Interludio Victoriano (Sesión 11ª)
28 de octubre del año de Nuestro Señor de 1889, Mansión del Conde Rostov, afueras de París.
A las 00:00 horas del 28 de octubre, el mayordomo principal nos condujo hasta el lugar donde tendría lugar la subasta. Mientras íbamos detrás de él, Laura se dio cuenta que el mayordomo cuchicheaba unos instantes con Hoid. Parecía que debía acompañar al mayordomo unos instantes. Nuestro compañero se marchó con él, y dejamos de sentirle en nuestro enlace mental.
Estábamos en un comedor pequeño, en una mesa estaban sentados ya los demás asistentes a la subasta del cuadro. Solo faltaban nuestros anfitriones, el conde y la condesa Rostov (y Hoid, por supuesto).
El comedor donde tendría lugar la subasta.
Los asistentes, y el objeto especial que traían para pujar por el cuadro, eran:
Bernard Rimbeau y Marie Marais (Buscadores del Vacío), con la "Brújula de Verne";
Victor y Etienne (vampiros, clan Nosferatu), con una "lágrima de Perséfone";
Un hombre enjuto, del que desconocíamos quién era y qué objeto había traído consigo (no tardamos en averiguar que era Jan Tadeusz Kalinowski);
Nosotros, con "La Caja Órfica",
El mayordomo regresó y tras pedirnos que tomáramos asiento nos preguntó a los presentes si deseábamos beber o comer algo mientras la subasta empezaba. Baine pidió una bebida "con Vis", los dos Nosferatu pidieron sangre embotellada,... El resto declinamos la oferta educadamente.
Hoid regresó, pero acompañado: la condesa Rostov iba de su brazo y él tenía claramente una cara de satisfacción que dejaba muy poco a nuestra imaginación, especialmente por las manchas de carmín que tenía en su cara.
La hermosa Condesa Rostov.
Prácticamente detrás de ellos apareció el Conde Rostov, tan elegante como en el cuadro que habíamos visto la última vez que estuvimos en la casa y llevando consigo el cuadro para la subasta. Baine se percató de que el objeto brillaba mucho. Usando nuestro enlace mental, Laura nos dijo que detectaba mucha Correspondencia, mientras que yo sentía Espíritu también... El conde nos dio la bienvenida a todos.
Hoid se sentó a mi lado y me susurró que la condesa estaba de nuestra parte si las cosas se ponían complicadas para nosotros... Empezó a ir creando pequeñas "cápsulas de Tiempo", a las que podríamos intentar volver si algo malo ocurría a partir de ese instante.
Ya estábamos todos y el Conde nos pidió mostrar los objetos que cada uno había traído consigo para intercambiar por el cuadro. Los Buscadores del Vacío mostraron la curiosa "brújula de Verne". Los Nosferatu la "Lágrima de Perséfone", el hombre enjuto (en ese momento supimos a ciencia cierta que era Kalinoswki) un pequeña estatua con la forma de un rudimentario barco de vela y yo enseñé la "Caja Órfica".
El Conde estuvo observando cada uno de los objetos. Kalinowsky parecía pensar que tenía ganada la subasta, su aptitud era bastante altiva y despreciaba a todos los demás. Parecía que había algún tipo de relación previa entre el conde y él. El Conde estaba muy sorprendido por el objeto que había traído aquel hombre con el que tantos problemas teníamos desde que recibí aquella misión en Londres. La estatua con la forma de un barco de vela resultó ser el famoso "Grillete" que habíamos oído hablar de boca del espíritu del Kaos en Londres y que había sustituido a cierto libro que Dreyfuss tenía en su poder y que aquel tipo buscaba con ahínco. Dicho objeto había sorprendido al Conde después de que Kalinowski hubiera perdido el libro... Observé el objeto y me di cuenta que en efecto era un grillete, pero extremadamente poderoso. ¿Sería el "grillete" por antonomasia? Algunos espíritus sin reposo hablaban de la desaparición de ese objeto del Inframundo...
