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El Huaso, parte 32: “El Escritorio”
Parte 1, Parte 2, Parte 3, Parte 4, Parte 5, Parte 6, Parte 7, Parte 8, Parte 9, Parte 10, Parte 11, Parte 12, Parte 13, Parte 14, Parte 15, Parte 16, Parte 17, Parte 18, Parte 19, Parte 20, Parte 21, Parte 22, Parte 23, Parte 24, Parte 25, Parte 26, Parte 27, Parte 28, Parte 29, Parte 30, Parte 31.
Subí a la Avenida Angamos y me fui caminando en dirección norte. Seguía llorando, pero en silencio. Mis lágrimas caían sin obstáculos por mi rostro y yo evitaba mirar a la gente en la calle, hasta que a la altura del “previa”, escuché una voz familiar que decía mi nombre.
—¿Larry?, Larry, ¿qué te pasó? —me preguntó Pedro, el hermano del Bryan, que se separó de su grupo de amigos y se acercó a abrazarme.
—Nada… —le respondí, tratando de hacerme el tonto, pero apenas hablé la voz me tembló por el llanto.
—Fue ese Huaso, ¿cierto? —me preguntó con certeza, y yo le respondí con mi silencio—. Ya, tranqui. ¿Quieres ir a la casa y tomarte algo? Un vaso de agua, un café… —me ofreció amablemente.
Acepté altiro porque no quería irme a mi casa y llegar llorando o con los ojos rojos, eso levantaría sospechas. El Pedro se despidió de sus amigos, y el Victor, su pololo, nos acompañó.
Llegamos a la casa de los Rojas, y noté que el Bryan estaba muy arreglado (mucho más de como estaba cuando nos juntamos mas temprano). Al verme se sorprendió y se asustó.
—Larry, ¿Qué te pasó? —me preguntó y se acercó a abrazarme rápidamente, tirando su celular en el sillón. Yo solo le respondí con silencio, y apretándolo fuerte para soltar toda la angustia que tenía, porque no quería soltar el llanto gritón—. ¿Te asaltaron? —me preguntó separándose de mi, y mirándome de pies a cabeza en busca de algún daño.
—Fue ese tal Huaso —respondió el Pedro por mí.
El Bryan abrió los ojos ampliamente, demostrando su sorpresa.
—¿Te pegó el Huaso? —tenía rabia en sus ojos—. Está en su casa, ¿cierto? —me preguntó, dirigiéndose al sillón a agarrar su chaqueta y su celu.
—No me pegó —hablé al fin—. No se preocupen, lloro porque soy muy cuático, solo eso —me justifiqué. No quería preocuparlos más, y tampoco quería que el Bryan fuera a pegarle al Huaso, porque lo más probable era que el Huaso se desquitara con él también.
—¿Qué pasó entonces? —volvió a preguntar mi amigo, calmándose un poco.
Nos sentamos en el sillón y les conté toda la historia, que tuve un pequeño palabreo con la Señora Sonia, que el Huaso se asustó y se enojó por eso y me terminó echando a la calle.
—Es bien imbécil tu pololo —dijo el Pedro después que terminé de contarles lo sucedido.
—Es que tiene miedo de que su familia se entere… —trataba de justificarlo, porque en el fondo lo entendía.
—No wn, él no puede hacerte esto —comentó el Bryan.
—El miedo a que la gente sepa que te gusta el pico no te da derecho a echar a tu pololo a la calle como si nada —el Pedro estaba indignado.
Estuvimos bastante rato hablando. Ellos me aconsejaban e intentaban subirme el ánimo, y lo estaban logrando. El Victor comentaba poco pero de todas formas me hacía sentir su apoyo y empatía. Nos pusimos a ver tele mientras tomábamos té con empanadas de pino que había hecho la mamá del Bryan, y pude relajarme un poco y sentir que lo que había pasado no había sido tan importante.
—No puedo creer que le haya puesto tanto color. Que vergüenza —comenté.
—No le pusiste color…o bueno si, un poco —me dijo el Pedro—. Quizás exageraste el llanto —se rió—, pero lo que hizo él no fue muy bonito tampoco.
—Está bien que llores, no te preocupes por eso —me apoyó el Bryan, dándome unas palmadas en la espalda.
Al rato el Victor se tuvo que ir, así que se despidió de nosotros y el Pedro lo acompañó a tomar colectivo.
—Te apuesto que aún ni te ha hablado para pedirte perdón —me dijo el Bryan cuando estuvimos solos.
—Capaz que no —le respondí buscando mi celular entre mis bolsillos. Entré en pánico al no sentir mi celu en ninguno de mis bolsillos—. CSM se me quedó el celu en su cama —le dije con pesar.
—¿Estarán preocupados tus viejos si no contestas? —me preguntó.
—Si, obvio que se preocuparían —le respondí—. Pero les dije que me quedaría a dormir donde el Huaso, y cuando lo hago no me llaman mucho. Aparte si llaman quizás el Huaso contesta y les dice que estoy durmiendo.
—¿Quieres dormir acá entonces? —ofreció mi amigo—. Digo, en caso de que el Huaso les haya dicho que estás durmiendo en su casa.
Acepté su ofrecimiento. Me llevó a su pieza y me dijo que podía dormir en su cama, que él dormiría con su hermano, y me dio permiso para desordenar todo lo que quisiera.
—Gracias por soportar mi crisis de hoy —le agradecí, con un poco de vergüenza.
—De nada Larry, para eso estoy —me sonrió y me dio un suave golpe de puño en el brazo—. Solo no dejes que te traten mal. Nunca. Te mereces mucho mas que eso —me dio un fuerte abrazo—. Te quiero mucho wn.
—Yo también te quiero caleta wn —le respondí, con un nudo en la garganta. Lo apreté bien fuerte contra mí, como si haciéndolo pudiera absorber el máximo de su tranquilidad y sabiduría.
—Buenas noches —me dijo después de unos largos segundos de abrazo.
—Buenas noches —le respondí. Cerró la puerta y me dejó solo en su pieza.
Me saqué la ropa y me acosté en su cama bajo las tapas. A pesar de todo lo que había pasado (o por causa de ello), me quedé dormido de inmediato, y me sumí en un sueño profundo sin volver a despertar hasta la mañana siguiente.
Cuando desperté ya tenía la mente mas despejada y me di cuenta de verdad lo que había hecho el Huaso. Entendía que tuviera miedo por la posibilidad de que sus padres se enteraran, pero ésta era tan remota que lo que hizo fue injustificado, y así pasé de la pena al enojo.
Me desperté y comencé a vestirme, y en ese momento el Bryan tocó suavemente la puerta y entró a la habitación.
—Hola —me saludó con su habitual sonrisa—. ¿Cómo dormiste?
—Bien —le respondí—. Ahora estoy con rabia —se rió.
—Tranquilo wn —me dijo sacando ropa de su closet—. Tienes hartos días para no verlo si no quieres.
—Menos mal.
Me ofreció quedarme a desayunar, pero le dije que prefería irme lo mas luego posible por si mis papás habían llamado mucho por teléfono. Me despedí de él con un largo abrazo de agradecimiento, y me fui.
Al llegar a mi casa, no había nadie levantado, así que supuse que me había salvado del interrogatorio, pero cuando estaba subiendo las escaleras, escuché que mi papá abrió la puerta de su habitación y me habló.
—¿Y usted por qué no contesta el celular? —me preguntó con voz grave. Me volteé para responderle, esperando que no se notara en mi rostro la pésima noche que pasé.
—Es que se me descargó y no me di cuenta —inventé.
—Mmm, ya —evaluó mi respuesta—. Estábamos preocupados por usted. Para la próxima cargue su celular —me recomendó y se acercó a abrazarme.
—Sí papá —le respondí entre sus brazos, disimulando mi emoción y vergüenza por haberlos preocupado tanto.
Ese fin de semana fue eterno. Como no estaba con el Huaso, las horas pasaban muy lentas y sentía que tenía demasiado tiempo libre y no sabía qué hacer con él.
El Bryan se ofrecía para distraerme y no pensar en la pelea con el Huaso.
—Ayer salí con una niña —me contó él mientras jugábamos play.
—¿Con quién? —le pregunté sorprendido, desconcentrándome un poco del juego.
—Es una amiga del Nico, que conocí hace un tiempo. Nos íbamos a juntar el jueves, pero como llegaste mal, lo cancelé —dijo sonrojándose.
—¿Y por qué no me dijiste? —volví a sorprenderme—. ¡Te arruiné la cita! Yo podía irme a llorar a otro lado.
—No, no, no. ¿Cómo se te ocurre? Debiste verte como estabas. Eras un desastre —me explicó.
—¿Y qué tal la cita? —le pregunté dándole codazos en el brazo.
