Llevo todos estos días sumida en la perplejidad y convulsión de lo que pasa en el país y me ha costado muchísimo poner en palabras todo lo que siento. Abstraerme, interpretar, ver entrelíneas y compartir información siempre ha sido una óptica en la que incurro, tanto en redes presenciales como virtuales y, pese a ello, lo cierto es que tengo sobre todo rabia, un vacío que se anuda y se hace fuego en el corazón. El silencio (referido al compartir información) como gesto puede ser una opción, pero también complicidad por omisión, de modo que no encuentro ninguna razón que justifique quedarnos maniatados o contenidos con el lenguaje ante lo que está sucediendo: aquí lleva encostrándose una barbarie y tiranía instalada bajo el espejismo de la democracia y eso debemos hacerlo saber y tenerlo claro para siempre. Parte de esa costra lejos de ser cicatriz, es pensar que el problema son los pobres, los indígenas, los estudiantes, los líderes sociales y comunitarios, los indignados… Y no la inequidad, el sistema capitalista y patriarcal, la arrogancia oligarca y gamonal, la violencia y represión como solución a los conflictos, el desinterés y desprecio por el otro… Jamás estaremos resueltos, pero emanciparse en solidaridad a través de la voluntad múltiple y diversa de los miles en las calles es valiente, audaz y humilde. Espero que concordemos en que nadie debe ser asesinado por exigir un país mejor y que en medio de estos días y noches tan turbulentas y truhanes enunciemos y hagamos pública nuestra postura, bien sea en suma con la multitud afuera, en conversación franca y crítica al interior de los hogares, desde la introspección reflexiva, la autocrítica que devela prejuicios y el sentirse uno con las convicciones que nos unen.
Que se llene el carácter de fortaleza para sostenernos y poder actuar a la altura y en razón de la magnitud de este escenario de horror e injusticia que está sucediendo, y que todo triunfo venido del poder popular no nos cueste más ausencias. Ninguna muerte por asesinato es heroica y me resisto a que sea considerada como un sacrificio necesario cuando lo que se discute y por lo que se lucha es la dignidad.