Agnes Martin - “Friendship” (1963, óleo y pan de oro sobre lienzo, 190 x 190 cm, MoMA, Nueva York)
De buenas a primeras, las pinturas de Agnes Martin no son fáciles de entender, ni tampoco de clasificar. Lo más cómodo es situarlas rápidamente en el cajón del Minimalismo por su simplificación extrema desde el punto de vista técnico, obras despojadas de todo contenido accesorio y superficial, el ascetismo convertido en arte. Sin embargo, Agnes Martin consideraba que estaban dentro de la corriente del Expresionismo Abstracto norteamericano. Y tenía razón, porque sus obras tienen una carga emocional y expresiva enorme.
La base de sus cuadros, pintados en lienzos de formato cuadrado, suele ser una cuadrícula regular dispuesta sobre un fondo plano. Para poder trazar estas cuadrículas, son necesarios unos cálculos matemáticos previos y el uso de herramientas de medición. Para nuestras cabezas pensantes, son pura perfección geométrica. Al menos en teoría. Porque lo que Martin nos quiere demostrar es que esta perfección no es más que una elaboración mental que el ser humano es incapaz de conseguir por mucho empeño que le ponga. Si miramos sus obras de lejos, nuestra cabeza percibirá cuadrículas perfectas y relajantes. Si las observamos de cerca, veremos los trazos realizados por la mano de la artista, con las pequeñas irregularidades e imperfecciones que no trataba de disimular al pintar las líneas (o grabarlas en este caso). Como ella misma decía:
“La expresión es inevitable. Tu personalidad se expresa en tu trabajo, en la forma en que haces tu trabajo y en los resultados de tu trabajo”
En esto se aleja completamente del minimalismo. La mano de la artista siempre es visible, y es lo que transmite su humanidad. En esta tensión, entre la geometría perfecta y la ejecución imperfecta, es donde está la magia de las obras de Agnes Martin. La perfección es un anhelo, la idea hacia la que tendemos, pero nunca pasará de ahí, porque somos, en esencia, seres imperfectos. A pesar de todo ello, estos errores humanos, vistos en su conjunto, vistos de lejos, siguen conservando una cierta armonía que los hace hermosos.
Otro de los aspectos que la alejan del minimalismo son los títulos tan sugestivos que la artista daba a sus obras, que aluden a elementos de la naturaleza o a sentimientos, en este caso a la amistad. La amistad de Agnes Martin es un enorme lienzo recubierto de pan de oro, con una cuadrícula perfecta pero imperfecta que deja ver el óleo rojizo del fondo. Una obra que es pura calidez, a la vez que un guiño a las técnicas tradicionales que usaban los artistas bizantinos y del primer Renacimiento.







