¿Te acuerdas de mí?
¿Te acuerdas de mí?
Te visitaba todos los sábados; te contaba cosas que pasaban en mi vida, los exámenes que tendría, los temas que estaba estudiando.
¿Te acuerdas de mí?
Te platicaba cómo encontraba a Dios en el mundo, cómo me parecía tan inmenso su amor.
¿Te acuerdas de mí?
A veces te llevaba flores entre semana; amarillas, tus favoritas.
Me heredaste tu color preferido.
¿Te acuerdas de mí?
Mis ojos se iluminaban cuando sonreías; siempre buscaba contarte algún chiste, cantarte para alegrar tu corazón, tomar tu mano y decirte que tus pulseras estaban preciosas, que te veías radiante, guapísima.
¿Te acuerdas de mí?
Un día tuve que dejar de ir a verte. La vida se detuvo alrededor nuestro, entramos a nuestras casas para no volver a salir en mucho tiempo.
Pensé en ti cada sábado. Lo prometo. Pensé en llevarte flores, en ir a verte.
Solo que no podía. Tenía que cuidarte, proteger tu salud, mantenerme lejos.
No me olvidaste, ¿verdad? En esos meses que no fui, ¿me recordaste?
No olvidaste mis palabras, mi voz, mis gestos, ¿verdad?
No pensaste que no quería verte, ¿cierto? Por favor dime que no.
¿Te acuerdas de mí?
Me dijeron que te habías ido y no quería creerlo. Yo quería verte de nuevo.
Necesitaba verte otra vez, decirte que te veías hermosa, ver sonreír a tus ojos.
Necesitaba cantarte, entonar “solamente una vez” una última ocasión, y verte disfrutar la música que salía de mi boca para sentirme completa y tranquila.
¿Te acuerdas de mí?
Espero que no me hayas olvidado, porque yo no lo hice. Y sigo pensando en ti.
Estás en las flores amarillas, en las pulseras de perlas, en las uñas pintadas elegantemente con barniz rojo. Estás en el cabello plateado, en las cobijas de cuadros, en el pan dulce.
¿Te acuerdas de mí?
Yo me acuerdo de ti. Siempre me acuerdo de ti.

