El Conde Rostov nos habló acerca de sus motivos para organizar esa subasta. Unas brujas videntes en Londres vaticinaron su caída. Su enemigo y causante de dicho destino sería alguien cuyo nombre ya conocíamos, Kalamus. Había perecido ante él pero gracias a su esposa, aún estaba allí con nosotros. Le echó en cara a Kalinowski que su "Señora del Dolor" no hubiera estada más activa últimamente, ocasión que aproveché para decir en voz alta que era una ladrona de creyentes, engañando a posibles fieles de otras religiones para que fuera tomada por, por ejemplo, la Madre Oscura.
Parecía que en esa subasta el conde encontraría todo lo necesario para eludir el triste destino que le aguardaba, pero le faltaba algo (probablemente el libro que tenía Dreyfuss). De entre todos los objetos que habíamos presentado, le gustó más la "lágrima de Perséfone", aunque nos dijo que realmente no era tal cosa aunque lo pareciera, ésta tenía vetas en su superficie, en lugar de ser totalmente oscura. Pensaba que se trataba realmente de una "esquirla del Olvido", y que estaba unida a alguien. Él quería encontrar a esa persona a la que estaba unida dicha esquirla. Nos daría lo que quisiéramos a los que la encontráramos para él.
Aube llegó a preguntar al conde si revocaría su palabra y si nos uniéramos a él le arrebataría el cuadro de la subasta a sus legítimos dueños, los Nosferatu... El conde respondió afirmativamente.
Sacó del bolsillo interior de su chaqueta una extraña llave con la forma del Omega y comentó que esa llave podría ayudar a Hoid, aunque sabía que él no recordaba todo lo ocurrido entre ellos, él y cierta bailarina especial de la Opera de París... también le dijo que fue una lástima que él fuera insuficiente para protegerla, y también bastante cruel lo que le hizo... Sin especificar nada más, pero con la llave no solo podría recordarla, si no que algo más... Kalinowski dijo que Hoid no tenía la facultad para que cumpliera lo ocurrido.
El conde echó en cara a Kalinowski que éste no consiguiera los 2 cuerpos que le pidió para entrar en la subasta, solo 1 (ésto tenía probablemente que ver con lo ocurrido en el Palacio de Cristal con los Buscadores del Vacío)
Hoid y Baine se ofrecieron a buscar a esa persona. Vi fugazmente a la niña pelirroja, mi Avatar, que me indicaba con señas que no fuera, que sería peligroso para mí...
Los Buscadores del Vacío aceptarían a ayudarle a buscar a esa persona si él les ayudaba a recuperar el "bla bla bla" (seguíamos sin entender lo que querían decir, aunque Hoid y yo tuvimos la sensación de que algo de esas palabras empezaba a entenderse... pero desaparecieron al momento de mi memoria)
Aitor nos comentó usando nuestro enlace mental que tenía la completa seguridad que Kalinowski había podido estar implicado en el robo de ese objeto a los Buscadores del Vacío.
Los Nosferatu no estaban dispuestos a ayudarle a buscar nada más. Ya tenían lo que querían, el cuadro... (cosa que nos venía muy bien a nosotros, por el trato que habíamos hecho con su facción)
Kalinowski se puso en pie, diciendo que ya bastaba de tantas tonterías, se desabrochó la chaqueta, el chaleco y la camisa, mostrando extrañas letras en su piel que se movían. Dijo en voz alta "¡La Señora del Dolor vencerá!" y todos los que estaban en la habitación desaparecieron, dejando cenizas y arena en su lugar. Nosotros fuimos los únicos que permanecimos aún allí.
Baine intentó entrar en la Umbra. Pero en lugar de conseguirlo explotó. Nos salpicó a todos con grandes cantidades de arena, quedó en el suelo, muy pálido, cubierto de harapos y faltándole un brazo. La viva imagen del supuesto "rey mendigo" que dijo haber visto en el vagón-comedor en la estación de tren.
Hoid intentó rebobinar el tiempo, pero fracasó. Tanto su aspecto como sus ropas, empezaron a envejecer.