—Buena. Buenísima. Fuimos a las ramadas y la pasamos re bien. Después quiso que fuéramos a su casa, así que fuimos…
—Pero amigo, ¡en la primera cita! —le dije pausando el juego, sorprendido por su rapidez—. Eres bien puto wn —le di golpes en el abdomen, riéndome.
La conversación se vio interrumpida por mi mamá que entró a la pieza con cara seria.
—Hijo, el Pato te trajo esto —me dijo y me entregó mi celular—. ¿Por qué lo tenía él?
Me quedé congelado. No supe que responder (o inventar), así que el Bryan intervino.
—Tía, lo que pasa es que el celu del Huaso murió, y necesitaba uno para comunicarse con su familia porque su hermana está enferma —inventó mi amigo, mientras yo trataba de disimular la sorpresa—. Yo le iba a pasar el mío, pero no usaban los mismos chips, así que no le servía, y por eso el Larry le prestó el suyo.
Mi mamá y yo quedamos perplejos ante la explicación del Bryan.
—¿Y está bien su hermana? —preguntó preocupada mi mamá después de unos segundos. Yo asentí con la cabeza inmediatamente.
—Por eso lo trajo, ya su hermana está bien, así que ya no necesita estar contactando a su familia 24/7 —respondí.
—Ah, ya. Que bueno que se haya mejorado —comentó mi mamá—. Le dije al Pato que subiera, que estaban ustedes jugando acá y no quiso subir —agregó. Se me heló la sangre, pensando que el Huaso pudo haber dicho algo demás a mi mamá por el enojo.
Mi mamá nos dejó solos y el Bryan se quedó mirándome preocupado.
—¿Estas bien? —me preguntó poniéndome su mano en la espalda—. Creo que zafaste super bien —dijo para tranquilizarme y yo me lancé a abrazarlo. Necesitaba aferrarme a alguien, para sentir que todo estaba bien—. Estás temblando —dijo sorprendido.
—Si, sorry —me disculpé separándome de el—, es que me dio miedo que pudiera haberse dado cuenta.
—Al menos lo manejaste mejor que el Huaso. Espero que no me eches a la calle —comentó en broma.
—Idiota —le dije, recuperando un poco la tranquilidad.
Revisé mi celu y tenía muchos mensajes de Whatsapp y la mayoría eran del Huaso, pidiéndome perdón.
—Se ve arrepentido —comentó el Bryan.
—Si… —no sabía como sentirme al respecto. Estaba feliz por saber que estuviera arrepentido, quería estar con él, abrazarlo, besarlo, amarlo; pero aún estaba dolido por lo que hizo, así que le dejé el visto por el momento.
Al día siguiente en la U, estaba trabajando en la tesis y el profe me dijo que desde ahora en adelante los trabajos experimentales no requerirían tanto tiempo, así que el tiempo que me sobraba lo podía ocupar en escribir el marco teórico. Y obviamente yo no le hice caso. Gracias a eso pude recuperar mis turnos en la pega y así distribuí bien mis tiempos entre la u, la tesis y el trabajo.
Al Huaso no lo vi hasta el martes, mientras esperábamos que comenzara la clase teórica de ese día. Cuando llegó no me saludó y yo no entendí por qué si me pedía perdón por whatsapp, pero hice como si nada, porque de todas formas aún estaba molesto.
—¿Qué le pasa? —me preguntó el Bryan en voz baja—, ¿Qué pasó con que te pedía perdón?
—No sé wn —le respondí simulando indiferencia—. Cada vez más raro el Huaso…
Así estuvimos toda la semana. Mirándonos seriamente a la distancia (aunque notaba más enojo en su mirada que en la mía), con el grupo dividido entre ambos. La Claudia no me dirigía la palabra, y el Bryan no intentaba hablarle al Huaso porque sería perder el tiempo. el Victor y la Cata compartían con ambos, pero se inclinaban un poco más hacia el Huaso y hacia mi, respectivamente.
—Oye, ¿qué te pasa? —le pregunté al Huaso el día jueves, cuando lo encontré saliendo solo de la biblioteca en la tarde. El Huaso me miró y siguió caminando como si no hubiera escuchado nada—. ¡Oye! —le repetí, agarrándolo del brazo.
—¿Qué me pasa de qué? —me preguntó haciéndose el tonto y zafándose de mi agarre.
—¿Por qué estay enojado? —le pregunté, calmándome un poco y bajando la voz a un volumen normal.
—¿Te parece poco lo que hiciste?
—¿Qué hice? —le pregunté desafiante.
—Le dijiste a la señora Sonia que somos pololos —dijo bajando la voz para que nadie escuchara.
—¡Nunca le dije eso! —le respondí sorprendido por su capacidad de tergiversación—. Aparte me mandaste mensajes pidiéndome perdón por eso, porque sabes que reaccionaste mal.
—Te quería pedir perdón por haberte echado de mi casa. Para eso fui a tu casa, a dejarte tu celu y pedirte perdón. Pero estabai super bien con el Bryan.
—¿Y por esa wea te enojaste? ¿por el Bryan? —le pregunté incrédulo.
—Siempre que peliai conmigo después te vay a meter con ese weon —me dijo con rabia.
—Voy a hablar con él, porque es mi amigo. No me meto con él —le respondí serio—. ¿O que wea querí que haga? ¿Que me coma tu mierda en silencio y me deprima encerrado en mi casa sin hablar con nadie?
—Ya, si. Tienes razón —dijo después de unos segundos, y se fué, ignorando mi petición de que se quedara para conversar.
Tenia ganas de ir tras él y abrazarlo para dejar todo atrás y solucionar nuestros problemas, insistir en que se le pasara el enojo, pero también me sentía muy descolocado por toda la situación. Me senté en la escalera pensando qué podría hacer para que volviéramos a como estábamos antes, pero solo se me ocurrió hacer lo que hago suelo hacer: arrancar de mis problemas.
Decidí que dejaría de ir a las clases teóricas por el momento para dejar de ver al Huaso. Así, podría despejar bien la mente y decidir qué era mejor para mí.
Claramente no funcionó. Pensaba en el Huaso todos los días, a todas horas, pero al menos eso no me desconcentraba de mi trabajo en la tesis o en los laboratorios prácticos. Sí me desconcentraba en la pega, pero no requería mucha concentración en ese ámbito, ya que el manejo de los clientes era bastante sencillo.
Después de una semana de no ver al Huaso, un dia jueves en la tarde, pensé que la mente me estaba jugando una mala pasada, cuando lo vi entrar a la tienda.
—Hola —me saludó con timidez.
—Hola —lo saludé serio, disimulando la alegría que me daba verlo.
—Quiero ver camisas —dijo inseguro, como intentando omitir que éramos pololos.
—¿De qué tipo? —le seguí el juego, parándome para mostrarle las camisas. Le di la espalda mientras seleccionaba distintos tipos de camisas, y él aprovechó la ocasión para acercarse por detrás mío y abrazarme. Me zafé y me volteé para mirarlo, enojado por su patudez.
—Perdóname por favor —me pidió con la voz temblorosa.
—¿Por qué precisamente? —pregunté serio aún.
—Por todo. Por tratarte pésimo, por echarte de mi casa —dijo con las lágrimas corriendo por su rostro, pero con su voz aún bastante firme para su estado emocional—. Por ser tan celoso y por arruinar todo por ser tan cobarde.
Me hice el fuerte y no mostré señal de perdón.
—Eran varian cosas… —dije en voz alta, como si estuviera pensando.
—Y deben haber muchas mas que no recuerdo ahora —dijo humildemente.
—¿Te dijo algo después la señora Sonia? —pregunté curioso, alargando el momento para perdonarlo.
—Nada… —respondió él, avergonzado.
—¿Y tus papás te han dicho algo? —tenía que confirmar que mis palabras no habían tenido una real consecuencia en su vida.
—Nada.
—¿Entonces admites que sobredimensionaste todo?
—Si —admitió él, cabizbajo—, pero por favor entiéndeme también.
—Pero si yo te entiendo. Entiendo el miedo que sientes porque yo también lo siento. Cada vez que estamos juntos en mi casa lo siento. Tengo terror de que mis papás se enteren, pero al menos sé que te tengo a ti, y como sea que ellos reaccionen tú vas a estar ahí conmigo. Y me duele que tu no sientas lo mismo hacia mí, que prefieras echarme de tu casa en vez de aceptarme como un apoyo emocional —ahora era yo el que lloraba, pero con la voz quebrada y con dificultad para hablar.
El Huaso se acercó a mí y me abrazó fuerte.
—Te amo. Y sé que tu también estarás ahí para mí, pero necesito aprender a manejar el miedo. Me bloqueo cuando entro en pánico, y no lo puedo controlar…
—Ya estay grande como para no saber como reaccionar frente a una situación adversa —le dije con la voz aún temblorosa.
