar la postura que adquirió gracias a los retos nocturnos. “¿Me darás otro hoy? Debí haberte defendido del insecto...” bromeó, dando a entender que creía que ese mínimo gesto le conseguiría tal prenda.













