Ella vivía en aquel vientre de cuna, y por algún tiempo creyó que esa vía láctea que se extendía más allá de sus sentidos estaba constituida solo por aquellas voces conocidas, aquellas esenias tangibles. Sin embargo pronto comprendió que había un algo mucho más grande, un alguien casi tan importante y enigmático como mamá. Le sintió desde el primer momento, y supo tras el primer tacto quien era él y cuanto significaba para ella.
-Ojos marrones…-Solía decirle mamá y el alma de mamá se alzaba y se estremecía, expectante, cada vez que él estaba cerca.
‘’ ¿Hay algo que quieras decirme?’’ había preguntado una vez, y su voz había llegado hasta su mundo como un velo de fascinante curiosidad. Había algo mágico en la cadencia de su voz, algo mucho más complejo, casi metafísico, en la forma en que esa presencia parecía anclarse a su alma. ‘’Es papi…’’se había dicho a sí misma, mientras escuchaba expectante esa voz de la que mamá había hablado la otra noche.
-Estoy aquí papi…-quise decirle, pero mami se quedó callada, ella no hablo sobre mí, aunque yo podía notar como su corazón latía cada vez más deprisa.
Sé que mami estaba nerviosa, tenía un nudo en la garganta, quería contarle sobre mí, contarle sobre lo que dijo el doctor la otra tarde, quería contarle que algo andaba mal, pero ella no dijo nada.
‘’ ¿Y cómo es él, mami?’’ quiso preguntar, oyendo atentamente a su progenitor. Pero lo cierto es que ya lo sabía; sabia como era él, podía verle a través de la memoria de mamá. Le conocía, conocía su alma, y esta era tan pura e inigualable como el canto de los pájaros. Era clara, por sobre todas las cosas cristalina como un rayo de sol. Papá era un ser hermoso, poseía el brillo del amor en sus bonitas facciones.
Papá era perfecto, era increíble, fascinante como la luz que se filtraba a través de los confines del mundo.
Con el tiempo comenzó a reconocer voces y nombres, solía clasificarlos de acuerdo a cuales le gustaban más y cuales prefería no oír tan seguido. La voz de mamá estaba en primer lugar de sus preferencias y sus gustos. Le gustaba como hablaba, como pronunciaba cada palabra y como parecía subir y bajar el volumen entre cada oración, y como hablaba bajito cuando le hablaba a su vientre, hablándole a través de recuerdos y de imágenes. Si, le encantaba la voz de mamá, sobre todo cuando ella le cantaba o le hablaba de todo lo que estaba aguardándole allí afuera, una vez que cruzar el umbral, una vez que pudiese llegar al fin.
Había otras voces dentro de su lista, y empezó a grabar en sus recuerdos a quienes pertenecían y de quienes se trataba; Mariana, la prima de mamá hablaba con una voz suave y cantarina, y le gustaba el entusiasmo que se notaba en cada una de sus palabras, aunque siempre regañara a mamá por defender a papá. Raúl, el amigo de mamá, era otra persona que le gustaba, porque hacía sentir bien a mamá, y cuando él estaba cerca hasta podía hacer sonreír a mamá, la tía Esme que imaginaba una vida junto a nosotras, y que mamá adoraba tanto…a veces mami bromeaba y decía que yo seria mas grande que ella.
Había otras voces que no le gustaban tanto, como la de Gabriel, él le hace daño a mami, aunque siempre diga que me quiere, yo no puedo quererlo si hace llorar a quien más quiero. Mami dice que él será mi padre, pero yo no lo quiero ¡Quiero a mi papi!
Pero todo eso feo se iba cuando ella escuchaba su voz, porque cuando papi hablaba el corazón de mami latía con más y más fuerza, y todas las voces de la lista se iban. Todo se disolvía, todo se hacía ingrávido, atemporal. Olvidaba muchas cosas por la emoción de escuchar a papá, deseaba conocerlo, deseaba estar en sus brazos, pero sabía que aún no era el momento, que debía esperar.