—Lo sé… —me abrazó más fuerte.
Estuvimos ahí abrazados por unos segundos, asimilando nuestras palabras.
—¿Vas a dejar de enojarte por juntarme con el Bryan? —le pregunté, después de un rato.
—Lo intentaré —aceptó—. Todo lo demás prometo cambiarlo, pero no puedo asegurar que me va a empezar a caer bien ese weon.
—De verdad que no te entiendo —le dije molesto, separándome de él.
—¡Pero si tú sabes por qué me cae mal! —dijo intentando mantener la voz en un volumen normal.
—Ya, pero yo ya te dije que eso es imposible, que te estas pasando muchos rollos.
—Bueno, y por eso lo seguiré intentando, olvidarme de mis celos, dejarlo pasar. Te lo juro que lo intentaré —prometió, acercándose nuevamente a mí—. Por ti.
—¿Seguro? —quise confirmar.
—Seguro. Hasta podría invitarlo a salir un día —se dio el lujo de bromear.
—¿Ah si? —me reí—. Te voy a cobrar la palabra entonces.
Nos reímos, relajándonos un poco por las emociones de la “reconciliación”.
—¿Cuánto te falta para salir? —me preguntó, abrazándome.
—Salgo a las 9. Si quieres esperas conmigo, queda media hora —ofrecí.
—Bueno, te espero —se comprometió, y me besó. Por fin después de semanas pude sentir sus labios. Me estremeció como si fuera nuestro primer beso, y de inmediato crucé mis brazos en su nuca.
Él aprovechó el impulso y me tomó de las piernas, y cargándome me llevó al escritorio.
—¿Qué onda esto? —preguntó sorprendido al ver que no llegaba a la superficie del mueble. El escritorio era mas bajo de lo normal, así que quedé a una altura medio incómoda—. Bueno, cambio de planes entonces —dijo sentándose en mis piernas, frente a mí, y nos besamos.
Nos besamos lentamente, disfrutando nuestro “reencuentro”, el cual fue interrumpido por unos crujidos. Nos quedamos inmóviles y en silencio al escucharlos, pero al hacerse más fuerte los crujidos caímos ambos al suelo, entre los restos del escritorio que había cedido bajo nuestro peso.
—¿Estás bien? —me preguntó preocupado el Huaso, y tras mi respuesta afirmativa con la cabeza, se puso a reir por lo ocurrido—. Amor, creo que te acabas de quedar sin pega.
—Si… —respondí, intentando pensar en como iba a solucionar tremendo problema.
El Huaso, parte 29: “Tesis”
Parte 1, Parte 2, Parte 3, Parte 4, Parte 5, Parte 6, Parte 7, Parte 8, Parte 9, Parte 10, Parte 11, Parte 12, Parte 13, Parte 14, Parte 15, Parte 16, Parte 17, Parte 18, Parte 19, Parte 20, Parte 21, Parte 22, Parte 23, Parte 24, Parte 25, Parte 26, Parte 27, Parte 28.
—¿Podí creer lo que hicimos? —me preguntó el Huaso mientras ordenábamos la pieza de mis viejos, limpiando cualquier rastro de evidencia de los hechos ocurridos en su ausencia.
—¿A que te refieres? —le pregunté, haciéndome el tonto.
—¡Que tiramos en tu auto po! —dijo con una sonrisa complice en su rostro—. Y estábamos super cerca del peaje. Nos pudieron haber pillado —se mordió el labio y se puso rojo.
—Si po —le dije pensando en lo que acababa de decir—. No sé qué me pasó que estaba tan ganoso.
—Ambos sabemos por qué fue —me miró con su sonrisa coquetona característica. La presencia de su primo, y los besos de despedida con él nos habían dejado muy excitados.
—¿Quieres hablar al respecto? —le dije, aprovechando que sacó el tema. Le tomé la mano y lo hice sentarse a mi lado en la cama—. ¿Estás bien?
—Si, amor —me miró a los ojos y juntó nuestras frentes—. Fue una tontera del copete… o no sé si del copete. Me pasé muchos rollos, solo eso —me pasó su brazo por la cintura—. Te amo —y cerró el tema con un beso.
—Yo también te amo —le dije una vez terminado el beso.
—Podríamos aprovechar que estamos aquí en la camita… —comenzó a decir, sugiriendo que volviéramos a hacer el amor.
—Primero ordenemos, y después todo lo demás —le advertí.
Continuamos limpiando y ordenando, y lavando la ropa de cama, y una vez terminada la jornada de aseo, nos tiramos en el sillón, agotados.
—Weon no pensé que nos demoraríamos tanto —le dije al Huaso, acostado encima de él.
—Nos habríamos demorado menos si fueras menos disperso —me respondió él con un dejo de amargura.
—¿Qué tiene? —le pregunté levantando la cabeza de su pecho y mirándolo a los ojos— quedó limpio y ordenado, que era el objetivo.
—Sí, pero no era necesario cambiar de posición todos los muebles para darles una sorpresa a tus viejos —sentía la pesadez en sus palabras, pero me seguía acariciando el cabello.
—Era necesario hacerlo porque ahora se ve más espacioso —le discutí.
—Bueno, quizás era necesario eso. Pero déjame ver como justificas el haberte puesto a ordenar los CDs de música por la fecha de nacimiento del cantante.
—Fue por orden alfabético —lo corregí—. Aparte tu sabes que no puedo dejar las cosas a la mitad. Si estoy ordenando, tengo que ordenar todo.
Ambos estábamos cansados y por eso tuvimos esa pequeña discusión.
—Vamos a tu pieza mejor —me dijo después de un rato, balbuceando—. Sigamos peleando allá.
—Más rato, descansemos un rato acá mejor —y acatando altiro mis palabras, me tomó y me acercó para quedar ambos cara a cara.
—Bueno, y de ahí comemos algo igual —me dijo antes de darme un beso, y al rato nos quedamos dormidos.
Nos despertamos al día siguiente, como a las 8 am, ambos sorprendidos por la cantidad de horas dormidas. El cansancio acumulado de tener un invitado en la casa y haber hecho tantas cosas en todos esos días nos pasó la cuenta.
Esa tarde era la última que tendríamos juntos en mi casa, así que tuvimos nuestra sesión de despedida.
Nos dirigimos a mi habitación, donde él tiernamente me abrazó y me besó. Me recostó en mi cama y pasó sus manos por mi abdomen y mis pectorales tras sacarme la polera. Se montó encima mio y comenzó a mover su cadera, rozando nuestras pelvis con los pantalones aún puestos.
Ambos nos sacamos la ropa independientemente, y una vez estuvimos los dos desnudos, el Huaso se lanzó a besarme, esta vez con más pasión. Me hizo sexo oral acostado de estómago en el colchón, con su cabeza entre mis piernas, pero luego yo lo hice voltearse para poder tener un poco de “actividad”.
Me incliné hacia adelante y comencé a mover mi cadera, de adelante hacia atrás y viceversa, metiendo y sacando mi pene de su boca, lo que a esa altura yo ya sabía que le encantaba. Luego me acerqué a hacerle sexo oral, haciendo un 69, donde ambos nos dábamos placer mutuamente.
Cambiamos de lugar, y yo me acosté de espaldas en la cama, y él acercó su trasero a mi cara, exponiendo su ano para poder hacerle un beso negro mientras él me hacía sexo oral. Al rato él se levantó y se montó encima de mí. comenzó a mover la cadera, rozando mi pene completamente erecto con sus nalgas. Sus movimientos eran irregulares, con nerviosismo, como cada vez que hacía de pasivo, pero como todas las veces anteriores, con el tiempo y la calentura se iba soltando y disfrutaba al máximo.
Se levantó levemente para que yo tomara mi pene y lo pusiera en su ano, y él bajó lentamente su cuerpo, hasta tener mi pene completamente dentro suyo. Se comenzó a mover despacio, de arriba abajo, dejándose caer en mi pelvis, gimiendo con cada sentada. Mientras yo lo masturbaba, él me pellizcaba las tetillas, y luego yo apretaba sus glúteos entre mis manos.
Cambiamos de posición y lo puse en cuatro, y seguí follándolo como antes, con fuerza y fluidez. Me inclinaba encima de él, abrazándolo por detrás y besándole el cuello y la nuca, y en la boca también cuando volteaba su rostro, para verme como lo hacía mío. Seguía moviendo mi pelvis mientras lo abrazaba, y así aprovechaba de seguir masturbándolo.
Comenzó a respirar entrecortadamente, y yo aproveché de aumentar la intensidad de los movimientos de mi mano, pero luego solté su pene y me levante y me enfoqué solamente en mi pelvis. me moví rápidamente, de adelante hacia atrás, con todas las fuerzas que me quedaban, provocándole tal placer que terminó eyaculando, y las contracciones de su ano producto del orgasmo me estimularon mas y mas.
