Que no insulten lo que fuimos
No vengo a pedirte amor,
vengo a pedirte respeto.
Respeto por lo que fuimos,
por las veces que me partí en mil
pa’ que tú estuvieras completo.
Que no se burlen de eso,
que no digas que fue nada.
Porque si tú fuiste herida,
yo fui la carne desgarrada.
Deseo que te amen más,
más de lo que yo supe hacerlo.
Que no se cansen de ti,
ni en tus noches más oscuras.
Que te quieran sin medida,
aunque les cueste la cordura…
como me está costando a mí.
Y si un día alguien más ocupa mi lugar,
que no solo te bese,
ni diga que te ama por costumbre.
Que se trague las ganas de tenerte,
con tal de verte feliz.
Que sacrifique sus propias heridas,
solo para que tú sanes.
Que cambie, como yo lo hice,
pero sin perderse.
Que te ame con tus errores,
que no intente corregirte,
que entienda que tú no cambias,
y que eso también es belleza.
Que no pierda la paciencia,
que se ría con tus dialectos raros,
que baile tus silencios
y se emborrache contigo,
con vino barato y tus canciones tristes.
Que no te abrace solo el cuerpo,
sino el miedo.
Que te toque el alma,
esa parte tuya que nadie ve
y que tú misma escondes.
Que entienda que de tu piel nace poesía,
y que ame incluso lo que tú más odias de ti.
Porque si este amor murió,
que al menos valga la pena que lo enterramos.
Que no haya vida suficiente
para contar lo que dejamos atrás.
Que no se diga que fue en vano,
ni se piense que fue más castigo que paz.
No quiero volver.
No te escribo con esperanza.
Te escribo pa’ que no permitas
que lo nuestro se vuelva basura
en tu versión de la historia.
Porque aunque se acabó,
lo que hubo fue de verdad.
Nos dolimos bien.
Nos amamos mal.
Pero lo hicimos real.
Y eso no cualquiera lo puede contar.
No dejes que nuestros errores se repitan.
Que no sea solo lo que yo no fui,
sino mucho más de lo que ahora sí haría por ti.
Solo no dejes que insulten
todo lo que yo te amé.
No te deseo suerte,
te deseo algo más duro:
que quien llegue te defienda de ti misma.
Que se quede cuando no puedas hablar,
que no te robe la voz,
como yo lo hice,
tantas veces,
por no hacerte llorar.
Que dé la vida por ti,
como yo estuve dispuesto.
Que si el mundo te abandona,
esa persona se quede,
aunque le tiemble el pecho.
Y si algún día,
con los años encima,
te preguntas si alguien te amó de verdad…
Acuérdate de mí.
Aunque ya no me nombres.
Acuérdate del que se fue sin cerrarte la puerta,
pero tampoco volvió.