Todos nos empezamos a encontrar un poco mal, con la excepción de Laura. La maga del futuro intentó usar sus focos para conjurar un portal para sacarnos de allí, pero algo la detuvo. Quizás lo mismo que había impedido a Baine entrar en la Umbra.
Tras intentar ayudar a Hoid con un hechizo, descubro que estábamos dentro de una burbuja que se estaba resquebrajando con nosotros dentro. Debíamos salir de allí enseguida si no queríamos acabar mal todos.
Me pareció escuchar unas voces familiares, ahora iba entendiendo algo más pero no llegaba a escuchar todo el mensaje con claridad. Mi Avatar reapareció indicándome que la siguiera, parecía poder guiarnos hasta una salida de aquel lugar antes de que se colapsara con todos nosotros dentro. Cogí la caja órfica de encima de la mesa del comedor y salimos corriendo del comedor por un pasillo hasta encontrarnos con unas escaleras ensangrentadas que subimos a toda velocidad.
Las escaleras ensangrentadas hacia el piso de arriba.
Pasamos por el imponente salón de baile, ahora allí toda gente antes estaban bailando se estaban matando los unos a los otros, mutilando horriblemente y devorando a los que tenían en frente...
Seguimos avanzando, dejando de lado la biblioteca, desordenada y cuyos libros parecían querer escapar de sus paredes hacia la puerta. Hubo que impedir que Dreyfuss se quedara allí intentando rescatar alguno de ellos... NO había tiempo que perder.
La biblioteca desordenada...
Llegamos a una zona en la que estábamos casi atrapados, una parte está casi distorsionada y con un extraño humo verdoso. En la otra parte hay una mujer de terrorífica apariencia, que parece no poder atravesar ese muro de humo verdoso. ¿Sería quizás la "Señora del Dolor" en persona?
El humo verdoso impidiendo pasar a la extraña mujer...
Fuimos por la parte del humo verdoso y en ese pasillo nos encontramos con 3 de aquellas criaturas con cabeza como una lamprea que corrieron con la intención de atacarnos.
-Dreyfuss usó su revólver contra una de ellas, disparando y dándole de lleno;
-Aube usó sus focos para realizar un hechizo (que luego vimos que no salió muy bien...);
-Aitor usó su poder para hacer que una de las lampreas ataque a la lamprea herida;
-Yo usé mi revólver y le volé la tapa de los sesos a la tercera lamprea;
-Hoid esperó el mejor momento para actuar;
-Baine, en su estado, también;
-La segunda lamprea sigue atacando a la primera, la tercera está muerta;
-Angus dispara a la que está mordiendo a la primera, malhiriendola;
-Laura remata a la que Angus hirió;
-Dreyfuss volvió a disparar a la que queda aún con vida, pero el disparo falló;
-Aube se lanzó con su cuchillo mellado y oxidado contra la lamprea que quedaba, degollándola.
Seguimos corriendo, dejando los cuerpos destrozados de las lamias detrás nuestra. Llegamos a un pasillo repleto de cuadros. En ellos hay imágenes que se mueven. Hay escenas de los condes Rostov, con distintas actitudes, vestidos, escenarios, etc.
El pasillo repleto de cuadros con escenas de los Rostov moviéndose...
Al fondo del pasillo había un marco que brillaba. Hoid nos dijo que todo se estaba resquebrajando. No había más tiempo. Corrimos y al atravesar ese marco llegamos a una habitación austera y casi a oscuras, con un enorme espejo de pie con su superficie congelada y parcialmente resquebrajado. No parecía haber más salidas allí.
El espejo congelado y parcialmente resquebrajado...
Baine atravesó el espejo, rompiéndolo en mil pedazos y cayendo al otro lado del mismo. Estaba muy débil. Todos lo cruzamos detrás de él.
Nos encontrábamos en una habitación prácticamente a oscuras, iluminados con alguna vela. Había varios cuadros en una pared, todos de la misma mujer, la misma imagen...
La habitación con los cuadros de la misma mujer...