Me salí y comencé a masturbarme, y al acabar, chorros de semen cayeron en su espalda. Volví a meterla en su culo tras eyacular, un par de estocadas y luego terminé. Me acosté de espaldas en mi cama y él se recostó encima mio, sonriendo.
—Estuvo rica la despedida —me dijo, acariciándome el pecho.
—Muy rica —concordé—. Fue un gusto conocerte.
—Igualmente… ¿cuál era tu nombre? —bromeó.
—Jean Paul —le seguí el juego, imitando pobremente un acento francés.
—Bonito nombre —dijo él—. Un gusto —me extendió la mano. Con esas habilidades debes haber hecho felices a muchas mujeres, Yam Pol.
—No tienes idea cuantas —respondí haciéndome el macho alfa.
Nos reímos de la tontera que estábamos haciendo y nos fuimos a la ducha para bañarnos, donde el Huaso aprovechó mi completa desnudez para hacerme un beso negro express, que me encantó recibir.
Lo fui a dejar a su casa, y nos despedimos con un abrazo en la entrada de la casa. Aproveché hasta el último segundo de nuestro abrazo, acariciando su cabello y sintiendo su aroma.
—Gracias por quedarte conmigo —le dije.
—Gracias a ti por aceptar mis tonteras.
—Te amo demasiado —lo presioné fuerte contra mi cuerpo.
—Yo también te amo —se separó de mí, miró para ambos lados de la calle y hacia atrás, para asegurarse que nadie nos viera, y me dio un piquito—. Chao amor —me dijo en voz baja, y se acercó a la puerta de la casa, desde donde me hizo señas para despedirse.
Me devolví a mi casa y se sentía muy vacía y solitaria. Fue raro haber estado viviendo con mi pololo en mi casa solos, pero ahora en la soledad lo extrañaba.
Al otro día llegaron mis viejos, así que no estuve solo por mucho tiempo. De todas formas la despedida con mi pololo había sido un poco exagerada porque igual nos seguimos viendo los días siguientes.
Con la llegada del segundo semestre, los nuevos ramos nos impidieron vernos mas seguido con el Huaso, ya que en todos los laboratorios quedamos en grupos separados. Además, tuvimos que comenzar con las tesis, y por un terrible malentendido, quedé solo.
—¿Cómo que la vas a hacer con la Claudia? —le pregunté al Huaso, cuando almorzábamos todos juntos en el casino.
—Si po, si tu te juntaste con el Bryan para hacer la tesis, y no me dijiste —me respondió mi pololo desafiante.
—Nada que ver, yo estoy con el Victor —se defendió el Bryan.
—¿Viste? —le insistí al Huaso— ¿por qué pensaste que estaría con el Bryan?
—Yo le dije, Larry —intervino la Claudia—. Lo que pasa es que como escuché que el Bryan te preguntaba con quien la harías, pensé que se estaban poniendo de acuerdo —me miraba con arrepentimiento en sus ojos, pero tenía tanta rabia que ni siquiera le pude responder.
—Claudia ¿y si vas a hablar con la jefa para que puedan cambiar los grupos? A ti te tiene buena—sugirió el Bryan, para solucionar todo el mal entendido.
—Ya, a la tarde iré a hablar con ella —concordó ella—. Así me acompañas tú y aprovechas de anotarte.
—Bueno —respondí escuetamente, con mucha rabia dentro que sentía que en cualquier momento lloraba. Pero me contuve y solo mantuve la mirada fija en la bandeja de comida.
—Tranquilo amor, si vamos a solucionar todo —me decía el Huaso al oído sobándome la espalda, pero yo no le respondía.
“Debiste haberme preguntado, no quedarte con lo que te decía la Claudia”, pensaba en mi mente, pero no se lo dije.
—Oye, ¿y vas a quedar sola tu? —le preguntaba mientras el Victor a la Claudia.
—Si, pero no importa —respondía ella—. No puedo separar a los chiquillos. Aparte voy a ver si me puedo colar en el proyecto de la Cata.
—No creo que mi profe acepte porque yo empecé hace rato —intervino la Cata.
Terminamos de comer, hicimos la típica sobremesa, y después nos fuimos a la oficina de la jefa de carrera, donde ingresamos con la Claudia y el Huaso para poder hablar con ella, pero todo salió peor.
—Que bueno que viniste a inscribirte Larry, justo te estaba buscando —me dijo la jefa cuando le dije que iba a inscribir la tesis, aunque dudo que de verdad me haya estado buscando—. Solo queda la tesis del profesor Rosales, pero no te preocupes que es una de las mas interesantes—. La jefa ignoraba que nadie había elegido al profe Rosales porque era muy estricto y severo en clases, y todos le temían para trabajar con él—. Eso sí es una tesis individual.
—¿No puedo ser con el Pato? —le pregunté tímidamente.
—¿Pero que no él está inscrito con Claudia? —me preguntó— ¿sabes que no puedes trabajar en dos tesis cierto? —esta vez se dirigió a mi pololo.
—Sí, lo que pasa es que queríamos ver si me puedo cambiar de mi tesis, a la tesis del Larry —explicó el Huaso.
—Imposible —respondió la jefa—. Las tesis inscritas ya están firmadas y timbradas por el decano.
Sentí como un peso cayó en mi estómago. La idea de no hacer la tesis con el Huaso era horrible, pero soportable. Lo que no podía imaginar era como sería ser tesista del profe Rosales, y solo mas encima.
Salimos de la oficina en silencio, y cuando estuvimos fuera el Huaso me dio un abrazo.
—Perdóname amor —me decía al oído.
—Sorry Larry, no fue mi intención —se disculpaba la Claudia, tocándome el hombro.
Yo seguía en silencio, un poco en shock. Solo quería gritarle al Huaso por hacerle caso a la Claudia y no consultarme a mí antes de anotarse; pero simulé que ya lo había superado, y traté de cambiar de tema para olvidar lo que acababa de pasar.
Pasaron los días y perdoné a mi pololo por la cagada que se mandó. Al menos así lo sentía, como una gran cagada, porque tengo tendencia a sobredimensionar todo, pero nunca se lo hice saber así, así que seguimos adelante. Con la Claudia seguíamos teniendo relación cordial, aunque después de el Tesis Gate, le guardé un pequeño rencor en el fondo de mi corazón.
Mi profe de tesis, como buen investigador, aprovechaba el tiempo al máximo, así que apenas se difundieron los nombres de los alumnos tesistas, me llamó altiro para comenzar con el trabajo.
La tesis me demandaba mucho tiempo, estar encerrado en el laboratorio haciendo análisis y preparando muestras, cultivando, analizando y escribiendo. Todo bajo la atenta supervisión de Rosales, que a diferencia de su faceta de profesor en el aula, en el ámbito de investigación era pulcro y perfeccionista, pero un poco más relajado. Pude llegar a conocer un lado suyo más cercano y agradable.
El Huaso, en tanto, aún no comenzaba a trabajar en su tesis, ya que el profe que había elegido junto a la Claudia era super relajado y medio volado.
—¿Vas a venir a mi casa? —me preguntó un viernes, cerca de las 8 de la noche, cuando yo seguía trabajando en la U.
—No lo sé —le respondí—. Estoy muy cansado en verdad, y creo que saldré tarde de acá.
—Puta la wea —dijo entre dientes—. Ya, no importa, que estí bien, te amo —se despidió cortante.
—Pero, ¡oye espera! —le grité para evitar que colgara—, el profe la otra semana se va a un congreso, así que estaré libre y nos volveremos a ver.
—¿En serio? —noté la alegría en su voz—. Menos mal. Te extraño mucho amor —se le pasó altiro el enojo.
Volví a entrar al laboratorio para terminar con lo que hacía, y pude irme a mi casa pasadas las 9 de la noche.
Al otro día tuve que volver a ir, a las 9 am (cero consideración del profe por la vida social de un veinteañero), y me sorprendió con una noticia.
—Joven Larry —comenzó, como me llamaba él—, como la próxima semana no estaré presente, lo dejaré a cargo de Guillermo, mi alumno del doctorado —anunció, presentándome al joven que estaba sentado a su lado.
De cara redonda y sonrisa bonachona, Guillermo me saludó con amabilidad. Era joven, y lo ubicaba porque había terminado la carrera hacía uno o dos años (no estaba seguro).
Al llegar a la casa del Huaso, cerca de las 3pm, tuve que decirle que no tendría tan libre la siguiente semana.
—Puta la wea, Rosales culiao —dijo con rabia el Huaso, acostándose en su cama y tapándose la cara con un cojín.
—Pero igual el Guillermo se ve simpático, en volá no me hace quedarme hasta tan tarde —lo tranquilicé.
—Ya, si igual puede ser —reflexionó—. Podría ir a hablar yo con él y pedirte que te suelte antes.
