Ha pasado un mes desde tu partida, te confieso que me he sentido muy solo. El psicólogo me dijo que escribir lo que sentía me ayudaría a superarte. O al menos a aceptar lo que pasó.
Aún no entiendo porque lo dice, no es necesario superar a alguien que volverá ¿No es así?
He dejado cada noche la ventana abierta por si un día te apetece entrar por ella, como lo hacías cuando no me daba cuenta. También comencé a leer el libro que me recomendaste, y tenías razón, es emocionante. Últimamente he tratado de ser más cuidadoso con las personas, más amable, pues quiero que cuando vuelvas encuentres una mejor versión de mí.
Quiero confesarte algo muy importante. Algo que debía decirte aquella noche, en el baile.
Muchas veces me dijiste que te sentías mal por las noches, que el miedo de vivir otro día te consumía.
Me siento culpable querida amiga.
Debí hacer más que consolarte aquellas noches que llegabas llorando a mi casa. Debí pedir ayuda por ti.
Pero ahora es momento, ahora entiendo que estás mal. Y quiero ayudarte, se que necesitas a alguien, y estoy aquí.
No entiendo porque tú madre me sigue diciendo que no estás en casa.
No entiendo porque ya no me quieres ver.
Llamo a tu número todas las mañanas esperando escuchar tu voz.
Aquella noche saliste antes de terminar el baile, tal vez fue mi culpa, porque huí de ti por miedo a que mis sentimientos fueran descubiertos.
Pero me arrepentí, y corrí a tu casa, el corazón me palpitaba muy rápido. Lastimosamente no hubo oportunidad, cuando entre a tu habitación te encontré tendida en el piso con un bote de pastillas.
No se porqué todos lloran querida amiga, no se porqué los días se han tornado gris.
Pero se que un día volverás, tu y yo siempre volvemos a pesar de los malos momentos, solo tengo que esperar un poco más por ti.
~Con amor, tu amigo incondicional.