Laura reconoció a la mujer de los cuadros y le puso nombre: Aurora Fosca. Había 8 cuadros (7 de ellos con la misma imagen de aquella mujer mulata con cabello oscuro, piel bronceada, ojos marrones, vestida escasamente. El 8º estaba apoyado en la pared pero vuelto del revés)
De nuevo la imagen de mi Avatar apareció, haciéndome gestos para que rasgara la tela de los cuadros. Sin mediar más palabras, saqué mi daga ceremonial y asesté un corte de arriba a abajo en el lienzo, rasgándolo. Pero el corte afectó a Angus, haciéndole sangrar. Pero además ahora estaba muy pálido, con dos heridas punzantes en su cuello (como si un vampiro se hubiera alimentado de él) y con restos de sangre reseca en el cuello de su camisa. Miré a mi Avatar, parecía afectada también por el daño producido contra el cuadro. Estaba resquebrajándose también. No dije nada a mis compañeros al respecto de lo que acababa de ver.
Aitor usó su Psicometría con el 8º cuadro, el que estaba apoyado y vuelto del revés. Nos transmitió lo que veía desde su mente gracias a nuestro enlace mental y gritó. Vio una niña rodeada de cadáveres, con un feto dentro de una bolsa traslúcida frente a ella que parecía que le estaba contando algo a la niña, también a un hombre de aspecto árabe que estaba sonriendo mientras observaba la escena a escasos metros de ellos.
Al soltar el cuadro, el marco se resquebrajó. Me acerqué al cuadro, cortándome la palma de mi mano y tocando el marco con mi sangre. Escuché algo raro pero no llegué a entender lo que decía...
Usé de nuevo la daga con otro de los cuadros, y al cortarlo fue Dreyfuss el que resultó herido. Sus ojos se volvieron negros, como si no tuviera globos oculares ni pudiera ver... Aquello duró unos segundos, tiempo que el erudito quedó cegado, pero tras derramar lágrimas de sangre su vista se recuperó y sus ojos estaban como siempre.
Toqué el cuadro vuelto de espaldas con ayuda de Hoid y de Aitor, escuché algo... Nuestro enlace mental se rompió con ellos dos.
Mi Avatar insiste en que siga destrozando las telas. Sé que con cada golpe la estoy condenando a su desaparición. Ahora no parece una niña pelirroja, hay momentos en que la veo como si tuviera la piel oscura... Escuché su voz en mi mente, una de las pocas veces en que la había oído con claridad desde que descubrí que era una Despertada. Me dijo: "Rómpeme y mantente alerta, deja escapar a la niña como siempre hiciste, destrúyela como siempre has hecho y recupera lo que tú misma diste para crearme."
Mi Avatar, resultando herida y resquebrajada a cada cuadro que rasgaba...
Les comenté a los demás lo que había ocurrido, cómo había visto a la niña que era mi Avatar y me había hecho salir del comedor de la subasta y seguirla hasta ese mismo lugar. También era ella la que me estaba indicando que rompiera los cuadros, aunque con ello ella misma pereciera...
Me acerqué a otro cuadro, y lo rasgué. Laura fue la que sintió el daño, pixelándose su cuerpo durante unos instantes, antes de regresar a la normalidad.
Corté otro cuadro y ahora Aitor empezó a vomitar un líquido verdoso, se quedó mucho más delgado y pálido.
Corté otro cuadro y el afectado fue Baine, cuyo aspecto era más y más delicado que antes.
Con los dos cuadros siguientes los afectados fueron tanto Hoid como Aube. Los dos se quedaron resquebrajados.
Tan solo quedaba el cuadro vuelto del revés con el marco roto. Mi Avatar estaba prácticamente destrozada, y aún así me miró, sonrió y la escuché perfectamente hablarme diciéndome: "¡Sí!" Le pedí perdón, mientras un par de lágrimas caían de mis ojos. No recordaba cuánto tiempo hacía que no había llorado...
Cogí la daga y rasgué de arriba abajo el lienzo. Noté un dolor atroz, mientras mi Avatar desaparecía convertida en cenizas que se llevaba el viento. Yo me sentí romperme en mil pedazos, mi piel se resquebrajó...
