EL NEOFASCISMO DE TRAJE Y CORBATA EN ESPAÑA
Pensar que el Fascismo murió enterrado entre los escombros de la ruinosa Berlín de 1945 o que se desvaneció mágicamente con la muerte del encamado dictador Francisco Franco es pecar de ingenuidad. Lo cierto es que las doctrinas ideológicas que parecen haber sido repudiadas por una mayoría de la masa poblacional acaban mutando, como los virus, y encuentran nuevas formas de permear la sociedad y de eludir las trabas que sus detractores puedan poner a fin de difundir un mensaje que, otrora, podía permitirse ser más visceral y menos políticamente correcto y que, no obstante, ahora debe venir en un “envoltorio” de sutileza y ambigüedad para pasar los filtros exigentes de la sociedad actual más crítica y, en teoría, menos impresionable.
Aunque aseverarlo sea controversial para algunos y directamente incorrecto para otros, VOX no solo es un partido de extrema derecha, sino también el sucesor espiritual del franquismo residual que a día de hoy pervive en España. Es, en efecto, esa ala radical del Partido Popular que empieza a sacar las garras y se presenta, como toda formación populista, como la superación de la “derechita cobarde” y la única vanguardia restante contra el globalismo y los partidos que, si bien son objetivamente democráticos (PSOE y Unidas Podemos), tachan de comunistas, antidemocráticos, radicales, “antiespañoles” y coautores de una conspiración para destruir la nación. Su truco parece radicar en la identificación de la izquierda como enemiga acérrima a vencer como hacía el fascismo antaño, pero en vez de propugnar la acción violenta contra una parte de la sociedad ahora piden la ilegalización de ciertos partidos y se victimizan cuando la oposición pone de relieve sus tendencias fascistoides. Para lograr sus objetivos políticos, observamos como este partido político, teóricamente cargado de medidas modernas y liberales en lo económico, articula un discurso en lo social cargado de retórica evocativa del argumentario antiprogresista del fascismo que tuvo su nicho significativo en el pasado siglo, pero en vez de enaltecer sin tapujos la dictadura franquista o de pedir el fusilamiento de los enemigos de España, habla de la Guerra Civil casi como un mal necesario e inteligentemente optan por demonizar la República como alternativa al elogio incómodo al bando nacional, cosa que hoy día supondría el escarnio de una gran parte de los mass media españoles, lo cual tendría unas consecuencias desastrosas para sus aspiraciones políticas. Con la cantinela de “los rojos también mataron” y los guiños ocasionales descarados como insinuar que la instauración de la Segunda República fue un putsch no solo ponen en tela de juicio el discurso imperante en la España democrática del siglo XXI, sino que también apelan a los que hoy día son neonazis convencidos y, de hecho, les ha dado la posibilidad a algunos de ellos de militar en las filas de bajo rango del partido, dado que darles voz de más podría comprometer la apariencia de partido de derechas común y corriente que tanto le conviene mantener a VOX. Sin embargo, el nuevo neofascismo solo revisa los capítulos de la historia que le interesa para alterar el “canon” y poder pintar de distinta forma los actos del bando democrático, ya que cuando se llevan a cabo acciones como la exhumación de Francisco Franco o el retiro de monumentos que rendían culto a los franquistas, amparadas ambas en la Ley de Memoria Histórica, esta revisión pasa a ser de repente perniciosa y prejuiciosa y es señalada como un intento de la izquierda de remover el pasado y hurgar en la herida de muchos españoles que fueron abocados al fratricidio.
Adicionalmente, vemos como este partido antagoniza con el feminismo en vez de defender explícitamente el ideario sexista que suscriben (negación de la veracidad de las denuncias por maltrato, entre otras cosas) y lo mismo ocurre con las tesis racistas, ahora mucho más light y desligadas de la xenofobia visceral, pero que pretenden casi lo mismo que en otros tiempos, es decir, el cierre selectivo de las fronteras del país y la preservación de lo que se considera valioso para el patrimonio identitario.
En definitiva, VOX podría ser considerado por varios motivos como una continuación del franquismo español con capacidades camaleónicas que le permiten adaptarse a los tiempos que corren actualmente y, por ello, pienso que uno no debe caer en la trampa de pensar que es algo nuevo y desmarcado del fascismo clásico, puesto que sus objetivos de fondo no distan demasiado de los que tenían los fascistas clásicos, aunque los medios mediante los cuales se persiguen y las expectativas son claramente distinguibles.
Pol López Montaner