—¿Y como lo lograrías si se puede saber? —le pregunté incrédulo—. Dudo que le vayas a explicar que quieres pasar tiempo con tu pololo.
—Era una sugerencia nomas —me respondió molesto—. Perdona por tratar de idear oportunidades para vernos.
—Ya, perdona —le dije acostándome a su lado—. No quise sonar pesado —le tomé la barbilla y lo besé en los labios.
—La idea era que yo hablara con él. Por cualquier wea, porque lo conozco, y así en vola te deja salir antes… Jugábamos a la pelota juntos —agregó rápidamente, al ver mi cara de interrogación.
—Igual puede ser —concordé con él, más por cortesía que por convicción.
Nos quedamos acostados regaloneando un rato, pero al rato me levanté, con ganas de seguir acostado con mi amor, pero resignado ante mis obligaciones familiares.
—¿No puedes celebrar el cumple de tu vieja otro día? —me dijo poniendo cara de pena.
—Me parece que no —respondí pensativo—. Pero mañana tendremos todo el día para nosotros —le prometí con un largo beso.
Me fui a mi casa a compartir junto a mi familia, y me sorprendió mi papá al decir que al día siguiente iríamos los tres a San Pedro, para celebrar el cumpleaños de mi mamá en un entorno místico, así que tuve que cancelar a mi pololo también.
—Si quieres invitas a tu amigo Pato —ofreció mi papá—. Porque está solo aca, ¿cierto?
Me sorprendió su ofrecimiento, pero la idea de estar junto a mi pololo y no poder abrazarlo ni acariciarlo, y mucho menos besarlo me mataba. El miedo a que mis padres se dieran cuenta por una mínima señal, un guiño o una mirada más larga de lo normal, de que pololeaba con el Huaso, me superaba, así que inventé que tendría que trabajar en su tesis.
Fue una mala decisión de mi parte, porque el Huaso se enojó aún más, y no me habló durante días.
—¿Te ha dicho algo de mi? —le pregunté al Bryan el martes, cuando lo vi saliendo de un laboratorio que tenía junto al Huaso, y yo estaba trabajando en la tesis.
—Tu sabes que no —me respondió riéndose—. Ya se le va a pasar —me dijo para que me tranquilizara—, aunque igual la cagaste feo.
—Si sé —respondí cabizbajo—, aunque él la cagó primero —aún seguía un poco resentido.
En ese momento el Huaso salió del laboratorio y se dirigió hacia donde yo estaba, y sin decir nada, me abrazó. Le respondí el abrazo, presionándolo fuerte contra mí. La idea del abrazo era para no tener que darnos besos en público (por razones obvias), pero un abrazo tan largo y sin palabras entre dos hombres de seguro levantó sospechas entre los que pudieron observar.
Me dio un par de palmadas en la cabeza y luego me tiró suavemente el pelo, dio media vuelta y se fue.
—Creo que sigue enojado —le comenté al Bryan, sobándome la cabeza donde me había tirado el pelo.
—Pero no soporta estar sin verte, se nota —complementó mi amigo.
Al rato apareció el Guillermo para decirme que tenía que entrar a seguir con las técnicas y análisis, así que me despedí del Bryan.
En la tarde teníamos una clase teorica juntos, así que por fin nos pudimos ver. Cuando llegué seguían esperando que llegara el profe, así que me acerqué al grupo y me senté a la derecha del Huaso.
—Perdóname por ser tan aweonao —le dije al oído, apoyando mi brazo izquierdo en su hombro derecho.
—Bueno —me dijo riéndose, y pasó su brazo derecho por mi espalda y me acarició la cabeza—. ¿Te dolió? —preguntó buscando el lugar donde me había tirado el pelo.
—Un poco —me reí inocentemente. Estaba re contento porque por fin estaba “bien” con mi pololo.
—Igual, me dieron como ganas de ir al baño —me dijo al oído coquetamente mi pololo.
—¿Es en serio? —le pregunté serio.
—Si po, si el profe siempre se demora caleta —me respondió con una sonrisa en la cara, y justo en ese momento llegó el profe—. Puta la wea…
Nos reímos juntos y entramos a clases resignados.
Nos pusimos de acuerdo para vernos al dia siguiente en la tarde. Lo acompañaría a jugar a la pelota con los cabros, y después tendríamos nuestra esperada reconciliación.
Al día siguiente el Guillermo me llamó al laboratorio para explicarme unos resultados que habíamos obtenido, mientras el Huaso me llamaba para saber dónde estaba, porque el partido iba a comenzar. Antes de entrar le mandé un mensaje diciéndole que iba hacia el laboratorio, pero una vez dentro no le podría contestar porque no me llegaba nada de señal en el lab.
Al final la revisión de los resultados tomó mas tiempo de lo esperado, ya que el Guillermo me hizo planificar todo lo que haríamos el resto de la semana según los nuevos resultados, y al salir me llegaron de una todos los mensajes y llamadas perdidas de mi pololo. Lo traté de llamar de vuelta, pero no me contestaba, así que me fui a la cancha a ver si aún seguían jugando, aunque por la hora calculaba que habían terminado hacía mucho rato.
Como no lo encontré, me fui a tomar la micro y me encontré con el Bryan, y le pregunté si sabía algo.
—Se fue con los niños, creo —me respondió confundido.
—¿Y tu por qué no fuiste con ellos? —le pregunté sorprendido.
—Fui a la biblioteca para leer algo de mi tesis —explicó, y sacó un libro de su bolso para mostrármelo como evidencia.
—¿Y sabes para donde fueron? —prácticamente lo estaba interrogando.
—Creo que iban a ir a tomar donde el Victor —respondió—. Larry si pudiera te cambiaría por el Victor en la tesis. No ayuda en nada —comentó con un dejo de exasperación. Nos subimos a la micro, y le pedí al Bryan si podía llamar al Huaso—. ¿Y tu crees que me va a contestar a mí?
—No pierdo nada con intentar —me pasó su celu y llamé.
El Huaso no contestó, pero le mandó un whatsapp diciendo que no le diría donde estaba porque sabía que me diría a mi.
—El Pato wn, se enoja por puras weas —comenté, ya enojado.
—Pero quizás tiene razón en enojarse. Apenas te ve —me dijo el Bryan.
—Si, pero tiene que entender po, si no ando na webiando, ando trabajando en la tesis —me excusé. Se quedó en silencio el Bryan, sin saber qué decir—. Más encima el sábado es su cumpleaños y aún no le he comprado nada —agregué, esperando que mi amigo me aconsejara qué regalarle.
—No creo que sea necesario que le compres algo —comentó el bryan.
—¿Entonces qué le regalo? —le pregunté sin entender de qué hablaba.
—Yo creo que si le das de tu tiempo sería su mejor regalo de cumpleaños —mi amigo una vez más, me dejaba en silencio con su sabiduría.
El Primito: Parte III
Parte I - Parte II
Ahí me dejó como medio helado, no esperaba que me dijera eso así que solo atiné a entrarme a la casa, mis viejos ya estaban por irse a la casa así que llegué justo a tiempo.
A la semana después, me llega un mensaje de texto. Era el Amaro. ¿Cómo chucha encontró mi numero? dije entre mi.
“Oye y no me respondiste lo del otro día po, cuándo nos vemos de nuevo?” decía su sms y al final terminaba diciendo “Soy el Amaro ;)”
“ajajaja hola, cómo estay? como me encontraste?” le respondí a los 15 minutos, para hacerme el interesante y no verme tan desesperado por responderle.
“Eso te lo diré la proxima vez que nos veamos” me dice al segundo que yo le envío el mio.
No encontraba la manera de cómo o de dónde mi primo encontró mi numero, si por lo que sabía no era cercano a mi abuela. En fin, la cosa es que un día X viajé donde mi abuela a pasar el día, en ese entonces como todo pendejo, pasar tardes con la abuela no era del todo aburrido. Lamentablemente no ví al Amaro, tampoco le quise escribir un mensaje para decirle que estaba cerca. Me encontré con un par de familiares más que también vivían por el sector; una tía, un primo con el que ya había conversado un par de veces, le decían Jota y era ya más grande, como 7 u 8 años mayor. Además andaba con la Ale, su hermana dos años más grande y una amiga de ella.
No me llamaba mucho la atención compartir con ellos en verdad, eran más grandes y tenían chistes de adultos fomes que no me daban risa. Pero el Jota me vió algo aburrido e insistió en meterme conversa.
— Oye pendejo y tú cuantos años tení? – me dijo haciéndose el simpático, dándome un codazo en las costillas.
— Tengo 14, ¿y tú? parece que ya eri algo viejo o no? – Le respondí sin disimular mi molestia por haberme dicho pendejo sin siquiera haber hablado antes con él. Patúo.
