Se sentía frustrante no tener el control absoluto de sí misma, cómo si sus extremidades estuvieran entumidas, esa sensación la albergaba. El alcohol jamás le había hecho eso, si, había quedado borracha en más de una ocasión pero jamás perdió el conocimiento, jamás se sintió como ahora lo hacía. Mordió su labio inferior, ¡no tenía mucha sensibilidad! Y según ella, estaba mordiendo con fuerza. En ese momento su sistema le pedía con urgencia algo dulce. “Traigo dinero de sobra, sólo quiero pastel.” Relamió su labio y entonces giró el rostro de nuevo hacia el chico, ¿era su idea o el movimiento del auto empeoraba las cosas? Se quejó bajito y apretó los ojos, cruzando sus brazos, tenía algo de frío. “Huele chistoso, sí… pero.” No, no se refería al aroma, de hecho, ni siquiera se había percatado de él hasta que él lo mencionó. Se rió entonces, ¡le había leído la mente! O tal vez, solo era demasiado obvio. “Tú y yo, sí… Mañana todo el mundo sabrá que pasamos la noche juntos.” Porque nadie adivinaría jamás que él solo estaba siendo amable con ella a quien le habían jugado una mala pasada, la gente del pueblo era muy buena inventando historias, sacando conclusiones, creyendo mentiras también e idolatrando a falsos dioses. “Lo mejor para ti sería que me dejaras de vuelta en la fiesta, ¿no crees?”
De sus labios escapó un resoplido, los ojos expresivos en el techo, como si la idea horrorizara. “Lo mejor para mí...” Arremedó a la chica con voz aterciopelada, incitando a pensar que consideraba retractarse. No obstante, al girarse a verla, esbozó una sonrisa de media luna. Desde que tenía memoria, el de cabellera castaña actuó por y para sí mismo, con breves excepciones como sus hermanos, Noah, Reiko o cualquier otra amistad cercana. Pero siempre se trató de él y dicha actitud lo hizo caminar por senderos oscuros, de la mano de su temperamento e impulsos. Y si bien, no todo podía caer sobre sus hombros porque mucha culpa tenían sus progenitores, Tobias entró a una edad en la que no podía seguir comportándose como un niño, debía asumir responsabilidades, por mucho que le costara. Ya había hecho mucho daño. Ya se había hecho mucho daño. Escudarse en lo que antes funcionó en años mozos no prometía nada en el presente, claramente. Aunque era complicado, ¡muy complicado! A diferencia de otros, parecía que tenía todo en contra para hacer las cosas bien, como si dentro tuviera un imán para esa mierda. Con Cassandra por ejemplo: lo correcto era continuar con el plan y ponerla a salvo y por el otro lado, estaba parado en terreno peligroso, cerca del viejo interés romántico de su mejor amigo, otra vez. En acto reflejo, suspiró con frustración, encorvándose mientras sus dígitos paseaban entre sus hebras. “Entre tú y Noah, ¿ya nada, verdad? ¿Nada de nada?” Su atención regresó en la chica, viendo expectante. Necesitaba una garantía, algo que tranquilizara su conciencia y ya si los rumores se tornaban ruidosos, tener con qué defenderse.