El tiempo pasa en un abrir y cerrar de ojos. Apenas ayer escribía como si fuera lo más preciado en mi vida, como si no hubiera un mañana. Pero, la situación cambió. Todo en el mundo cambió y con ello, también lo hizo mi vida. Ahora que lo pienso fue como la típica historia en una película de Netflix. ¿Por qué? Bueno, formé parte de uno de mis más grandes sueños y pude percatarme de cómo habría sido mi vida si me hubiera dedicado al cien por ciento a la escritura.
Para empezar, tuve que dejar mi trabajo (para quién no lo sabe, soy maestra de preescolar), y no lo dejé porque hubiera querido, más bien porque las condiciones bajo las que estábamos viviendo nos obligaron a hacerlo. Eso me pareció buena idea, es decir, podía ser escritora a tiempo completo. ¡Mi más grande sueño! Aunque al pasar de los días lo fui dejando de lado.
He ahí la respuesta a mi ausencia durante largos meses, aunque a decir verdad, estaría mintiendo. Sé que lo hago y era el pretexto que usaba para no escribir. Me decía que debía tomar un descanso, porque siempre es necesario, pero en serio me sobrepasé. Argumentaba que estaba desanimada por las pocas lecturas que recibía o por la carencia de estrellas en mi perfil de Goodreads, cuando en realidad, eso nunca me importó desde que comencé a escribir en Wattpad. Lo aludía al estrés de la pandemia y en parte lo fue, pero hubo algo más, sí, justo eso: me enamoré.
Y sobre ello escribí una historia corta que relaté en mi último libro: Aviones de papel. No así al cien por cierto, pero sí en pequeñas frases, oraciones o pensamientos que me hacían recordarlo. Tengo que admitir que aún escribía cuando lo conocí. Recuerdo que hablaba con él cuando, tarde en la noche, escribía algunas líneas. Y así sucedió hasta que publiqué la historia, luego vino esa etapa de no hacer nada, de descanso, series y palomitas.
El tiempo era eterno, me vi un sin fin de películas, series y caricaturas. Leí muy poco, por no decir casi nada, y claro, hablaba con él. Ahora que lo pienso, no dejé de escribir del todo; le escribí algunas líneas, no era poesía, pero tampoco eran cuentos, más bien eran pequeños párrafos. Le decía lo mucho que lo quería y lo bien que me hacía haberlo conocido. Algunas de esas cosas están plasmadas en mis post de Instagram.
Más tarde vino esa etapa en la que me adentré al mundo de los videojuegos, aunque apenas conocí una parte del iceberg, en realidad no conocí casi nada, pero me bastó un juego para que se me hiciera adicción. No fui tan buena como me habría gustado y no logré hacer uso de las mecánicas gamer. ¿Valió la pena? Ya lo creo que sí. Me sirvió para desestresarme, para adquirir un nuevo vocabulario y para desarrollar, al menos un poco, ciertas habilidades.
Aún recuerdo el primer día en el que fui lanzada a los lobos sin saber nada sobre Legue of legends. Analizándolo desde fuera, no fue el mejor juego con el que debí haber comenzado. Quiero decir, me resultó complicado; y hablo desde la perspectiva de una persona que en su vida había jugado videojuegos más que los que tenía en el teléfono. Cometí un sin fin de errores, aprendí de algunos y fui avanzando al pasar de los días. Algunas cosas fueron en su mayoría producto de la suerte. Cuando me iba bien me llevaba muchas kills, cuando me iba mal, con suerte no recibía hate por parte de los demás jugadores.
Me encantaba jugar con mi novio y reír cuando la jugada me salía bien y sobre todo cuando me salía mal. Me llenaba de alegría poder hacer algo juntos, cuando en estos tiempos, sabemos que es complicado vivir como se hacía antes. Además de tener una voz maravillosa que me llenaba el alma cada vez que lo escuchaba. Reía, vitoreaba y se enorgullecía cuando las cosas salían bien; maldecía y se lamentaba cuando se le iba el Internet o cuando lo asesinaban y perdía. Todo eso me hacía reír y pasar un buen rato. Aunque en ocasiones también me estresaba, y no por él, sino por mí, porque no sabía jugar y me frustraba no ser buena en ello. En teoría parecía ser de lo más fácil del mundo, en la práctica, era de lo más complicado.
Nunca me acostumbré a la coordinación ojo-mano, no al nivel en el que lo hace un gamer, pero me divertí bastante. Llegué a Oro en TFT ja, ja, ja y me siento orgullosa por eso. Sin embargo, fue la razón por la que decidí dejarlo. Me estaba acostumbrando tanto que no veía día en el que no pudiera jugar para subir de nivel y alcanzar un rango más alto, me estaba alejando bastante de la lectura y de la escritura y eso fue algo que me prometí jamás iba a abandonar. Fue entonces cuando decidí ponerme una fecha y eso sería a pocos días de haber regresado a clases, que en realidad, para mí aquello era como volver a la "normalidad". Que mejor que volver al trabajo en la escuela y a mi hábito de escribir.
Podría cerrar los ojos y fingir que nada de esto había ocurrido, que jamás me había ido y que no había cambiado, pero el teclado con el que escribo y el mouse que manejo me hacen recordar que los tengo para cuando quiera volver a jugar. Me faltó poco para comprar el ordenador gaming, y quién sabe, tal vez en el futuro lo tenga. No descarto la idea de que todo puede pasar.
Quise iniciar el día escribiendo sobre lo que había ocurrido, reconozco que para volver es necesario desempolvar el teclado y aclarar la mente para poner en orden las ideas, esto implica escribir, escribir y escribir, por mínimo que sea.
Voy a extrañar jugar y sé que tenemos pendiente una partida que no logramos concretar por deficiencias en nuestro Internet, por eso aún no desinstalaré el juego, pero tampoco lo abriré hasta ese momento.
Tengo dos historias por terminar y ambas me han estado esperando por largos meses. Es hora de preparar el camino hacia su lanzamiento y tal vez con suerte, Netflix pueda comprarme los derechos para ponerlas es su plataforma. Nada me haría más feliz.
Con cariño, una chica que de escritora pasó a ser un intento de gamer y que tras un descanso, volvió a su camino, con mayor fuerza.
P.D. Lindo, sé que puedes llegar a ser Challenger.