— Na que ver, 21 años es estar en la juventud plena – dijo con un leve tono de soberbia.
La verdad es que me molestaban y quería que se fueran, ya que no estaba el Amaro, prefería quedarme con mi abuela y era. Así que lo dejé de pescar y me puse a jugar a la culebrita en mi celular.
— Oye y te hai juntado con el Amaro? Ese tiene como tu edad po, o no? – Me dijo casi parándose al frente mío para preguntar — Es terrible loco ese pendejo – replicó y añadió una risa.
— Hmm, sí. Algo lo ubico – le respondí ya con una voz de desagrado, haciendo que se diera cuenta de mi malestar por su presencia.
Me siguió haciendo un par de preguntas sin sentido, él hablaba sobre las cosas de grandes, que yo como pendejo aún no sabía y que cuando creciera iba a conocer lo que era la vida y alardeaba de cosas que para mí eran puro cuento de él.
Al fin se terminaron yendo, y a la noche me fui yo. Ya acostado me volví a acordar del Amaro, y le escribí:
— Estuve cerca de tu casa hoy, no te vi.
Sin respuesta, pensé que ya no me iba a volver a pescar más. Un par de días después mi abuela me llama y me invita a quedarme a su casa, que tenía “grandes panoramas de verano para un lolito de 14 años”, lo que en realidad era acostarse a las 12 en vez de las 10 viendo películas de terror.
Eran como las 6 de la tarde y mientras me bajaba de la micro con mi bolso, veo salir al Amaro del negocio de la esquina, sin miedo ni nada, me acerqué a hablarle, y antes de que alcanzara a decir una palabra me dice
— Weeeena po Martín, como estay? Oye antes que nada, sorry por no responderte el mensaje, es que me quedé sin lucas pa’ recargarlo – mirándome con los ojos del gato con botas, su sonrisa perfecta.
— Dale tranqui, oye me quedaré donde mi abuela hoy, te tinca vernos un rato? – Se la tiré, sin pensarla y antes de que me pudiera arrepentir. No le dejé espacio para respuestas y volví a decirle — Después que tome once te mando un Sms y salimos a dar una vuelta.
El primito quedó como sorprendido con la iniciativa y sin añadir mucho, siguió su camino. Dicho y hecho, un par de horas después, le escribo que estaba listo y me dice:
“Juntémonos en la camioneta de mi viejo, te espero en 5.”
Era una de esas camionetas tipo van, pero más pequeñas. El Amaro me dijo que le pedía las llaves al papá para “subirse a escuchar música”. A mi parecer, era su mini motel. Abrimos la puerta de atrás y nos subimos, avanzamos hasta los últimos asientos, pusimos un poco de música, super baja, y nos sentamos como de lado, mirándonos frente a frente.
— Oye y tu siempre vienes para acá? – le pregunté
— La verdad, es que he venido solo un par de veces - me dijo susurrando. — Oye. y estay equivocado si creí que traigo a todo el mundo aquí – añadió con una carcajada final y al terminar de reírse, me toca la pierna.
— La otra verdad, es que desde lo que pasó en el ciber, como que quería que puro pasara de nuevo.. me gustó caleta. – me decía mientras se acercaba más a mí, ya pasándome la mano por encima de mi paquete y yo sólo dejándome querer. — Tengo que hacerte una pregunta si.. prométeme que me responderás con sinceridad – me dijo mirándome fijamente.
— Sí dale – le dije como asustado.
— ¿Todo queda piola?
— Todo queda piola – respondí.
Se me abalanzó encima como si lo hubiese estado esperando por siglos. Me empezó a dar besos en el cuello mientras que yo con mis manos le sentía todo su cuerpo duro. Su pene era muy sensible, por lo que al mínimo roce ya se le ponía como roca. Él seguía dándome besos en el cuello y cerca de la boca al mismo tiempo que me bajaba los pantalones. Hice lo mismo con él, con la diferencia de que él ya estaba mojado entero. Sus boxer parecían como si ya hubiese acabado. La adrenalina de estar dentro de una camioneta, en un lugar público, con tu primo, era altísima. No fue mucho trámite y bajé a chupársela. El aroma que tenía esa zona mientras bajaba me calentó mucho; un boxer sudado, mezcla de precum, un pene caliente, las feromonas de un mino de 16 años.
— Ven wn – me dijo mientras me levantaba la cabeza y me indicaba que me sentara. — Me toca a mi ahora.
No creía que la pudiera chupar tan bien. Quizás no sea gay, quizás es porque los hombres saben como nos gusta que nos las chupen y por eso lo hace así, decía yo entre mi. El Amaro empezó de a poco, pasando la lengua desde abajo, llegando hasta la punta para después meterlo todo dentro. Subió una de sus manos, buscando mi pezón y cuando lo encontró empezó a jugar con él, me daba una sensación extrema de placer. Yo solo atinaba a tocarle sus rulos, despeinados; a ratos se los jalaba y él soltaba un quejido de dolor. Era porque me lo estaba mamando como nunca nadie lo había hecho y mis espasmos me hacían tirarle el pelo. Luego de estar así por unos minutos, y yo conteniéndome las ganas de explotar, se levantó a mi altura y me dijo
— Te gusta así?
Mientras esperaba mi respuesta, me quedó mirando fijo y se comenzó a acercar, y junto con la adrenalina que ambos teníamos en ese momento, yo me acerqué más, y le di un beso. Me lo correspondió. Aunque para mi mala suerte solo fue uno, intenso y rico. Había superado mis propias expectativas. Todo lo hasta ahora sucedido con él era más de lo que esperaba. Así que seguimos masturbándonos, tocándonos nuestros cuerpos que con los minutos ya habían empezado a transpirar. Él jugaba mucho con mis pezones y mi cuello, mientras que yo me fascinaba con sus piernas gruesas y su pene que parecía volcán en erupción de tanto precum que le salía.
Nos detuvimos como 3 veces porque sentíamos que alguien venía, al final era gente que pasaba por fuera pero que nunca nos vió, obviamente porque nos hacíamos los invisibles.
— Creo que me queda poco – le dije casi jadeando.
— En serio? podí acabar encima mio? – me replicó el Amaro
Que me haya dicho eso aumentó mis ganas de acabar en un 1000%, así que me levanté como pude, me abrí de piernas y me senté con mis piernas abiertas frente a él. Nuestros penes quedaron juntos, y latían como si fueran el corazón mismo. Intenté masturbar ambos penes con una sola mano, como en las películas porno, pero el pene del Amaro era tan grande que no pude. Al comenzar a sentirlo excitarse más y más supe que ya estaba por acabar, yo me empecé a masturbar más rápido. Quería que acabáramos los dos juntos cuando entre gemidos más fuertes me dice
— Ya me vengo !
No terminó la frase y soltó un chorro de semen aún más grande que en el ciber, no paraba de eyacular y ese olor a semen que se esparce instantáneamente me dio el impulso para que yo lo hiciera también. Mi semen le llegó hasta el cuello, le podría haber llegado a la cara si es que no hubiese levantado la cabeza.
Nos quedamos unos segundos inmóviles, pegados, uno frente al otro, y mientras esa pérdida de fuerza que a uno le da después de acabar nos invadía, me fui acercando más y más a él, hasta quedar nariz con nariz. Él toma un suspiro lento, yo tomo el mio, y nos volvemos a besar. Esta vez fue un beso tierno, sin lengua, sin abrir mucho la boca, fue un beso cálido como en forma de agradecimiento por el buen momento que nos dimos.
Luego de eso, me separé de él y le di el espacio para que pudiera limpiarse, acto que realizó nuevamente con su polera. Esta vez no hubo frialdad por lo sucedido, solo preocupación y ese sentimiento de culpa, quizás remordimiento, que a uno le da cuando sabe que ha hecho algo indebido. Ambos guardamos silencio por unos momentos, tiempo que usamos para vestirnos y arreglarnos para poder volver a nuestras casas.
— Oye acuérdate, todo piola, vale? – me dijo el Amaro sin un tono amenazante, sino más a modo de complicidad.
— Si obvio – le respondí mientras nos bajábamos de la van.
El Amaro ya estaba bajando del vehículo cuando escuchamos que desde la oscuridad de la noche alguien venía. Me alejé de él en 1 segundo y me puse lo bastante lejos para no levantar ninguna sospecha. Sabía actuar bien. El Amaro se puso nervioso y empezó a cerrar la puerta algo tembloroso. Alguien tosió dos veces. Se escucharon unas bolsas plásticas. Ya se sentía muy cerca ¿Será el papá?, ¿Nos habrá pillado?, ¿O solo será un vecino equis? me decía yo entre mi en micro segundos.. Ya me estaba pasando todos los rollos posibles y las respuestas que tendría que darle si es que me preguntaba por qué me estaba comiendo a su hijo, a mi primo.
