Acumulación.
Desorden.
Dolor, pereza.
Recuerdo.
Agua, suelo.
Frio, seco.
Inmensidad.
Miedo.
Pared.
Angustia, tiempo.
Silencio.

izzy's playlists!
Show & Tell
🪼
tumblr dot com
I'd rather be in outer space 🛸
PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH

Love Begins
KIROKAZE
taylor price

titsay

Kiana Khansmith
Game of Thrones Daily

pixel skylines
NASA

blake kathryn
todays bird

★
Misplaced Lens Cap
Cosimo Galluzzi
trying on a metaphor

seen from Malaysia

seen from United States

seen from Malaysia

seen from United States
seen from Belarus
seen from United States

seen from Saudi Arabia
seen from United States

seen from Singapore
seen from United States
seen from United Arab Emirates

seen from United Kingdom
seen from United Kingdom
seen from United States
seen from United States

seen from Saudi Arabia

seen from United States
seen from United States

seen from Spain
seen from Australia
@khazaliel
Acumulación.
Desorden.
Dolor, pereza.
Recuerdo.
Agua, suelo.
Frio, seco.
Inmensidad.
Miedo.
Pared.
Angustia, tiempo.
Silencio.
14 de Abril
Lo he hablado en el trabajo y con algunos amigos, con extraños y en distintos lugares. Parece ser común: resulta que la amalgama de cosas, motivos, razones, sentimientos y recuerdos que graban a fuego un amor en el alma es una situación conocida para la mayoría. Me he sorprendido en varias ocasiones con los pies puestos en los pasos danzantes de todo lo que hoy me conforma, todo aquello que en algún momento me edificó. No siempre se logra hacerle frente a semejante contienda; muchos aún me llaman “tonto” por no saber lidiar con el recuerdo ni ganarle a la nostalgia. Pero estoy bien así, por lo menos ahora.
Me preparo de a poco para un evento importantísimo, del que es posible que no salga bien librado y por eso te escribo; me leas o no, aquí te dejo estas palabras que, aunque confusas, son sinceras.
No he parado de agradecer el milagro de encontrarte, de haberte acompañado en aquella etapa tan incómoda e importante. No paro de cantar, de escribir y de pintar todo lo que tu paso por mi vida ha sembrado y, por supuesto, no paro de rezar. Pido al cielo que te auxilie y le dé sentido a todas tus luchas, que tu vida sea campo fértil para la dicha y la tranquilidad; que tus dolores hagan de ti la maravilla que sé que puedes ser y que tus alegrías sean el sustento de cada esfuerzo.
Cuido tu recuerdo.
Feliz cumpleaños, Chamape.
Hace mucho que no me invadía de esta manera el silencio. Procuro mantener los ojos bien abiertos, el corazón despierto, no dar cabida a la distracción, pero ¿para qué tanto esfuerzo? Si lo que yo quiero es gritar, gritar que estoy harto, que tengo frío, hambre y sueño; gritar que quiero besos, caricias y risas de gente que no me recuerda; que anhelo tiempo para más que trabajar.
Gritar, gritar que mis cortes y ampollas no son por hacer lo que amo; que mis dolores y angustias están ahogados en hervideros de quince minutos que son los descansos en mi turno. Gritar que, aunque ahora cargue este silencio inmenso en el pecho, que aunque mis avances estén de pelea con la gratitud, soy solo otro hombre pequeño en busca de sí mismo y quizá por eso miro tanto atrás: para ver si hay de mí algún rastro, para ver si es que dejo huella o confirmar mi sospecha y enterarme al fin de que soy viento malo, del que resfría, del que hace cerrar las ventanas y azota las puertas.
Me ensordece este silencio.
Mi grito suena a murmullo y no hay ya quien lo escuche.
Cada verano es más frío que el anterior; por eso traigo la camisa abierta, para ver si mi latir es suficiente para mantener vivas las flores. A veces te veo cuando leo a Cortázar o cuando cierro los ojos.
Poco más de un mes; un poco antes de la fatiga, vuelvo a escribir. Por encima de cualquier excusa pongo primero el miedo: aún no empiezo, aún no hago, aún no sano…
El tiempo y la gana me trastean cual harapo por los días; nada da espera a mis pasos, menos aún a mi llegada, y me aterra sentirme así de lejos de todo lo que anhelo.
Desorientado
Olvidé escribir; el cansancio reclamó terreno. Mis párpados se cierran lentos y pesados al final de cada día. Me mantengo en la brecha; no pretendo dar el brazo a torcer, pero, a pesar de mi gratitud, no he podido dejar de sentirme solo. ¿Con quién hablo de esto? ¿A dónde puedo enviar estas misivas sin el temor de recibir burla o reclamo?
