eitan:
Tras terminar de secar las zonas de su torso que continuaban cubiertas por una ligera capa de agua de lluvia, dejó la toalla a un costado y se dispuso a buscar una muda para su camiseta.— Normalmente en esos casos las dos partes coinciden en el trato —remarcó lo que él creía la diferencia más grande entre lo que él afirmaba que sucedía en aquella situación y lo que ella sugería.— ¿Cómo pretendes, exactamente, que “comparta” mi saco de dormir? Imagino que con eso te refieres a que lo deje enteramente a tu disposición —elevó las cejas, observando a la fémina. Y aunque el acto sería lo que la caballerosidad en sí le exigiría hacer, la idea seguía pareciéndole injusta. Exageraba ese hecho, por supuesto, dado que creía en la idea de que la lluvia no los mantendría dentro de aquel frágil refugio durante varios días.— ¿Estás coqueteando conmigo? Porque tengo el ligero presentimiento de que transformas mis sugerencias de llevar a cabo una inocente partida de cartas en algo… completamente diferente —la sonrisa apareció en su rostro una vez más, en tanto elevaba su mirada hacia la fémina, introduciendo sus brazos en las mangas de su camisa para comenzar a colocársela.— No, imaginé que serías lo suficientemente discreta como para mirar hacia otro lado. Ni siquiera me das un segundo de privacidad. —Pronunció en tanto terminaba de vestirse, observando a la fémina para comprobar en qué condiciones se encontraba ella.— ¿Quieres que te preste una camiseta?
Su intención era la de dedicarle la expresión más seria al añadir: --- Nunca había conocido a alguien tan egoísta como tú, ---agitó la cabeza en ambas direcciones cual si verdaderamente lo dijera en serio, aún pese a saber que no conocía lo suficiente al contrario para decirlo con toda la sinceridad como una acusación de aquel tipo merecía. Su principal objetivo quedó detrás de la meta cuando resopló con cierta gracia para deshacerse de esa sensación contenida a lo largo de segundos que se le antojaron los más eternos de todos. --- Y justamente cuando creía lo peor de ti, me vienes con este ofrecimiento que no puedo rechazar. ¿Ya ves que compartir tus cosas no resulta algo tan malo? ---ladeó el rostro, aún siguiendo todo el hilo de aquel absurdo juego que le parecía en demasía entretenido debido a que no había mucho que hacer al estar atrapados en una tienda de campaña tan pequeña con un clima tan deplorable como lo era el de allá afuera. --- ¿Por qué? ¿Estoy amenazando a tu integridad? ---entrecerró los párpados en su dirección, desviándolos tras una fugaz inspección. Era una respuesta positiva camuflada en esas cuestiones. --- No me exijas tanto que no hay mucho a lo que pueda mirar. Además, justamente decidiste cambiarte cuando yo miraba en tu dirección. Y te recuerdo que tú viste más de mí que yo de ti, ---lo señaló con el dedo índice cual si buscara culparlo de algo tan absurdo como lo ocurrido tiempo atrás. No era en serio, claramente. --- Sí quiero, pero pensé que con todo esto de haber invadido tu tienda era mucho, ---sinceridad de su parte. --- Prometo devolvértela cuando ya no la necesite.











