Miré hacia mí izquierda lentamente, como si el destino hiciera sus pases de magia para que todo salga acordé a lo planeado, era una persona, no cambiaba mucho, igual que yo, aunque se veía grande, agresivo y omnipotente, sentía que en cualquier momento si cerraba los ojos lo iba a tener sobre mí frente.
Me adelante lo suficiente, igenuamente, creyendo que con la distancia que había entre ambos podía escapar igual; desde mi perspectiva iba veinte pasos adelante de él…pero estaba equivocado cuando levanté la cabeza y estaba frente mío, caminaba tranquilamente aunque sentía en su rostro que su alma jugaba conmigo, él era un gato y yo un pobre ratón, que intentaba escaparse, sabia cual era su condena. Por suerte el camino se dividía en dos calles opuestas, decidí tomar el más iluminado, teniendo una ilusa esperanza que la luz me salvara de lo inevitable( una lógica humana un tanto estúpida). Por razones inentendible ambos caminos tan distintos que parecían estos senderos, se convergian en un mismo lugar, cualquiera de los dos caminos llegaban al mismo sitio que y eso me incomodaba, sentia que no me podía escapar, que la suerte ya estaba hechada.
Sentí un alivio increíble cuando estaba transitando esas calles y no había más nadie, no sentía más nadie a mí alrededor, pues no lo había, decidí mirar para aquel camino, ese camino que siempre tomaba, pero por alguna razon esa noche no; tranquilamente di vuelta mí cabeza y con una pequeña sonrisa que duró lo que mis ojos tardaron en subir la mirada y ver una silueta que contrastaba con la luz de la calle, se dio vuelta y camino en la misma dirección que yo, me miró de reojo dos veces como si pretendiera que le diga algo, de alguna forma sentía que mí ropa pesaba más de lo normal, hacía calor, mucho calor la inmensidad de la ciudad parecía que se encerraba en mí entorno y me aplastaban bestialmente, caminaba y a la vez no me podía mover, solo caminaba, mí cuerpo se sentía cada vez más pesado, no podía sentirme tan incómodo, mis rodillas cedieron y vacilaron en el aire desplomándose completamente, comenzé a llorar en el suelo y mis latidos eran cada vez más fuertes, mí mente me jugaba una mala pasada, de a poco mí alma se desprendió del cuerpo o por lo menos eso sentí y me veía desde arriba, solo sin nadie al lado, con frío y todo lo había hecho alguien que no me había dicho nada, solo me miró y entró a su casa ese hombre. Somos vecinos aunque cuando fui a su puerta encontré un cartel que decía “solo aquellos que imaginen otra realidad podrán leer esto” atentamente tu mente.