A veces me atrevo a negociar: quince minutos, media hora, medio sueño a cambio de un modesto espacio en el que verter estas letras, pero ya no basta, no me alcanza. Mis rodillas ennegrecidas palpitan ansiosas de reposo, me duele el pecho; este nuevo comienzo parece querer derrotarme y no encuentro de qué sujetarme sin romper nada.
A hurtadillas y descalzo, así visito esos caminos que ya no son míos, escondido y ansioso me envuelvo en todos los "hubiera" que nunca fueron, en todos los ojalá que no llegaron.
Es difícil conducir mientras ella permanece en el retrovisor; es como ir a contraflujo estando solo, casi como romper los frenos estando quieto. Todavía tengo fichas, me quedan un par de intentos; lo que ya no tengo son ganas. Y qué ganas de deslizar la pantallita y encontrarme algún mensajito con su nombre; qué terco y qué tonto, lleno de una añoranza tierna pero ingenua. Yo no sé si esto le pase a ella; apuesto a que no, aunque se me parta el pecho y me estalle el alma deseando que sí: que, tras esta cortina negra de silencio y olvido, esté envuelta entre estas mismas dudas, recordando, extrañando, riendo, escribiendo, esperando encontrar en estos días de poco sol algún mensajito con mi nombre.
Por hoy entre nosotros no hay más prudencia y ¡Enhorabuena! Así puedo decir sin pena que si, que quiero besarla y sentirla y tocarla, que me place y me inspira la gana de abrazarla (ojalá desnuda) y allí fundirme en usted entre jadeo y sudor.
Le recuerdo entonces que no es algo meramente carnal, que existe el arte entre su piel y la mía y existe igual en una lectura breve, una charla larga y una despedida triste.
Por si acaso
En el fondo tengo miedo de verte
Y yo que soy tan impulsivo
Te abrace, te bese y te diga una posible verdad.
En el fondo tengo miedo de que me tomes en serio,
No quiero habitar tu cárcel.
En el fondo tengo miedo de que me creas bueno
Me ames y empieces a perturbar con frases de amor
Mi silencio
– Jairo Carrasquilla Tobón
.
Solo
Llegaba tarde nuevamente; mi palabra, devaluada, gastada, frágil, no dio el ancho para el tamaño de una promesa pequeña, de un compromiso simple.
Tenía ya algunas espinas en la cabeza, pero ninguna pesó más que su enojo diciéndome: “no puedo confiar en ti”. Como un castillo de naipes, la imagen que tenía de mí se desplomó y yo, incrustado hasta las rodillas en aquel desierto, me vi forzado a presenciar el cataclismo sin ser capaz de hacer algo al respecto.
Era tarde; llevaba tiempo siendo tarde. Insistía, necio, en llegar a una costa donde ya no había mar, ya no había sol… Una costa donde solo estaba yo.
¿Quién es ese hombre?, ¿de quién es ese mito?
Caminando ebrio cerca de la estación de Laureles, a un par de cuadras de mi cama, mis más horrendas verdades se fugaron para encontrarse con tus más preciosas mentiras. Cómo duele la cabeza cuando es una botella la que aconseja; cómo quema el desengaño al final de la ilusión.
El sacro tiempo disparó sin reparo revelaciones, secretos, enredos y juicios que llevo incrustados en el pecho, a centímetro y medio del alma. ¿A quién he de culpar por este fraude?, ¿quién ha de pagar este flagelo?, ¿de quién son estas heridas?…
Es una oportunidad.
Aquí, desahuciado y frágil, yo elijo amar.
No soy este dolor, no soy este error.
Soy intento terco, soy un corazón latiendo.
Desmistificar
Tarde e inoportuno: así ha sido el arribo de sus otras versiones a mi sentir; esas otras que encararon el mundo cuando no estuve cerca. Mucho de lo que fuimos ha tambaleado con la llegada de tantos contrastes; la confusión y la duda son huéspedes frecuentes, incómodos y ruidosos huéspedes, siempre pendientes de una explicación siempre ausente.
Construirme una idea de usted ha costado más charlas, noches y cervezas de las que tenía previstas, pero, como el alcohol ya no me habla y al reloj nunca le he importado, no he tenido más remedio que hacerla canción: traducirla a algún tipo de lenguaje apto para el alma, transformar el océano de incertidumbres y silencios en consuelo y así, con suerte, estar tranquilo con semejante quilombo.