Al fondo de la habitación vimos a la extraña mujer mirándonos.
La mujer que nos perseguía en el pasillo...
Aube empezó a resquebrajarse del todo y bajo ella estaba... ¿Aurora Fosca? ¿Qué estaba pasando aquí?
Mi carne también se estaba resquebrajando, y vi mi reflejo en un espejo roto cercano: ¿yo era Aurora Fosca también?
Yo soy Aurora Fosca... ¿o esto es una pesadilla y debo despertarme?
La Aurora "Aube" me dijo que yo había tardado mucho, pero por fin había caído en cuenta del engaño...
Miré a los demás: Dreyfuss, Angus y Aitor eran figuras traslúcidas. Baine seguía estando maltrecho, muy pálido, sin un brazo y vestido con harapos. Hoid se acababa de convertir en un anciano mexicano sucio pero al que tanto yo como Laura conocíamos bien: Don Genaro. Y yo lo conocía porque poco a poco iba recordando la vida de Aurora Fosca, quien en realidad era... Y Don Genaro también.
Recordé la primera vez que mi Avatar me despertó, siendo un feto y cómo acabé con él aún en el vientre de nuestra madre. Recordé cómo los cárteles acabaron con la vida de mi madre y mi padre y cómo yo acabé con ellos con el mismo revólver con el que intentaron volarme la tapa de los sesos siendo una niña de apenas 10 u 11 años. Recordé a mi maestro, sus enseñanzas, su entrenamiento, mi Avatar volviendo e indicándome con la forma de mi anterior víctima mandada por él a quién debía eliminar de la Rueda de la Reencarnación para siempre...
Recordé conocer a Rubén Albadalejo, otro Euthanatos como yo misma. Recordé aquel trabajo exitoso en Barcelona. Recordé el aviso que me llevó hasta el sur de Madrid, donde conocí a Don Genaro, Eider, Yojimbo, Roger y Laura... Y el Wamatsu, cómo acabé con él finalmente, para bien o para mal. Y Elisa de la Tecnocracia. Y Aralar y cómo Eider desapareció. Y cómo desapareció Don Genaro y conocimos a su amigo Hoid. Y al padre Amezketa. Y el viaje a Japón. Y la Umbra, en donde me perdí...
Vagué sin rumbo, sin saber qué hacer o hacia dónde ir. Así estuve durante ¿horas? ¿días? ¿semanas quizás? Hasta que me encontré, o quizás habría sido mucho más correcto decir que me encontraron Don Genaro y... Don Genaro. Como ocurriera tras salir del espejo, allí estaba la versión corrupta de Don Genaro y mi compañero de aventuras el viejo mexicano soñador.
Entre los dos Genaros me intentaron explicar que nunca llegamos a derrotar al Wamatsu, simplemente destruí el tapón espiritual que por el azar lo detenía, habían muchas cosas que no entendí pero parecía que nuestros destinos estaban unidos hasta cierto punto. Requerían de mí para poder realizar algo muy importante, usando los recuerdos de mis vidas pasadas. Tras mucho hablar, me convencieron de que debía acompañarles hasta el Abismo para realizar un ritual. El Genaro corrupto parecía muy cansado y más viejo, al borde del precipicio. Le pidió a mi Don Genaro el extraño espejo, debía llevárselo después del ritual, o si no lo perderíais en el Abismo. Mi Don Genaro accedió, y el Genaro corrupto usó el espejo como medio de desplazamiento, una vez en el Abismo encontramos un ser que parecía humanoide, de piel blanca casi traslucida, le faltaba un brazo, vestía harapos y se encontraba tumbado entre las arenas del Abismo, inconsciente. Al acercarnos descubrimos que era una persona, pero muy extraña.