Pero una tarde, el doctor dijo que mami estaba enferma, estaba tan emocionada porque por fin podía moverme, aunque mami no pudiera notarlo me quede quieta, pensé que era mi culpa ¿te duelen mis pataditas, mamá? Dejare de moverme, porque lo que menos deseo es causarte incomodidad. Mami ha llorado mucho este día, abraza su vientre y le susurra cosas; ella, la mujer quien le canta y le susurra cuanto la ama por las noches, ambas se comunican así. Le encantaba oír la voz de mamá y le gustaba el sonido de su risa, de aquellas femeninas y para nada delicadas carcajadas de niña pequeña. Le gustaba el ritmo de su respiración, la forma en que latía su corazón, el calor que inundaba cada una de sus venas cada vez que papi estaba cerca.
Le gustaba que mami le contara sobre todas aquellas cosas que ella aun no podía ver, aquellos detalles que a ella le gustaban. Como sentir el calor de las mantas después de tener mucho frio, el embriagador perfume de papi, o de que su lugar favorito en todo el mundo eran sus brazos, y como no iba a ser ese su lugar favorito, si eran los brazos de papi, y papi es perfecto, tenía que ser el mejor lugar del mundo si incluía a papá.
Ella sabía muchas cosas, si, muchísimas cosas aun antes de conocerlas. Sabía que mami tenía el cabello negro, y que papi tenía el cabello amarillo (¿Lo tendría ella del mismo color?) sabía que a mamá extrañaba mucho a papá, y que estaba muy enamorada de él. Sabía que la tía Mariana la quería muchísimo, y que siempre estaba sobando el vientre de mami buscando sus movimientos. Sabía que mami tenía mucho amor para ella, y así como sabía que existía el césped o las estrellas, sabía que existía un miedo, y el miedo de mami estaba íntimamente ligado a ella y a papá.
‘’Solo…solo no te rindas ¿Vale? Solo intenta que tu corazón lata todo el tiempo que puedas. Yo voy a luchar junto a ti y me quedare hasta el final, hasta que ya no puedas seguir, y en ese instante, en este terrible momento en que no quede más que un segundo, créeme…voy a amarte por todos esos años en los que no lo hice. Voy a amarte en ese último minuto de nuestra vida juntos…por todas las otras vidas en las que no pude encontrarte…’’ me había susurrado una noche, mientras lloraba al teléfono con papá, mami lloraba desconsoladamente. A ella no le gustaba escucharla llorar, pues algo oscuro y deprimente caía en su pequeña persona, como un manto negro cubriéndolo todo, no podía escuchar su risa, y tampoco podía escuchar la voz de papá, comenzó a moverse y mamá comenzó a quejarse, le dolía el llanto de mamá, pero le dolía mucho más pensar si no estaría así por su culpa.
Oh, pero papi siempre lograba disipar todas las dudas. Papi era como un superhéroe, siempre sabía que decir para que la pena de mami se fuera. Él sabía cómo hacerla reír, y por eso lo amaba. Papi era increíble, papi era fenomenal. Ojala ella pudiese llegar a ser así algún día, ojala tuviese algo idéntico a él. Papi era muy valiente, eso es lo que mami dice, ella dice que cuando papi habla, el mundo entero debería detenerse a escucharlo.
Ella recordaba todas las peleas de mamá y papá, y sentía algo feo por todas esas noches. Ella era muy pequeñita, mami estaba muy asustada y fue cuando supo por primera vez de papi…A pesar de que ahora su voz la que detenía los latidos de su corazón, al principio no le había agradado para nada. Papi estaba loco de dolor, y mamá no dejaba de llorar, y parecía que ella estaba ahí, justo en medio de los dos, y por un momento imagino (Si, tenía que haberlo imaginado porque no podía ser real) que los dos discutían por su culpa. Papi acaba de enterarse de que ella iba a llegar al mundo pronto y estaba reprochándole cosas a mamá que ella aun no entendía. Mamá lloraba, si, lloraba muchísimo, y durante muchos días ella sintió que le faltaba algo, algo muy importante. Era como si le hubiesen arrebatado una parte de sí misma, y su corazón latía mucho más lento que antes…mamá lloraba todas las noches desde que supo que ella vendría al mundo, pero lo que le faltaba era la voz de papá.
