Ella de llamaba libertad, y yo le corté las alas.
Cuando vi su cuarto vacío, pude ver claramente aquella imagen, una que mi mente generó como si pudiera verla en físico, como si una foto frente a mí estuviera. Acostada en su lado izquierdo, con las rodillas ligeramente encogidas, los brazos frente a ella, con las palmas juntas sino extendidas y los dedos entrelazados. Con el cabello suelto y el ligero temblor en su espalda.
Como cada vez aquel escenario perdía lentamente el calor con cada respiración y segundo que pasaba. Podía ver claramente como en un instante, fría como una piedra ella se quedaba. Me acerqué tímidamente, como si pudiera ser capaz de perturbar aquella imagen que mi mente generaba.
Coloque lentamente mi rodilla en la orilla de la cama, justo atrás de su espalda. Apoye mis manos cerca de la cuneta que formó su cuerpo, y lentamente me fui recostando tras ella. Pude amoldar mi cuerpo a la inexistente forma de ella, y juro que podía sentirla entre mis brazos cuando la acurruqué contra mi pecho, juro que podía sentir el calor emanar de su cuerpo, juro que podía sentir el subir y bajar de su pecho.
Atrape sus manos entre las mías. Y hasta pude escuchar una tenue voz que me decía: “Llegas tarde, la cama la sentía fría…mañana me dolerá la espalda y la cadera por tu culpa, malvado” y aun así, contra mi pecho más se acurrucaba.
Y yo solo le contesté: “No te preocupes, ya jamás llegaré tarde, por que siempre estaré a tu lado.”
“Lo sé, pero no tenias que.”
“Si, no tenía que, pero era lo que quería hacer.” No sé en qué momento ella apareció entre mis brazos, no sé en qué momento todo se volvió más brillante, pero lo que si sé, es que, en el momento que volví la mirada hacia atrás, pude ver mi cuerpo inerte en aquella cama en su soledad.
“Vamos, se nos hace tarde.” Sentí una mano jalar de la mía, con los dedos entrelazados, y cuando voltee, era ella lo primero que miré, sus ojos estaban más brillantes, su cabello más luminoso, su sonrisa más cegadora, era ella, mi niña, mi amor…
“Venga, que luego me ves todo lo que quieras…vamos” Y desde ese segundo, seguí cada uno de sus pasos, y jamás en la eternidad me separé de ella.