Sin darle importancia alguna a lasmiradas curiosas que pudiese llegar a ganarse y permitiendo que fuera el valorrecaudado por el alcohol en sus venas el que la impulsara a actuar, la inglesaplasmó sobre su rostro una traviesa sonrisa luego de ver cómo el instructorbebía de la botella, aires perversos dejándose entrever en su expresiónconforme se animaba a avanzar al cobrizo, acortando peligrosamente la distanciaentre los dos. Era la oportunidad perfecta para llevar a cabo el tonto reto quese le había hecho. “Para prolongar la alegría, claro está,” musitó a modo derespuesta, haciendo referencia al estado de adormecimiento en el que su cerebrose encontraba, causante de que las inhibiciones quedaran completamente de lado.Cuando se detuvo a escasos centímetros de su contrario, sus manos encontraroncamino al cinturón que le rodeaba la cadera; pequeños dedos jugueteando con elmaterial de manera sutil para dejar en claro su propuesta. Parpadeó con lentitud, como si de pronto las pestañas le pesaran. “¿Por qué nocomparte conmigo la botella y a cambio le muestro lo útil que puede llegar aser mi boca?”
El deseo de escapar (huir, fugarse, el verbo era fácil de editar) se vio interrumpido por el concreto de una pared. La mirada por unos segundos se vio presa de los intrusos dedos cercanos al cinturón de aquel pantalón gastado que llevaba encima, el despertar de la confusión fue notorio, podía leerse con la más simple de las miradas— ¿De qué..? —entrecerrando los ojos, ninguna pregunta parecía reflejar la duda que crecía dentro de él. Dejó el licor a un lado y, usando sus propias manos, envolvió las muñecas ajenas con cuidado, pero llevándolas detrás de su propia espalda para imponer de algún modo distancia y, de paso, control. Un suspiro profundo escapó de sus resecos labios, buscando la atención de la rubia, pero al mismo tiempo un poco de coherencia en aquel estado que fácilmente detecto al sentir el aroma alcohol en su aliento— Tienes suerte de que me hayas hecho esa oferta a mí. —mencionó, apretando la mandíbula en una línea recta que impedía a la sonrisa dibujarse, incrédula pero, de todos modos, inevitable— Me encantaría ver lo útil que es para hacerme entender qué estás haciendo, pero creo que no estás en condiciones, ¿vale? —con tranquilidad soltó el agarre, atento de un nuevo ataque de cercanía por parte de la muchacha.