— ¿Y ustedes? – hizo una pausa y añadió con curiosidad — ¿En qué están?
Continuará…
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Y sigan practicando el bare, el cuerpo es suyo es verdad, pero cuídense!!!
Para que todos nos cuidemos y los que no saben se culturícense
Dudes, Meet me here
Don Santino
Don Santino
Hola, me llamo David, tengo 19 y esto ocurrió el verano del año pasado cuando llegué a hacer mi practica a esa empresa, en aquel entonces tenía solo 17 años, fue una buena experiencia, una de las mejores cosas que he pasado en este último tiempo, don Santino fue la primera persona que conocí en la empresa, la verdad es que al principio no me simpatizó, encontré que era un gallo engreído, el típico jefe mirador en menos, despectivo, lo único que me sorprendió primeramente de él es que era demasiado joven para ser jefe, luego supe que era amigo del dueño de la empresa (el dueño tenía más de cincuenta años, nunca entendí esa amistad con tanta diferencia de edad, con el tiempo logré averiguar que ambos pertenecían a una especie de congregación religiosa y que incluso don Santi tenía un noviazgo con la sobrina del dueño), nunca le pregunté su edad, pero calculo que él tenía entre 25 y 26 años.
debo reconocer que soy medio pollo, de echo soy el típico cabro flaco y pájaron, sin polola (novia); don Santino me llevó a conocer al personal que trabajaba en la oficina y así conocí a las secretarias, inmediatamente me fije en la más rica (bella), delgada, simpática y muy curvilínea, era la más joven, tenía 22 años, se llamaba Karen, con el tiempo me hice muy amigo de ella (aunque en el fondo solo quería culiarla, no me importaba que estuviera casada y que tuviera una hija de seis años, confieso que el día que la conocí llegué a mi casa a pajearme pensando en ella), las otras dos eran Fernanda y Mirta de 28 y 32 respectivamente. Karen me contó buenas cosas de la empresa y me dejó tranquilo, solo me hizo una advertencia que después descubriría que era muy habitual entre todos los trabajadores: “ten cuidado con don Santi… (Yo la miré con cara de ¿qué pedo?)…el no perdona, sino pregúntales a las chicas quien es el papá de las guaguas”, las otras dos secretarias estaban embarazadas, se miraron y rieron a carcajadas.
Don Santino era un tipo súper coqueto, galán, era muy muy guapo y muy macho, no era un top model pero era el típico gallo flaco que le comienza a salir barriga cervecera y tetas al ya no ser tan joven (con un poco de ejercicio hubiese quedado muy exquisito), creo que comprendí porqué tenía esa fama de don Juan, el tipo coqueteaba con todo el mundo indistintamente del sexo, en esa empresa nadie se salvaba de su galantería excepto las personas de mucha edad y yo. Resulta que don Santino era muy estricto conmigo y no me trataba muy simpáticamente, era muy jodido conmigo.
Normalmente me tocaba ir a terreno con él, él era el jefe técnico y salía a fiscalizar labores en distintas faenas, siempre que me llevaba me decía “tú debes ser mi sombra, donde yo voy tú vas”. Un día que íbamos en su auto, me sinceré y le pregunte porqué eran tan antipático conmigo, creo que fue ahí cuando todo cambió, me miro coquetamente, sonriendo y me guiño un ojo, yo instintivamente sonreí, juro por Diosito que está en el cielo que hasta ese entonces yo era absolutamente hetero, me sonrojé y me preguntó “¿eso es lo que quieres?”, instintivamente le respondí: “no, me refiero a la amabilidad, creo que yo no le caigo muy simpático, usted me trata de forma muy desconsiderada”, apenas terminé de hablar nuevamente me guiñó un ojo y al verme que yo me ponía nervioso me dijo “simplemente no bromeo contigo porque eres menor de edad, desgraciadamente esta es la forma que tengo de ser simpático” le contesté: ”solo tiene que ser amable, no es necesario que me coquetee, además a mí me gustan las mujeres”, detuvo el auto y se acercó mucho a mí sin tocarme, me preguntó casi susurrando ¿estás seguro?, -“sí, don Santi” respondí muy nervioso, el me miraba a los ojos fijamente, hubo unos segundos de silencio incomodo, entonces volvió a preguntar en un tono de voz muy bajo ”entonces, ¿por qué en tu pantalón se puede observar una erección que no puedes disimular?”. Yo me miré y descubrí que aquella situación me tenía muy excitado, ni siquiera me había dado cuenta que se me marcaba todo el paquete en el pantalón y mi pene ya reventaba de lo duro que estaba. Dejó de hablarme y continuó manejando de regreso a la oficina.
El resto del día me sentí muy mal, no entendía que me pasaba, por un lado me avergonzaba lo que había sucedido y por otro deseaba que don Santi hubiese sido más atrevido conmigo, aburrido de tantos rumores y de tanto escuchar la frase “cuidado con don Santi” le pregunté a Karen cual era la verdadera historia de este hombre, aprovechándome de la confianza ganada le conté todo a ella y a su vez me revelo cosas que no esperaba: “Don Santi tiene un don, es el don de la palabra, muchas y muchos han caído rendido a sus juegos, es un secreto a voces, se dice que incluso se ha tirado al guardia de seguridad, pero todo son historias, nadie nunca revela nada, por ejemplo a mí me parece muy sospechoso que estas dos (refiriéndose a las secretarias embarazadas) tengan casi la misma fecha, ellas nunca me han dicho que efectivamente se metieron con el jefe, pero tampoco nunca lo han desmentido, yo por ejemplo el mejor sexo que he tenido ha sido con don Santi…. (Yo puse cara de impactado al escuchar esa frase)… ¿sabes quién más me confesó haber tirado con el jefe?…. pero no le debes decir a nadie (yo moví la cabeza diciendo sí)…. El Pato”.
-¿pero cómo?, el Pato no tiene pinta de gay (era un trabajador de la empresa)
-no es gay, pero me contó que el jefe se le puso coqueto y que algo pasó en el pero que se le entregó al jefe, me lo contó porque lo pillé llorando súper avergonzado, lo peor es que me dijo que se sentía avergonzado pero no arrepentido, ósea, eso significa que le gustó… yo creo que el jefe debe tener algo así como un pacto con el diablo, no puede ser posible que se afile a media empresa y que a todos le guste, a ti por ejemplo se nota que te gusta la idea de tener sexo con el jefe.
-¿Por qué? (yo seguía con cara de impacto)
-porque se te volvió a parar la corneta
Miré y efectivamente mi pantalón ya reventaba, debo confesar que no ando mal de tamaño, no tengo un pene monstruoso, pero no ando mal, entonces se me notaba mucho. Comencé a respirar profundo tratando de que bajara mi excitación cuando pasa por el pasillo no muy lejos de nosotros don Santino, me miró de pies a cabeza y seguramente debe de haberse fijado en mi paquete, miró a Karen y le dijo, “valla a trabajar”, ella se fue a su puesto y él a su oficina, yo no sabía qué hacer, seguir en esa empresa o renunciar, confundido total y sin poder bajar la erección me fui a masturbar al baño de la oficina, trataba de pensar en otras cosas, en porno, en Karen, pero cuando estaba en lo mejor se me venía a la cabeza la imagen de don Santino mirándome fijamente.
Al día siguiente teníamos que volver a ir a terreno, yo estaba preparando todo para acompañarlo cuando me dice, -“David, hoy voy solo”
-pero don Santi, yo quiero ir con usted
-lo sé, pero yo no quiero que vallas más conmigo-
Y así dio la vuelta dispuso a retirarse, cuando caminaba hacia la salida no pude evitar mirarle su culo redondito y pensé en qué diablos me estaba pasando, miré a Karen que había visto la escena y me hace un gesto como diciendo “¡tú puedes!, no lo dejes ir”, al menos así lo interpreté. Corrí hasta su auto y lo alcancé antes de que pudiera irse. Bajó su ventanilla y me miró con una cara de compasión y me dijo, “disculpame, simplemente lo de ayer… me precipité, no es mi intensión que te enamores”, yo casi no escuché lo que me dijo, ósea, no lo analicé en su momento, solo le dije: “Don Santi, quiero decirle que la próxima semana cumplo los dieciocho años”, se mojó los labios antes de hablar y me dijo “entonces discúlpame nuevamente”, -“¿disculparlo por qué?- le dije, “discúlpame porque los próximos días se te harán eternos esperando a recibir tu regalo de cumpleaños”, diciendo esto se fue. Don Julián, el guardia de seguridad, estaba esperando para cerrar la puerta del acceso vehicular, me miró y me dijo “tenga cuidado con don Santi”.