Epístola 7
Un río repleto de nubes me inunda; piedras, peñascos y baches adornan, en forma de fotografía y recuerdo, el inmenso recuadro de pinceladas débiles y temblorosas que es mi memoria. Hay veces en que gozo de una atención completa: me lleno de presente el pecho y respiro lento los rayitos de sol que atraviesan las copas de los árboles este otoño; en medio de esa quietud suelo encontrarme contigo.
Llevas tejido en el pelo un adorno dorado de gratitud y cariño por cada oración en la que te incluyo. Tu nombre, ese que ya no tienes, ha honrado su significado con tu paso por mi valle; has provisto, quizás sin querer, quizás sin buscarlo, y solo sé agradecerlo.
Para la mirada distraída de los otros no hay unión alguna entre nosotros, pero un corazón atento sabe entender que no necesito conexión, lazo, vínculo o excusa alguna para llevar a los que amo conmigo siempre.
Que el senderito te llene de abrazos y te bese las lágrimas.
Va y vienes
Como las olas, como las nubes, como la lluvia, la brisa, la risa, el llanto.
De tanto cantar me arde la voz; de tanto llover salvé al corazón; de tanto escribir ahora me entiendo, y aquello que sembré en un tiempo ya perdido hoy solo lo encuentro entre tus recuerdos y los míos.
Cruzo los laberintos del calendario con un hilito escarlata, un rastro de migas, una santa brújula que me revela el norte allá, en el lunar de tu hombro izquierdo.
Me gritan barcos a medio hundir que ya no te conozco, dicen los relojes que me has olvidado, murmuran los rencores que es mejor así; pero yo, pequeñito e ingenuo, apenas entiendo que me he quedado sin cielo para mis aviones de papel: por cada uno, una carta; por cada diez, una canción.
Hay una duda que me invade en noches como esta: ¿por qué me cuesta tanto crear?
El proceso creativo me destruye, hace de mí escombros; gestar entre mis sienes algo que pueda darle expresión y sentido a eso raro que me habita es un ejercicio desgastante, pero adictivo. En noches como esta se me frunce el ceño y también el pecho, casi como si estuviera exprimiendo un harapo húmedo; las ideas me atraviesan, fugaces, y yo, torpe, apenas las intuyo. Ocasionalmente, con algo de suerte y mucho de fe, encuentro un par de notas, algunas letras o un garabato; entonces siento descansar.
No me molesta mi vocación de bohemio; crear, expresar y sentir me apasiona.
No sé si sea normal que me cueste tanto; lo que sí sé es que mañana lo volveré a hacer.
La Cerveza. (Retrato de Jaime Sabartés), Picasso
Sobre tocar fondo
En mi último tropiezo caí; caí largo rato intentando aguantar con mis manos desnudas el peso de mi cuerpo. Los cortes, ampollas y quemaduras me mantuvieron sollozante un momento antes de percatarme de que yacía en un lugar conocido, ese lugar del que hablan los tontos: el fondo.
A pesar de la familiaridad, todo se veía distinto; ver el mundo desde allí es un ejercicio de frustración lacrimógeno. Me encontré con cosas importantes, pedazos de mí que deliberadamente arrancaba año a año con afán de salir a no sé dónde; llevaba entonces los bolsillos llenos de deudas con la verdad y la moral contagiada de egoísmo.
El tiempo cobró mi mala maña y, a punta de pesares, tuve que pagar por cada uno de mis crímenes. He aprendido la lección, estoy cansado; quizá por eso “el fondo” se ve tan distinto ahora. Me ofrece rencor, orgullo e ira como instrumentos de batalla contra lo que sea que me espere afuera, pero ya no quiero ni necesito nada de eso.
Creo que voy entendiendo:
Las personas son más que simples herramientas para mi bienestar; tienen opiniones, sentimientos, contextos y experiencias tanto o más complejas que las mías. Me cansé de ver a la gente en función de lo que puede aportar para mi beneficio; es degradante y amargo. Prefiero entender que, en medio de la libertad, habrá algunos pocos que elijan quedarse a mi lado, y soy afortunado por ello. Se irán algunos que yo siga amando, vendrán otros que pueda amar, y allí radica la grandeza de esta experiencia: en entender que soy diminuto en medio de tanta inmensidad y, aun así, puedo transformar, a fuerza de abrazos y versos, los corazones que estén dispuestos a escucharme.
A fuerza de abrazo y verso.