Técnicas para detectar a una bruja
Las acusaciones de brujería han sido, históricamente, para señalar de mala manera a mujeres que han destacado desde su rol de género al interior de su comunidad, ya sea por longevidad, superioridad física o intelectual o incluso por un gran sentido espiritual. No deja de ser interesante que la transgresión del rol social femenino fuera vinculado fuertemente con la figura del demonio, el personaje más negativo dentro de la óptica cristiana, lo que implicaba un desorden social que muchos no estaban dispuestos a re-adaptar.
Uno de estos casos es el del inglés Matthew Hopkins quien, a mediados del siglo XVII se autodenominó como el cazador de brujas oficial de Gran Bretaña. Dentro de la persecución, se le ha calificado como el que tuvo mayor número de mujeres registradas y condenadas como brujas. Para detectar que una persona acusada no fuera injustamente calificada como bruja, Hopkins ideó un compendio de pruebas que podrían certificar que alguna de dichas mujeres tuviera algún tipo de vínculo con las fuerzas demoniacas. Como la tortura era un mecanismo prohibido en la Inglaterra de ese entonces, había que ser ingenioso para diagnosticar a una bruja.
La sosprechosa era sometida a una exhaustiva revisión corporal que incluía también una depilación general, el objetivo era buscar la así denominada "marca del Diablo". De poseerla - casi cualquier marca de nacimiento, verruga, lunar o peca podía ser interpretada como tal - era sometida a otros rituales que buscaban su confesión como bruja. Entre ellos se incluía la privación del sueño donde luego de días sin dormir se esperaba que las mujeres aceptaran que tenían algún tipo de acercamiento al maligno; otras pruebas eran derechamente un acto de fe, se les cortaba o punzaba con objetos con poco filo, si no se sangraba esto indicaba una anomalía cercana con el mundo de lo mágico o se sometían al conocido ritual de la silla en donde eran atadas a un asiento y arrojadas al agua mediante un complicado sistema de equilibrio, la creencia dictaba que si lograban escaparse de ello era una bruja, si no moriría pero inocente. Los métodos de Hopkins fueron ampliamente criticados incluso en su tiempo porque, como es posible apreciar eran métodos antojadizos y la ciencia comenzaba rápidamente a cubrir los espacios de lo inexplicable.
En la fotografía, se pueden apreciar la interpretación de un Aquelarre de Brujas (1606) por parte de Frans Francken.
Para mayor información sobre el cazador de brujar, leer el texto de Cabell, Craig: Witchfinder General: The Biography of Matthew Hopkins.
