Empezamos el ritual alrededor de él, los dos Genaros se conjuntaron bien ya que sus paradigmas eran fáciles de combinar (al ser la misma persona, más o menos), pero en mi caso fue mas difícil añadir mi magia al ritual. Al final, tras regar al ser con mi sangre y bañarlo en el humo de las pipas de los dos ancianos mexicanos nuestra magia se unió y el ritual funcionó, el ser pálido y manco cobró forma con el hechizo y todo a nuestro alrededor cambió: me transformé en una joven pelirroja con ropas victorianas, el ser recuperó su color, su extremidad perdida y su ropa se recompuso transformándose en un hombre también ataviado con ropas del siglo XIX. Al momento comenzaron a aparecer objetos: un reloj de bolsillo, un extraña flor de metal, y un viejo libro, alrededor de los cuales comenzó a formarse una nueva realidad, una realidad pretérita, y mientras el Genaro corrupto nos dejaba, vi como mi Don Genaro cambiaba de forma y adoptaba la de su amigo Hoid…
En ese instante recordé perfectamente qué era lo que escuchaba a veces, con otra cadencia y otro ritmo. Eran las palabras que los 3 usamos para poner en marcha el ritual: "¡Os invocamos aquí a este lugar, espíritus, para crear este hechizo!" Había sido mi voz y la de ambos Don Genaros las que me habían estado siguiendo durante estos días pasados.
La Aurora "Aube" le dijo a la otra mujer enigmática: "Y pensar que nos pusimos su nombre por ella..." De repente, vi que era realmente Aube, pero una Aube fantasmal, reducida a un wraith destrozado, probablemente un mero Espectro consumido por su Sombra...
La enigmática mujer resultó ser una Aube Fonce fantasmal...
Claramente algo cruzó mi mente: Aube Fonce se podía traducir del francés como Alba Oscura, otra manera de llamarme Aurora Fosca (o Dawn Dark, como se me conocía en los países anglosajones cuando realizaba mis trabajos como sicaria)
Estábamos en la Umbra, vimos ante nosotros la mansión de los Rostov entre enormes cañones de piedra, con un cielo oscuro y sin estrellas sobre nosotros, el Abismo.
La Mansión Rostov en el Umbra...
La Aurora "Aube" le dijo a la Aube "Espectro" que allí me tenía a mí, la Aurora que buscaba para vengarse por todo el daño que le había realizado estando en vida (de esa parte no tenía recuerdos, la verdad. A saber qué es lo que le hice... ¿no convertirla en vampiro como le prometí y vaciarla de sangre, como en la visión que tuve?) Ahora le reclamaba el pago por todo aquello.
La Aube "Espectro" le dijo que había cumplido con lo acordado y le entregó a la Aurora "Aube" una llave con forma de Omega y aceptó liberarlo a él... Ese "él" era el espectro que capturamos en el vagón-comedor en la estación de tren y que supuestamente habíamos entregado a la condesa Rostov para poder participar en la subasta de marras. El fantasma llevaba puesta su extraña máscara de porcelana pintada, Aube "Espectro" golpeó la máscara, rompiéndola y de repente apareció ante nosotros Rubén Albadalejo con su forma humana. No estaba muerto al final, solo vimos sangre en su apartamento pero jamás encontramos su cadáver...
El fantasma del vagón-comedor resulta ser Rubén Albadalejo, Euthanatos conocido mío y de Don Genaro...
Aurora "Aube" cogió a Rubén de la mano y ambos desaparecieron delante nuestro. Nos habíamos quedado con la Aube "espectro" y no sabíamos qué iba a intentar hacer contra mí o contra los demás. Me pareció escuchar el graznido de un cuervo tres veces... Don Genaro usó su pipa y empezó a soltar mucho humo, humo que rodeó a la Aube "Espectro" y la encerró dentro de un capullo de humo, atrapándola como una mosca en el ámbar. Parece que el beso de la condesa Rostov escondía un as en la manga...
De repente apareció volando un enorme cuervo negro que tanto Laura como yo misma ya conocíamos bien, Matthew, el familiar de Don Genaro. Nos pidió que le siguiéramos, había cosas que terminar...
Seguimos a Matthew durante un buen trecho por aquellos extraños cañones de piedra. Alcanzamos lo que parecía ser una especie de pórtico en la roca, debíamos pasar por allí para dejar a uno de nosotros en su destino y poder proseguir con el del resto.
El portal que atravesamos siguiendo a Matthew.
