Áspera cripta desértica donde oigo al infante intrinseco entre onomatopeyas lúdicas. Carcajadas y maléficas ambigüedades maleducadas de un espíritu psicodélico. Al son del son, pulsos, tempos y compases...la música de un hueco profundo egoísta donde se oyen pisadas sobre hojas de otoño primaverales. Complazco con cariño turbio pero dichoso al fin y sin fin de cuentos y fabulas, tantos que ya son cientos y decenas de miles, algo viles que por eso los destierro. Aunque su embestida contra en final del pozo sin fin hagan eco, no hago caso... ...o si. Simplemente pesan en su multitudinario enredo tantas frases que acabaron marchando manchando el papel infinito dejando mis ojos secos. Los encontré observando algún detalle menor, mejor no dejo el viaje. Continuo ambos caminos colindantes ida y vuelta delirante en una posada de vías paralelas y perpendiculares cruzadas, cruzadas de negaciones y posibilidades, trozados con indecisión, y sin embargo decido no dejar de alimentarme. Entre la penumbra del vacio escucho ruidos desconocidos y por las espaldas me arrebato un susto impío, es que estaba rondando redundante y refutando rejuntes. El sitio perfecto para malcriarme dejando atrás las culpas, es allí donde soy obeso como un planeta, como una galaxia... ...o como el universo. Lo como todo a todoterreno carecido de frenos, en mi hogar de arcoíris blanco y negro como película de ataño, es allí donde soy recién nacido y viejo a punto de morir y ambos dos al mismo tiempo. Corre y corre, yo tirado en mi reino no desespero en la costa del horizonte, tal vez un poco inquieto...quizás demasiado quieto. Sube humo de vez en cuando a ver que sucede en esta sede digna de enfermos mentales. Alzhéimer, senil, memoria perfecta para el olvido embustero rememorando la imaginada imagen de un pasado perfecto, futuro idílico y un presente neutro. Cofre de materia gris para el hampa de momentos que soy. Es acá donde discuto quien soy y disputo si discrepo, asiento si disputar y debato si asiento o no en las tinieblas quiméricas de mi cerebro que arde como el mismísimo magma del volcán. El punto cardinal, pero lejos de ser el eje del alma. Guardo titubeantes dudas sin dudar, sin dudas hay gula por encontrar mas como un pirata navegante en su barco paupérrimo. Hay ganas de saquear hasta el vacuo absoluto dilapidando al tiempo, atemorizado por su tic tac. Mas que seguro que no corre viento en estas cumbres que aborrascan por completo cuando se nublan hasta los tímpanos por sentir al cuerpo. Colgado de la luna de Valencia o de algún efímero señuelo que atrapo mi atención atravesando campo, es que callo pero en esta convención no hay silencio como en mi rostro desatento. En mi cueva parezco mas cuerdo que de costumbre pero acostumbro a perder los estribos para no ser mi propio estorbo y dejar fluir la sangre mas de lo acostumbrado. Me devela una sonrisa en el desvelo, velo por mi mueca que me delató tramando algo fuerte inexistente en la imaginación. ...o podría ser que no.