Don Santino Weinstein 😨😨😨
Con ese nombre no me puedo imaginar a un weon de veintisiempre xd automaticamente es un viejo pelado en mi mente 😩
Buena historia 👌🏽
Compartan cabros 🤤
“Si eres chileno y estas caliente por follar ahora dale reblog”
👀👀👀
El Huaso
En la U tenía un compañero, el Pato, que era del interior de la cuarta región y le decíamos “el huaso” porque vivía en una hacienda allá (con caballos y vacas incluídas) xD. El compadre tenía buena pinta, era moreno, buen físico ya que era seco pa la pelota y aparte en su ciudad natal acostumbraba a hacer trabajo pesado. En primer año no conversábamos mucho, pero en segundo nos tocaba juntos en un grupo de laboratorio y éramos los únicos hombres de un total de 20 alumnos, así que empezamos a juntarnos más por eso (Boy power! lml).
Nos fuimos conociendo, él me contaba de su polola que tenía en la cuarta región, y que de repente lo venía a ver (en esa época yo aun no salía del closet así que solo el hablaba de su polola, y yo cambiaba el tema cuando me preguntaba sobre las minas que me gustaban xd), lo mucho que extrañaba la hacienda y me invitaba a que fuera a pasar el verano allá con su familia.
La amistad fue aumentando y nos empezamos a juntar a estudiar para las pruebas, él venía a mi casa, yo iba a la de él (una pensión), y así, hasta que un día nos quedamos hasta tarde estudiando en su pensión para la última prueba práctica del ramo. Lo noté un poco raro toda la noche, como medio ído. Le pregunté que qué le pasaba y me dijo que estaba medio nervioso porque pensaba que su polola lo engañaba y la weá (yo feliz po, un obstáculo menos xd), pero yo le decía que no se preocupara, que demás eran weas de él, y que siguiéramos estudiando (igual yo estaba súper urgido con el ramo porque no entendía casi nada D: ).
Al final eran como las 3 de la mañana cuando terminamos de estudiar, así que me dijo que me quedara a dormir porque era muy tarde. Yo feliz po, con una sola cama de una plaza en la pieza, y un sillón en el living común de la pensión, había que hacer cuentas nomas (el huaso no me iba a tirar a dormir en el living para que me viera todo el mundo xd). Yo me acosté con polera y bóxer y él se acostó con puro bóxer. Todavía me duele un poco la mandíbula cuando me acuerdo el esfuerzo que tuve que hacer para no quedar con la boca abierta: Su cuerpo tonificado y su piel morena combinaban perfecto con el bóxer blanco apretado que tenía puesto, y que le marcaba un buen bulto. Me tiró a dormir al rincón y nos “despedimos”; le dí la espalda (porque no quería que se sintiera intimidado por mi erección xd) y traté de dormir.
No lo logré (sufro de insomnio cuando me pongo nervioso/ansioso). Me quedé ahí escuchando su respiración, y como se acomodaba un par de veces en la cama, hasta que sentí que mi brazo izquierdo se adormecía, así que me iba a dar vuelta, pero justo el Pato se empieza a mover y me abraza por la espalda.
Un abrazo. Solo eso. Me quedé congelado esperando que hiciera algo más o que dijera algo, pero no hizo ni dijo nada, solo se quedó ahí rodeándome la cintura con su brazo derecho. En el caso de que mi amigo estuviera de verdad intentando tener algo conmigo, me iba a dar la vuelta, así que comencé a levantar su brazo, pero al instante lo volvió a bajar, se reacomodó y pasó su brazo derecho por debajo de mi cintura y me apretó más con ambos brazos, manteniéndome cerquita a él. Y yo ahí me quedé sintiendo su respiración en mi nuca, sus brazos alrededor mío, y su boxer contra el mío, esperando alguna señal de que estuviera despierto en realidad, pero nada. Me resigné a quedarme ahí en esa posición hasta que el Pato en su sueño decidiera lo contrario, así que apoyé mi brazo derecho sobre el suyo y me dispuse a dormir, con una sonrisa en mi boca, y una erección peligrosamente cerca de sus manos sobre mi abdomen.
Cuando desperté, el Pato ya se estaba duchando y yo seguía con la erección (y aparte, con el bóxer húmedo, ya saben por qué). El Pato al salir de la ducha me preguntó “como dormiste?”. Y yo tratando de disimular le respondí que bien. Me prestó ropa para que me pusiera para ir a la u (incluso un bóxer “nuevo” que se había comprado y le quedaba chico así que no lo usaba, pero me quedaba bien a mi), así que me bañé, nos alistamos y nos fuimos.
En el camino de la micro, entre los repasos de la materia para la prueba, me contó que soñó con su polola, y que su sueño había estado tan bueno que había amanecido húmedo.
Continuará…
😍😍😍😍😍😍
N°1, Primeras Experiencias: El Primo.
Hola a todos, tengo muchas ganas de contar mis experiencias y qué mejor que partir por los primeros jugueteos, las primeras experiencias sexuales.
Mi nombre es Cristián, a la fecha tengo 23 años, estudio en Valparaiso y soy del Maule. Sureño, pero ni tanto. Mido 1.78 [m], con guatita, pero pasa piola. Trigueño, pelo negro, ojos cafés, pelo en pesho, piernas y culo. Buenas piernas aunque no soy deportista y esa pinta de varonil piola sin ambiente que a muchos les gusta. Actualmente uso barba, pues me rendí ante la pereza de afeitarme seguido, pero me dicen que me queda mejor, aunque me ha costado que me digan “turco” un par de veces, cosa que no me termina de agradar.
Siempre he sido muy bajo perfil y recién cuando me vine a estudiar conocí más del mundo gay.
Cuando tenía 15 aprox. tuve mi primer acercamiento sexual.En ese entonces medía un poco menos (por ahí me quedé estancado) y era harto más flaco. A la fecha, como todos, pasaba viendo porno, hétero y homosexual en el pc de escritorio en mi pieza. Un primo, Felipe, iba siempre a mi casa, junto a él y mi hermano éramos muy unidos, crecimos juntos y a la fecha nos llevábamos muy bien. Él de vez en cuando usaba mi pc y como podrán adivinar, vio en mi historial de páginas porno. Felipe es dos años menor, más negrito, más bajo, delgado y bueno para el leseo desde siempre.
Un día recibí un mail de un “ninio_mistery”, donde me decía que sabía que era gay, que quería webeo. No cachaba qué onda y me urgí caleta -porque eso hago siempre, urgirme-. Desde ese entonces los juegos de mi primo cambiaron, le dio por los golpes bajos, por agarrarme el paquete y cosas así. Lo que no me molestaba, pues me daba algo de morbo.
Él vivía con mi abuela a quien íbamos a ver seguido, por lo que oportunidades teníamos. Un día en concreto, estando solos en su pieza y con la luz apagada, yo sentado jugando en su computador y él al lado, hablando de cualquier cosa, noté que iba acercando su mano a mi pierna. La puso ahí y de a poco fue subiendo. Ambos nerviosos haciendo como si nada pasara, hasta que siguió acercándose hasta mi entonces virginal paquete. Me lo agarró y al no notar oposición, comenzó a tocarme por encima del pantalón, luego… paff! se abre la puerta, mi siempre inoportuno hermanito llega a interrumpirnos.
No notó nada, pequeño. De una u otra forma conseguimos que volviera a salir de la pieza, para seguir con lo nuestro. Hormonas revolucionadas. No me atrevía a decir nada, me daba vergüenza y miedo que nos descubrieran. Ni siquiera sabía para dónde iba la micro, todo era muy nuevo. Pero parece que él sí. Escribí en el buscador de google:
-Primera vez que haces esto?
-Sí - Respondió escribiendo también ahí.
-Sigue - le escribí nervioso.
Con más ganas me agarró el paquete, por debajo del pantalón y sobre el calzoncillo. Iba subiendo la intensidad de la paja, estábamos a mil. Yo solo cerraba los ojos, no atinaba a más. De repente siento que me suelta el cinturón, abre el pantalón y saca mi pene, para seguir con la paja más cómodo, pensé.
Pero no. Siento algo nuevo, mil cosas. Un calor en mi pene, humedad, una lengua inexperta. Me lo estaban mamando por primera vez. Chupaba el glande como un dulce, bajaba y se lo tragaba todo. Mucha saliva, recuerdo. Adolescencia saliendo por los poros. Siguió un rato, faltaba mucho para que termine, siempre he durado harto, digo con humildad. Le agarraba la cabeza y lo empujaba para que se la trague toda y así… hasta que sentimos pasos.
Como siempre, mi hermano. Apenas alcancé a arreglarme. “Nos vamos”, me dijo. Nos despedimos como si nada, pero algo había cambiado. Y nos gustaba.
Continuará.
Pd: Si alguien llegara a leer esto, agradecería sus comentarios, críticas y sugerencias, primera vez que hago algo como esto.
Merli ❤❤❤❤
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