Entonces ella lo supo, tenía que cuidar de mamá ¡Tenía que hacerlo! Ella era la luna, el sol, las estrellas. Ella era el universo en una pulgada, la eternidad en un solo minuto. Ella lo era todo, absolutamente todo y mamá siempre cuidaba de ella, ella siempre estaba atenta a cualquiera de sus movimientos, siempre fascinada, siempre encantada con saber que estaba ahí dentro, en su vientre de cuna.
Papá susurraba el nombre de mami como si fuese poesía, y ese sonido también le encantaba. Mamá siempre decía que papá no la quería, pero yo sé que si lo hacía, por la forma en que pronunciaba su nombre. Papá la quería, la amo con locura alguna vez, fue su primer amor y era solo él quien entendía a mami por completo, porque ¿Cómo no amar a mamá? ¿Cómo no amar la melodía de sus pasos, el exquisito aroma de su piel, la cadencia de su respiración, el eco de sus latidos? Amar a mamá era fácil, muy fácil. Mamá era mucho más bonita y más fascinante que el cielo, si, y todos los pajaritos que pudiesen existir.
-ella está un poco enferma Matías –Matías, así me llamaba mamá, pero yo no era un chico- está un poco cansada. Tu mami es frágil, muy frágil, pero ella te ama con cada partícula de su ser. Nunca dudes de eso, tú eres lo que ella siempre ha estado esperando, así que no puedes rendirte, no puedes dejarla sola –Me dijo Raúl una tarde mientras mami dormía. No me rendiré Raúl, no voy a dejar a mami sola.
Pero una noche escucho a mami llorar, decía que ya no podía, y escucho la voz de papá más débil que nunca…ambos llorara, ambos se pidieron perdón, ambos tenían culpas, ambos pelearon…mamá amaba demasiado a papá, su amor era tan grande que yo aún no podía entenderlo, pero en ese momento, cuando mamá le dijo a papá que no podía dejarme ir lo entendí, era yo la culpable del sufrimiento de mamá, de la persona que más amaba…mamá me lo repetía constantemente; cuando amas a alguien solo buscas su felicidad, aunque este sobre la suya. Y lo entendí en ese momento, cuando tome la decisión de irme, para que mamá dejara de llorar todas las noches, para que papá pudiera cumplir sus sueños, para que ambos pudieran ser felices sin que yo estuviera en medio causando problemas.
Y entonces, un día cualquiera, en un instante común…pum, todo había sucedido demasiado aprisa.
Mamá gemía, adolorida. Papá rezaba a la distancia por ella. Ella se movía dentro de su vientre desesperada, le dolía algo en su interior, estaba a punto de pulsar los muros del universo, pujaba hacia esa fascinante luz amarilla.
‘’Lo siento muchísimo mami. Oh, no quiero provocarte ningún daño. Lo siento, lo siento, lo siento. ’’ Pero su vida se apagaba, y mamá lloraba y gritaba desesperada, y sus gritos surcaban el firmamento y la asustaban.
Mamá a duras penas respiraba, y papá intentaba enviarle un mensaje. Mamá se debatía, presa de nuevos espasmos. Papá susurraba, loco de dolor. Mamá contenía el aliento, incapaz de responder cuando le dijeron que los latidos se habían ido. Papá lloraba de forma silenciosa, intermitente, mientras daba vueltas en la cama y se sentía impotente por no poder hacer nada por ella.
Pero no daba resultado, porque el dolor de ambos continuaba, ágil y afilado como una navaja.
Luego la inercia. La falta de gravedad, el dolor abriendo nuevas heridas, la desesperación que fluía en la vida de los tres. Ella flotaba lejos de su vientre de cuna, afuera papá murmura cosas hacia Dios, y mamá se queda en silencio una vez más, se niega a responder.
¿Podría equivocarse Dios a veces? ¿Y que si este universo cambiara de tamaño y de esencia y mami y papi no estuvieran ahí para ella? Ella ya no sabe si está dormida o despierta, ella tiene miedo y no sabe porque.
Bum, bum, bum. Su corazón late de nuevo.
Bum, bum, bum, el vacío donde deberían estar los latidos de mamá.
Bum, bum, bum, papi acostado en su cama, ahora podía verlo.
Y entonces un resplandor difuso emerge a través de la oscuridad, ella abre sus ojos, cegada por un instante por esa increíble luz amarilla.