Aparecimos frente a una enorme criatura con aspecto de cadáver decrépito. Resultó ser nada menos que Pedro López de Amézketa, el antepasado de Aitor (al que Laura y Don Genaro y yo misma habíamos conocido en Aralar en extrañas circunstancias)
El antepasado de Aitor nos recibe...
El hombre estará rodeado de otros seres parecidos a él, también con aspecto cadavérico tras haber sido malditos por enfrentarse a los designios de la Mari. Otros miembros de la familiar Amézketa habrían acabado regresando al redil, y ahora era el momento para Aitor de hacerlo. La Madre les había dicho que regresaría y les liberaría a todos con los dones de la Mari. Aitor se quitó el amuleto que llevaba al cuello con la figura plateada del Eguzkilore (la flor con aspecto solar típica vasca) y se lo entregó a su antepasado. Pedro le pidió que se uniera a ellos y renaciera. Aitor aceptó y juntos se perdieron con el resto de sus hombres entre la niebla, desapareciendo...
La casa de los Amézketa y sus hombres...
Matthew nos hizo avanzar durante un buen trecho hasta que nos encontramos con un extraño ser muy grande y con lo que parecía ser un espadón.
El extraño ser vigilante del acceso al Laberinto...
Don Genaro notó que algo vibraba entre sus ropas. Se trataba de la Caja puzzle del laberinto. La abrió de nuevo y en una nota que ya habíamos leído anteriormente, ahora había un nuevo mensaje escrito en el reverso de la misma:
para poder escapar no tienes más remedio que hacerlo a través del Laberinto. Matthew te guiará como pueda.
Había que hacerlo, aunque ese camino nos llevara a lo más hondo del Inframundo, muy cerca de la Boca del Olvido, donde todo desaparecía para siempre...
El enorme ser de la espada le pidió algo a Don Genaro para dejarle pasar, éste le entregó la caja puzzle del laberinto.
Estábamos en el Laberinto, tal y como los muros ciclópeos que teníamos ante nosotros con aquellas extrañas figuras talladas nos atestiguaban. Vimos a lo lejos el oscuro mar que rodeaba Estigia.
Avanzamos no supimos bien por cuánto tiempo, y de repente tanto Angus como Dreyfuss desaparecieron en el aire, seguramente reclamados como fantasmas que eran. En esta ocasión tanto el reloj de bolsillo como el libro desaparecieron junto a sus formas espirituales.
Entramos en el Laberinto Laura, Baine, Don Genaro, Matthew y yo misma. Tras un buen rato andando, Matthew se posó en el hombro del anciano mexicano y le dijo que nuestro camino debía separarse allí. Laura y yo misma nos despedimos del anciano, esperando volver a verle de nuevo pronto.
El anciano mexicano y el cuervo desaparecieron...
Don Genaro, Caminante de los Sueños, y su familiar-avatar Matthew.
Seguimos adelante, Laura nos dijo que estaba escuchando una música que le sonaba mucho... la que escuchó en su sueño antes de ser arrastrada al siglo XIX con nosotros.
Avanzamos rápidamente, hasta llegar a una enorme puerta brillante en mitad de la nada. La música parecía venir de su interior. No teniendo nada más que perder, decidimos entrar.
La puerta en el Laberinto de la que salía esa música...
Al pasar por la puerta nos vimos llegando a una discoteca. La música seguía sonando, pero estaba llena de cadáveres. La mayoría llevaba sus teléfonos móviles en la mano. Se habían asesinado los unos a los otros de las formas más atroces posibles, aquello nos recordaba otros momentos anteriores de nuestro pasado.
La discoteca llena de cuerpos mutilados...
Baine se sentó en el suelo mientras que Laura examinaba los móviles de algunas de las víctimas. Encontró un archivo censurado por YOUTUBE en todos ellos que se titulaba "Consejos por Naiara Fernández".
Aquello tenía muy mala espina. Me di cuenta de que llevaba algo conmigo en uno de mis bolsillos: ¡la Caja Órfica!
Continuará en M20: "Las tareas de Amézketa".