— Lo dices como si no lo hubieras sabido en un principio. Vamos, esto es Hollywood cariño, la ciudad en si misma encierra las más grandes mentiras. Y no puedes negarme que formas parte de alguna de ellas. —espetó entre dientes, escudriñando sin pudor alguno las facciones de la rubia con evidente recelo. Sabía que no eran correctas sus acciones, pero la tentación era la suficiente como para empujarla a un abismo compuesto por una interminable perdición. Ella se había convertido en una droga capaz de mantenerla viva a pesar de su condición medica, cosa que ni las sustancias químicas en si misma habían logrado en años. Era obvio, pero la ojiazul jamás sería capaz de confesárselo. Había desarrollado un tipo de errático afecto que no solo sentía entre sábanas, más bien con su simple presencia. Quizás fue por las historias que encerraba en los zafiros que como fulminantes faros la habían hipnotizado en la carretera que constaba su existencia. Tal vez por lo dolorosa que se saboreaba la idea de soltarle la mano definitivamente, abandonando su corazón en pedazos. Trozos que siempre pondría nuevamente entre sus manos, porque así era su amor. Algo destructivo, sádico, epicúreo; pero conservador de un afecto excepcional, capaz de colar una esperanzadora luz en las interminables grietas que en su organismo ocultan hostigantes verdades. Su semblante carecía de su cínica chispa, siendo esta reemplazada por una seriedad que tranquilamente podría ser anexada con melancolía. Suspiró pesadamente, deliberando en dos decisiones que, planteadas, podrían costarle lo que para ella siempre significó aquello que la gente define como corazón.— A m o r .
---¿No te cansas de destacar lo obvio? Sé muy bien lo que soy, sé muy bien lo que tengo, sé a la pefección qué es lo que escondo y lo que no. Sé donde estoy de pie, más no sé qué sendero seguir ahora; porque de alguna manera enfermiza te convertiste en una debilidad. Eres indispensable, eres adictiva, y hasta en el dolor eres encantadora. ¿Cómo demonios puedes atreverte? Llegaste tú, irrumpiendo con tu andar tan característico, derrumbando todo en lo que alguna vez creí. Tan dichosa tomaste piezas con las que te tomaste la libertad de jugar, siendo yo tu fiel amante que permitía aquello---. Tomo una buena bocanada de aire, por un instante delatándose a sí misma ante ella, permitiendo que por primera vez notara el abismo de emociones que existían, todas causadas por una responsable. Avanzó decidida hacia la joven de esferas cristalinas como el mismísimo cielo, tomándola con brusquedad de la cadera, en un acto totalmente posesivo por parte de la rubia. ---Quiero todo de ti. Tus labios, tus caricias, tu piel fundida con la mía, y eso no es algo que pida hoy, es algo que quiero por el resto de mis días. ---Expresó, finalmente a los cuatro vientos lo que realmente se apretaba en su pecho conforme pasaba el tiempo junto a ella. Las palabras eran su mejor arma, su mejor recurso, y ella era su constante debilidad, única causante de que perdiera las palabras, lo que alguna vez pudo considerar sano en su vida. Tan enigmática se llevó todo, regando sus labios por otras bocas, siendo ella, más que sedienta por todo.No sabía cómo explicarlo, sin embargo, lo podía considerar hasta una obsesión ni un poco sana; pues el no soportar que otros tuvieran el cinismo de mirarla con ojos que nada más podía ella. ---Dime tú, ¿Estoy perdiendo mis palabras acá? ¿Estoy cayendo y no me doy cuenta? ¿Me vas a dejar caer, Frances? Porque yo no lo haré---.
