‘’Mami, mami, mami ¿Dónde estás?’’ No hay más que luz, una inexorable luz cegadora, pero mami no está.
De pronto un cielo se abre frente a sus ojos, ahí está el puente del que le hablaba mamá, ahí estaba el rio, los árboles, lo podía ver todo, pero mamá no estaba en ninguna parte.
Que horrible era un mundo donde no estaba mamá, pero entonces cuando mira en el agua una vez más puede verla…ella esta acostada entre sábanas blancas, está llorando, mami está llorando ‘’abre los ojos mamá, mírame, yo puedo verte, estoy aquí, mami por favor, no llores, yo quiero escuchar tu risa.’’ Ella no puede verme, pero yo si me veo, y las personas que están aquí también me ven, esas personas de las que mami me hablo que estaban en el cielo.
El chico de cabellos cobrizos está aquí, y me sonríe mientras se posa a mi lado.
-Tu mami está bien Ximena, ella lo ha logrado, ella va a salir adelante.
-Pero está llorando, yo no quiero que llore, quiero que me vea, quiero que me abrace, quiero a mi mami.
-Tienes que esperar, todos aquí la esperamos, pero ella tardara en venir. Pero pensara en ti todos los días, piensa en nosotros a diario, aunque ella no pueda ver que tienes el cabello y el mentón de tu padre, que tienes sus mejillas y el color de sus ojos, ella vendré aquí en algún momento, confía en mí.
Pero cuando mami abre los ojos, es a mi padre a quien busca, aunque no le dice la verdad de como esta, sé que ella está ahí, queriéndolo con todas sus fuerzas, y él tampoco le dice lo mucho que la quiere, lo preocupado que estaba y todo el dolor que siente.
‘’yo sé quién eres papi ‘’ quisiera susurrarle ‘’Yo sé quién eres, eres mi papá y te adoro. Eres mi héroe y vas a salvarles la vida a muchas personas. ’’ Pero aunque quisiera, papá no puede escucharme, papá no me imagina, papá me ama, pero no es igual al cariño de mamá, pero papá lo sabe todo, lo siente todo, lo recuerda todo.
Sabe el motivo por el cual tuve que irme, sabe porque las cosas ocurrieron así. Sabe porque mamá esta triste, pero lo único que papá quería era salvarla, sabe porque el destino es así, sabe que jamás podrá perdonarse por lo que paso, sabe porque el destino a veces juega con nuestras vidas. Sabe el porqué de muchas cosas, conoce el motivo de muchas preguntas y el inicio de varias respuestas. Sabe porque el viento silba de esa manera, porque los pájaros se niegan a permanecer en un solo lugar, porque la vida corre y se adelanta. Él sabe porque el tiempo corre de esa manera, porque las flores solo crecen en primavera, sabe que el amor no se ve, pero se toca, sabe porque los besos se sienten mejor a ojos cerrados, porque las manos han sido hechas para crear obras de arte en la piel.
Papá ha sufrido, ha sangrado, le han herido y ha resucitado. Papá sabe porque Dios a veces se equivoca, y sabe también porque de esos errores surgen las más imperfectas maravillas, pero papá no sabe lo mucho que mamá y yo lo amamos, y que lo amaremos para siempre, a pesar de todo.
‘’Son nuestros defectos lo que nos hace únicos’’ y entonces lo comprendo. Papá se enamoró de mamá porque ella siempre ha sido, es y será la suma exacta de sus imperfecciones, siempre tan frágil, y tan serena, tan mártir y tan completa. Mamás siempre estaría en su corazón, aun cuando ella se alejara diez mil kilómetros de él, papá la vería en sus mañanas, en sus sueños, en la almohada sobre su cama. Papá pensaría en ella toda la vida.
Ximena lo entiende entonces, entiende lo que significa sufrir y morir por alguien a quien se ama. Sabe cuánto han sufrido mamá y papá, cuanto han dolido ciertas renuncias, ciertas perdidas personales, ciertas despedidas irreparables.
Porque yo viviría para siempre en el corazón de mamá y papá, y aunque ellos no puedan verme, seguiré cada uno de sus pasos.
Cada paso que des, yo lo daré también.